Monedas y medallas de Carlos III en Áureo & Calicó

Monedas y medallas de Carlos III en Áureo & Calicó

Áureo & Calicó ofrece los días 18 y 19 de noviembre los segundos volúmenes de la Colección Francisco Prieto y de la Fleming respectivamente. El volumen de la Francisco Prieto ofrece 490 medallas de Carlos III y Carlos IV, mientras que el de la Fleming describe las monedas de Carlos III con 1194 lotes. Que yo recuerde nunca ha habido un despliegue tal de la numismática de Carlos III y mucho me temo que tardaremos en volver a ver una muestra semejante.

La Colección Fleming dedicó su primer volumen a los tres primeros Borbones. Aquí os mostré un avance y aquí comenté la colección cuando se publicó. Decía que la Fleming es una colección completista en la que prima más el hacerse con todas las fechas, cecas y ensayadores que el buscar la calidad. Esto mismo ocurre con este nuevo volumen, que llega a ofrecer 1194 monedas de Carlos III. Para ponerlo en perspectiva, esto son 306 monedas más que en el caso de la Trastámara. ¡Y eso que en la Fleming están ausentes las cecas italianas!

Entre estas monedas de Carlos III las platas destacan por su completitud; solo faltan las platas más caras como son los 8 reales de Santiago o de Santa Fe (ambas cecas rarísimas para los duros de Carlos III). Bien es cierto que en muchos casos las monedas que se ofrecen podrían encontrarse en mejor conservación sin demasiado esfuerzo, pero reunir todas estas platas es un logro inmenso.

Otra cosa son los oros. Me he quedado realmente alucinado al ver 57 caras de rata (una entrada y otra hablando de estas monedas). Dudo mucho que alguna vez se hayan reunido tantos en subasta pública. Además resulta sorprendente que la calidad de estos oros es mucho mejor que la de las platas e incluso que la de los oros del primer volumen. De nuevo, hay algunas monedas que faltan, como los primeros bustos de Guatemala. Pero al igual que en las platas, las monedas que no están, es porque son prácticamente únicas. Juntar 498 oros de Carlos III se dice pronto, pero es una tarea titánica que bien puede llevar una vida entera.

Es un catálogo para guardarlo y estudiarlo. Sin duda va a ser una colección de referencia para los próximos años en lo que a Carlos III se refiere. Yo aquí os dejo un vídeo en el que os muestro algunos de los mejores lotes (si estás empezando quizá quieras ver esta introducción a las monedas de Carlos III para comprender mejor el periodo). Os dejo un vídeo con algunas de las monedas.

 

La Colección Tomás Prieto se dedica a las medallas de los siglos XVIII y XIX. El primer volumenlo estuvimos comentando aquí– versó sobre las medallas de los tres primeros Borbones. Ahora se ofrece otro volumen con 490 medallas dedicadas a Carlos III y Carlos IV en una conservación extraordinaria. Ni qué decir tiene que en esta colección la importancia del célebre grabador Tomás Francisco Prieto (unados y tres) es enorme, tanto por las medallas que él mismo grabó como por las que grabaron sus discípulos.

Ya sabéis que yo no soy ningún experto en medallística. Pero no hace falta serlo para darse cuenta de que esta colección es sencillamente espectacular. No me cabe duda de que la Tomás Prieto va a ser la colección de referencia en lo que a medallas españolas se refiere para las siguientes décadas.

Aquí os dejo un vídeo en el que muestro algunos de los mejores ejemplares que se ofrecen en este volumen.

Para ayudarme a realizar el vídeo la casa Áureo & Calicó me mandó algunos textos sobre las monedas que mostraba. Creo que es una pena dejar esos textos solo para mí, así que aquí os reproduzco las monedas junto con su descripción en el catálogo, el comentario en el catálogo (si lo tiene) y el comentario que me ha ofrecido Áureo & Calicó.

  1. Carlos III. Granada. Medalla de Proclamación. (Ha. 109 (apéndice), lám. 105) (MHE. 267, mismo ejemplar) (V.Q. 13003). 39 g. Ø47 mm. Plata fundida. La medalla que se ilustra en los catálogos de Herrera y Vidal Quadras, es la misma pero en bronce y figura como «única conocida». Este es el único ejemplar en plata. Ex Colección Breogán, Áureo 22/10/1998, nº 155. Ex Colección Celso Isla. Rarísima. (EBC).

