La inflación monetaria en la obra de Quevedo

La inflación monetaria en la obra de Quevedo

En mi opinión, la mayor prueba de grandeza del Siglo de Oro Español es que su análisis admite una cantidad inmensa de perspectivas distintas y todas ellas permiten un estudio profundo. La numismática no es una excepción. Solo analizar las referencias monetarias en el Quijote daría para una tesis doctoral. También se ha analizado el dinero en la comedia del Siglo de Oro. También hay poesías relacionadas con la numismática. «Dineros son calidad» de Góngora y «Poderoso caballero es don dinero» de Quevedo son quizá los más famosos. Quevedo trató el tema del dinero en otras obras. Por ejemplo, el soneto «Reprehesión de la gula» es una clarísima crítica al consumismo.

Otro de los temas que desarrolló Quevedo fue el envilecimiento de la moneda de vellón a lo largo del siglo XVII. Quevedo era plenamente consciente de que España prácticamente solo exportaba plata porque carecía de industria. Sabía que los Austrias se estaban endeudando hasta el punto de que toda la plata que venía de América no era capaz de satisfacer su voraz gasto familiar (hoy lo llamaríamos «gasto público») y no les temblaba el pulso para saquear Castilla a base de devaluaciones de la moneda de vellón. Quevedo lo veía como un acto totalmente vil, inmoral y pecaminoso. No era el único; ya había hecho esa crítica Juan de Mariana, un jesuita tan injustamente olvidado como cualquier otro filósofo español.

Fijaros en el soneto «Valimiento de la mentira«:

Mal oficio es mentir, pero abrigado:
eso tiene de sastre la mentira,
que viste al que la dice; y aun si aspira
a puesto el mentiroso, es bien premiado.

Pues la verdad amarga, tal bocado
mi boca escupa con enojo y ira;
y ayuno, el verdadero, que suspira,
invidie mi pellejo bien curado.

Yo trocaré mentiras a dineros,
que las mentiras ya quebrantan peñas;
y pidiendo andaré en los mentideros

prestadas las mentiras a las dueñas:
que me las den a censo caballeros,
que me las vendan Lamias alagüeñas

100 pesetas 1880

50 pesetas 1889

A primera vista parece que está hablando de la mentira, de lo perversas que son y del pecado que suponen (hay que entender que en plena Contrarreforma la mentira se consideraba un pecado muy grave). Pero en este soneto hay una frase que tiene una tensión enorme: «yo trocaré mentiras a dinero«. Eso otorga un significado distinto al poema: se puede entender que la moneda falsa es una mentira que se vuelve dinero circulando como tal posteriormente en los mentideros (el mercado) y habiendo dejado un buen premio al mentiroso (el falsificador). Cabe preguntarse quién era el falsificador de moneda. ¡En el siglo XVII no era otro que el Estado! Ese Estado que, mediante una inflación obligada estaba robando la plata del pueblo castellano.

Las mayores referencias que hace Quevedo a este envilecimiento de la moneda de vellón se realizan en «El Chitón de las Tarabillas«. Se trata de una obra muy crítica. No muy conocida actualmente porque resulta dura de leer. Quien quiera profundizar en su crítica económica y sus referencias numismáticas puede leer este ensayo al respecto. Yo simplemente reproduzco aquí alguna cita. La primera muestra las consecuencias que Quevedo consideraba que tenía la inflación:

y es daño porque no es remedio cabal hasta que se consuma todo antes que, no teniendo otra cosa, nos hallemos con moneda que no hay bolsa que no tenga asco della, y que se indigna aun de andar en talegos, y que los rincones de los aposentos se hallan con la basura más limpios y menos cargados y con menor ruido. Moneda que el que la paga se limpia y desembaraza, y el que la cobra se ensucia y confunde; más vale su incomodidad en trajinarla que su valor: Mil reales, caudal que cualquiera gasta en doce días de camino, son peso para una bestia sola, y poco antes que se subieran, se llevaban en oro, en nóminas, en traje de reliquias, o se escamaban con escudos los jubones, y quinientos añadían poco peso más a la lana; y hoy en esta moneda dan que hacer a una albarda, y hace más mataduras el dinero que los barriles

La siguiente cita es una referencia a la negativa del Consejo de Castilla de bajar la moneda de vellón en 1626 y el «chantaje» del Rey al respecto:

 

100 pesetas 1900

Si el Consejo de Castilla me ata las manos para que no haga la baxa y me aprueva las diputaçiones, considerad de quien me puedo quexar ni a quien me tengo que quexar de ver perder mis Reynos por executar lo que me aconseja y dexar de executar lo que me reprueva

Esta última cita es una crítica durísima a la devaluación que sufrió la moneda de vellón a principios del siglo XVII y sus consecuencias:

Del doblón y del real de a ocho se hablaba como de los difuntos, y se decía: «El oro, que pudre; la plata, que Dios tenga».
¿Puedes negar que el que metió los moros en Castilla (fuera de la religión) hizo menos daño a los reinos que aquel maldito, Cava barbado de los cuartos, que doblándolos los metió en las bolsas? De aquella furia quedaron fuera las montañas; desta maldad todo el reino se inundó, sin haber contra ella asilo ni aun silo.

