La moneda ibérica IV: La moneda hispano-cartaginesa en la época de Amílcar

El mes pasado acabamos con los artículos de Joaquín Navarro Sánchez dedicados a la moneda hispano-griega. El libro por fascículos que nos está ofreciendo sigue con la moneda hispano-cartaginesa. En este artículo se ofrece una introducción histórica y un repaso a las monedas acuñadas en la etapa de Amílcar. En un artículo posterior nos adentraremos en las monedas de las etapas de Asdrúbal y Aníbal.

Hasta ahora se ha publicado:

1. LA MONEDA HISPANO-CARTAGINESA

CONTEXTO HISTÓRICO

El desembarco de los ejércitos al mando de la familia Barca en el 237 a.C. intentaba restablecer el equilibrio roto por su derrota en Sicilia en la Primera Guerra Púnica. Conocedores de la moneda por sus posesiones en la Magna Grecia, desde el principio acuñaron unas monedas anepígrafas, por lo que es difícil asignarles ceca.

La primera capital cartaginesa sería AKRA-LEUKE, que significa Castrum Album y según Diodoro, fue fundada por Amílcar Barca el año 231 a.C., y fue la capital de las fuerzas de ocupación cartaginesas. Esta ciudad, situada en el alto Guadalquivir, facilitaría dos importantes objetivos de los Barcas: dominar el resto de la Península Ibérica al “sur del Ebro” y controlar in situ la producción minera. Aquí acudió Asdrúbal con sus elefantes, al tener noticia de la derrota y muerte de Amílcar, y aquí fue elegido jefe por las tropas y posteriormente ratificado por el Senado de Carthago. Pero Asdrúbal fundó Kart-Hadascht, e hizo de este singular puerto de mar la capital de la Hispania cartaginesa (Collantes, 1997).

KART-HADASCHT (CARTHAGO-NOVA)

NOMBRES DE LA CIUDAD, LOCALIZACION Y RESTOS

Los  cartagineses la denominaron Kart (ciudad) Hadascht (nueva) y los romanos se limitaron a traducir su nombre. Estrabón la llamó Nea Karchedon, que es una trascripción griega del nombre púnico. Más tardíamente fue conocida con el nombre de Carthago Spataria en el Itinerario de Antonino, por la fama de los campos de esparto circundantes.

Se supone que la antigua ciudad de Mastia, capital de los matienos, estaría cerca de Kartadascht, o incluso que es la misma ciudad. Polibio habla de Mastia Tarsion como límite para los romanos en el tratado del  348 a.C. El nombre romano usado (tanto en las monedas del s. I a.C. como en las fuentes) es Nova Carthago, traducción de Kartadascht y la titulación completa es Colonia Vrbs Ivlia Nova Carthago.

La ceca se localiza en Cartagena (Murcia), cuya ciudad antigua es descrita por Polibio y Estrabón y queda bajo la actual Cartagena, habiendo pocos restos para la importancia que tuvo; principalmente el teatro, un monumento funerario extramuros, restos del anfiteatro descubiertos bajo la antigua plaza de toros, algunas casas y pórticos y parte del foro y las vías romanas.

Por Polibio se sabe que Asdrúbal construyó un gran palacio sobre una de las colinas más altas y sobre la otra colina, situada al oriente, estaba el templo de Esculapio. La planta de la ciudad era la típica de las ciudades helenísticas de su época, dando Polibio la cifra de 20 estadios (1 estadio =185m) para el perímetro antiguo de la ciudad. Esto concuerda con la superficie estimada por los investigadores, que oscila entre las 80 ó 100 ha (la más grande de su tiempo en el mundo ibérico, aunque solo un poco superior a Gades), estando el siguiente escalón en las 40 ha (Corduba, Carmo, Castulo). De parecida superficie a Kartadascht eran en su época ciudades como Massalia, Neapolis y Metaponto, otras como Gela, Locri y Crotona tenían 200 ha, y más de 500 las ciudades-estado como Tarento o Agrigento (Almago-Gorbea, 1986).

La ciudad se desarrollaba sobre una península, unida a tierra por una zona de marismas de difícil acceso, aunque hoy se encuentra ya colmatada y además tenía fuertes murallas con las torres de defensa correspondientes. Su único inconveniente para la defensa, ante un largo asedio, sería la falta de suministro de agua.

Algunos historiadores piensan que próximo a la bahía (hacia el oeste de Karthadascht) estaría la tartésica Mastia, ya que en tan excepcional puerto tuvo que haber otra ciudad anterior más o menos importante y siempre con una densidad de población alta.

HISTORIA

Terminada la Primera Guerra Púnica, tuvo Carthago que hacer frente a una profunda crisis, la sublevación de los mercenarios, resuelta con gran esfuerzo por Amílcar Barca, de la influyente familia cartaginesa de los Barcas. El 237 a.C., cuatro años después de la terminación de la guerra contra Roma, Amílcar invadió Hispania desembarcando en Gadir con un gran ejército (y con la aquiescencia del Senado de Carthago), para “restablecer” según Polibio, los territorios perdidos y por la necesidad de dinero para pagar sus deudas de guerra.

Amílcar se encontró con la natural resistencia hispana y tuvo que enfrentarse a íberos y tartesios, y también a los celtas, que quizás actuaban como mercenarios al mando de Istolacio. No solo se limitaba a sus victoriosas campañas, sino que procuró también establecer pactos de amistad con muchas ciudades, y supo tener benevolencia con los vencidos (Diodoro de Sicilia). El caudillo Indortes le hizo frente con 50.000 hombres y logró capturarlo, crucificándole después de sacarle los ojos, pero dejó en libertad a los 10.000 prisioneros que capturó, lo que en la antigüedad era considerado una actuación “benevolente”.