Probablemente única conocida en plata, y sólo otro ejemplar en bronce. Muy bella, y un verdadero enigma: el busto, evidentemente, no es de Carlos III. Nosotros creemos ver el retrato de un jovencísimo Felipe V, pero tal vez haya que hacer caso del catálogo  clásico para las medallas de proclamación, el de Herrera, que describe este anverso como “Busto parecido al del Archiduque Carlos de Austria…” La coincidencia de nombre y ordinal (el archiduque hubiera sido también el tercer Carlos) es sugerente, en este sentido.

  1. Carlos III. Madrid. Medalla de Proclamación. (Ha. (apéndice) 110, lám. 105) (MHE. 273 bis, mismo ejemplar). 84,13 g. Ø55 mm. Plata. Grabador: T. F. Prieto. Mínimos golpecitos. Rarísima. EBC.

Las medallas de proclamación fueron usadas como obsequio a altas personalidades. Probablemente agotadas las piezas de que disponía, en mayo de 1774 el rey mandó acuñar otras doce medallas de oro y veinticuatro de plata. Aunque sin cambiar la fecha, Prieto modificó notablemente los cuños: la efigie del rey, que se acercaba a los sesenta años, adquirió unos rasgos más acordes a su aspecto actual. En el nuevo reverso, la cabeza de caballo y el personaje de más a la izquierda desaparecieron, sustituidos por unas nubes; un cordón cruza el pendón, y el tablado está adornado por rosetas.
Sólo conocemos dos ejemplares de esta limitadísima (veinticuatro piezas, como hemos dicho) producción: el subastado por nuestra firma en la “Selección” del pasado mes de marzo, lote 493, y el de la Colección Breogán, lote 159.

Las medallas de proclamación de mayor tamaño fueron usadas como regalo a altas personalidades a lo largo de todo el reinado. Al cabo de quince años, las piezas de que se disponía se agotaron, de manera que el rey ordenó la acuñación de una breve tirada (doce de oro y veinticuatro de plata). Prieto adaptó los rasgos del anverso a los del aspecto actual del soberano, cercano ya a los sesenta años, y modificó ligeramente el cuño de reverso, que quizás había sufrido cierta corrosión. La medalla original de 1759 (lote 17) y esta (con la misma fecha, pero acuñada en 1774) son muy parecidas a primera vista, pero la segunda es rarísima, como su corta tirada permite suponer.

  1. Carlos III. Luján. Medalla de Proclamación. (Betts 470) (Ha. 72) (MHE. 304, mismo ejemplar) (Medina 80). 16 g. Ø35 mm. Plata fundida. No figuraba en la Colección Breogán. Rarísima. EBC.

Tanto en la metrópolis como en las colonias, algunas ciudades celebraron la ceremonia de Proclamación en una sola ocasión; queda entonces una medalla de la localidad, sin acuñaciones previas ni posteriores. Suele tratarse de piezas producidas en cantidades muy escasas, meros testimonios de la voluntad de las autoridades por dejar constancia de los festejos. Uno de esos casos es el de Luján: mientras la vecina Buenos Aires había ya batido medallas para la jura de Fernando VI, y siguió haciéndolo hasta la independencia, Luján realizó esta única emisión para festejar la proclamación de Carlos III.

Merece la pena destacar que, dentro de su estilo ingenuo y voluntarioso, el retrato se esfuerza en reproducir la prominente nariz, la característica más notable de la fisonomía del monarca.

En muchas de las poblaciones que decidían producir su propia medalla, la tarea debía encomendarse a personal de fortuna, plateros a lo sumo, carentes de la preparación artística que tan delicado cometido exigía. El resultado fue, en algunos casos, retratos tan originales como en este caso; no menos imaginativos son los castillos y leones del reverso. La pieza es de Luján, cerca de Buenos Aires, y es rarísima.

  1. Carlos III. Boda de Carlos, Príncipe de Asturias, con María Luisa de Parma. Medalla. (MHE. 317, mismo ejemplar) (RAH. 301-302 var. metal) (Ruiz Trapero 88-89 var. metal) (V. 45 var. metal) (V.Q. 14103 var. metal) (Villena 32). 91,11 g. Ø50 mm. Oro. Grabador: T. F. Prieto. Ex Colección Breogán, Áureo 22/10/1998, nº 184. Ex Colección Celso Isla. Rarísima. S/C-.

