Las medallas de los Archiduques Alberto e Isabel

El Archiduque Alberto de Austria (más) fue un hombre de suma confianza de su tío carnal, Felipe II. A los 11 años llegó a la corte de Madrid y su ascenso político fue meteórico. Felipe II quería el arzobispado de Toledo para él y como tal lo solicitó al Papa en 1577 (Alberto tenía 18 años), pero el Papa le convenció de que se nombrase a otro arzobispo anciano mientras Alberto aprendía teología.

Al poco tiempo ocurrió la crisis sucesoria de Portugal y entre 1580 y 1583 Felipe II se hizo con el control del país vecino. Esto ofrecía nuevos sillones y cargos para repartir a los que no fue ajeno el bueno de Alberto. Concretamente, en 1580 le nombraron administrador del priorato de Crato (la rama portuguesa de la Orden del Hospital de San Juan), disponiendo así del ingreso más importante del país luso. Ya en 1583 se le nombró virrey de Portugal y en 1586 inquisidor general de Portugal. En 1593 dejó de ser virrey de Portugal (fue censor hasta 1596) para ser nombrado Arzobispo de Toledo en 1594. Desde la corte española fue, además, un asesor que ayudó en la transición entre un Felipe II ya anciano y un Felipe III inexperto. 

En 1595 Alberto contaba con 35 años y una enorme experiencia como político, como gobernante civil y como gobernante espiritual. Fue entonces cuando falleció su hermano Ernesto de Austria, gobernador de los Países Bajos y quien Felipe II pretendía casar con su hija Isabel Clara Eugenia. Allí la situación era crítica para la monarquía hispana, tras años de guerras a las que no se veía una solución sencilla. Se necesitaba un nuevo gobernador experimentado y decidido que sustituyera a Ernesto; nadie mejor que el archiduque Alberto. 

Dicho y hecho: en 1595 Felipe II le designó gobernador general de los Países Bajos y solicitaron al Papa la suspensión como arzobispo de Toledo. Allí se encontró con una guerra continua que, mal que bien, supo hacer frente. Felipe II, mientras tanto, consideró un plan para acabar con la guerra: otorgar la soberanía de los Países Bajos y el Franco Condado a su hija Isabel Clara Eugenia en vez de a Felipe III. De esta forma, las provincias rebeldes tendrían un soberano propio -aunque dependiente de la corona de España- y quizá así pudieran calmarse. 

Figura 1. Medalla de Alberto e Isabel. Matrimonio de los archiduques.

Para llevar a cabo este plan, el archiduque Alberto colgó los hábitos definitivamente y se casó con su prima Isabel el 18 de abril de 1599. Felipe II había fallecido el año anterior convirtiéndose ambos en soberanos y gobernantes de los Países Bajos.

Este matrimonio se vio representado en multitud de medallas (1, 2, 3 y Figura 1), como era propio de la tradición flamenca. Nos encontramos unas medallas bellísimas donde se representa al archiduque en el anverso (puesto de honor) y a la infanta en el reverso. Ambos soberanos se muestran con vestido de gala: él con armadura militar; ella con traje de corte. Ambos con gorguera. A los bustos les acompañan los nombres y principales títulos de los soberanos; así, en el anverso indican (de manera reducida): “Alberto Archiduque de Austria, Duque de Borgoña y Brabante y Conde de Flandes por la Gracia de Dios”; mientras que en el reverso se indica “Isabel Infanta de España, Duquesa de Borgoña y Brabante y Condesa de Flandes por la Gracia de Dios”.
Por si fueran pocos los títulos, el mismo día de su boda recibió la Insigne Orden del Toisón de oro, haciéndole miembro de una orden de caballería de altísima alcurnia. Tanto es así que en el día de hoy el vellón que simboliza esta orden está en el escudo de Felipe VI y en el de la princesa Leonor (entre otros muchos). En conmemoración se acuñaron otras medallas, como la que se muestra en la Figura 2, de una belleza increíble.

Figura 2. Medalla de Alberto e Isabel. Concesión del toisón de oro.

Tras su matrimonio, el gobierno de Alberto e Isabel fue complicadísimo. Alberto era consciente de que no iba a ganar una guerra así que intentó la paz. En un primer momento parece que la consiguió con un gobierno consensuado, pero muy pronto regresaron los problemas y buena parte de las Provincias Unidas quedaron fuera de su control. Además de que la guerra era una constante. Por eso, fue una enorme suerte conseguir un tratado de paz en 1609 que pasaría a la historia como la Tregua de los Doce Años. Esto suspendió la guerra hasta 1620 y paró el derroche de oro y sangre que ésta suponía.   

