Aprende a regatear I: ¿merece la pena regatear?

En la última convención de Barcelona, Álvaro (de Numismática La Dobla) me dijo que tendría que escribir algunas entradas para enseñar a los coleccionistas a regatear y así poder comprarle las monedas a buen precio. Acepté el reto y aquí empiezo a cumplir mi palabra. 

Publicaré tres entradas sobre lo no mucho que sé de técnicas de regateo. Espero que mi pobre experiencia se complemente con las vuestras en los comentarios.

En esta entrada voy a reflexionar sobre si merece la pena regatear o no. Mejor dicho, en qué situaciones merece la pena. 

Qué vendedores son los que regatean

Lo más importante a la hora del regateo es conocer al vendedor. Si sabemos de qué pie cojea, entonces será fácil llegar a un acuerdo o saber que no llegaremos a tal acuerdo.

A poca experiencia que tengamos en un mercadillo, rápidamente clasificaremos a los comerciantes en una de estas categorías:

  • Los del precio justo. Estos son los comerciantes que  marcan un precio sin ningún margen de rebaja. Ni un euro. Sus monedas son como las lentejas: si las quieres las tomas y si no las dejas. 
  • Los del 10%. Son vendedores que sistemáticamente aplican un porcentaje a los precios de sus monedas (un 10% es lo más habitual) para luego tener cierto margen de regateo. Lo hacen porque saben que muchos clientes si no regatean no se llevan la moneda aunque esté barata. A poco que les conozcas sabes que son como los anteriores, puesto que simplemente restarás un porcentaje al precio marcado para saber a cuánto te llevarás las monedas. 
  • Los que esperan regateo. Son vendedores que ponen unos precios sensiblemente altos (digamos, un 30-50% por encima de su precio real de venta) con una intención triple: tener bastante margen de regateo con quienes son unos peleones; quedar bien con sus clientes habituales porque les hacen “un buen descuento”; y pegar el palo a quien no tenga ni idea de las monedas que está comprando. 
  • Los que buscan una oferta. Estos vendedores ponen unos precios desorbitados (entre un 50 y un 100% del precio real de la moneda) y le dicen al comprador: “el precio es negociable”; o “tú haz una oferta”. En realidad lo que buscan es que sea el comprador quien ponga el precio. Por eso ellos colocan un precio irreal y esperan a que sea el comprador quien ponga el precio a la moneda y ya ellos elegir si la venden o no. 
  • Los que no ponen precio. Estos vendedores directamente no ponen precios a las monedas. Generalmente buscan pedir más o menos dependiendo del cliente que se trate. Ya hablamos de ellos aquí.  

Los dos primeros tipos de vendedores no regatean. O lo hacen de manera muy puntual, bajando ese 10% que tienen pensado. Con los otros tres vendedores toca pelear para poder comprar una moneda a un precio razonable. Por eso mismo yo los evito.

Qué compradores son los que regatean

Igual que se puede clasificar a los vendedores sobre sus formas de regateo se puede clasificar a los compradores. Sus dos categorías obvias son las siguientes:

  • A quienes no les gusta regatear. Yo diría que la práctica totalidad de los coleccionistas expertos están en este punto. No conozco a nadie que lleve tiempo y que disfrute con los regateos. Si el precio marcado está un 20% más alto de lo que ellos están dispuestos a pagar ni siquiera preguntan. Si está por debajo de ese 20%, simplemente preguntan cuál es el precio final de la moneda. Una conversación de no más de 2 minutos determinará si la venta se produce o no.
  • A quienes les gusta regatear. Hay a quienes les encanta regatear. Llegan a una convención como si llegasen a un mercado egipcio. Para ellos el disfrute de la compra no es la moneda que acaban de adquirir ni tampoco el tener una conversación agradable y pedagógica con el vendedor. Muchos encuentran el disfrute se encuentra en sentirse superiores al vendedor, apagando así algunas frustraciones escondidas en lo más profundo de su ser; otros encuentran el disfrute en el propio juego del regateo, como se muestra en la Vida de Brian.