El matrimonio del futuro Carlos IV con su prima María Luisa de Parma dio lugar a esta extraordinaria medalla. Marina Cano (Museo Nacional del Prado, 2005) señala la influencia que sobre Prieto ejerció su amigo Anton Raphael Mengs, pintor de cámara, para que idealizara los retratos del rey y de los contrayentes; cabe suponer que la sinceridad no era la virtud más apreciada en un pintor áulico antes de Goya. El resultado fue una obra maestra de la medallística, ajustada a los valores del neoclasicismo, sin detalles artificiosos ni complejas alegorías. Se acuñaron 86 en oro, 500 en plata y otras tantas en cobre. Utilizada como medalla oficial para obsequios a diplomáticos y altas personalidades, sirvió más tarde de modelo para grabados y estampas, y en 1767 fue reproducida en marfil por al escultor Celedonio de Arce.

Una de las medallas que no conmemoran la proclamación de un nuevo soberano. Con un peso cercano a los 100 gramos y unos relieves espectaculares, es una de las obras maestras del grabador Tomás Prieto. Obsérvese que no hay alegorías, ni Cupidos ni corazones, sino los escuetos retratos del rey, Carlos III, en anverso, y de los contrayentes en reverso, todos en estricto perfil. La simplicidad, aquí, es elegancia.

  1. Carlos III. Premio de la Sociedad de Manila al Comercio. Medalla. (MHE. 372, mismo ejemplar) (Ruiz Trapero 109 var. metal) (V. 56 var. metal). 54,48 g. Ø50 mm. Bronce. Grabador: G. A. Gil. Bella. Rara. EBC+.

Acuñada en México por Gerónimo Antonio Gil, seguramente el discípulo más destacado de Tomás Prieto. Dedicada al fomento de la actividad económica en el lejano archipiélago, vale la pena observar el navío en reverso, con la meticulosa reproducción de todos sus detalles.

Conjunto de 32 pruebas en bronce dorado de las Proclamaciones de Carlos III y Carlos IV presentadas en tres bandejas originales de época, realizadas por los grabadores Gerónimo Antonio Gil y su hijo José Gabriel. Conjunto único. EBC+/S/C-.

De todos los discípulos de Tomás Prieto, Gerónimo Antonio Gil fue el más célebre. Extraordinariamente enérgico, le hemos visto ya colaborar en el reverso de la medalla de Proclamación de Carlos III en 1759 (lotes 17 y 18), firmar el de las Colonias de Sierra Morena (78 a 81) y realizar las piezas del Montepío de Málaga y de la Real Academia de la Lengua (83 a 88) en los dos años siguientes.

En 1778 es nombrado tallador principal de la Casa de Moneda mexicana. Además de sus obligaciones en el cargo, estableció y dirigió simultáneamente una Escuela de Grabado en la propia ceca, e intervino decisivamente en la fundación de la Real Academia de San Carlos en 1783, institución de la cual fue a la vez director general y director de grabado en hueco. Al mismo tiempo, desplegó una intensa actividad artística, como se puede ver a lo largo de este catálogo.

En la increíble colección de pruebas que presentamos, todas ya del período americano, las primeras cuatro piezas son de su hijo José Gabriel, quien trabajaba con él en México. Para la del Comercio, 124-1, Gil padre realizó el busto del anverso (véase el lote 106, firmado por él); José Gabriel lo copió cuidadosamente, y se encargó de todos los reversos. Se trata de toda la producción conocida de este grabador, si exceptuamos la medalla de proclamación que realizó en 1808 para la proclamación de Fernando VII en San Luís de Potosí.

El resto de los ejemplares se centra especialmente en las obras de Gerónimo Antonio Gil con motivo de la proclamación de Carlos IV en Nueva España: 23 de las 28 piezas. La variedad de retratos del nuevo monarca es un detalle significativo acerca de la concienzuda labor del grabador, su voluntad de presentar diferentes soluciones para el mismo tema y la riqueza de sus recursos artísticos.

Sin duda el lote más espectacular de todo el catálogo, un conjunto de tres bandejas como está conteniendo un total de 32 pruebas en bronce dorado. Se trata de un verdadero muestrario de la obra de Gerónimo Antonio Gil en México, con 28 piezas; las otras cuatro fueron labradas por su hijo José Gabriel para el Fomento del Comercio y la Industria de Filipinas. La mayoría de las de Gil padre (23 de las 28) están dedicadas a las proclamaciones de Carlos IV en la Nueva España, lo cual nos permite comprobar la riqueza de recursos del grabador para no caer en repeticiones.

s/d (hacia 1788) Carlos IV. Madrid. Medallón circular. 14,79 g. Ø79 mm. Fina plancha metálica adherida a una base de carey. Unifaz. En cajita de cartulina. No figuraba en la Colección Breogán. Rarísima. Seguramente el único ejemplar conocido. (EBC).