Finalmente, hay textos privados de Quevedo que tratan sobre este tema de la devaluación de la moneda de vellón. Concretamente hay dos textos que escribió en 1642, cuando tenía 63 años y se encontraba encarcelado en León. Ese año de 1642 fue especialmente problemático porque hubo una gran emisión de moneda de vellón (ya lo vimos en el blog) y estos vellones se cambiaban con un «premio» de más de un 120%. Es decir, que nadie confiaba en la moneda de vellón porque su valor era muy volátil y cambiaba según las necesidades económicas del Estado. En ese contexto Quevedo escribió lo siguiente, explicando cómo el pueblo llano y los pequeños ahorradores eran quienes sufrían impotentes las políticas monetarias del Estado:

Con la baja de la moneda hemos quedado hechos cepos de limosna, donde sin saber quien ni como los metió, hallamos un bulto de las migajas del vellón, en maravedises y blancas, gastando las yemas de los dedos en contar dos reales, y poniendo en cuidado las faltriqueras del que lo ha de llevar. Desquitámonos con que ruegan con doblones y reales de a ocho por estos moharraches de cobre, pues saca más plata y oro que el premio el vituperio del cascajo. Y casi lo comprende el qui se humilia exaltabitur, y puede decir por Vaya, a los mexicanos: Memento plata, que a cuartos es. Por seis reales y siete dan uno de a ocho, y un doblón de a ocho por cien reales, y los tenderos proponen, a los que compran, el concierto de Judas: ¿qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?

Una vieja tenía tres talegos de a 1.000 reales cada uno llenos de ochavos, pareciéndole que éstos no eran capaces de rebaja; quedóse muy fría y desconsolada, viendo sus ochavos vueltos en blancas

Para finalizar, quisiera decir que otra prueba de grandeza del Siglo de Oro Español es que han pasado 350 años y todas las obras aquí citadas son de total actualidad. ¡Pobre Quevedo si se levantase de su tumba y viese la facilidad y alegría que tiene el Banco Central Europeo al generar dinero! Probablemente por sus escritos no le metiesen a la cárcel hoy en día. Pero a base de subvenciones el Estado compraría a un ejército de periodistas, políticos, sindicalistas y miembros de asociaciones variadas a llamarle de todo; cual Youtuber que se quisiera ir a vivir donde le diese la real gana.

10 pesetas 1995

La entrada se ilustra con algunos de los homenajes que ha hecho a Quevedo la historia numismática española. Los billetes son 100 pesetas de 1880, 50 pesetas 1889 y 100 pesetas 1900 (a esta última dedicamos una entrada). La moneda se corresponde con las famosas 10 pesetas de 1995. Finalmente Áureo & Calicó dedicó en 2001 una subasta de billetes a este gran literato.

8 Comentarios

  1. Gerardo 5 meses hace

    ¡Que buen juego hubiera dado D. Francisco hoy en día. !

  2. Rafa 5 meses hace

    «Pero a base de subvenciones el Estado compraría a un ejército de periodistas, políticos, sindicalistas y miembros de asociaciones variadas a llamarle de todo; cual Youtuber que se quisiera ir a vivir donde le diese la real gana.» SUBLIME!
    GRANDE QUEVEDO!

  3. Gustavo Gonzalez 5 meses hace

    Ya desde la epoca del imperio romano los diversos estados nos han venido esquilmando mediante devaluaciones e impuestos cuasi confiscatorios, asi que las quejas y denuncias de Don Quevedo aunque muy justas y acertadas no deberian de asombrarnos en absoluto ya que asi sigue siendo hasta el dia de hoy, Dando esto por resultado a lo que hoy dia padecemos bajo el nombre de inflacion, de lo cual aqui en Argentina, donde vivo, podemos dar catedra.
    La historia parece repetirse en un circulo vicioso del que parece no haber salida, haciendo cierto aquel viejo refran que decia…el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo….triste pero cierto y mas triste aun cuando el vivo es el estado.
    Saludos

  4. Julio 5 meses hace

    Buen artículo.

    Pues si te causa pavor como el BCE le da a la maquinilla, ni te cuento el BDE en los años 70, 80 y 90. Eso si que era espectacular.

  5. Un Filatélico ** 5 meses hace

    Gran artículo. Pasan los siglos y el talento se diluye pero los sinvergüenzas continúan campando a sus anchas.

  6. josera 5 meses hace

    También es verdad que a día de hoy se puede apreciar muy bien en la cantidad de resellos que nos han llegado a nosotros de esa época. Monedas reselladas hasta dos y tres veces, duplicaban su valor de forma mágica.
    Que engañados estamos…

  7. Joaquin 5 meses hace

    Hoy en día con la misma plata se han acuñado primero monedas de 2000 pesetas, que pasaron a 12€, a continuación la misma pasó a 20€ y posteriormente a 30€. Hasta donde llegaremos?

  8. Marcos 5 meses hace

    Muy buena entrada, enhorabuena.

    Con varias interpretaciones, Lope de Vega en 1632 dijo aquello de:

    En dos edades vivimos
    los propios y los ajenos
    la de plata los extraños
    y la de cobre los nuestros

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