Queda claro que hay una relación directa entre el tipo de vendedor y el tipo de comprador. A quienes no nos gusta regatear siempre compramos a los vendedores que ponen el precio fijo o un pequeño porcentaje por encima. También a aquellos otros vendedores que, aunque pongan un precio más inflado, al seleccionar algunas monedas de su mesa y preguntarles: “¿en cuánto me dejas todas estas?” dan un precio final realista.

A quienes les gusta regatear siempre compran a los vendedores que se guardan un margen importante de regateo. Así pueden establecer una batalla por una moneda marcada como 150 euros que ellos, por ser tan listos como se creen, consiguen comprar en 120 euros. 

Quizá en la mesa de al lado yo haya comprado una moneda semejante por esos mismo 120 euros y los 10 minutos que ellos han estado discutiendo un precio yo los he dedicado a charlar con el comerciante. Yo contento con mi charla; el otro contento con su regateo. Todos felices.

Consecuencias negativas de regatear

Creo que el regateo solo tiene sentido para llegar al precio real de venta del vendedor. Un precio que para unos vendedores es muy fácil de obtener (los dos primeros tipos) y para otros requiere una negociación bastante larga (los tres siguientes tipos). 

A partir de ahí se puede seguir regateando para bajar un poco más el precio. Quizá se pueda conseguir reducir el precio un 5-10% más. 

Lo podemos intentar para ahorrarnos un poquito de dinero, pero el mero hecho de intentarlo (lo consigamos o no) tendrá consecuencias negativas. Entre ellas:

  • Es probable que el vendedor se moleste. Si insistimos en dejar al vendedor sin margen es tanto como decir que su trabajo no vale nada. Eso es molesto y es probable que al vendedor no le siente bien llegado a un punto. Así que si el vendedor manda al cliente a freír espárragos y le dice bien claro que no le va a vender ninguna moneda a ningún precio, el comprador no debe molestarse por ello. Su actitud de regateo es la que lo ha provocado.
  • El vendedor no le considerará un buen cliente. Incluso si la venta se produce a un precio bajo, no será una venta donde ambos hayan quedado del todo satisfechos. El día que ese vendedor se haga con algunas monedas que encajen al comprador, no se acordará de él. También es posible que no le dé mucha información ni le explique cómo orientar su colección. Digamos que los buenos detalles se tienen para los buenos clientes y un cliente que aprieta mucho no es un buen cliente

En una venta normal de un mercadillo o una convención el ahorro que obtendremos será de entre 5 y 20 euros. ¡Si es que lo conseguimos! Yo, personalmente, prefiero llevarme mejor con los comerciantes a ahorrarme ese dinero. Solo el buen trato recibido compensa con creces esos eurillos.

Por lo tanto, montar una discusión para bajar 5 euros el precio de una moneda solo lo recomendaría a quienes son unos miserias o a quienes su verdadero gozo y placer está en el regateo. A estos últimos les recomendaría que dejasen la numismática y se fuesen al mercadillo a comprar bragas: los vendedores de bragas suelen tener más margen de regateo que los comerciantes numismáticos. 

Mi actitud

A mí no me gusta regatear. Lo considero una pérdida de tiempo y una forma de generar mal ambiente. No pregunto por ninguna moneda que supere en un 20% lo que yo estoy dispuesto a pagar. Si está en ese margen de menos de un 20% puedo preguntar a cuánto me la dejan y, si el precio del vendedor no llega al que a mí me interese, entonces puedo hacer una contraoferta (especialmente si tengo confianza con el vendedor). La conversación no dura ni 30 segundos.

Ejemplo de conversación:

Veo una moneda que cuesta 115 euros y yo estaría dispuesto a pagar por ella 100. Tengo confianza con el vendedor.

Adolfo: ¿En cuánto me dejas esta moneda?

Vendedor: No te la puedo bajar mucho. Te la dejaría en 110 todo lo más.