Este singular medallón es una muestra de la artesanía de la época, un genuino “recuerdo” popular de las ceremonias de proclamación. La rudimentaria perspectiva de la escena no es propia de una medalla oficial, académica, y los personajes que celebran el acontecimiento son de un trazo ingenuo, casi infantil; en contraste, el meticuloso detalle de la fachada del Palacio Real le confiere un aire de testimonio directo de las ceremonias. El insólito material del soporte y la cuidadosa fabricación han permitido perdurar a este ejemplar de un tipo de pieza que suele sobrevivir poco tiempo al evento que lo motivó, y que raramente llega a manos del coleccionista.

En contraste con la perfección artística de maestros como Prieto o Gil, la ceremonia de levantar un pendón por el nuevo rey fue también grabada por modestos artesanos, en materiales que difícilmente resistieron el paso de los siglos. Este ejemplar, sin duda único, ha sobrevivido en perfecto estado gracias a su soporte de carey. El lugar de la ceremonia no consta en la inscripción, pero en la fachada del fondo se reconoce el Palacio Real de Madrid hasta el más minucioso detalle.

  1. Carlos IV. Madrid. Medalla de Proclamación. (Ha. 62 var. metal) (Ruiz Trapero 145 var. metal) (V. 84 var. metal) (V.Q. 13115). 141,19 g. Ø55 mm. Oro. Grabador: P. González de Sepúlveda. Muy bella. Brillo original. No figuraba en la Colección Breogán. Rarísima. EBC+.

El director de la Real Academia de la Historia, el mismo Pedro Rodríguez de Campomames que había diseñado las medallas de proclamación de Carlos III en Madrid (lotes 17 y 21), propuso tomar aquéllas como modelo para la proclamación de Carlos IV. Pedro González de Sepúlveda, yerno de Tomás Prieto y director de la Escuela de Grabado, realizó, pues, una revisión de la obra de su suegro, como puede observarse fácilmente comparando los ejemplares en esta colección: los personajes del reverso adoptan ahora poses más naturales en la pieza grande; en la pequeña, la Hispania del reverso, despojada de yelmo, aparte del pendón de Castilla, se apoya en un escudo con las armas de Madrid.
Del tipo grande se acuñaron 129 en oro (lote 168) y 423 en plata (lote 169); del pequeño consta una tirada de 200 en oro (lote 171) y 423 en plata (lote 172).

Otro grabador importante fue Pedro González de Sepúlveda. Sin duda impresionado por el éxito de la escena de proclamación realizada por su suegro, Tomás Prieto, tal como la hemos visto en el comentario de los lotes 17 y 19, Sepúlveda optó por repetirla casi al pie de la letra, aunque todo el cuño grabado de nuevo para dotar a las figuras de un aire más espontáneo.

  1. Carlos IV. Madrid. Medalla de Proclamación. (Ha. 63 var. metal) (RAH. 347 var. metal) (Ruiz Trapero 150) (V. 85) (V.Q. 13117). 47,53 g. Ø38 mm. Oro. Grabador: P. González de Sepúlveda. Mínimos golpecitos. Bella. Brillo original. Ex Colección Breogán, Áureo 22/10/1998, nº 254. Ex Colección Celso Isla. EBC+.

Sepúlveda también realizó esta otra medalla, más pequeña, siguiendo la iconografía que había utilizado su suegro, Prieto. La Hispania, ahora, adopta una actitud más serena, y se ha incorporado a la escena el escudo del oso y el madroño, dando al conjunto un carácter más localista.

  1. Carlos IV. Chile. Medalla de Proclamación. (Ha. 130 var. metal) (Medina 146 var. metal) (Ruiz Trapero 192-193 var. metal) (V. 117 var. metal) (V.Q. 13178 var. metal). 45,80 g. Ø43 mm. Oro. Grabador: R. Nazábal. Leves marquitas. Bella. Rarísima. Única conocida. EBC+.

