La primera ceca de Santo Domingo

Es conocido que Cristóbal Colón llegó en 1492 a una isla a la que bautizó como La Española. Una isla caribeña que hoy alberga dos estados: República Dominicana y Haití. Una isla bendecida por la naturaleza que es lo más cercano al Paraíso en la Tierra que nos podamos imaginar. Una isla que espero visitar el año que viene en el macro-evento numismático que se organizará en Santo Domingo.

Mucho menos conocido es que la segunda ceca abierta en América fue, justamente, en la isla de La Española. En este artículo repasaré la historia de esta ceca y sus acuñaciones. Lo hago gracias al grupo de Discord del Blog Numismático, que me animó a escribir la entrada, y especialmente a Héctor y a Diego que me mandaron documentación al respecto. También tengo que agradecer a Jorge Proctor y a José Manuel Henríquez (presidente de la Sociedad Numismática Dominicana) la revisión que hizo de este artículo y las correcciones que me propuso.

Antecedentes de la ceca de Santo Domingo

En el tercer viaje de Colón a América, en 1497, se instó la creación de una casa de moneda en La Española (más), proporcionando cuños y operarios para acuñar excelentes de oro. Todo parece apuntar a que entonces no se acuñó ninguna moneda en el Caribe; y mucho menos excelentes, pues en 1503 Isabel la Católica prohibió la acuñación de oro en América. 

Desde 1505 se comenzaron a acuñar monedas en Sevilla para su uso exclusivo en el Nuevo Mundo; desde 1528 se hizo lo propio en Burgos  (estas monedas se conocen como hechas “para Santo Domingo”, pero no significa que solo fuesen acuñadas para su uso en la isla de La Española, sino para su uso en América). Poco después se abrieron fundiciones en la Isla de la Española, pues se estaba minando oro en la zona de La Vega. Por lo tanto, tenía todo el sentido que se abriese una ceca en la Audiencia de Santo Domingo.

La fundición de oro no debía de ser abundante a principios del siglo XVI. De hecho, solo se conoce un ejemplar de un “tejuelo”, o pequeño lingote de oro, que con seguridad fue ensayado y quintado en La Española. Es un tejuelo pequeño que fue encontrando en la isla hace unos años. A pesar de su tamaño incluye las marcas de fineza y de haber pagado el quinto real. Hoy en día pertenece a la colección personal de José Manuel Henríquez. Tenéis más fotos aquí: una, dos, tres, cuatro.

lingote Santo Domingo
Tejuelo de Santo Domingo

Historia de la ceca de Santo Domingo

El 3 de noviembre de 1536 hubo una real cédula firmada en Valladolid que instaba la apertura de una casa de moneda en la Real Audiencia de Santo Domingo. La audiencia se negó en un principio arguyendo dificultades técnicas y falta de personal cualificado. En efecto, una cosa es fundir oro o hacer pequeños lingotes para el comercio local, y otra es acuñar vellón y plata con una metrología concreta. Esas acuñaciones eran mucho más complicadas y, además, mucho menos lucrativas.

En 1542 se abrió la ceca de Santo Domingo. Hasta hace poco no se sabía el municipio en el que se asentó la ceca. Hubo autores que supusieron Concepción de la Vega, la actual La Vega, como el lugar más probable. Esta suposición se debe a que en Concepción estaban las fundiciones y a que en 1529 el presidente de la Audiencia de Santo Domingo (Sebastián Ramírez) ya había propuesto la apertura de una ceca en esa ciudad. Pero, según me indica Proctor, en los últimos años se han encontrado documentos que indican fehacientemente que el lugar de la ceca fue la actual ciudad de Santo Domingo.

A la recién creada ceca de Santo Domingo se le instó a acuñar monedas de plata y de vellón, pues la acuñación de oro seguía prohibida para los territorios americanos.

Nos podemos encontrar tres marcas de ceca distintas. En las emisiones de Carlos y Juana aparece la ceca “S” y la “S” retrógrada (es decir, girada). A esta marca de ceca se le añaden las marcas de ceca auxiliares “P” o “D”, que se corresponden con el nombre completo de la ciudad: Santo Domingo del Puerto. En la emisión de Felipe II, de en torno a 1578, la marca de ceca es un anagrama que contiene las letras “S”, “D”, “O”.

Anagrama de Santo Domingo como marca de ceca.

No se sabe cuándo cerró la ceca de Santo Domingo. José Toribio Medina calcula que fue alrededor de 1595. En cualquier caso, y a juzgar por las monedas que han llegado a nuestros días, seguramente en las últimas décadas de funcionamiento oficial solo acuñase de manera puntual. 

Monedas de plata en la primera ceca de Santo Domingo

Hubo múltiples emisiones, a día de hoy muy raras.  En plata se acuñaron monedas a nombre de Carlos y Juana de medio, uno, dos, cuatro y diez reales, con una equivalencia de 44 maravedíes por cada real (el valor del real en la Península eran 34 maravedís; los 10 maravedís de diferencia por cada real era beneficio de la Corona). Fueron emisiones muy pequeñas debido a que ni en La Española ni en el resto del Caribe había minas de plata.