Adolfo: Yo creo que no me hago con ella, no pagaría más de 100, aunque no digo que no valga esos 110. 

Vendedor: No, a 100 no te la puedo vender. Ya tiene un precio muy ajustado. 

Fin del asunto y a otro tema.

Otra conversación de ejemplo:

Veo una moneda que cuesta 115 euros y yo estaría dispuesto a pagar por ella 100. No tengo confianza con el vendedor.

Adolfo: ¿En cuánto me dejas esta moneda?

Vendedor: Te la dejo en 110.

Adolfo: Se me va un poco, aunque ese dinero lo vale. 

Fin del asunto y a otro tema.

Si os dais cuenta, en el primer caso dejo la puerta abierta a que el vendedor me diga que me la puedo llevar por 100 euros. En el segundo caso dejo la puerta abierta a que el vendedor me diga que le haga una oferta. Una oferta que es razonable, puesto que es un 10% menos de lo que él me ha dicho; no sería razonable si digo 50 euros de ahí que solo inicie la conversación si mi precio y el del vendedor son cercanos. 

Otro aspecto importante es que en ningún momento he dicho nada que al vendedor le pueda haber sentado mal y no le he hecho perder el tiempo innecesariamente.

18 comentarios en “Aprende a regatear I: ¿merece la pena regatear?”

  1. Buenas Adolfo, no podría estar más de acuerdo. No me gusta regatear, lo dejo para cuando tengo un partido de fútbol. Odio regatear y nunca lo he hecho. Mi numismático de confianza, que tiene muy buenas monedas a un precio que personalmente me parece muy bueno siempre me hace descuento, sin pedirlo: «a ti te lo dejo por tanto». No me puedo quejar, para mi es el profesional perfecto.

  2. 99% de acuerdo contigo, Adolfo.
    Personalmente ni pregunto » en cuánto me dejas esta moneda «.
    Si me gusta la moneda miro el precio, valoro el precio real de remate de subasta, le doy un 15% extra y si me encaja la compro, ¿ qué me hace un descuento ? Bienvenido sea, ¿ qué no ? Tampoco cuento con él.
    En el supermercado y en el bar nadie va al cajero o camarero y le intenta regatear.
    Mucho ‘ gitano ‘ en este mundillo en este país, tanto en el bando de vendedores como en el de compradores. En Navarra salvo excepciones apenas se estila tanto por unos como por otros, tal vez de ahí mi forma de verlo, saliendo de mi comunidad he visto de todo.

  3. Voy a ir contracorriente….
    Odio regatear pero…conozco personas que lo adoran, que no les importa pagar incluso el precio marcado pero que disfrutan con el juego.
    El regateo existe en la numismática porque cada objeto es único y además de precio fluctuante, igual que existe en la segunda mano o en la compra de pisos, en el sector primario o en el arte. Todo lo que sea susceptible de subasta o de «mercadillo» es susceptible de regateo.
    A tu razonamiento o exposición le falta un punto….que a lo mejor viene en siguientes entregas…y es ¿Por qué existe la costumbre?
    Es la base de la economía antes de estandarizar precios. Una lonja marca un precio pero siempre con un margen superior e inferior y cada compra, según la calidad del producto se encuadrará al máximo de lonja o por debajo, y la lonja fluctúa semanalmente!!
    Un comerciante con monedas de plata al peso, o casi, que sabe que está subiendo la plata, pondrá sus monedas en un precio de 50, aunque sepa que realmente hoy valen 43….y sabe que tiene ese margen, pero no puede estar cambiando la etiqueta a diario. Si el cliente también lo sabe….puede decir , me la dejas en 45….y el comerciante defenderse con…. Sabes que es casi el precio y esta moneda concreta está bastante bien para cobrarla solo a eso….
    En el fondo lo que se miden son los criterios de bondad de un objeto concreto y lo que valore cada uno, obviamente cada cual intenta «barrer para casa».
    Hay objetos sencillos de valorar, pero habrá otros que siempre dependerán del momento, la oferta y demanda y del gusto particular de comprador y vendedor.
    El detalle de las monedas es que «no caducan» y ocupan poco,pero cualquier producto más voluminoso obligaría a los vendedores a rebajarlo si lleva mucho tiempo en stock, aunque siga como el primer día, pero se deprecia solo por estar en almacen. Las monedas solo deprecian al cabo de muchos años si pasan de moda, motivo por el que el vendedor numismático se puede «ofender» con el regateo. En cualquier otro producto, un regateo es una posibilidad de «sacar género del almacen».
    Otro punto es el de disfrutar con el regateo…creo que no es el sentimiento de «salir ganando», sino que es algo con lo que muchos se han criado….por aquí se dice «le han salido los dientes haciéndolo»