José Toribio Medina, en su “Medallas Chilenas” pág. 44, recoge el testimonio de un testigo presencial de las ceremonias de proclamación en Santiago: “Se sellaron para tirar al pueblo, en lugar de moneda, en dos medallones, la cantidad de mil y quinientos pesos. Ellos eran de plata, puesto en la cara el busto y nombre de Carlos IV, y á la vuelta de la una (lote 236) las armas de la ciudad y de la otra (lotes 237 y 238) los indios en el tablado haciendo la jura”. Se refiere a la participación de “los cuatro butalmapus ó gobernadores indios” en los actos; la presencia de los jefes mapuches y su séquito resultó espectacular, y causó profunda conmoción “que esta guerrera nación, que sostuvo por dos siglos su independencia con sólo el apoyo de su lanza, viniese finalmente á rendir al nuevo rey subordinación y vasallaje y hacerle sus homenajes”, según informe del gobernador O’Higgins. Estas dos medallas son toda la obra conocida del grabador Rafael Nazabal (obsérvese que firma NAZAUAL en todos los cuños). La de oro no figura en ningún catálogo; sólo Medina, en “Medallas Chilenas”, se limita a indicar que “las hubo en oro”, y en las “Proclamaciones” afirma que “O’Higgins costeó de su peculio las piezas de oro que remitió a la Corte”, pero no las cataloga.

Sin duda uno de los temas más originales de la medallística española es el que aparece en la medalla de proclamación en Santiago de Chile, con dos indios mapuches rindiendo sus armas sobre un campo con cabaña al fondo y… ¡un ñandú! En oro, además, es el único ejemplar conocido.

  1. Carlos IV. México. 8 reales. Medalla de Proclamación con valor. (Ha. falta) (Grove C-6) (Medina 190, mismo ejemplar). 23,98 g. Ø41 mm. Plata. Grabador: G. A. Gil. Rayitas. Bella. Brillo original. Ex Colección Medina. No figuraba en la Colección Breogán. Rarísima. Sólo 4 ejemplares conocidos. S/C-.

Acerca de esta medalla, Medina (pág. 152) dice sólo que “francamente, no sé qué pensar”. En su colección figuraba otra pieza de la que opinaba lo mismo, con un anverso exactamente igual que el de Campeche (lotes 228 a 232) y el reverso común con los 8 reales de esta que presentamos y de las dos siguientes (268 y 269). La coincidencia con el tipo de Campeche le lleva a asumir que, como las fiestas de Campeche se celebraron al año siguiente, 1790, Gil se limitó a reutilizar aquel cuño de prueba.

Resulta sorprendente que un observador tan meticuloso como Medina no se diera cuenta de que este es un caso similar. No sólo el busto del rey, sino todo el cuño de anverso coincide exactamente con el de la pieza que, también con fecha 1790, sirvió para la celebración en San Luis Potosí, como resulta fácil advertir comparando esta imagen con los lotes 322 y 323. Con reverso de México quedó como prueba, lo cual da razón de su extraordinaria rareza.

Esta serie de medallas con valor (hasta el lote 278, si incluimos el ½ real) constituye un caso único entre las Proclamaciones españolas, y plantea algunos interrogantes. Cabe preguntarse si se suponía que circularían como moneda. En tal caso, las piezas de cobre, ¿serían aceptadas por su valor facial? ¿Qué sentido tenía emitir una “moneda” de valor meramente fiduciario en uno de los territorios con más plata del imperio? Y si, como Grove indica, son estrictamente medallas, ¿para qué indicar un valor en ellas?

Un caso único en la medallística: no sólo un medalla con valor facial, sino una serie con todos los valores de la plata (desde el real de a 8 hasta el medio real) y, para ser aún más sorprendente, todos ellos acuñados tanto en plata como en bronce. Ésta con el busto es rarísima.

  1. Carlos IV. Salta. Medalla de Proclamación. (Ha. falta) (Medina 241). 21,42 g. Ø38 mm. Plata. No figuraba en la Colección Breogán. Rayita. Extraordinariamente rara. Sólo hemos tenido 1 ejemplar. MBC.

La intendencia o provincia de Salta fue una de las divisiones territoriales del virreinato del Río de la Plata. En su medalla conmemorativa de la Proclamación de 30 de noviembre de 1789, encontramos en anverso el mismo busto que el de los reales de a 8 acuñados en Potosí. En reverso, las armas de la ciudad, cuyo nombre queda también indicado en el monograma del final de la leyenda de anverso. La ciudad de Salta, como la mayoría de las poblaciones de las Indias, utilizaron como único emblema el escudo real hasta que en 1596 una nueva ley decretó que “las ciudades, villas y lugares de las Indias tengan los escudos de armas que hubieren concedido».

Medina (p. 187) recoge la observación de Don Joaquín Araujo donde observa que “eligió Salta un escudo que comprende un rio que la ameniza, un cerro que la fortalece, unos árboles que la hermosean, y los símbolos del valor (el hombre) y la fidelidad (el perro), que la distinguen. En 1938 se retiró la figura del indígena por ser considerada discriminatoria hacia los aborígenes.

