Aprende a regatear IV: ante todo, humildad

Esta es la cuarta entrada dedicada a cómo regatear. Ya sabéis que es una propuesta de Álvaro Albero (de Numismática La Dobla) para que le saquéis las monedas a mejor precio. Dediqué un primer artículo a reflexionar si tiene sentido regatear, un segundo a comprender la posición del comprador y del vendedor y un tercero a cómo llevar la información con nosotros para tenerla in situ. En este cuarto artículo explicaré por qué la humildad juega a favor del coleccionista en un regateo.

A los hombres nos puede el ego

La humildad no es una característica muy común entre los numismáticos, ni comerciantes, ni estudiosos, ni tampoco coleccionistas. Los coleccionistas proyectamos nuestro ego en las monedas que adquirimos. Tenemos una percepción más positiva de nosotros mismos cuando adquirimos monedas más caras. También envidiamos y admiramos a quienes adquieren unas monedas más caras que nosotros y buscamos ser envidiados y admirados por los demás. Esta actitud irracional pocos la admitirán pero si habláis con comerciantes os dirán que es mucho más común de lo que parece. Especialmente entre los coleccionistas varones.

No son pocos los coleccionistas que buscan dar una visión irreal de sí mismos a otros para, de esa forma, auto-percibirse ellos mismos de esa forma tan irreal (esta actitud no solo ocurre con la numismática). Así, cuentan una y otra vez que han comprado tal o cual moneda carísima, que han encontrado no sé qué chollo o que tienen una colección propia del British Museum.

Estoy seguro de que más de uno de los que leen estas líneas sigue este tipo de actitud. Es normal, los humanos somos así. Pero ser así con los comerciantes jugará en nuestra contra. 

Lo mejor es ser humilde

A pesar de que no es nada razonable, es relativamente común que los coleccionistas le cuenten sus intimidades a los comerciantes. Intimidades que casi siempre buscan que les perciban como grandes coleccionistas y tipos con dinero: les enseñan fotos de sus mejores piezas en el móvil, les dicen que han comprado tal o cual moneda por 4.000 euros en tal subasta, les dicen su sueldo (¡verídico!)… Curiosamente, no conozco a nadie que tenga una colección verdaderamente potente y nadie que sea realmente millonario y sigue esa actitud. Menos aún con un comerciante que apenas le conoce.

Es obvio que, después de haber presumido de esa forma delante del comerciante, no habrá mucho margen para el regateo. No es razonable decir a un comerciante que has comprado una onza pelucona en EBC en una subasta y, acto seguido, pedirle que rebaje 10 euros en un medio real de Fernando VII. Esta actitud sería equivalente a decir al carnicero del barrio que acabas de comprar cuatro kilos del mejor solomillo de buey en el Carrefour y luego pedirle que te haga un descuento en los riñones de pollo que le estás comprando.  Una cosa o la otra: se tiene dinero o no se tiene.

Tengo que decir que esto mismo me ha ocurrido a mí con los mecenazgos del Blog. No hace mucho una persona me dijo que si tengo la oportunidad de hacerme con monedas de 8 escudos le avise porque las coleccionan. Al cabo de 5 minutos de conversación le dije que se hiciesen mecenas del Blog porque tenía muchísimas ventajas. Para mi sorpresa, como sus hijos eran pequeños requerían gastos y no podía permitirse 5 euros extra al mes. No he vuelto a saber de él.

La falsa humildad tampoco funciona

La estrategia contraria a la anterior consiste en hacerse pasar por un pobretón desinformado. No faltan quienes dicen que ellos saben muy poco de monedas, que antes cobraban un sueldo decente pero ahora viven de una pensión, que tienen una colección muy humilde… ¡y luego preguntan por monedas de 1.000 euros! 

Intentar aparentar ser un pobrecillo para que luego el comerciante esté dispuesto a bajar más el precio tampoco suele funcionar. Más que nada porque el comerciante ya se lo sabe. Es lógico: quien está apretado económicamente lo normal es que adquiera monedas de unas pocas decenas de euros. Si no es así el comerciante empezará a sospechar que no puede fiarse de ese coleccionista.