El año 229 a.C., noveno de su estancia en Hispania, Amílcar llevó sus campañas contra los oretanos y sitió la ciudad de Helike (probablemente Elche de la Sierra al sur de Albacete). Parecía que el rey Orisson venía en su ayuda, pero se revolvió contra él y tuvo que retirarse huyendo. Apiano narra la estratagema oretana, de lanzar carros tirados por bueyes a los que prendieron fuego cuando ya estaban cerca de las tropas cartaginesas. Amílcar huyó, mandando a su hijo Aníbal por camino distinto, pero al cruzar un río a caballo fue arrastrado por la corriente y murió ahogado, según algunos, o alcanzado por los oretanos según Apiano (Collantes, 1997).

Asdrúbal, al conocer lo ocurrido a su suegro, levantó su campamento y se dirigió a Akra Leuke con un ejército de 50.000 soldados, 6.000 jinetes y 200 elefantes, dónde fue elegido general en jefe. Su primera actuación fue llevar el ejército al curso alto del Guadiana y derrotar a Orisson, consiguiendo el sometimiento de 12 ciudades, según Diodoro.

Asdrúbal prefirió la diplomacia a las armas, para asegurarse la colaboración de las ciudades ibéricas, siendo su máximo éxito renovar, el año 226 a.C. el tratado de paz con Roma, por el que consiguen los cartagineses poder extender su dominio hasta el río Ebro. El nuevo general fundó la ciudad de Kart Hadascht en un magnifico puerto natural, junto a un pequeño núcleo urbano ya existente, en el límite de la zona de influencia cartaginesa reconocida en el anterior tratado de paz con Roma. El cuartel general de la administración cartaginesa se trasladó de Akra Leuke a Kart Hadascht, perdiendo importancia Gadir y Massalia por quedar amenazadas, o incluidas sin más en la órbita cartaginesa, las colonias focense-massaliotas de Hispania.

El año 221 a.C., tras ocho años de mandato, Asdrúbal moría asesinado por un esclavo celta que quería vengar la muerte de su señor durante una cacería, según Apiano. Aníbal fue elegido jefe por el ejército y ratificado posteriormente por el Senado de Carthago, con 25 años, llegando a ser uno de los grandes generales de la Historia. Aníbal puso sitio a Arse-Sagunto el año 219 a.C. y la rindió tras 7 meses de asedio, a lo que los romanos respondieron exigiendo a Carthago la entrega de Aníbal y ante la esperada negativa declararon formalmente la guerra. El Senado de Carthago autorizó a Aníbal a actuar con libertad en Iberia pues los pactos quedaban rotos. Aníbal dividió sus tropas en tres grupos: uno de ellos formado principalmente por hispanos (entre los que Polibio menciona a tartesios, mastienos, de Karthadascht e incluso a honderos de Baleares); otro formado por africanos (que dejó de guarnición en Hispania al mando de su hermano Asdrúbal Barca y con una pequeña flota) y el tercero, el más numeroso, con 90.000 infantes, 12.000 de caballería y 37 elefantes lo utilizó para la conquista de Roma.

Foto 1. El poderío cartaginés, reflejado soberbiamente en el reverso de esta moneda, en la que se representa uno de sus temibles elefantes de guerra.

Una vez que pasó revista a todas las tropas, marchó a Gadir a cumplir los votos hechos a Herakles y en abril del año 128 a.C. salió de Karthadascht con su ejército. Comenzaba la marcha hacia Italia que le hizo pasar a la Historia por no conocer derrotas tras 16 años de guerra y mantener en eficaz obediencia a un ejército tan numeroso y heterogéneo. Polibio comenta: “Entre sus tropas había libios, iberos, ligures, celtas, fenicios, ítalos, griegos, pueblos que no tenían nada en común ni por su origen ni por sus leyes… ni por su lengua…. Sin embargo la sabiduría del jefe enseñó a pueblos tan diferentes y numerosas a seguir un orden único, a someterse a una sola voluntad, en cualquier situación o circunstancia, fuera la suerte favorable o adversa”.

Mientras Aníbal luchaba en la Península Itálica, Cneo Escipión, después de desembarcar en Emporion (Ampurias) el 218 a.C., con la unidad expedicionaria romana, se dirigió por la costa hacia el sur consiguiendo la alianza de ciudades íberas, atacando a las hostiles, y fortaleciendo una serie de bases navales de apoyo a la flota romana. El general cartaginés Hannon y los caudillos ilergetes que le auxiliaban fueron derrotados en la batalla de Kissa y Asdrúbal Barca acudió en su auxilio desde Karthadascht, consiguiendo castigar a los romanos, soldados y marinos, que acampaban descuidadamente (Collantes, 1997).

La respuesta cartaginesa para destruir al ejército romano en la Península partió el 217 a.C. desde Karthadascht, dónde además de un poderoso ejército de tierra, avanzaba Himilcon con 40 naves por la costa intentando alcanzar la desembocadura del Ebro. Pero dos naves exploradoras marsellesas informaron del despliegue cartaginés, los barcos anclados en la desembocadura del Ebro y el campamento también junto a la orilla. Al mismo tiempo, fue vista por los púnicos la escuadra romana desde las frecuentes torres de vigilancia que había en Hispania. Sesenta naves romanas y marsellesas se situaron en orden de combate cerrando la desembocadura del Ebro, arrollando Cneo Escipión la flota púnica, que se replegó a tierra y los romanos se llevaron 25 naves abandonadas por los cartagineses, sin la precaución de haberlas encallado por la proa en tierra (Collantes, 1997).

