El principal valor añadido de las tiendas numismáticas

Numismática La Dobla abrió una tienda física en Vigo hace ya seis meses. Yo entrevisté a su director, Álvaro Albero, cuando lo hizo para que nos comentara cómo veía el mercado numismático, así como los nuevos planes que tenía. Pero cabe una pregunta a mayores que la he estado hablando con Álvaro hace unos días: ¿qué sentido tiene abrir una tienda física a día de hoy?

La pregunta es pertinente porque parece que va en contra de los tiempos. La Web tiene cada vez más relevancia en el comercio numismático, las tiendas tradicionales se enfocan más y más en el comercio online y nada hace pensar que esta situación se vaya a revertir. Además, una tienda física supone un coste importante. Más todavía si se abre en el centro de Vigo, como es el caso de Numismática La Dobla. 

Me comenta Álvaro que su único interés para abrir la tienda es dar un mejor servicio a sus clientes. A su tienda online, a las subastas que organiza y a su asistencia a convenciones se le añade una tienda física. Allí los coleccionistas encuentran un lugar cómodo y tranquilo donde poder comprar y vender monedas. También pueden verlas y apreciarlas en mano antes de decidir su compra, algo que no puede hacerse en una compra online. Por esto, y porque Álvaro ve mucho futuro en la numismática, es por lo que La Dobla se ha convertido en una tienda física además de online.

Me gustaría, además, compartir con vosotros una reflexión que apareció en la conversación que tuve al respecto con Álvaro. Me comentó dónde creía que estaba el principal valor añadido de las compraventas privadas con respecto a las ventas en subasta. Vaya por delante que lo dice un comerciante que, además de comprar y vender de forma privada, organiza subastas online. Por lo tanto, no tiene especial favoritismo sobre una forma u otra de vender, pero sí que tiene experiencia personal sobre ambas.

Alfonso X. Pugesa, Toledo.

El principal valor añadido de las compraventas privadas

Al organizar una subasta, el comerciante (1) recibe unas monedas de un cedente, (2) los clasifica, (3) garantiza su autenticidad, (4) hace fotografías y el márquetin necesario, (5) realiza la venta en un momento determinado, (6) gestiona la venta, (7) gestiona el envío y (8) paga al cedente según lo acordado. La casa de subastas cobra una comisión de la venta realizada según lo acordado.

Al realizar una compraventa privada, el comerciante (1) recibe unas monedas de un vendedor, (2) los clasifica, (3) garantiza su autenticidad, (4) paga al vendedor según el precio acordado, (5) hace fotografías y el márquetin necesario, (6) realiza la venta cuando un comprador se interesa, (7) gestiona la venta y (8) gestiona el envío.

Felipe IV. Patagón, Brujas 1634.

Ambos procesos, obviamente simplificados, son semejantes. Debido a esta semejanza hay empresas, como La Dobla, que venden tanto en compraventa directa como en subasta. Pero tienen un matiz importante: en la compraventa privada el comerciante pone en juego su propio capital, adelantando un dinero para adquirir monedas que atesorará hasta que encuentre un comprador. A primera vista parecería que el adelanto de este dinero beneficiaría casi exclusivamente al vendedor de la moneda, pues se asegura la venta y el asunto queda rápidamente liquidado. Pero hay un beneficio, incluso más importante, para el comprador. Me explico:

Para que un comprador adquiera una moneda en subasta se deben dar dos condiciones. La primera es que el comprador quiera y pueda adquirir la moneda (es decir, que tenga dinero disponible); la segunda es que en ese momento ocurra una subasta donde se ofrezca la moneda que está buscando.

En cambio, para que un comprador adquiera una moneda en una compraventa privada, solo se debe dar el primer condicionante: cuando al comprador le venga bien y tenga dinero disponible se acerca a la tienda numismática y adquiere la moneda que le guste. Es el hecho de que el profesional adelante –y paralice– un capital lo que permite que el comprador adquiera la moneda cuando le venga bien. El comprador no tendrá especial prisa de intentar juntar el dinero para una subasta concreta, o no se verá con dinero esperando a que salga esa moneda en cuestión a subasta… ni tampoco se encontrará en la situación de competir contra otros compradores para ver quién paga más por ese ejemplar en particular.

Obviamente, este valor añadido se da en las monedas razonablemente comunes. Las monedas más raras, como el medio duro de Segovia de 1633, siempre suponen una pugna porque cuando un comerciante la vende tardará mucho en volver a encontrar otro ejemplar.  Pero hay otras, de un amplio rango de precios que siempre se puede esperar que un comerciante que las trabaje las tenga en su tienda: una pujesa de Alfonso X, un patagón de Brujas, las 100 pesetas de 1897… Son éstas las monedas que solemos comprar la inmensa mayoría de los coleccionistas. Es un valor añadido importante que siempre haya alguna disponible para su compra. Un valor que solo ofrecen los comerciantes de compraventa privada y que les supone tener paralizado un capital en beneficio de sus clientes.

Alfonso XIII. 100 pesetas 1897 (18-97).

Este artículo ha sido patrocinado por Numismática La Dobla. Podéis seguir a Numismática La Dobla en su página web, en Facebook, en Instagram y en Twitter.

4 comentarios en “El principal valor añadido de las tiendas numismáticas”

  1. Y nosotros, «los del otro lado», vemos también futuro porque hay gente con el perfil de Álvaro, a pesar de las «grandes fuerzas» que soplan en contra actualmente.

  2. Considero que como van las cosas ahora mismo, las tiendas numismáticas deberían ser un negocio aparte de lo que realmente nos dedicamos. Considero esto porque una persona que se dedica enteramente debe pagar impuestos y poner los precios de acuerdo a lo que necesita para vivir, sin embargo si fuera algo aside podrían tener precios más bajos.
    Y digo esto porque yo he visto además de muchos comentarios que varias tiendas numismáticas venden poco o muy poco y luego se quejan, una moneda se queda ahí por un buen tiempo y lo que quieren es vender tanto como puedan.

    1. Que sea una actividad aparte, para los, digamos, ratos libres y así poder tener «precios más bajos» pero sin obviar, por supuesto, ciertos requisitos:

      1.- Que el numismático «de a ratos libres» pague impuestos (IVA e IRPF) por lo que venda (incluído el autónomo). Pues eso hay que hacerlo se dedique uno a tiempo completo o no. Y no sólo el hecho de pagarlos sino también el hecho de realizar toda la labor administrativa que pagar dichos impuestos implica (que no es moco de pago la de tiempo que quita) ¿O es que el señor Mijail está sugiriendo que comercie «de extranjis»? Dios nos libre.
      2.- Que el numismático «de a ratos libres» sea muy profesional, responda en tiempo y forma las consultas y reclamaciones, haga facturas a sus clientes, realice buenas fotos y descripciones de sus monedas, etc. Si no lo hace será un tío poco serio o incluso, dependiendo de la situación, un sinvergüenza directamente.
      3.- Que el numismático «de a ratos libres» tenga la suficiente preparación para ofertar monedas interesantes, reconocer las falsas y esquivarlas, saber moverse en el mercado, etc. Si no será considerado un pobre diablo que no tiene material atractivo que ofrecer ni tampoco es del todo confiable.

      En resumen, todos los beneficios del numismático profesional, a tiempo completo, unido a las ventajas del vendedor de mercadillo dominguero. La cuadratura del círculo, el santo Grial de los vendedores numismáticos ¿Es eso lo que pide el señor Mijail? me gustaría que lo aclarase.

      Un saludo cordial

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