El vellón castellano del siglo XVI

Uno de los mecenas más jóvenes, activos y prometedores de los muchos con los que cuenta esta bitácora es Héctor Torregrosa, quien ya ha contribuido con varios artículos (uno y dos). En este caso trae un artículo que repasa el vellón castellano durante el siglo XVI. En él se indican las principales normativas y las emisiones que les sucedieron desde la Pragmática de Medina del Campo (1497) al final del reinado de Felipe II.  

La Pragmática de Medina del Campo, 1497

Blanca de los Reyes Católicos, Sevilla. Fuente: Áureo & Calicó.

El 14 de junio de 1497 se publicó la conocida Pragmática de Medina del Campo, que ocasionó un antes y un después en la moneda castellana. La faceta más conocida de esta ley monetaria es sin duda la referente al real de plata y al ducado de oro, llamado excelente de la granada. Esta ley fue fundamental para la moneda castellana de los siglos posteriores, pues fundamenta las bases del real de a ocho.

Sin embargo, menos conocida es la legislación respectiva a la moneda de vellón en esta Pragmática, pues no da prácticamente indicaciones al respecto. Tan solo se legisla la acuñación de blancas, con una acuñación máxima de 200.000 maravedís, cantidad muy pequeña, que refleja la enorme cantidad de moneda de Enrique IV que aún circulaba en el reino y que hacían innecesaria una acuñación mayor. Estas monedas contenían 7 granos de plata, unas 24 milésimas y tenían una talla de 192 piezas por marco, un peso teórico de 1,19 gramos, características que se mantendrían hasta el reinado de Felipe II. La práctica totalidad de blancas a nombre de los Reyes Católicos están acuñadas con posterioridad, bajo los reinados de Carlos I y Felipe II (hasta finales de 1566). Pasa de igual forma en las monedas de 2 y 4 maravedíes a nombre de Isabel y Fernando, pues fueron acuñadas entre 1520 y 1525, debido a una creciente demanda de monedas fraccionarias. Estas piezas siguieron la talla y ley intrínseca de la Pragmática de Medina del Campo, por tanto, de ley de 7 granos y tallas de 48 piezas/marco (4,79 g.) para los 2 maravedíes, y 96 piezas/marco (9,58 g.) para los 4 maravedíes.

A nombre de Juana y Carlos, 1525

 2 maravedís a nombre de Juana y Carlos, Burgos. Fuente: Áureo & Calicó.

El 13 de agosto de 1525 se modificó el vellón castellano, pues a partir de entonces las piezas harían referencia a Carlos y Juana (son las únicas piezas de vellón castellanas en su nombre), se aumentó la ley intrínseca a 1,5 dineros (unas 125 milésimas) y se redujo la talla, en consonancia al aumento de la ley, a 38,4 piezas/marco para los 2 maravedís (6 g.) y 19/2 piezas/marco para los 4 maravedíes (3 g.). Las blancas no se vieron afectadas por esta modificación. 

Esta serie, al contrario que la anterior, es mucho más rara, pues tuvo una vida corta, acuñándose hasta 1528, y existen pocos ejemplares conocidos

Regreso a la situación anterior, 1528

Blanca de los Reyes Católicos sin marca de ensayador, Sevilla. Fuente: Tauler & Fau.

Tras la corta emisión anterior, que acaba en fracaso (como otras muchas durante los siguientes reinados), se regresó a la talla anterior para las piezas de 2 y 4 maravedíes, pero esta vez, sin plata ligada alguna, lo que ocasionó rechazo en el comercio, terminando su acuñación en 1532. Esta serie, muy poco conocida, sólo es reconocible visualmente gracias a la falta de ensayadores marcados en las piezas (desde la Pragmática de 1497 sólo debían aparecer los ensayadores en monedas que contuvieran plata u oro).

Durante los siguientes 20 años no se acuñó ninguna pieza de vellón, pese a la insistencia de las Cortes y de la cada vez mayor presencia de tarjas, monedas extranjeras y monedas antiguas que corrían en el reino y perjudicaban al comercio al no tener un valor legal establecido, como bien muestran las quejas de las ciudades y las Cortes al respecto.

En 1552, por ley de 23 de mayo, se mandaron acuñar nuevamente piezas de vellón con liga a nombre de los Reyes Católicos, pero con una ley menor, de tan solo 5,5 granos (unas 19 milésimas), con la talla y tipología de las anteriores. Estas piezas son reconocibles por las marcas de ensayadores, pertenecientes a las décadas de 1550 y 1560. La acuñación continuó hasta el reinado de Felipe II, 1566, aunque no debió ser de gran volumen, pues continuaron los problemas de tarjas en el comercio hasta los años 1580.

Serie de “vellón rico”, 1566

1/2 cuarto de Felipe II, Cuenca. Fuente: Tauler & Fau.

A finales de 1566 hay una nueva ley de gran importancia para la moneda castellana: la Pragmática de Nueva Estampa del 23 de noviembre de 1566, asunto ya tratado anteriormente en el blog. Además de legislar la moneda de plata y oro, así como aumentar el valor de las piezas, se realizó un importante cambio impositivo: la creación de un nuevo impuesto para las acuñaciones de metal, el señoreaje, que percibía la Hacienda del rey sobre la acuñación de metal, en función de la cantidad acuñada. Además, el rey se reservaba la acuñación en exclusiva de moneda de vellón. Este hecho, sumado al nuevo impuesto de señoreaje, son de vital importancia para entender la posterior manipulación de la moneda de vellón, en beneficio de cobrar derechos de amonedación para conseguir ingresos fáciles, en perjuicio del comercio y de la población general, durante los reinados de Felipe III, en menor medida, y Felipe IV, especialmente. Las dos primeras emisiones de vellón de Felipe II, que detallaremos a continuación, fueron las últimas en no perseguir el beneficio a corto plazo de la Hacienda Real en unos 100 años.