Por su parte, Roma, el mismo año 217, dispuesta a mantener el dominio marítimo como fuese y a impedir que los cartagineses pudiesen aprovechar los grandes recursos de Hispania, mandó a Publio Cornelio Escipión con otras 30 naves y 8.000 nuevos soldados, para que se reuniera con su hermano Cneo en Tarraco.

Según Tito Livio, en el año 216 a.C., los cartagineses sufrieron un importante ataque de los celtíberos, soliviantados por Escipión, que invadieron la zona ocupada por Asdrúbal y en dos combates le mataron 15.000 hombres y le hicieron 4.000 prisioneros. Los asuntos se torcían para Carthago, pues este mismo año se sublevaron los turdetanos, que se pusieron bajo el mando de Chalbo (un noble tartesio), conquistaron alguna ciudad, y trataron de asaltar Ascua, ciudad-almacén de grano para el ejército cartaginés. Asdrúbal se dirigió contra los sublevados, a los que pudo sitiar y exterminar a lo largo de un día.

En el año 212 a.C., Carthago estaba en condiciones de mandar un nuevo y poderoso ejército a Hispania. Venían con el ejército tres generales Asdrúbal Giscón, encargado del ejército permanente y de hacer levas en Lusitania, Magón, devuelto por Aníbal de Italia con un ejército de intervención rápida y una flota y Asdrúbal Barca con un ejército de mercenarios que ocupaba la zona entre Karthadascht y el Ebro. Los Escipiones mientras tanto habían extendido espectacularmente su dominio y establecido sus cuarteles en Castulo y Ursone, favorecido por las sublevaciones indígenas en Hispania y en África contra los cartagineses.

En los siguientes apartados se desarrollan las distintas acuñaciones que realizaron los cartagineses en la Península, que he dividido en 4 grupos en función de su cronología: inicios de la conquista (etapa de Amílcar), penetración en la Meseta (etapa de Asdrúbal), estabilización de la conquista y retroceso de los bárcidas (etapa de Aníbal) y divisores de influencia cartaginesa. La localización de las cecas que acuñaron no es segura, por ser sus monedas anepígrafas.

ACUÑACIONES

A pesar del corto período de dominio cartaginés, se les considera responsables de la vertebración política, económica y cultural del mediodía español, con la asimilación de formas helenísticas, que ejercieron una importante influencia sobre la cultura ibérica. Desde la llegada de los cartagineses en el 237 hasta el final de la II Guerra Púnica, los habitantes de la Península Ibérica vivieron unos años transcendentales en los que se produjeron trasiegos de personas, de mercancías y cambios políticos, que introdujeron a Iberia de pleno en el ámbito del Mediterráneo Occidental (Ripollès y col., MIB 2022).

Los cartagineses implantaron un modelo de organización política y de concepto de poder personal de carácter dinástico, conformado según el patrón desarrollado por los reyes helenísticos. La creación y el mantenimiento de esta estructura de poder se llevó a cabo mediante la acción coordinada en diversos frentes, tales como la creación de nuevas estructuras de organización económica y administrativa, la explotación del territorio, especialmente de sus recursos mineros, y la existencia de un ejército de mercenarios, que precisó de una gran cantidad de dinero en forma de moneda (Almagro 1990).

Una buena parte de los gastos generados para el mantenimiento de las tropas cartaginesas (las que primero aseguraron el dominio militar cartaginés en el sur de Iberia y las que después combatieron durante la II Guerra Púnica contra los romanos) fueron sufragados con moneda. Ello motivó que la población nativa viera circular y tuviera acceso a una cantidad de moneda nunca vista hasta entonces (Ripollès y col., MIB 2022).

Los grabadores tuvieron una alta cualificación técnica y artística, pues las extraordinarias monedas que produjeron, fueron, según Alfaro (1991), “las más bellas de la historia monetaria hispana”. El propósito de financiación bélica de estas emisiones para remunerar a las tropas cartaginesas que invadieron Iberia y que combatieron durante la Segunda Guerra Púnica, es la razón por la cual el volumen de monedas que se acuñó fue enorme y con denominaciones de elevado valor.

Foto 2. Las monedas hispano-cartaginesas son las más bellas acuñadas en la Península Ibérica en la antigüedad, en especial sus maravillosos múltiplos de plata. En las fotografías se presentan: 3/8 de estátera de electrón (subasta Áureo & Calicó 11/12/2014), trishekel de proa de nave (tesoro de Mohorte, Cuenca), trishekel de Esmohun (subasta Freeman & Sear, Manhattan, 05/01/2010), trishekel de elefante (ex colección Cores, subasta Ars Classica 20/05/2015) y dishekel de elefante con guía (subasta Ira & Larry Goldberg 03/02/2013).

Se desconoce el lugar de emisión de las diferentes acuñaciones cartaginesas, ya que las monedas no incluyen referencias a la ceca, lo cual no es extraño porque no fue una emisión cívica, sino de carácter militar y lo relevante no fue dónde se acuñaron, sino quién las emitió; sin olvidar que posiblemente una parte de ellas pudo acuñarse en los talleres móviles que acompañaron al ejército (Ripollès y col., MIB 2022).

