Coleccionismo de criptomonedas

Esta entrada continúa con la serie de las “cryptocosas”. Se tratan de unos artículos y vídeos en los que reflexionamos sobre la irrupción de las criptomonedas y conceptos afines, así como su implicación en el coleccionismo y en la historia del dinero. En entradas anteriores vimos qué son los NFT, qué son las criptomonedas y qué son las monedas digitales. También expliqué por qué, en mi opinión, las criptomonedas tienen mucho futuro (si bien no todas las criptomonedas tendrán futuro). En la presente entrada comentaré un tema más que curioso: el coleccionismo de criptomonedas.
Ya sabéis que esta serie está patrocinada por GBM Coin, una empresa que emite criptomonedas una empresa que emite criptomonedas para preservar la selva del Paraná, cediendo a sus titulares los cupos de CO2 de la superficie selvática que preserven. Aquí lo expliqué con algo más de detalle.

¿Tiene sentido coleccionar criptomonedas?

La primera vez que leí un artículo sobre Bitcoin fue en agosto de 2011 (lo recuerdo bien porque volaba de Madrid a San Petersburgo, en mi primer viaje a Rusia). Me acuerdo que me pregunté de inmediato si, llegado el caso de que Bitcoin fuese aceptado como moneda, aquello podría coleccionarse como objeto numismático.

Tardé muchos años en volver a reflexionar sobre el tema. Mi opinión es que las criptomonedas, como objetos digitales, son dinero pero no son monedas. Por lo tanto son ajenas al estudio numismático y no tiene mucho sentido coleccionarlas

No me imagino a nadie con una serie de monederos digitales donde almacene una criptomoneda de cada tipo. Algo así sería tan absurdo (y muchísimo más tedioso) como coleccionar acciones teniendo una cuenta de valores donde se tenga una acción de cada empresa que cotice en el mercado. Simplemente no tiene sentido.

Ahora bien, lo que sí tendría interés numismático –tanto para el coleccionista como para el estudioso– son monedas físicas que porten una cantidad determinada de criptomonedas. Digamos que una moneda de euros porta una cantidad determinada de dinero emitido por el Banco Central Europeo; por el mismo motivo hay monedas que portan una cantidad determinada de bitcoins, de litecoins o de otra criptomoneda. Esas son las denominadas “criptomonedas físicas”.

Volviendo al paralelismo anterior con las acciones, tiene pleno sentido coleccionar títulos de propiedad y acciones físicas, como las que se solían emitir antiguamente. De hecho, la escripofilia es la ciencia que se dedica a su estudio. 

Lealana. 1 litecoin 2013.

Las criptomonedas físicas

La idea de las criptomonedas físicas es crear una moneda que contenga la clave privada para acceder a un monedero con cierta cantidad de una criptomoneda. Por ejemplo, una criptomoneda física que valga 1 bitcoin tendrá la clave para acceder a un monedero de bitcoins que contenga, exactamente, 1 bitcoin. Quien posea esa moneda podrá guardarla físicamente sabiendo que en cualquier momento podrá acceder a dicho monedero y así acceder a su bitcoin. Quizá prefiera no acceder nunca al monedero y, simplemente, vender esa moneda a un nuevo comprador que quiera poseer 1 bitcoin.

Aquí surge una nueva pregunta: ¿cómo sabe quien adquiere una criptomoneda física que ese monedero no se ha vaciado anteriormente? Quizá alguien haya usado la clave de esa moneda, haya accedido al monedero, lo haya vaciado y luego haya vendido la moneda haciendo creer a su iluso comprador que el monedero sigue intacto.

Para evitar este escenario las criptomonedas físicas tienen la clave cubierta por un holograma, de manera que no se puede acceder a la clave si no se destapa dicho holograma. Una vez destapado el holograma, la criptomoneda física pierde todo su valor, como si de un sello matasellado se tratase.
Todas estas monedas se emiten de manera privada, por lo que para aceptarlas es necesario confiar en la empresa emisora. No es algo nuevo ni propio de la demencial subida de precios que experimentaron las criptomonedas en los últimos años. De hecho, Bitbills, Casascius o Lealana emitieron criptomonedas físicas desde 2011 hasta 2013. Entonces se encontraron con restricciones legales que hicieron que cesase su actividad. Hoy en día hay empresas, como TGBEX, que siguen emitiéndolas.

Casascius, 1.000 bitcoins 2011.

Esas primeras emisiones de criptomonedas físicas tenían valores altísimos. Por ejemplo, Casascius emitió monedas con valores de 0.1, 0.5, 1, 5, 10, 25, 100, 500 y 1.000 bitcoins (aquí podéis ver el volumen de emisión y cuántas de esas monedas han sido abiertas). Esos valores tenían sentido en 2011, cuando el bitcoin valía unos 3 $. Pero la espectacular subida de precio de esta criptomoneda hace que hablar de cientos o miles de bitcoins nos asombre a cualquiera. De hecho, a finales del año pasado esa moneda de 1.000 bitcoins sería la moneda más cara del mundo (hoy en día, con las fuertes caídas del precio de las criptomonedas, se debatiría entre la segunda y la tercera). 