Mientras se acuñaron medallas de otros personajes, así como dobles (Figura 3) y triples ducatones que representaban a Alberto e Isabel. Estas eran monedas conmemorativas acuñadas a martillo con los mismos cuños que los ducatones “normales”, pero con el doble o el triple de grosor y, por tanto, de peso. Son monedas de ostentación que hacen arquear los ojos a cualquiera.

Figura 3. Alberto e Isabel. Doble ducatón. Bruselas, 1618.

La belleza de estas medallas no es una casualidad. Los Países Bajos eran provincias muy ricas con gran desarrollo artístico e intelectual. Era un territorio con una guerra latente y las arcas del estado estaban vacías, pero la cultura eclosionaba con grandes genios del arte plástico, algunos tan destacados como Jan Brueghel o Pedro Pablo Rubens. Los archiduques se esforzaban en verse representados de la manera más bella posible, ya sea a través de pintores o en medallas que mostrasen lo supuestamente queridos que eran en los Países Bajos. No dejaba de ser una forma de propaganda (Figura 4).

Figura 4. Medalla de Alberto e Isabel. Homenaje de los Países Bajos a los Archiduques.

La guerra se reanudó en 1620. Alberto intentó prolongar la tregua, pero no lo consiguió. Fue su último gran proyecto político y acabó en fracaso. Falleció en 1621 y su entierro supuso una enorme procesión fúnebre en Bruselas que intentaba mostrar una unidad que no era tal. Esta procesión se ve representada en la medalla de la Figura 5.

Figura 5. Medalla de Alberto e Isabel. Procesión fúnebre del funeral del Archiduque Alberto.

Alberto e Isabel no tuvieron descendencia, por lo que la soberanía de los Países Bajos regresaba de nuevo a la corona española. Concretamente a Felipe IV. En cuanto a Isabel, siendo viuda se puso el hábito de la Orden Terciaria Franciscana y no se lo quitó hasta su muerte en 1633. Así se la representó tanto en cuadros como en medallas (Figura 6).

Figura 6. Medalla de Alberto e Isabel. La infanta ante la muerte del Archiduque Alberto.

Tomás Prieto vol. VII

Áureo & Calicó organiza una triple subasta para el mes de diciembre de 2023: una subasta online con más de 2.000 lotes el día 12, una subasta en sala el día 13 y el séptimo volumen de la Tomás Prieto para el día 14. Me centraré en comentar muy brevemente la subasta especial y dejo las otras para un futuro artículo.

La Colección Tomás Prieto ha repasado la medallística española en siete fabulosos volúmenes (uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis). A falta de un octavo, que se dedicará a jetones, bien podemos afirmar que es la mayor colección de medallas españolas que ha salido a la venta jamás. El repaso que se ha dado tanto a los Austrias como a los Borbones ha sido espectacular. Al menos yo he aprendido mucho de esta colección.

Este séptimo volumen se centra en el siglo XVII, con medallas de Felipe III, Felipe IV, Carlos II y los archiduques Alberto e Isabel. En total son 325 medallas relacionadas con los Austrias menores en las que se conmemoran algunos hechos de armas, tratados de paz, eventos políticos y matrimonios notables. Aparecen también muchos cortesanos, especialmente italianos, y hay bastantes ejemplares de módulo grande. Es curioso que se incluyen varios dobles ducatones y un doble patagón

Aparece también una curiosa sección de 112 medallas dedicadas a Luis XIV de Francia. Son medallas más asequibles que las españolas por lo general. Todas ellas representan el busto del Rey Sol, como no podía ser de otra forma.

Este artículo está patrocinado por Áureo & Calicó. Podéis seguir a Áureo & Calicó en su web, en Facebook, Instagram y Twitter.

En podcast

Os dejo un podcast con un contenido semejante al de este artículo:

2 comentarios en “Las medallas de los Archiduques Alberto e Isabel”

  1. ¡Me ha encantado este artículo Adolfo!
    Esta próxima subasta de la colección de Tomás Prieto es una pasada la verdad, la he estado ojeando varias veces con detenimiento y paciencia y hay piezas realmente increíbles. Tengo un par de ellas en concreto en seguimiento y espero al menos poder llevarme una.
    La verdad es que me llama la atención, quizás esté equivocado pero ¿En España en general no se ve mucho movimiento o interés por este tipo de coleccionismo o estoy equivocado? Me encantaría ver y conocer a coleccionistas entendidos sobre esta rama de la numismatica la verdad.

    1. Celebro que te haya gustado el artículo :-)

      En España la medallística está muy olvidada, mucho más que en Hispanoamérica. En España no creo que suponga más de un 1% de lo que supone la numismática en global.

      Saludos,
      Adolfo

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