El carácter y tipos de estas monedas son cartagineses, pero son diferentes de las de Carthago, y esto lo vio primero Zóbel, que reconoció tres tipos en la moneda cartaginesa: sículo-cartaginés (Sicilia), carthago-africano (África) e hispano-cartaginés (Hispania). Las primeras monedas que acuñaron los cartagineses fueron en Sicilia y el ejemplo lo tomaron de los griegos, copiando fielmente los tipos sicilianos en los que sustituían las leyendas griegas por epígrafes púnicos. Posteriormente los tipos añadieron cabeza de mujer con gorro frigio (como personificación de África) y caballo y palmera, que es el tipo cartaginés más característico.

Las monedas de Sicilia indican el nombre de la ceca en púnico (Heraclea Minoa, Panormus, Motya…), también las de África, cuya ceca única era Barsit (Birsa, la Acrópolis de Carthago, dónde se estableció la ceca nacional); pero solo lo indican al principio, ya que luego es innecesario mencionarlo al ser ceca única. Por ello opina Vives que las monedashispano-cartaginesas no indican desde el principio la ceca porque tuvieron que ser acuñadas en la capital del virreinato (Carthago Nova).

Antonio Beltrán (1950) distingue tres grupos dentro de la moneda cartaginesa, dentro de los que se encuentra la moneda hispano-cartaginesa:

  • Sículo-cartaginesas, que proceden del dominio de Carthago sobre la isla de Sicilia, en el 410 a.C., emitidas con la finalidad de pagar a las tropas. Son los tipos de cabeza de Perséfone, caballo, cabeza de caballo y palmera y signo de Tanit en el campo.
  • Carthago-africanas, con cabeza de Ceres copia de la Arethusa siciliana y un caballo parado o corriendo solo o con palmera al fondo.
  • Hispano-púnicas, fruto de los gobernadores Barcas entre el 239 y el 209 a.C.. Son acuñaciones anepígrafas con pesos de 23 a 1,8 g y arte excelente. La adjudicación de estas piezas a cecas hispanas se ha resuelto por los hallazgos de Cheste, Mogente y Mazarrón, por ser diferentes en tipos y arte que las africanas o sicilianas y por ser impensable que los cartagineses trajesen plata para pagar mercenarios, ya que vinieron a Hispania precisamente para conseguir plata y pagar a Roma. Las piezas (acuñadas entre el 227 y el 209 a.C.) lo fueron casi con toda seguridad en Carthago Nova, capital política y militar del segundo imperio cartaginés y centro de la importante zona argentífera de Mazarrón-La Unión. Para la atribución ya desde el siglo XIX de las cabezas varoniles a los generales bárcidas Vives se basaba en el hecho de que en no más de 30 años no es normal que se empleen 3 ó 4 bustos distintos para una misma divinidad y que unos sean imberbes y otros barbudos, seguramente del mismo toreuta. La serie hispano-cartaginesa responde al sistema fenicio de plata, con dracmas de 3,6 g.
Foto 3. Anverso de trishekel hispano-cartaginés que algunos autores identifican con el retrato de uno de los generales Barcas (Museo Arqueológico Nacional). En opinión de Beltrán (1983), las cabezas no pertenecen a ninguna divinidad, a pesar de la maza, pues si se pensase que es Hércules aparecería con barba, rasurado y diademado en las mismas monedas.

En Grecia, de dónde los cartagineses tomaron su modelo monetario, el derecho a amonedar era exclusivo de la soberanía. Hasta Alejandro Magno en las monedas aparecía el nombre de la ciudad o pueblo emisor, pero hacia el 311 a C. aparecían los nombres de los generales gobernantes en las monedas. A partir de este momento el derecho a amonedar pertenecía a los príncipes, constituyendo una de sus prerrogativas esenciales; aunque algunas ciudades disfrutaron del derecho autónomo de amonedar.

Los tipos en las monedas griegas son indicaciones de las ciudades emisoras y signos de identificación del responsable individual de la  acuñación, habiendo imágenes de dioses, marcas de banqueros, tipos parlantes del nombre de la ciudad, animales y plantas, tipos religiosos, etc. El factor religioso tenía gran importancia y los reyes no se atrevían a desplazar estos tipos y solo tímidamente introducían sus retratos. Así las mismas monedas de Alejandro, si bien representan a menudo su efigie, lo hacen bajo la apariencia de Heracles. Solo a partir de Lisímaco, rey de Tracia, aparece claramente el retrato de Alejandro, aunque todavía en forma de semidiós (323-281 a.C.). Esta innovación se generalizó con bastante rapidez entre los soberanos, teniendo las cabezas de los anversos una notable fidelidad y las figuras humanas aparecen con un maravilloso estudio de la musculatura (Beltrán, 1950).

En la antigua Grecia, la mayoría de los talleres monetarios funcionaban temporalmente cuando eran necesarios y sólo unos pocos eran permanentes. En una situación continua de guerra y conquistas, los talleres cartagineses, cuya amonedación se basaba en la tradición helénica, debían ser en muchos casos cecas móviles militares, eso sí, bajo la dirección de funcionarios.