Simplemente sé tú mismo

Como dicen cientos y cientos de libros de auto-ayuda “sé tú mismo”. Aquí también funciona. Creo que lo mejor que puedes hacer con un comerciante es presentarte tal y como eres, de manera razonablemente realista (lo cual supone tener una percepción realista de ti mismo). 

Si compras monedas en un rango de precios entre 20 y 200 euros, simplemente admítelo como tal. El comerciante te verá como un coleccionista promedio que puede apartar un pequeño porcentaje de sus ingresos a su afición. Así estamos la mayoría. A partir de esa visión realista el comerciante entenderá que quieres hacer una colección pero que no te sobra el dinero. Si ambos sois razonables pronto tendréis una relación fructífera.

¡Y no le digas tus otras compras! A ese comerciante le da exactamente igual las otras compras que hayas hecho a otros comerciantes. Solo le interesan las monedas que le compres a él, como es normal. Se sentirá molesto si le dices que estás dejando tu dinero a su competencia, que a los otros les compras caro y luego a él le regateas. Es normal que, ante esa actitud tuya, admita poco regateo. Incluso es normal que le entren ganas de mandarte a paseo. 

Yo solo explicaría al comerciante mi colección si tuviera mucha confianza con él y me ayudase a estructurarla. En ese caso no será un comerciante cualquiera, sino mi mentor. Es decir, alguien con quien tengo mucha confianza, que me ayuda, a quien hago la mayoría de las compras y con quien posiblemente tenga una relación desde hace muchos años. En otros casos lo mejor es no dar muchas explicaciones.

13 comentarios en “Aprende a regatear IV: ante todo, humildad”

  1. Las subastas son dignas de un compendio digno de Freud. Y da lo mismo si son de numismática, que de viviendas, que de automóviles: el ego ciega a la razón. Lo cierto es, que el que es ególatra lo es siempre, en todas partes y con todo tipo de personas que le rodeen. Bastante desgracia tienen siendo así. Yo no suelo regatear por vergüenza y porque no me gusta perder ni hacer perder el tiempo a nadie. No puedo permitirme una moneda, lo digo y no pasa nada; a veces, el vendedor me pregunta que cuánto puedo pagar, y me lo acepta; otras, cuando el comerciante ve que he hecho un esfuerzo en pagarle una pieza cara para mis posibilidades, me regala alguna pieza más barata para compensar y que me vaya satisfecho. Al final, todo se resume en el buen ojo del vendedor, sabiendo halagar y fidelizar a un cliente VIP o, al menos, modesto pero fiel y simpático, que sale de la tienda pensando que ha hecho un buen negocio.

    Ay, ese ego…

  2. La verdad es que tampoco me gusta regatear. Como mucho, en un mercadillo, que seleccione varias piezas con el fin de que me hagan precio. Yo podría quitarle el pico a las piezas y el vendedor sacarlas del stock almacenado. Todos ganamos. ¿En cuánto me las dejas? Y si me encaja me las llevo, y si no, pues a otra cosa. No voy a hacer perder el tiempo a nadie.
    Pero en una tienda seria ni se me ocurriría. Yo lo entiendo, y quizá me equivoco, como una falta de respeto al vendedor. Igual que tampoco regateo en el súper o en la papelería.

  3. Hola a todos

    Que serie de entregas tan interesante! Lo del regateo es todo un mundo, sobre todo en ítems que no tienen un precio «fijo» en el mercado (como la leche, la gasolina y los vaqueros «Levis»). Yo sí que, cuando veo una moneda que me interesa, le pregunta al vendedor «¿en cuánto me la dejas?».

    Si el precio que me dice me encaja, listo y si no, quizás podría repreguntar una vez mas si le tengo confianza y punto, ya que no me gusta regatear por sí mismo sino que entiendo que los precios en la mayoría de las ocasiones tienen ya un margen de regateo y al vendedor tampoco le gustará perder el tiempo ya que si te hace una oferta será porque esa es la que le parece correcta.