La escena del reverso representa un guerrero, acompañado de un perro, marchando junto a un río al pie de un monte en el que se divisa un indio con sus armas; en la orilla, árboles y flores. El conjunto, que parece un dibujo infantil, era en realidad el escudo de armas de Salta, en el noroeste argentino; con ligeras modificaciones, se mantuvo hasta mediados del s. XX.

  1. Carlos IV. Valladolid de Michoacán. Medalla de Proclamación. (Ha. 227 var. metal) (Medina 271 var. metal) (RAH. 435 var. metal) (Ruiz Trapero 285-287 var. metal) (V. 172-173 var. metal) (V.Q. 13254 var. metal). 42,47 g. Ø44 mm. Oro. Grabador: G. A. Gil. Insignificantes golpecitos. Ex Áureo Selección 2005, nº 490. Rarísima. ¿Única conocida? EBC-.

La ceremonia de Jura de Valladolid de Michoacán, en marzo de 1791, fue de las últimas en llevarse a cabo, junto con las de Real del Catorce, San Miguel el Grande y Sombrerete, que celebraron los fastos ya entrado este año. De todas ellas, la medalla de Valladolid es la única que coincide con la correspondiente prueba del muestrario de Gil (lote 124-28); todas las demás llevan bustos distintos de sus respectivas “pruebas”. Deducimos, pues, que aquel increíble conjunto sirvió también como muestrario para los sucesivos encargos, y se cambiaban según el gusto de quien los financiaba.

Valladolid de Michoacán, hoy Morelia, tiene en su escudo de armas el busto de tres reyes; así se lo concedió el emperador Carlos V, y así continúa hoy, con ligeras modificaciones a lo largo de la historia. En esta medalla, sin embargo, Gil se permitió modificarlo para conseguir un aspecto más ceremonial: los tres bustos aparecen vestidos con ropajes clásicos, dos de ellos con casco de crinera, y colocados como en semicírculo sobre una repisa. Una sutil alusión a la heráldica de la ciudad, pero apenas reconocible por sí sola.

  1. Carlos IV. México. Erección de la estatua ecuestre. Medalla. (RAH. 440-441 var. metal) (Ruiz Trapero 300-302 var. metal) (V. 187-188 var. metal) (V.Q. 14156 var. metal). 18,13 g. Ø33 mm. Oro. Grabador: G. A. Gil. Leves rayitas. Bella. Extraordinariamente rara. ¿Única conocida? EBC+.

El virrey marqués de Branciforte fue uno de los peores virreyes que ejerció el cargo en Nueva España. Su incompetencia y su rapacidad le granjearon el desprecio de sus súbditos. Llevaba tres años en el cargo cuando en 1796 decidió, para halagar a Carlos IV, encargar una estatua ecuestre del rey; al mismo tiempo, encargó a Gil la medalla que conmemoraba tan fausto evento, la que vemos aquí. La escultura se completó en 1803; Branciforte había sido depuesto cinco años antes. Por cierto, la estatua sigue en pie en México, donde es popularmente conocida como “el caballito”; el otro testimonio de este penoso episodio es, naturalmente, la medalla que presentamos.

[En YouTube Javier Meade nos hace saber que «el Caballito» fue restaurado hace poco].

  1. Carlos IV. Conmemoración de la recuperación de Buenos Aires. Medalla. (Medina Col. 43 var. metal). 124 g. Ø54 mm. Oro. Grabador: I. Fernández Arrabal. Bella. Ex Áureo 20/10/1999, nº 2252. Ex Colección Celso Isla. Extraordinariamente rara. S/C-.

Esta medalla de 1806, conmemora la recuperación de Buenos Aires después de poco más de un mes de su ocupación por una poderosa escuadra inglesa. Esta expedición militar fracasada fue el primero de los dos intentos (el otro en 1807 en que se tomó Montevideo, al otro lado del estuario) que el imperio Británico emprendió contra el virreinato del Río de la Plata, que tenía un papel estratégico y económico de gran importancia, en el marco de la Guerra anglo-española (1804-1809). En ambas invasiones se puso en evidencia la organización de la milicia local junto a las tropas regulares, capaces de defender sus territorios; como resultado, aumentaron el poder y la popularidad de los líderes criollos. Al mismo tiempo, puso de manifiesto la poca capacidad de la Metrópolis para proteger su colonia. A largo plazo, este fervor sería la causa de su emancipación del Imperio Español.