Rafael Arroyo (1984) considera que las grandes piezas de plata bárcidas se acuñaron con excelente arte y tamaño para producir un efecto psicológico en la recluta de los mercenarios; por ello estas piezas se encontraron en la mayoría de los botines de guerra tomados a los cartagineses por los romanos. También cree que el pago de las tropas romanas por parte de Escipión debió hacerse con estas piezas incautadas a los cartagineses, sobre todo en la toma de Cartagena, y no provino de Roma, que no tuvo tiempo de abastecer la Península de moneda. Las emisiones de plata tienen carácter militar y las de cobre indican períodos de estabilidad en los que la vida cotidiana renace y se necesitan para las pequeñas transacciones comerciales. La potencia económica de los cartagineses se manifiesta en sus acuñaciones, que se realizaron entre el 238 y 206 a.C., agrupándose las emisiones hispanas según Gil Farrés en talleres fijos (cecas de Kart Chadaschat, Ibisim y Gadir) y talleres ocasionales (Saitabi, Arse, Emporion, y Rhode), con los epígrafes: Saitabietar y Arsgitar en ibérico y Emporiton y Rhodeton en griego. Las piezas más impresionantes se atribuyen a la ceca de Kart Chadaschast, y son argénteos anepígrafos con la cabeza de Hércules Melkart o los generales bárcidas, imberbe o barbada, con o sin maza y en el reverso caballo parado con palmera o elefante. Las piezas de cabeza imberbe laureada y proa de nave y las de cabeza femenil y caballo con estrella se atribuyen a Gadir por el hallazgo de la Cuesta del Rosario, en Sevilla capital (Gil, 1976).

Foto 4. Dishekel del tipo proa de nave, cuya acuñación se supone en Gadir, aunque ya bajo el mando de Asdrúbal (Bibliothéque Nationale de France).

El sistema cartaginés, comparado con el griego, constaría de dracmas de plata de 3,6 g de peso, el didracma o siclo de 7,2 g y otras unidades superiores, llegando a la hexadracma o trisiclo. Emitieron en oro unas rarísimas piezas de 7,6 g y en cobre calcos de 9 g y todo tipo de fraccionarias. Las equivalencias debieron ser de 1 siclo de oro = 8 siclos de plata y 1 siclo de plata = 100 calcos de cobre. Las ciudades fenicias bajo dependencia cartaginesa siguieron emitiendo sus dracmas de 4,7 g. Al final de su presencia en la Península, la moneda de plata cartaginesa sufrió una devaluación del 20%, reduciendo su peso, y arrastró en ese proceso a las ciudades fenicias de Gadir e Ibushim. El siclo cartaginés pasó a un peso de 6 g, la dracma de Gadir/Ibushim a 3,8 g y el único que no se alteró es el calco, que continuó con un peso de 10/11 g.

Los hallazgos de monedas al ser situados en un mapa, unas veces marcan unas áreas de dispersión que permiten situar un taller, otras veces nos dan rutas comerciales o caminos de invasión. En el caso de la moneda hispano-cartaginesa, los hallazgos marcan claramente el camino seguido por el ejército invasor: zona de Gades, Cuesta del Rosario en Sevilla, Montemolín, Granada, Mazarrón, Minas de Cartagena, La Escuera, Mogente, Cheste. Marcan también el camino de penetración hacia la Meseta: Valeria y Drieves, y otro por la costa que llega a Emporion y Ullastret (Villaronga, 1979).

Villaronga cree poder seguir la cronología de las acuñaciones por los hallazgos, observando que las monedas de la clase de proa solo figuran en los hallazgos de Sevilla y Granada y opina que serían acuñadas por Amílcar. Las monedas con elefante corresponden el 3% a la zona de Gades y el 97% a la de Cathago Nova, las de la clase con ureus todas de la zona de Carthago Nova, las de caballo saltando y estrella, se reparten en un 36% en zona de Gades, 50% en zona de Carthago Nova y el 14% en la Meseta y opina que serían acuñadas por Asdrúbal. Las de la clase de caballo con cabeza vuelta aparecen en un 3% en zona de Gades y un 97% en la de Carthago Nova. Finalmente la clase del caballo parado está presente en todas las zonas con predominio en Carthago Nova, que era la base militar de todas las operaciones y serían acuñadas junto con la mayor parte del bronce tras tomar el mando Aníbal en el 221 a.C. y estabilizarse la conquista y posteriormente por sus  generales del ejército de ocupación de Hispania.

Para Sáez (1996) la serie prebárcida y también la serie con cabeza diademada y proa de cuatrirreme en el reverso serían acuñadas en Gadir. Los valores son dracma (cabeza de Tanit), medio shekel, shekel, estátera (7,58 g de oro), dishekel, y trishekel. También cita un shekel forrado de la proa de arte tosco que se considera imitación indígena.

1.1. Inicios de la conquista, etapa de Amílcar

EMISIONES DE LA ETAPA DE AMÍLCAR (237-227 A.C.)

Los cartagineses acuñaron en Hispania ingentes cantidades de monedas de plata, cobre y, en menor medida de oro, de carácter militar para pagar a los mercenarios de su ejército. Estas piezas son de gran categoría por su peso y arte magistrales y de admirable realismo. Eran un verdadero despliegue de propaganda política y militar. Toda su amonedación es anepígrafa, salvada la existencia en algunas emisiones con letras fenicias, sueltas o emparejadas, que no le hacen perder ese carácter, por cuanto se interpretan como simples marcas de emisión.