Posteriormente empresas como BTCC o Satori emitieron criptomonedas físicas de divisores de bitcoin (entre una milésima y medio bitcoin). Originalmente estaban pensadas como fichas de casino, si bien son tan monedas como cualquiera de las anteriores. También son conocidas las emisiones de Lealana, tanto en bitcoins como en litecoins. Aquí podéis ver otras criptomonedas físicas conocidas

Para evitar malentendidos, aclaro que estas criptomonedas físicas no tienen nada que ver con monedas o fichas que muestran el logotipo de bitcoin o de otra criptomoneda. Las criptomonedas físicas deben dar acceso a la cantidad de criptomonedas que indican. Si indican “un bitcoin” el poseedor debe poder acceder a ese bitcoin. 

Coleccionar criptomonedas físicas

Preparando este artículo me he sorprendido mucho del volumen de coleccionismo de criptomonedas físicas. Yo creo que se puede entender como una rama de la numismática con entidad propia.

Si no me creéis, tened en cuenta que en Estados Unidos:

Casascius, 1 bitcoin 2013. MS-68 “top-pop”.

Por lo que he podido observar, este coleccionismo premia las primeras emisiones de criptomonedas físicas. Las emisiones de Casascius entre 2011 y 2013 son las joyas de cualquier colección, pagándose por ellas entre 2 y 3 veces más que su valor facial (es decir, que el valor de un bitcoin). Si el holograma ha sido manipulado la criptomoneda física perderá casi todo su valor, aunque por un ejemplar “abierto” de Casascius bien se pueden pagar más de 2.000 $ (si no estuviera abierto pasaría de los 30.000 $).

Las fichas de casino de Satori o de BTCC se pueden adquirir a partir de los 2.500 $, teniendo que pagar más por ellas cuanto mayor sea su valor facial. En cuanto a los litecoin de Lealana, su precio final rondará los 1.200 $ a día de hoy.

Todas estas monedas que he citado son acuñadas en un cospel sencillo, de un metal que no es noble. Las monedas acuñadas en oro o en plata son significativamente más caras porque su emisión fue mucho menor. También se pagan mucho mejor las monedas graduadas como Proof-70 o que son “top-pop”

En definitiva, vemos que el coleccionismo de criptomonedas físicas tiene todas las características del coleccionismo de monedas estadounidenses. A estas características se le añade una enorme volatilidad de los precios en dólares, pues éstos oscilan según oscila el valor de bitcoin (solo hay que comparar la subasta de Stack’s Bowers de abril y la de junio). ¡Una auténtica locura!

¿Son las criptomonedas físicas una buena inversión?

Como digo siempre, que cada cual haga con su dinero lo que le dé la gana. No estoy aquí para juzgar a nadie, sino simplemente para compartir una reflexión.

Quien decidió pagar 93.600 $ por una moneda de 1 bitcoin emitida por Casascius en 2011 con error el pasado abril es porque entiende que es probable que esa moneda valga mucho más en el futuro. Vaya por delante que el solo hecho de que el bitcoin fuese a subir de precio no justificaría este desembolso, puesto que en la fecha de la subasta el bitcoin valía 45.000 $ y alguien pagó más del doble por la moneda física; es decir, si alguien quiere invertir en bitcoins porque cree que va a subir de precio, lo lógico es que comprase dos “bitcoins digitales” y no un “bitcoins físicos”. Por eso creo que, a día de hoy, el coleccionismo de criptomonedas físicas es doblemente especulativo.

Casascius, 1 bitcoin 2011. Error “CASASCIUS”. MS-66 “top-pop”.

Para que estas criptomonedas físicas acaben siendo una buena inversión deben darse dos condiciones:

  • En el futuro se utilizarán monedas físicas referenciadas a bitcoin. Es posible que en el futuro se utilice bitcoin pero que éste sea un activo puramente digital. En tal caso estas criptomonedas físicas serían en el futuro lo que hoy son las antiguas acciones o bonos en papel.Objetos curiosos pero bastante baratos.

Ahora bien, si en el futuro utilizamos bitcoins físicos a diario, estoy de acuerdo en que esas primeras emisiones costarán una auténtica fortuna. Solo hay que ver lo que hoy en día cuestan los primeros dólares emitidos.

Personalmente, si tuviese esos 93.600 $ preferiría invertirlos en onzas macuquinas, en lingotes de oro o, puestos a dedicarlos a las criptomonedas, en GBM Coins. Es decir, prefiero dedicar mi dinero a inversiones respaldadas por bienes tangibles (donde incluyo a algunas criptomonedas estables, como GBM Coin). Otros buscan pegar el pelotazo.

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