En junio de 1806, durante la guerra anglo-española, Buenos Aires fue ocupada por expedicionarios británicos, que la mantuvieron en su poder hasta finales de agosto. Esta medalla conmemora la recuperación de la ciudad: una representación imaginaria de Buenos Aires, arriba, junto a un río (el Río de la Plata); y de Londres, abajo, junto al Támesis, con una lengua de tierra en diagonal separando ambas corrientes.

  1. Gran Bretaña. Jorge III. La Sociedad de Bath y West al duque de Bedford. Medalla. (BHM. 547 var. metal). 112,38 g. Ø59 mm. Oro. Grabador: J. Milton (Forrer IV, pág. 82-85). Muy bella. Ex Áureo 01/03/2000, nº 2085. Ex Colección Celso Isla. Rarísima. EBC+.

La Royal Bath & West of England, sociedad agrícola que firma esta pieza, es la más antigua entidad benéfica del país. Fue fundada en 1777 por propietarios privados, científicos, políticos y personajes públicos, cuando no había aportaciones gubernamentales a la Agricultura. Su objetivo era promover y mejorar las actividades relacionadas con la Agricultura, la Veterinaria, las Manufacturas, el Comercio y las Bellas Artes, incluyendo eventos públicos y profesionales, así como un mercado para los productos del campo. Inicialmente comprendía los condados de Somerset, Wilts, Gloucester y Dorset, pero rápidamente fue ampliada la lista. Actualmente, sigue vigente y mantiene un recinto ferial cerca de Shepton Mallet en Somerset.

Esta medalla conmemora el deceso de uno de los grandes protectores de la Sociedad, el duque de Bedford (1765-1802), hombre de Estado y agrónomo, miembro de la Primera Oficina de Agricultura abierta en el Reino Unido y el primer presidente del club Smihfield, otra organización agraria benéfica fundada 21 años más tarde. Ambas instituciones tienen el estatus de “Royal”, bajo patrocinio de la Reina.

Para terminar, una medalla estrictamente civil dedicada por una de las más importantes “Royal Societies” a su protector, el duque de Bedford. Aunque estas muestras de reconocimiento se dieron en algunas ocasiones, muy raramente se plasmaron en gran módulo en oro.

10 Comentarios

  1. Celso 3 semanas hace

    Es abrumador este post, debés tener un ejército de «nogmos» numismáticos,😁 el apartado de medallas es más que impresionante, yo apenas tengo un par que compre hace años por curiosidad, éste tipo de colección ha debido de necesitar décadas y mucho dinero, sólo el oro que hay ya ciega.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

      Pues para hacerlo más abrumador todavía he añadido el vídeo de la Fleming, que se me había olvidad.

      He de decir que en este caso el post tiene muchos autores. Áureo & Calicó ha escrito el texto de las medallas, Milena ha colocado las imágenes y los textos y yo he escrito la parte inicial. Pero en general yo tengo más protagonismo en los posts y todos los «gnomos numismáticos» con los que cuento son los cinco dedos que tengo en cada mano.

      Saludos,
      Adolfo

    • Jorge ( tutmosis V) 3 semanas hace

      IMPRESIONANTE. Son verdaderas obras de arte con mucha Historia.
      Me quedo sin palabras.
      Gracias Adolfo por tu contribución.