Como lugar de acuñación, en principio hay que pensar en Kart Hadascht, capital y gran almacén de dinero y provisiones de la zona controlada por Carthago, sin olvidar las ricas minas de plata de sus alrededores. Sin embargo, existen determinadas emisiones con los mismos tipos de anverso y reverso, que presentan dos o tres diferentes interpretaciones artísticas: tipos del corte del cuello de las cabezas, representaciones de arte helénico, junto a versiones de un remarcado indigenismo, etc. Los hallazgos parecen señalar que cada “versión artística” aparece por zonas bien diferenciadas, por lo que resultaría evidente la existencia de diversos centros de trabajo o cecas (Collantes, 1997).

Pudo acuñarse moneda en Kart Hadascht, en Gadir, en Akra Leuke, en Karteia, y también en Baria, por sus minas de plata, y por las mismas razones pudo emitirse en Castulo o Ispalis. Collantes se inclina por minimizar este problema por cuanto las emisiones cartaginesas son acuñaciones militares, hechas por los generales bárcidas, y por tanto desde sus bases de operaciones.

La excepcional acuñación de plata y oro de la Península por los generales Barcas está plenamente justificada por el objetivo de tener bien pagados a los mercenarios celtíberos. Quizás la mejor muestra de su acierto esté en la dramática y poco conocida actuación de los celtíberos, cubriendo la retirada cartaginesa hacia su capital, ante el imparable avance de las tropas de Escipión el 202 a.C. (Polibio). El sacrificio leal de sus vidas, permitió a los cartagineses la firma de la paz con Roma con parte de su ejército dentro de la ciudad (Collantes, 1997).

Gómez Moreno califica la amonedación cartaginesa de “magistral” y “con admirable realismo”. La necesidad de mercenarios y la sintonía con el arte helénico, ya de antiguo en Carthago, propiciaron este despliegue de propaganda política y militar a través de la moneda.

La gran masa de acuñación sigue la métrica cartaginesa, que tenía como unidad el siclo de 7,20 g, y su mitad o dracma de 3,60. Se acuñaron el triple siclo ó hexadracma (con peso de 22 g), el doble siclo, en una serie hay monedas de 3 dracmas (1 ½ siclo), el siclo, la mitad o dracma y el cuarto de siclo. En oro acuñaron la estátera de 7,60 g y el cuarto de estátera y en cobre calcos, hemicalcos y cuartos de calco y en Baria el dicalco. El peso del calco era al principio de 8/9 g, para subir más tarde a 10/11 g. Collantes considera que 100 calcos equivalen a un siclo.

Gracias a la riqueza minera de la Península se acuñó en ella abundante moneda. Los cartagineses prefirieron acuñar aquí para evitar los peligros a que se exponían en un doble trayecto del metal a Carthago y la moneda acuñada de vuelta. Ocurre que en algunos casos se traían los soldados monedas acuñadas en Carthago y es difícil saber su verdadero origen, como en esta pieza, a pesar de tratarse de un hallazgo peninsular.

Foto 5. Medio siclo o drama ática, acuñada hacia el 237 a.C., aunque posiblemente se trata de una ceca móvil militar anterior a los bárquidas. A/ Cabeza de Tanit a izq., coronada de espigas, con peinado de espadañas, pendiente de un colgante y collar al cuello, sin gráfila. R/ Caballo parado a der., con cabeza vuelta, patas delanteras juntas y traseras separadas, apoyado sobre línea del exergo, con gráfila lineal (R4, MBC-, 19mm, 12h, 4,3g, con velo de plata batida).

Posiblemente muy poco después del desembarco de los cartagineses en Gadir (237 a.C.) se realizó en esta zona de Andalucía la acuñación de estas monedas, que tomaron el modelo de las piezas sicilianas. Ya se acuñaban en Carthago piezas similares con cabeza de Tanit y caballo sin palmera con la cabeza vuelta con la variante de una metrología distinta y de presentar las patas delanteras del caballo separadas. Los pesos de esta moneda se adaptaron a las piezas de plata que encontraron los cartagineses a su llegada: la dracma de Gadir y la dracma de Emporion. A partir de aquí los bárcidas acuñaron con metrología y tipología propias. Los cartagineses al acuñar estas series vieron la necesidad de que alguna de sus monedas pudiera concurrir en Hispania con las monedas en circulación, y entonces acuñaron estas monedas con el peso de unos 4,70 g, siendo una emisión pre-bárcida, ya que los cartagineses empleaban el patrón fenicio con un shekel de 7,20 g y medio shekel o dracma con un peso entre 3,46 y 3,80.

Foto 6. Siclo de cabeza de Tanit a izquierda y caballo parado con palmera. Se trataría de una de las primeras monedas acuñadas en la Península por los cartagineses, con claras similitudes con las de Zeugitania (R7, MBC/MBC-, típica plata cuarteada, con agujero para colgar la moneda con ostentación y punzonada en el reverso).

La única diosa femenina de toda Fenicia era Astarté, conocida en occidente como Tanit, representada aquí con un realista estilo helenista pero una tipología exclusiva de Iberia. Astarté o Ishtart fue asimilada a Hera y la diosa madre Cibeles, una diosa protectora del amor y de la guerra. En Egipto aparecía como protectora de los caballos y por ello era representada a caballo o en un carro de guerra. La Península Ibérica era una zona de producción de caballos salvajes muy importante desde la era Terciaria, encontrándose los cartagineses un mapa hípico formado por tres subespecies salvajes: los ponis cantábricos, los caballos de la meseta castellana y el caballo andaluz. Los cartagineses traían caballos domesticados que luego cruzarían con las subespecies salvajes hispanas, originando las poblaciones primitivas de la península.