La Pragmática de Nueva Estampa afectó al vellón, en una ley promulgada dos semanas después de la del 23 de noviembre. El 12 de diciembre se mandaron acuñar monedas a nombre de Felipe II de una blanca, medios cuartos (2 maravedíes), cuartos (4 maravedíes), y cuartillos (8,5 maravedíes, equivalente al cuarto de real, de 34 maravedíes). Esta serie es conocida como “de vellón rico”, pues establecía una ley intrínseca para los múltiplos de la blanca de 2,5 dineros y 2 granos (unas 215 milésimas, o 21,5%), mientras que la blanca, de nuevo cuño, tenía una ley de 4 granos (unas 14 milésimas). 

La talla se redujo mucho debido a la importante liga de plata. La blanca tenía una talla de 220 piezas/marco (1,04 g.), los medios cuartos de 230 piezas/marco (0,67 g.), los cuartos de 170 piezas/marco (1,35 g.) y los cuartillos de 80 piezas/marco (2,87 g.). Las monedas más comunes son el cuartillo y la blanca, lo que seguramente supone una mayor acuñación de estos tipos, en perjuicio de los cuartos y medios cuartos, bastante más raros. Esta serie tuvo una duración corta, desde inicios de 1567 hasta seguramente 1573, y no todos los tipos se acuñaron estos años, probablemente al tener una ley intrínseca demasiado elevada, poco rentable. 

Serie de “vellón pobre”, 1580

2 maravedís de Felipe II, Segovia D. Fuente: Tauler & Fau.

La siguiente serie es conocida como “de vellón pobre”, y tuvo un mayor recorrido. Se desconoce su fecha exacta de inicio, pero debió ser en el año 1580, y se mandó finalizar el 22 de mayo de 1591

Esta serie tuvo una tirada muy amplia, porque las Cortes dejaron de mandar quejas acerca de las tarjas y la falta de numerario, logrando copar la demanda del mercado de moneda de vellón. Se redujo la ley de las piezas a la de la blanca, es decir, 4 granos, y la talla se amplió en amplió en consonancia. La blanca continuó como en la serie de 1566, con una talla de 220 piezas/marco, los 2 maravedíes de 55 piezas/marco (4,18 g.) y los 4 maravedíes de 27,5 piezas/marco (8,36 g.). Esta serie es abundante. Un error habitual es el de llamar dos cuartos a las monedas de 2 maravedíes, sin ningún sentido histórico.

Serie de 1 grano, 1597

4 maravedís de Felipe II,  Segovia 159. Fuente: Tauler & Fau.

Para la última serie del reinado, Felipe II cedió a las cada vez mayores presiones de sus consejeros de hacer una serie de cobre puro y con gran valor extrínseco, que abarataría la producción y daría un gran beneficio a la Corona, para hacer frente a los enormes gastos de la guerras contra Francia e Inglaterra en la década de 1590. 

Por ello por ley de 1 de febrero de 1597 se decidió acuñar una serie de vellón con una liga de plata mínima, de un grano (unas 3,5 milésimas) y una talla de 126 maravedíes/marco, con piezas de 1, 2 y 4 maravedíes. Esta serie fue el comienzo de las enormes emisiones de moneda de cobre puro que realizarían sus sucesores, que daban beneficios muy fáciles a la Corona. A esta acuñación pertenecen las monedas acuñadas en el Real Ingenio de Segovia sin mostrar valor, pues fue la única ceca aprobada para hacerlo, si bien es cierto que en 1600 se aprobó la acuñación a martillo en la ceca de Cuenca de esta serie. Se labraron piezas entre 1597 y 1602

2 comentarios en “El vellón castellano del siglo XVI”

  1. Francisco Javier Sánchez

    Muy interesante exposición sobre el vellón castellano del siglo XVI. Por mi parte quisiera añadir las referencias que sobre este aspecto recogieron los Capítulos Comuneros de la Ley Perpetua de 1520, motivo de una entrada en blog Numismático:

    Respecto de la moneda de vellón, ya en las Cortes de Castilla de 1520 se solicitó al rey Carlos que ordenase “labrar vellón y moneda amonedada en todas las casas de moneda, por la gran necesidad que en estos reinos hay por los pobres”, y en el Capítulo 1 de Burgos se estableció que “haya labranza de moneda menuda de vellón porque es necesaria”.

    Incluso, se consideró que en la aleación de cobre y plata había un exceso de plata. Y así en el Capítulo 39 de Tordesillas se dispuso “que se labre moneda nueva de vellón, e porque la plata que en él se echa demasiada es perdida: que solamente se eche en cada marco un real de los que nuevamente se hubieren de hacer”.

    Es decir, parece ser que ya en la segunda década del siglo XVI había falta de moneda menuda en los territorios de la Corona de Castilla.

    Por último, también los capítulos comuneros dispusieron que la moneda extranjera de plata baja y de vellón no circulara en el reino, dado el perjuicio que se ocasionaba a la economía de la Corona de Castilla, pues “valen mucho menos de los precios en que acá se gastan” y que “la ganancia de ellas queda fuera del reino”, preveyendo incluso un período transitorio para que dejase de circular la moneda extranjera y para la entrada en circulación de las nuevas monedas castellanas.

    En línea con lo que propugnaban los comuneros, finalmente, durante el reinado de Carlos I además de que se creó el escudo de oro de 22 quilates en 1537, se aumentó la acuñación de vellón a partir de 1548, y se rebajó el contenido de plata en el vellón desde 1552.

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