    Un saludo

  4. Buenos días y enhorabuena por el blog, es parte de mi obligación todos los domingos. Lo del regateo es algo que bien depende de a quien compres. Si vas a una subasta tú solo te estás regateando puedes o no puedes pagarlo. Si lo haces con vendedores privados te puedes encontrar con el pirata que te lo pone al doble y con el que es coherente. Depende del caso y con quién trates.

  5. Yo sólo regateo si tengo confianza con el vendedor y me parece que haya posibilidad de llegar a un acuerdo. La típica frase de un vendedor de hace años. …por se tú, te la dejo en…. Y en otra ocasión pedirle a un vendedor si lo podía pagar en dos veces .

  6. Xulio Arribas González

    Regatear, es bonito, es un arte, es una comumicación, es una relación, si hay que tener un poco de tiempo, paciencia, saber lo que se hace, y a quien, cuando y por que se hace …

    Esta claro que no es para todos, hay que germinarlo desde pequeño, y cada vez hay menos oportunidades por el precio fijo, es el arte del comercio en si mismo.

    Me acuerdo de unha vez que estaba en Tunez… y estabamos en un sitio de turistas, en la carretera ,descansando donde habia un puesto de figuritas de madera, muy bonitas artesanas etc…
    En pocos minutos pasa esto…. yo estoy como espectador.

    Salen turistas ingleses… y el comerciante le pide 50 euros… y ellos se los compran en el acto sin decir pio y se van al autobús.
    Después salen franceses… y el comerciente les pide lo mismo, ellos se ponen ha hablar muy muy poco tiempo y se lo llevan en 25 y se van al autobús.
    Finalmente los españoles, regatean un poco «mucho» más y lo termian en 15, ambas partes satisfechas. Por las caras, los gestos los tonos de voz se puede decir que la relación del comeciante y del comprador es de más de simpatía, empatiía y respeto.

    El comerciante ha ganado en todas las transaciones una barbaridad, por coste-beneficio de las piezas. Pero en las relaciones más estrechas, gracias al regateo ha disfrutado, con ese «ajedrez» dialéctico, ha aprendido y hemos aprendido, generándose una relacón estrecha, y disfrutando los unos y otros de los otros con el comercio, con un comercio vivo el cual se acomete desde los origenes de la humanidad y a día de hoy se sigue haciendo tanto en el macrocomercio, y también en algún micro comercio.
    Con esto digo: Viva el regateo!!

  7. Hola Adolfo! Leo tus notas con mucho interés y me han servido para aprender de numismática y de sociología de la numismática, si puede llamarse así. Te estoy agradecido por ello.
    Escribo en esta entrada porque trata sobre cierta etiqueta o protocolo comercial. He viajado a España varias veces, pero antes de tener interés en la numismática. Planeo viajar este año y tengo varias dudas sobre el «negoceo» de monedas. Preguntaré sobre una sola de ellas.
    En Argentina suelen comercializarse las monedas encerradas en cartoncillos 2×2, no sé cómo los llaman en España. Eso por una parte es práctico, pero por otra impide inspeccionar debidamente el canto. Como he tenido algunas -pequeñas- malas sorpresas, si tengo interés genuino en comprar de inmediato una moneda porque me gusta y estoy de acuerdo con su precio, pido sacarla del cartón para mirar el canto. Si está bien, se compra.
    He notado, o me ha parecido, que muchos españoles son un poco susceptibles e impacientes. Perdón si es una generalización injusta, solo es una impresión de experiencias aisladas. En este caso temo que si pido ver una moneda fuera del cartoncillo, aunque sea de buena manera y dinero en mano, ello pueda ser interpretado como una desconfianza u ofensa hacia el comerciante.
    ¿Podrías aclararme cómo se interpretaría la situación allí?
    Gracias de nuevo por tu blog!

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Si tienes un interés genuino en comprar la moneda no creo que a nadie le moleste. Otra cosa es que le pidas a un comerciante sacar 20 monedas y luego no compres ninguna. Pero mientras tu compra compense el coste de los cartoncillos y, sobre todo, el tiempo empleado no debería haber ningún problema.

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