Foto 7. Calco hispano cartaginés con bonita pátina negra. A/Cabeza de Tanit a izq., con peinado en espadañas y espigas en el pelo, pendientes y gráfila lineal. R/ Caballo parado mirando a der., apoyado sobre línea del exergo, detrás palmera con frutos y seis palmas. Gráfila lineal (R4, EBC-, 24mm, 11h. 8,4 g, subasta Vico 16/11/2006). Para fenicios y púnicos, la palmera representó el árbol sagrado de la vida y de la mítica historia de Dido, legendaria fundadora de la ciudad de Carthago. El hallazgo de una palmera junto a la que debía yacer una cabeza de caballo señalaría el lugar donde debía fundarse Qart-Hadast. Los símbolos de Tanit, palmera y caballo, son un auténtico emblema de los cartagineses, tanto en la Península ibérica como en África.
Foto 8. Cuarto de calco con cabeza de Tanit a derecha y prótomo de caballo a izquierda. Se trata del divisor del calco de la fotografia anterior, con el mismo arte.

El peso medio de la estátera de oro zeugitana era de unos 7 g y para los griegos 3/8 de estátera era una fórmula corriente y legible, que hoy no se manejaría bien en el comercio. Acuñada en tiempo de la Segunda Guerra Púnica, esta magnífica moneda de oro peninsular muestra en el anverso la cabeza de Tanit coronada de espigas, con el cabello recogido del que emergen rizos y en la oreja un arete triple. En el reverso observamos un orgulloso y esbelto caballo púnico.

Foto 9. 3/8 de estátera de electrón de atribución hispano-cartaginesa, por el arte distinto a las de Zeugitania y los hallazgos, ya que, de las seis monedas conocidas, dos fueron halladas en el tesoro de Utrera (Sevilla). Además de las espigas de trigo, destaca la arracada de triple pendiente (R9, MBC+/EBC-, 2,83 g, subasta Áureo & Calicó 11/12/2014).
Foto 10. Siclo. A/Cabeza de Tanit a izq., con dos espigas en el peinado, pendiente de un colgante, collar simple y cuello largo, en gráfila lineal. R/Caballo parado a der., con la cabeza vuelta y apoyada en línea del exergo, detrás palmera de seis palmas con frutos, en gráfila lineal (R5, MBC-, 21mm, 12h, 7,2 g, subasta Áureo 21/10/1997, subasta Áureo 19/06/2001, ex colección Tartessos, Subasta Herrero 04/04/2002).

En el importante tesoro de Mazarrón (Murcia) se hallaron 85 piezas de plata hispano-cartaginesas, entre ellas más de 50 shekels de este tipo (cabeza femenina/caballo con cabeza girada y palmera). Además contenía 18 shekels de cabeza viril/caballo palmera, un trishekel de cabeza viril/caballo palmera, un trishekel de cabeza imberbe/elefante, dos dishekels de cabeza barbada/elefante, seis piezas de cabeza viril/elefante de shekel y medio y siete shekels de cabeza viril/caballo y palmera.

Foto 11. Hemishekel de cabeza de Tanit coronada con espigas de cereal a izquierda y caballo parado con cabeza vuelta a derecha (R5, BC+, 3,26 g).
Foto 12. Magnífico hemishekel de cabeza de Tanit y caballo con cabeza vuelta y punto debajo como marca de valor. (R7, MBC/MBC-, 3,46 g, subasta Herrero 08/05/2013, subasta Segarra 29/10/2013, subasta Ibercoin 11/02/2014). Estos divisores se acuñaron con relativa frecuencia, referenciando MIB 38 piezas para este tipo y 32 para el tipo sin punto.

Tanit era la diosa principal de Carthago, junto a Baal Hammon, así como de muchas ciudades hispanas, por ser la diosa de la fecundidad o fertilidad y de la guerra. Se representa con una cabeza femenina, en ocasiones con casco, porque era protectora de la guerra y otras veces con un catathos. A veces llevaba un busto alado, ya que su símbolo era un caduceo, y elementos vegetales diversos como palma, espigas o hiedra. Se le asocian símbolos astrales, como una estrella (el sol) la luna (creciente), y más frecuentemente combinando un creciente con glóbulo central y las letras púnicas “aleph” o la “A”, inicial de su nombre.

Foto 13. Calco. A/ Cabeza de Tanit a izquierda, con moño y tocado de espigas en el pelo, en gráfila de puntos. R/ Prótome de caballo a derercha con letra beth debajo, dentro de gráfila lineal (R3, BC+/MBC-, 22 mm, 1 h, 8,3 g).

Algunos de estos calcos se han hallado en Salamanca, relacionados con el paso de Aníbal y la toma de Helmantica en el año 220 a.C. El hallazgo de estas piezas en un contexto claramente fechado, como la toma de la ciudad de Helmantica, permite datar su acuñación en una fecha anterior al 220 a.C. El prótomo de caballo, alusivo a la legendaria fundación de Carthago, representado en esta moneda, se trata casi con total seguridad del caballo andaluz o berberisco, que se encontraron los cartagineses al llegar a la Península.