  2. David Fernando 3 semanas hace

    Es una colección espectacular y muy completa , pero las medallas son lo que me llama la atención pues están en excelente estado y hay algunas que son rarísimas y bellísimas, como la de Salta y las de Madrid. Sin embargo, la más destacable y hermosa me parece la del Río de la Plata responde al Tamesis, está muy bien diseñada realmente, lo único que remarcaré es que la primera invasión de 1806 fue un contingente de 1600 un número muy reducido para ocupar una capital de Virreynato pero que ya contaba con algunas familias oligarquicas vinculadas al comercio que fueron sus aliadas y con las que fueron bien recibidos en principio. Al mismo tiempo hubo una mala decisición del virrey en salvar los caudales para hacer una resistencia más fuerte yendo al norte pero lo mostrado fue visto como un acto de cobardía. La segunda expedición sí era una fuerza mucho más contundente y enviada a fin de estabilizar la conquista del puerto para luego tomar todo el virreynato, pero la buena organización del las milicias, los militares y el pueblo que resisitió pudo derrotar valerosamente ese intento. No obstante, quedaron radicados militares británicos prisioneros, y comerciantes de aquella nación que empezaron a fomentar logias en el puerto. Al cabo de dos años se verian lso frutos, la oligarquía porteña tomaría el poder en nombre del rey al ver lo endeble de la situación de las autoridades reales y debido a sus vínculos comerciales sus primeras medidas tendrían que ver con la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio britanico, lo cual significaba la importación masiva de géneros y todo tipo de enseres provenientes de Gran Bretaña, así, Sudamérica entraba en la era de libre comercio junto con leyes liberales de origen inglés y francés que arruinarían sus producciones y socavarían sus sociedades por dentro, en principio, sin darse mucha cuenta de ello, pues era claro que estas tierras no habían experimentado nada comparable a una revolución industrial y sus pueblos tampoco se identificaban con los ideales liberales o de la ilustración donde el individualismo y el emprendedorismo comercial eran moneda corriente. Quienes propiciaron este cambo de política fue esta oligarquía dedicada mayormente al contrabando que ahora tenía vía libre para importar masivamente mientras arrastraba al pueblo a una guerra que habría de dejar a su economía con una enorme dependencia británica por deudas contraídas con bancos de esa nación, y por todo tipo de productos que continuamente se importarían desde las grande casas de comercio a precios muy bajos y reemplazarían las prducciones de las pequeñas industrias y talleres artesanales de los poblados y ciudades. Esta además decir que estas nuevas naciones sudamericanas se convirtieron en meras abastecedoras de materias primas para las manufacturas Europa y que jamás exportarían los productos que elaboraban en aquella épocacomo tejidos , muebles, platería. Así nacía el círculo de independencia-dependencia que rige hasta hoy en día .

  3. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

    Muchas gracias, David, por extender el comentario sobre la llegada de los británicos al Río de la Plata.

    Aquí os dejo un podcast sobre la defensa de Buenos Aires: https://memoriasdeuntambor.com/la-defensa-de-buenos-aires

    También os reproduzco el interesante comentario que ha hecho Francisco Javier Sánchez en Facebook: https://www.facebook.com/aruizcalleja/posts/3615958175122890

    Hay medallas maravillosas de proclamación en Madrid de Carlos III y de Carlos IV con el Pendón Real de Castilla ( escudo cuartelado sobre carmesí ), y la obra de un artesano madrileño mostrando directamente una bandera cuartelada en el estrado referida a Carlos IV ( lote 167 ).
    En relación a mi comentario anterior, compárese el Pendón de Castilla del Lote 17 ( medalla de proclamación de Carlos III en Madrid, año 1759 ),…
    …con el Pendón de Castilla del siglo XVIII que se conserva en el Museo de los Fueros en Sepúlveda. Idénticos.

    pendón de Castilla

    medallón

    pendón medalla

  4. rigoberto 3 semanas hace

    Hola excelente este post, justo lo que estaba buscando. Muchas gracias.
    Todos los saludos desde Cuba,
    Rigoberto

  5. DRINFEAL 3 semanas hace

    Las medallas son un vehículo de arte. Lo que has tenido que disfrutar, Adolfo, con ellas en mano.
    Muchísimo mejor ver las piezas en vídeo que en catálogo. Una gozada. Gracias.

  6. Gustavo Gonzalez 3 semanas hace

    Sencillamente espectacular, entre las juras hay por lo menos tres que el estado Argentino deberia tratar de recuperar para nuestro patrimonio dado que son piezas unicas o extremadamente raras, pero dudo mucho que eso suceda.
    Saludos

  7. David 2 semanas hace

    Estoy abrumado ! La mayoría de estos medallones son de una realización y de una belleza excepcional. Excelente información y fotografías, ademas como estáis comentando en un estado de conservación idílico !
    Suponemos que es una gran oportunidad para que la autoridad competente en España puje por estos medallones únicos para que puedan estar expuestos en el Museo de la Casa de la Moneda.
    Todas ellas son autenticas obras de arte numismáticas.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 2 semanas hace

      Efectivamente, son unas medallas extraordinarias.

      Justamente por eso espero que la Administración Pública no compre ninguna y se las deje a los coleccionistas. Si la Administración nacionalizase todas las monedas, billetes y medallas interesantes que salen al mercado a los coleccionistas privados no nos quedaría más que coleccionar chapas de gaseosa. En los fondos de los museos de España hay una cantidad bárbara de material numismático (365.000 ejemplares, solo entre el MAN y el MNAC) que lleva décadas sin ver la luz. Si no hay dinero para sacar todo el provecho de lo que ya tienen, creo que no es lo más prudente adquirir más. Por otro lado, no creo que la conservación del Patrimonio deba ser una responsabilidad monopolizada por la Administración Pública.

      Solo es mi parecer. Un día habrá que hablar de este tema con más calma en el Blog.

      Saludos,
      Adolfo

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