La rareza de estas monedas de plata se ejemplifica con los ejemplares que subasta Sedwick: de la moneda de dos reales se conocen dos ejemplares; de la moneda de medio real se conocen nueve.

Santo Domingo. 2 reales Carlos y Juana.
Santo Domingo. Medio real Carlos y Juana.

En esta serie se da la rareza más curiosa de las platas de Santo Domingo: la moneda de 10 reales. Es tan rara que Áureo & Calicó solamente reproduce una impronta en su catálogo. Burzio, quien no pudo tener acceso a ningún ejemplar, se equivoca al explicar el motivo de esta denominación. Me indica Proctor que de esta rarísima moneda hay un ejemplar en un museo austriaco que encontró y estudió el numismático Herman Blanton. Esta rarísima moneda pesa 34  gramos. Por lo que su peso de plata equivale a los 10 reales.

Alrededor de 1578 hubo otra emisión de monedas de plata en Santo Domingo. En este caso con valor de 34 maravedís por real (esto se impuso en 1552). A día de hoy son todas de una rareza extrema. 

Según el catálogo de Áureo & Calicó, se conocen rarísimos ejemplares de medio, dos y cuatro reales. Proctor me indica –y me confirma Henríquez– que, en realidad, existe un ejemplar de medio real, otro de un real (que Áureo & Calicó erróneamente cita como dos reales) y otro de cuatro reales. Las monedas de dos reales se citan en la documentación pero no hay ningún ejemplar conocido.

Los tres ejemplares de plata se encuentran en la colección de Isaac Rudman. Henríquez me ha enviado sus fotografías, que aquí os reproduzco.

Santo Domingo. Medio real, Felipe II
Santo Domingo. 1 real, Felipe II
Santo Domingo. 4 reales, Felipe II

Monedas de vellón en la primera ceca de Santo Domingo

En Santo Domingo se acuñaron más monedas de vellón que de plata. Este vellón se acuñó con muy poca liga de plata y muy mala calidad técnica. Así que estas monedas generaban más problemas de los que solventaban para los habitantes de La Española. 

En el vellón se pueden distinguir tres emisiones atendiendo a sus diseños:

La primera emisión fue de monedas en módulos de once, cuatro, dos y una blanca. La de cuatro maravedís es relativamente común; bien puede considerarse la moneda más común acuñada en la primera ceca de Santo Domingo (lo cual no significa que sea sencilla de adquirir, menos todavía si se exige calidad). En la subasta de Sedwick se ofrecen tres ejemplares: uno, dos y tres.

Santo Domingo. 4 maravedís Carlos y Juana.

Estas monedas de cuatro maravedís circularon por la Audiencia de Santo Domingo. Pero como su liga de plata era tan baja, circulaban por un valor de un maravedí. Esto hizo que en 1577 se aplicase a estas monedas el resello de una llave para cambiar su valor a dos maravedís. Es un hecho curioso: oficialmente el valor de las monedas pasaba de cuatro maravedís a dos maravedís (dividía entre dos el valor); pero en la práctica pasaba de un maravedí a dos maravedís (multiplicaba por dos el valor). Aquí tenéis un ejemplar que subasta Sedwick:

Santo Domingo. 4 maravedís Carlos y Juana. Resello llave (1577)

Las monedas de dos maravedís de esta serie son mucho más raras. Las de una blanca son de una rareza extrema. Esas monedas las cita el catálogo de Áureo & Calicó como de un maravedí. Pero en la documentación de la época se citan como monedas de una blanca.

También son extremadamente raras las monedas de once maravedís. Son monedas que sorprenden porque es un módulo del todo inusual. El motivo de este módulo es que el real equivalía a 44 maravedís, por lo que estas monedas eran realmente cuartos de real hechos de vellón. Debieron tener muy poco éxito en su momento a juzgar por los ejemplares que han llegado a nuestros días.

Santo Domingo. 11 maravedís Carlos y Juana. 

La siguiente emisión fue de monedas de dos y cuatro maravedís. Es la emisión más escasa y también la más sorprendente. El detalle que las hace tan llamativas se encuentra en cómo denomina al rey la leyenda: “KAROLVS QVINTVS”. Es decir, se cita a Carlos I por su ordinal como Emperador del Sacro Imperio. Esto, hasta donde yo sé, es algo único en la numismática castellana. Aquí os dejo un ejemplar.

Santo Domingo. 4 maravedís Carlos I. Segunda emisión

La última emisión fue en la época de Felipe II. Se volvieron a acuñar monedas de dos y cuatro maravedís. Henríquez me comenta que son monedas extremadamente escasas: de las monedas de dos maravedís apenas se conocen cinco ejemplares, mientras que de las de cuatro maravedís se conocen menos de veinticinco. En estas monedas podemos ver el anagrama de Santo Domingo como marca de ceca. Aquí muestro un excelente ejemplar.