  4. Veo que más o menos coincidimos todos.

    La pregunta que hace Victoria es buena: ¿por qué regateamos?
    No es algo que vaya a tratar en esta serie de entradas, pero aquí va mi opinión:

    Yo creo que la práctica del regateo se da porque se entiende que es una negociación privada donde el comprador y el vendedor están en una posición semejante. Es decir, quien nos está vendiendo la moneda es un trabajador con una capacidad adquisitiva y un poder de mercado semejante a quien vende. Cuando la gente puja en una subasta no dice: «oye, mira a ver si me puedes aplicar un 10% de comisión en vez de un 18%». En cambio, a un comerciante autónomo se le aprieta a ver si deja la moneda ganando un 10% de margen en vez de un 18%.
    Esa actitud, seamos sinceros, hace sentir bien al comprador. Se ve listo y poderoso al haber apretado al vendedor. No tanto por los 5 euros que se ha ahorrado sino por haber sido capaz de dejarle al otro sin margen. Ese mismo que se jacta de haber comprado la moneda tan barata al numismático de la convención también chulea del billete que compró en Spink por 6.000 euros. En ambos casos se cree superior al resto.

    Ojo, que esto no es una cuestión exclusiva de la numismática. Para mí no hay personas más deleznables que quienes se van de viaje a un país pobre y aprietan a los trabajadores locales para que reduzcan más y más el precio de sus servicios.
    Recuerdo en Camboya a una pareja española que regateaba a un «tuktukero» para rebajarle el servicio de taxi por un día entero de 25$ a 22$. Ella vestía una camiseta de Nike y él una gafas Rayban. Pagaron esas prendas para creerse superiores al resto y regateaban al pobre tuktukero para creerse superiores a él. Desgraciados.

    Afortunadamente la posición de los numismáticos no es la misma que la de un tuktukero camboyano. Así que la situación se torna parecida a la del ciego y las uvas (del libro de El Lazarillo). El comerciante sabe que le vas a apretar, así que de entrada pone un porcentaje más alto de lo que está dispuesto a vender. De esa forma todos quedan contentos.

    Simplemente es mi punto de vista.

