El que comprando chollos se arruinó

Una de las entrevistas que más han gustado de cuantas he publicado este año ha sido la que hice a Nacho Moreda. Coleccionistas y comerciantes, tanto españoles como americanos, me habéis felicitado por esta entrevista; pero el comentario que más me gustó fue el que muestra el orgullo de su hija. Todo el logro lo tiene el entrevistado: Nacho tiene una forma única de contar sus 50 años de experiencia como comercial de manera divertida. En la entrevista suelta muchas verdades y da muy buenos consejos.  

Entre estos consejos aparece una frase que se la he oído decir a Moreda al menos una docena de veces: “yo conozco a uno que comprando chollos se arruinó”. Esto parece un oxímoron porque los chollos no pueden sino hacer ganar dinero a aquellos afortunados que los adquieren. Sin embargo, más de uno acaba mal justamente por comprar chollos. 

Esa frase se la he oído decir a Nacho en contextos diferentes. Siempre alerta de que hay que tener cuidado con los chollos que se compran, pero dependiendo del contexto en el que lo dice, nos alerta de un peligro u otro. Esto es algo que reflexioné al hacerle la entrevista. Luego hice memoria para acordarme de las situaciones en las que Nacho dijo esa frase e intentar sintetizar los peligros. Detecté tres, que extiendo a continuación.

Los chollos que no son tales

Uno de los errores más comunes de los novicios es pensar que, por algún motivo, ellos tienen la suerte de poder hacerse con chollos con cierta frecuencia. Los chollos existen, pero son raros de encontrar porque continuamente hay miles de personas buscando adquirir monedas ya no a precio de chollo, sino simplemente con un margen comercial digno de tal nombre.

Los chollos no los encuentra cualquiera. La inmensa mayoría de los chollos son en monedas o billetes que no son evidentes; monedas que requieren un estudio importante sobre cierta serie a nivel histórico y a nivel comercial. 

Por ejemplo, alguien que tenga estudiada la moneda romana se percatará de que en tal denario hay una variante rara en la leyenda que relaciona esa acuñación con tal evento histórico, convirtiendo así una moneda aparentemente común en una pieza buscada por un coleccionista experto. O quizá alguien que tenga estudiada la moneda andalusí se percatará de que tal quirate almorávide cita explícitamente una ceca rara y vale mucho más que el resto de quirates que tiene el comerciante, que ni siquiera se ha molestado en clasificarlos. 

Pero quien busca chollos obvios, de monedas que todo el mundo conoce, lo lleva crudo. Es rarísimo encontrar un chollo con un 8 reales columnario, o con una onza pelucona, o con un denario de Augusto, o con un duro de Isabel II… cualquier comerciante, por inexperto que sea, sabrá clasificar y tasar esas monedas. Así que lo normal es que el chollero que busca gangas en monedas evidentes acabe arruinado: nadie va a vender un 8 reales columnario en EBC+ a precio de MBC y nadie va a ofrecer un antoniniano de Diadumeniano por 90 euros.

Buena parte del trabajo pedagógico de esta bitácora ha consistido en explicar algo tan obvio como que nadie da duros a cuatro pesetas (muchas veces a través de las historias de Enrique). Aún así, todavía hay muchos que buscan chollos y acaban arruinados, quejándose después de que los numismáticos son unos tal y unos cual. Pocos hacen la reflexión de que ellos mismos tienen buena parte de la culpa: quien busque chollos siempre encontrará a algún timador dispuesto a ofrecérselos.

Los que solo buscan chollos

Algunos coleccionistas solo compran si compran chollos. Se les suele conocer en los mercadillos. Van mirando las mesas a ver si algún comerciante se ha equivocado a la hora de clasificar alguna moneda o a la hora de poner un precio. Los comerciantes ya les tienen calados y generalmente les reciben con mala cara y luego les ignoran hasta que se marchan. Si ven que interrumpen a otros coleccionistas, simplemente les invitan a marcharse.

No son bien recibidos porque solo quieren aprovecharse de los errores ajenos, cosa que rara vez ocurre porque los comerciantes dedican tiempo a las bandejas que están ofreciendo. Así que es prácticamente imposible que hayan clasificado un denario de Otón como si fuera de Caracalla, o que hayan confundido un columnario de Potosí con uno de México. Porque estos cholleros buscan errores así de obvios. Nunca los encuentran.

Alguien podría pensar que este tipo de actitud puede hacer que el chollero se aburra y deje de coleccionar, pero nunca llegará a arruinarle. Eso es cierto si es un coleccionista, pero no si es un profesional. 

Por extraño que parezca, hay profesionales cholleros. Son comerciantes que buscan comprar con un margen de beneficio amplísimo.

Ya vimos que el margen comercial en España para un autónomo debe ser razonablemente amplio para que salgan las cuentas. También es cierto que antiguamente los márgenes comerciales eran más grandes simplemente porque los coleccionistas estaban peor informados y el acceso al mercado internacional era más difícil. Pero hoy en día cualquier coleccionista mínimamente informado tiene acceso a decenas de profesionales deseosos de adquirir sus monedas por un 40% menos del precio al que él las adquirió (si estuvieron bien compradas). Así que los profesionales de “yo compro a 10 para vender a 100” mucho me temo que acabarán arruinados: simplemente, no podrán comprar

Los que no gestionan bien el efectivo

La gestión del efectivo es crítica en cualquier comercio de compra-venta. Esto es especialmente cierto en el mercado del arte y las antigüedades (Marc Flotats lo ha comentado varias veces en su canal), puesto que los comerciantes suelen ser autónomos o pequeñas empresas con una capacidad limitada para endeudarse. Además, incurrir en deudas implica pagar unos intereses que pueden acabar ahogando al deudor. Me imagino que todos conozcamos tiendas que han tenido que cerrar por este motivo. 

En el caso de los comerciantes numismáticos esto está relacionado con los chollos. Ya he dicho que resulta imposible encontrar chollos en las monedas más evidentes. Pero quizá sí que se puedan adquirir monedas poco comerciales muy por debajo del precio que un coleccionista llegue a pagar por ellas

Por ejemplo, es posible que se pueda comprar un lote de pequeñas platas otomanas a precio de derrumbe. O unas monedas andalusíes agujereadas por poco más que su peso en oro o plata. O un conjunto de monedas livonias a clasificar. O medio kilo de cash chinos de distintas épocas… Pensar en un 500% de margen potencial de beneficio en ese tipo de piezas no es nada extraño. También puede haber un margen importante en monedas más caras pero con ciertas taras: monedas colgadas, abrillantadas, con agujeros reparados… Quizá no se multiplique por cinco el dinero dedicado pero su margen potencial puede ser sensiblemente más alto que en monedas sin problemas importantes.

¡Ahí son posibles los chollos!

Pero ese margen de beneficio no es gratuito. Se tratan de monedas muy poco líquidas y, por tanto, su venta requiere un esfuerzo y un tiempo notable. Más allá de que clasificarlas puede suponer un trabajo importante, no es nada fácil encontrar a alguien interesado en adquirir monedas otomanas o en dedicar 6.000 euros para adquirir un 8 escudos colgado, por raro que éste sea. 

El comerciante que busque estos chollos quizá los encuentre. No es que esté mal hacerlo, pero siempre con mesura. Hay que evitar acabar con una tienda que tenga monedas valoradas en 100.000 euros pero que sean muy difíciles de liquidar. No vaya a ser que el efectivo apriete y haya que vender rápidamente esas monedas tan poco líquidas, perdiendo dinero a base de bien.

Entiendo que este era el sentido que tenía Moreda con la frase “yo conozco a uno que comprando chollos se arruinó” en la entrevista que le hice. Es la primera vez que lo he visto desde este punto de vista y la que, en última instancia, me ha hecho escribir este artículo.

1 comentario en “El que comprando chollos se arruinó”

  1. Que buenas reflexiones, yo sólo soy coleccionista y siempre me ha parecido que ser comerciante en España no es fácil por la normativa y los distintos impuestos que hay que pagar, y si es en el sector de la numismática me parece meritorio por su ámbito reducido de los que somos coleccionistas y compradores. Lo de los chollos, para mí, en muchos casos, roza la estafa, sea el comprador o el vendedor, en éste último caso juega con fuego porque la confianza es importante y más hoy en día con las redes sociales, ya hay grupos de Facebook específicos para denunciar a ese tipo de gente sin escrúpulos. Es sorprendente la de información que hay y siga existiendo el timo de la estampita o tocomocho en su versión numismática, sobre todo con los falsos errores.

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