Santo Domingo. 4 maravedís Felipe II. Tercera emisión.

La próxima subasta de Sedwick

Sedwick organiza una subasta excelente para los días 4, 5 y 6 de mayo de 2022. Hace unos días hablábamos de la colección de platas mexicanas a nombre de Juana y Carlos de Clyde Hubbard, incluída en esta subasta de Sedwick. 

Las seis sesiones de Sedwick traen muchísimo más. Hay mucha moneda macuquina, tanto en oro como en plata. Monedas de las repúblicas americanas, incluyendo una muy buena cantidad de cuartillos y dos corazones de Potosí. No podían faltar piezas de pecios, incluyendo tumbagas en oro y en plata… 

Si os interesa la moneda virreinal yo os animo encarecidamente a que echéis un vistazo con calma al catálogo de la subasta. Hay monedas muy interesantes y, además, las descripciones están muy trabajadas. Es una subasta de la que se puede aprender mucho. 

Por otro lado, si queréis pujar y os dan respeto los aspectos logísticos de adquirir moneda en Estados Unidos, podéis escribirme y yo os hecho una mano

Finalmente, os dejo un vídeo donde explico algunas de las monedas que más me han gustado de la próxima subasta de Sedwick:

Comentarios en: La primera ceca de Santo Domingo

  1. Buen articulo de Adolfo, tal como nos tiene acostumbrado. Por continuar un poco con el devenir de la moneda en la isla de Santo Domingo, decir que la escasez de moneda siempre fue un mal endémico, dado que las remesas de moneda de plata mexicana procedente de situados, siempre se mostraban como insuficientes. Esta deficiencia alcanzó su máxima cota a partir de la guerra hispano-británica de 1779, que propició la circulación de papel moneda o “papeletas”. Los problemas que acarreó la amplia falsificación de las mismas determinó que por una Orden del Gobernador de 29 de diciembre de 1785 se ordenara la quema de papeletas por un importe global de 26.476 pesos y 5 reales, lo cual agravó la escasez de pale circulante originando una situación de empobrecimiento extremo. Pasaron muchos años hasta que la ceca de Santo Domingo volvió a acuñar moneda. Por un acuerdo entre España y la Francia republicana del 22 de julio de 1795, sellado en el Tratado de Basilea, la parte oriental de la isla, pasó a Francia, que así quedó dueña absoluta de toda la isla. Durante muchos años no se acuñó moneda hasta que en 1802, con parte de la isla en poder de los franceses que acuñan monedas de plata con el valor de ½, 1 y 2 escalines, si bien es cierto que ya con anterioridad circulaban procedentes del otro extremo de la isla. En 1808 los dominicanos retomaron el control de Santo Domingo y reconocieron al soberano Fernando VII. Desde ese momento la isla comenzó a recibir circulante de México y Caracas. Únicamente se acuña moneda propia de cobre en 1812 con valor de ¼ de real y la identificación “F.7”, y a diferencia de las cecas de Santa Marta y Tegucigalpa, que utilizaron la formula “F.VII”. El país alcanzó la primera independencia en 1821 pero fue tomado rápidamente por Haití en 1822, volviendo a alcanzar su independencia en 1844.

  2. Aprovecho la oportunidad para compartir con los colegas coleccionistas un hecho del que fui testigo presenciar, hace bastantes años, caminando frente a lo que es hoy la cede de la SND ,se estaba iniciando la construccion de lo que hoy es el estacionamiento frente a las oficinas del Banco de Reservas, note una gran cantidad de ladrillos a todas luces muy antiguos y otros cubiertos por una gruesa capa de cenizas, le pregunte a uno de las personas que realizaban el trabajo de donde estaban sacando esos ladrillos y para mi espanto me informo que de unos grandes hornos que se destruyeron hacia varios dias, trate de llegar al sitio de donde procedian los ladrillos pero ya una compactadora de tierra habia arasado con lo hornos de La Casa de Monedas de Santo Domingo.
    Solo se salvaron dos ladrillos de la edificacion y dos del hornos, uno de cada uno los lleve al museo de BC, donde hoy se encuentran como testigo del crimen de no hacerse
    un levantamiento formal y detallado asi como de tratar de localizar material historico que pudo quedar de lo que fue nuestra casa de monedas.
    Garantizo por este medio que la informacion es de primera mano y veridica, la fecha se puede constatar con el inicio la construccion del estacionamiento mencionado.
    Me alegro de poder confirmar la informacion que en este articulo aporto el amigo Proctor sobre
    la localizacion de nuestra ceca.
    Saludos
    Isaac Rudman

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Hola Isaac.

      Me sorprende mucho tu mensaje: es todo un honor que leas y comentes mi texto. Muchas gracias por ello y también por haberme permitido publicar imágenes de las monedas de tu extraordinaria colección.

      Es una lástima el destrozo patrimonial que nos comentas. Si muchas veces se da poco valor al patrimonio artístico y religioso, el patrimonio industrial es constantemente ignorado por casi todo el mundo.

      Un saludo,
      Adolfo

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