    Saludos,
    Adolfo

  5. Muy interesante entrada. Y el análisis ciertamente acertado. Yo soy comerciante del tipo 2, admito hasta un 10% de descuento, más no. Mis clientes lo saben perfectamente de manera que la negociación del precio, el regateo si se prefiere llamarlo así, dura un minuto como mucho. Estoy de acuerdo en que los coleccionistas veteranos lo prefieren así. Yo, cuando compro monedas (que es mucho más que cualquier coleccionista), no lo hago nunca a los del tipo 4-5 y no me gusta demasiado hacerlo a los del 3 ya que me aburren las negociaciones largas.
    En cuanto a la conveniencia de regatear… depende, depende, depende. La casuística es muy variada, no me veo capaz de resumirla en unas pocas frases. Quede claro que un regateo moderado concluido en compra no molesta a ningún comerciante ni tampoco saca al coleccionista de la «lista de buenos clientes». A partir de ahí se puede entrar en materia:
    — Puede conseguir mejores porcentajes de descuento el que compra muy a menudo que el que lo hace sólo de higos a peras. También el que compra varias monedas de golpe y no de una en una. Idem el que adquiere monedas de fácil reposición en oposición al que quiere la mejor pieza de tu monetario y encima barata. Este último, me temo, tiene poco margen para intentar regatear.
    — El regateo, en mi opinión, debe concluir en compra al menos el 50% de las veces. El coleccionista que regatea y regatea pero se va casi siempre sin comprar cae mal. También lo hace el que mira las monedas una semana tras otra, pide precios, consulta detalles de las piezas, etc, y no se lleva nada nunca o casi nunca. Que están en su derecho, claro está, pero por ahí no va a llegar a nada con ese comerciante ni, desde luego, le van a enseñar nunca lo bueno que pueda haber. Sin ir más lejos lo que contaba Adolfo como ejemplos de conversaciones están bien si no constituyen prácticas recurrentes, si sí lo son –un tipo que pide una oferta, se le da, no le encaja, y así casi siempre– provocan el hastío del comerciante.
    — Cuidado con las cabezonadas si se quiere mantener buenas relaciones con los comerciantes. En mi opinión si a alguien le vale una moneda en 500 euros, también le vale en 520. O si le vale en 240 también le vale en 250. O en 105 versus 100. Vale que se intente apretar «un poquito más» pero si el comerciante se planta en 250 y el coleccionista se va sin comprar porque 240 es lo máximo que paga, yo me reboto con él pues entiendo que ha dejado de comprarla no por ese 4% que no va a ninguna parte sino porque no ha conseguido imponerse en la negociación. Es decir es una cuestión de ego, por un lado, y por otro una falta de consideración a quién está ejerciendo una profesión como es el comerciante numismático. Yo, desde luego, JAMÁS dejo de comprar una moneda si la diferencia entre mi precio y el del comerciante es de un 5% o menos. Y es que lo último que necesito es que cuando me acerque de nuevo a esa mesa, el comerciante me mire con cara de «ya está el «digno» ése aquí otra vez, a ver si se va pronto».

      1. Los vendedores tipo 4 y 5 yo me los encuentro sobretodo en Wallapop, donde hay mucho que no sabe de numismatica y te pone una moneda de 2€ griega circulada como “moneda rara“ por 50€ 😂 Esto claro que esto ni me molesto en mirarlo. Por otro lado hay alguna pieza interesante a un precio que no corresponde, entonces miro que tipo de vendedor es, si tiene más monedas a la venta o es algo puntual y si tiene reseñas sobre venta de monedas. En estos casos intento hacer de comprador decente y soy yo el que le oriento… Oye mira, esto que tienes a la venta creo que su precio debería estar alrededor de esto y le envío referencias de precios de la web. Si me interesa entonces también le digo lo que yo estaría dispuesto a pagar. Muchos lo agradecen porque realmente no tienen ni idea. Luego está el vendedor tipo 4 que se cree que sabe algo o tiene un tesoro y entonces con esos mejor no discutir.
        Con los comerciantes numismaticos de verdad normalmente les doy mi horquilla de gasto: oye mira ando buscando esto y quiero gastarme entre tanto y tanto y entonces me sacan las piezas de las calidades correspondientes a ese margen (y alguna un poquito por encima para ponerme la miel en los labios…. ¡ese si que es un buen regate! 😅). También me ha pasado hace años de ser yo el que no tenía ni idea y pedir que me enseñasen columnarios por 80-100€ y entonces el comerciante ha sido el que me ha enseñado lo mínimo que necesitaba para conseguir uno en una calidad media-baja, eso abre un periodo de reflexión y aprendizaje antes de volver por ese camino. Pienso que el tener claro la horquilla de precio real por nuestra parte como compradores y sobretodo contrastarla con lo que estamos dispuestos a pagar es lo que te da pie a preguntar a los vendedores tipo 2 y tipo 3 y llegar a un acuerdo, porque si no sabes torear Manolete… pa’ que te metes…

    1. No me gusta regatear. Cuando veo una moneda que me interesa, que controlo y que está en calidad alta pero no tiene precio a la vista, pregunto el precio, si me parece bueno la compro enseguida sin preguntar.

      Si es muy alto (pongamos 50€ más de lo que pagaría) lo dejo ahí, no pido ni rebaja ni nada pq sé que no me bajarán 50€ ni yo los pagaré. Y si tiene precio marcado más o menos estándar pregunto un «en cuanto me la dejas?» Y la mayoría de las veces la rebajan un 10% y la compro y todos contentos .

      Esa es mi experiencia. No me gustan los que regatean mucho y no compran nada (también vendo monedas ocasionalmente) aunque están en su derecho, menos aún si pido 50€ y me sueltan un «ésta la he visto en 20€» … Ya con eso para mí se acabó la negociación.

      Saludos!

  6. Un perfil de comprador que da mucha rabia es el que hace una oferta a la baja, y cuando el vendedor se la acepta, empieza con las excusas del tipo «bueno ya si eso me lo pienso y después te digo cosas». En Wallapop son legión, te marean con preguntas y cuando se llega a un acuerdo cierran el chat o te dicen que el mes que viene cuando hayan cobrado la nómina te dirán algo.

  7. Hola, buenos días.

    Nosotros somos principalmente del primer caso y en alguna ocasión del segundo. Trabajamos cada día más con márgenes muy apretados y nos gusta poner precios de mercado (no inflados para luego bajar) con lo que una actitud regateadora del cliente se vuelve agotadora porque nuestros margen de beneficios no nos lo permite.

    No obstante, hay situaciones con clientes especiales y asiduos que preferimos ganar menos pero mantenerlos satisfechos.

    En cuanto a un comentario de que el regateo siempre ha existido, es cierto pero eran otros tiempos. Ahora estamos en una era que todos tenemos al alcance los precios orientativos y se sabe a poco que se estudie una pieza, su rango de precios. Dicho esto, si la pieza está dentro de una lógica, no entiendo el querer asfixiar al profesional. Yo soy de los que siempre digo: “ a mi no se me ocurre ir al super o El Corte Inglés y decirles que me hagan descuento por una buena compra”.

    Por último y como siempre, mis felicitaciones Adolfo por esta primera entrada sobre el tema pues me parece interesantísima y se viven estas situaciones a diario.

    Saludos,
    David Llamas.

    1. Hola, David:
      Disculpe. ¿Es que en una tienda se regatea también? A mí siempre me ha resultado muy desagradable ese concepto. Otra cosa es que pudiera haber mucha confianza entre dos personas y alguna vez se tenga un gesto, como un detalle.
      ¿Sería esperable para una numismática que yo pidiera un precio más bajo que el anunciado en su web? Pregunto desde el desconocimiento completo, porque es que a mí ni se me había ocurrido hasta leer esto. Sí me ocurre que cuando veo un precio en una tienda, yo no tengo forma de saber si es mas o menos adecuado o si está algobp bastante inflado, e, igual me ocurre en las tiendas con la categoría de conservación. Sobre esto, dado que la asignación tiene un componente de subjetividad, y a veces el grado de conservación que yo asignaría no coincide con el que pone la tienda, a veces me pregunto ¿lo habrá subido un poquito? Claro, mi tendencia es reconocer que mi conocimiento es muy inferior al del vendedor y tratar de confiar en su buena intención, pero esas dudas siempre me rondan en algún momento porque no deja de ser un negocio y comerciantes hay muchos. Muchas gracias por su comentario y atención.

      1. Adolfo Ruiz Calleja

        Hola David.

        Tus preguntas son muy buenas pero creo que son las típicas preguntas que tú mismo te responderás. Hace falta mucha experiencia para saber valorar adecuadamente una moneda. Es necesario haber visto muchas piezas y seguir el mercado de cerca. No es algo que se explique rápido ni que tenga atajos: es necesario mucho tiempo de entrenamiento.

        Si no lo has hecho ya, te recomiendo este libro gratuito que yo escribí con todo el cariño: https://blognumismatico.com/librogratuito/

        Sobre qué tiendas se regatea y si en las tiendas online puedes regatear… lo mejor es hablar con cada comerciante y ver de qué pie cojea. Las hay que sí y las hay que no, como explico en la entrada.

        Saludos,
        Adolfo

  8. Muy de acuerdo con el último comentario. Hoy en día, es relativamente sencillo tener precios de referencia de las monedas, por lo que el regateo carece de sentido con coleccionistas con algo de idea. Es decir, lo que yo haría si fuese vendedor sería del tipo 2, por dar algo de margen al pesado de turno que siempre quiere bajar.

    El único problema que veo es que siendo vendedor de ese tipo pierdes el margen de vender monedas a gente que no tenga ni idea y las compra para regalar (esto lo he visto sobre todo con los euros), o a gente que le sobre el dinero y no se molesta en regatear.

    De la misma forma, si eres del tipo 3, pierdes al coleccionista rodado que no está ya para discutir, así que supongo que es cuestión de valorar lo que compensa.

    En cualquier caso, para el futuro de la numismática es mejor siempre el tipo 1 o 2, pues el regateo no deja de ser una barrera de entrada para los coleccionistas más jóvenes e inexpertos.

    Y por último, yo me voy satisfecho si consigo una moneda a un precio que yo considero razonable ya preestablecido en mi cabeza. Si ese precio me lo dan de primeras, no me molesto en intentar rebajar nada más solo por ahorrármelo y apretado al vendedor, no comparto ese razonamiento de apretar per sé para sentirse bien.

  9. No es casualidad que todos los patrocinadores de este Blog sean de los que dan un precio justo o se guardan un margen pequeño (digamos, un 10%) para poder bajar algo.

  10. Buenas, pues a mí SI me gusta regatear, pero con respeto. Mi problema, grave creo yo, es que lo que me interesa es IMPOSIBLE que esté en un mercadillo, puede estar en una numismática o en una convención y es lógico por el precio alto que tienen. Como muchos, cuando empecé en los años 90 era el típico soltero que se paseaba los domingos por las mesas con monedas y otras cosas que no tenía ni idea de lo que era. Era el típico que más que preguntar el precio preguntaba que era, sobre todo moneda antigua y extranjera. Lo de regatear sólo lo hacía con los dos y tres vendedores con los que cogí confianza, lo que en el sur decimos ser un colega, sobre todo con un vendedor hábil pero honesto que sabía lo que me gustaba. Era mi época de los duros de plata muy baratos y columnarios a precios razonables. Con el resto de vendedores no se me ocurrió regatear sólo por la cara que ponían y porque no tenían lo que buscaba.

  11. Hola, con mi respeto hacia todas las opiniones expuestas creo que se han mezclado «churras» con «merinas». El regateo razonable siempre ha existido y existe en la negociación de productos y servicios, siendo una forma en que el vendedor y el comprador queden satisfechos en el trato. No es lógico regatear por unas bragas en el mercadillo como se ha expuesto anteriormente, pero si en la compra de una partida de 100.000 unidades por no hablar de servicios como transporte o productos, al menos esta es mi opinión después de más de 25 años en el mundo comercial, En cuanto al coleccionismo en general, según mi experiencia de alrededor de 40 años comprando monedas he visto todo tipo de aberraciones tanto por una parte como por la otra, no dudo de la honradez de la mayoría de comerciantes, pero he visto comprar a 10 y acto seguido ver la pieza en aparador en 70, cuando el valor no supera los 20, supongo que será por si algún turista o incauto pica, por no mencionar e-bay o mercado libre. Sin más un cordial saludo.

  12. Gracias Adolfo por tus sugerencias y explicaciones pues a los que como yo somos coleccionistas de poca entidad y caemos en torpezas absurdas en cuanto a negociación de precios, nos ayudan mucho tus indicaciones para hacer las compras con un criterio más equilibrado.

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