El alfabeto fenicio quedó establecido en el s. X a.C. en 22 signos consonánticos, que en el Mediterráneo Occidental presentan dos estadios evolutivos: el púnico y el neo-púnico. La letra fenicia bet, equivalente a la “b” latina, presenta en esta pieza una primitiva escritura fenicia frente a los caracteres típicamente púnicos y la más reciente escritura neo-púnica. El estilo helenístico de esta moneda lo heredaron los cartagineses de sus antepasados en Sicilia y estos a su vez de los griegos de la Magna Grecia. Siendo una acuñación propiamente peninsular, presenta similitudes con las piezas de Zeugitania de Tanit y caballo con palmera.

Foto 14. Unidad de bronce con cabeza de Tanit coronada de espigas a izquierda y en el reverso cabeza de caballo a derecha con letra yod delante, enmarcada en gráfila de puntos (R5, MBC+/MBC, 8,59 g). Se acuñaron tres tipos de estos calcos: sin letra, con letra beth y con letra yod, siendo este el más escaso.
Foto 15. Quinto de calco de la misma serie que los calcos anteriores, con cabeza de Tanit y casco con orejeras a izquierda (R1, EBC+, 1,53 g). Estos divisores, llamados coloquialmente “casquitos” se acuñaron con gran profusión en un contexto de cierta estabilidad, para facilitar los intercambios.
Foto 16. Medio calco. A/Cabeza guerrera galeada a der., con casco corintio, cimera y quijadas en la nuca, en gráfila de puntos. R/Palmera con siete palmas y frutos, enmarcado en orla de puntos (R3, MBC-, 20 mm, 12 h, 5,2 g, subasta Áureo 29/10/1992). Por la tipología del casco se interpreta esta imagen como Marte, dios romano de la guerra. No obstante, esta representación parece poco probable teniendo en cuenta que se trata de una acuñación de los cartagineses, siendo con mayor seguridad la cabeza femenina con casco guerrero de Tanit.
Foto 17. Tercio de bronce de la misma serie que la moneda anterior, que por el casco se asimila con cabeza de Marte (R5, MBC-, 4,03 g).
Foto 18. Cabeza masculina con casco a izquierda y con coraza en el reverso (R6, MBC, 0,82 g). Estas monedas se han considerado tradicionalmente atribuidas a los cartagineses por sus hallazgos, citados en Menjíbar (Jaén) y en Baecula. Por análisis de isótopos realizados por García-Bellido se atribuye el origen del metal a las minas de Río Tinto.
Foto 19. Siclo. A/ Cabeza de Tanit-Perséfone a izq., peinada en espadañas con espigas y hoja, en gráfila lineal. R/ Caballo saltando a der., con las patas traseras apoyadas sobre línea, encima estrella de ocho puntas con punto central, en gráfila lineal (R5, MBC, 20 mm, 12 h, 7,1 g, subasta Áureo 16/03/2003).

Asdrúbal fundó en el año 228 a.C. la ciudad Qart-Hadast “Ciudad Nueva” que los romanos llamarían posteriormente Carthago Nova, ciudad a la que se atribuye la acuñación de esta moneda. Tanit era la diosa madre y de la fertilidad y aparece aquí con sus atributos: las espigas en el pelo como símbolo de la fertilidad y la estrella o sol como símbolo de su faceta material, de reina de los cielos para los púnicos.

Foto 20. Divisor con cabeza de Tanit a izquierda y caballo galopando a derecha, con estrella encima (R8, BC/BC+, 2,56 g, subasta Áureo & Calicó 01/07/2011). La moneda, considerada en el Corpus de Villaronga como incierta, se relaciona ahora con el siclo de caballo saltando y estrella, del que sería un divisor.

Bibliografía

  • Alfaro Asins, Carmen. Madrid, 1991. Numismática y medallística. Museo Arqueológico Nacional.
  • Almago-Gorbea. Madrid 1986. El área superficial de las poblaciones ibéricas.
  • Arroyo Ilera, Rafael. Valencia, 1984. El numario de la Universidad de Valencia. Tesis Doctoral.
  • Beltrán Martínez, Antonio. Cartagena, 1950. Curso de Numismática. Tomo I. Numismática antigua, clásica y de España. 2ª edición.
  • Beltrán Martínez, Antonio. Zaragoza, 1983. Historia de la moneda española a través de cien piezas del museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
  • Collantes Pérez-Ardá, Esteban. Madrid, 1997. Historia de las cecas de Hispania Antigua. Editado por Tarkis.
  • García Bellido, Mª Paz. Madrid, 2014. El nacimiento del retrato monetario en Occidente: la familia Bárquida. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
  • Gil Farrés, Octavio. Madrid, 1976. Historia de la moneda española.
  • Ripollés, Pere Pau; Gozalbes, Manuel; Peña, Alejandro; Onielfa, Juan Francisco; Collado,  Eva; Sánchez, María José; Serrano, Judit; Cores, María Cruz; Cerdá, Pablo; Mori, Jin y colaboradores. València, 2022. Moneda ibérica (MIB) https://monedaiberica.org
  • Sáez Bolaño, José A. y Blanco Villero José M. San Fernando (Cádiz), 1996. Las monedas de la Bética romana. Vol. I. Conventus Gaditanus. Hispano-cartaginesas, Gadir, Malaka, Seks, Abdera, Asido, Bailo, Iptuci, Lascuta, Nabrisa, Oba, Acinipo, Aipora, Baicipo, Callet, Carisa, Carteia, Cerit, Cunumbaria, Iulia Traducta, Lacipo, Sacerdos, Sisipo, Ugia.
  • Villaronga, Leandre. Barcelona, 1979. Numismática antigua de Hispania.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio