Maiorina de Juliano II el Apóstata

Maiorina de Juliano II el Apóstata

Maiorina Juliano

Periodo: Edad Antigua

País: Imperio Romano

Ceca: Cícico

Denominación: Maiorina (AE1)

Peso: 9.19 g.

Calidad: MBC+/EBC-

Casa de subastas:  Silicua Subastas

Fecha: 15 de abril de 2019

Precio de salida: 50 euros

Las maiorinas de Juliano el Apóstata

Juliano II el Apóstata, fue el último emperador romano de religión pagana. Llegó al poder a finales del 361 tras una compleja lucha de poderes entre los constantinianos. Una vez hecho emperador, renegó del cristianismo y llevó a cabo una política anti-cristiana. Esto hizo que los historiadores posteriores (cristianos en su inmensa mayoría) no hayan guardado muy buenas palabras para Juliano. En realidad, tampoco debía ser un gran Emperador. Se consideraba una reencarnación de Alejandro Magno y, como Alejandro, se fue a conquistar Persia. En esta campaña murió Juliano; corría junio del año 363.

Por parte de la moneda, esta siempre me ha llamado la atención. De hecho, cuando fui el año pasado a la Convención de Segovia hice un vídeo de un ejemplar semejante. Para mí representa la manera en la que Roma fue capaz de absorber otras culturas, ya que la representación del reverso es el toro Apis, un dios egipcio.

Otra cuestión a aclarar con respecto a esta moneda es su denominación. Ya comentamos que con la reforma de Constancio II aparecen unos nuevos tipos de monedas que no se sabe cómo se denominaban en la época, por lo que distintos autores difieren a la hora de denominarlas. Juliano II extendió los módulos introducidos por Constancio II con un módulo más grande, de unos 8.5 gramos, que es el módulo de la moneda que ilustra la entrada. Algunos autores los denominan «maiorina» (como hace Silicua Subastas); otros lo denominan «doble maiorina»; y otros lo llaman directamente «AE1». Así que os podéis encontrar esas tres denominaciones para esta moneda.

Precio de una Maiorina de Juliano II el Apóstata

Estamos ante un ejemplar razonablemente común. No es una pieza rara pero sí que es muy representativa de uno de los emperadores más curiosos del siglo IV. Basta con hacer una simple búsqueda para ver este ejemplar rematado en 90 euros, éste en 95 euros y este otro en 95 euros. Queda claro, por tanto, lo que sería un precio razonable para la pieza.

La cuarta subasta de Silicua Subastas

Silicua ha organizado su cuarta subasta para el día 15 de abril. Hemos llegado a un punto donde nos parece hasta normal que una casa de subastas organice cuatro subastas en sus primeros seis meses de actividad, pero esto hace pocos años era algo totalmente inimaginable. Hay que valorar el trabajo que hay detrás de un catálogo así.

La subasta la componen 911 lotes que dan un repaso a la historia de la numismática española. Hay muchas monedas muy asequibles por todos los bolsillos, así que invitaría a los coleccionistas medios a que echasen un vistazo porque probablemente tengan donde elegir; los precios de salida son muy buenos por lo general. Las monedas más potentes se encuentran de mediados del siglo XVIII para adelante. Como ejemplos se podría citar el durillo sevillano de 1747, la onza mexicana de 1773, unos 20 reales de José I, los 50 céntimos de 1869, el duro de Amadeo y el de Alfonso XII. Además de éstas, me han resultado muy interesantes dos monedas sevillanas: 1 real y 2 reales tipo María.

En Imperio Numismático también están comentando esta subasta.

Descripción ofrecida por Silicua Subastas

361-363 dC. Juliano I. Cyzico. Maiorina. RIC VIII Cyzicus 126. Ae. 9,19 g. D N FL CL IVLI – ANVS P F AVG Busto de Juliano con diadema de perlas, drapeado y acorazado a la derecha /SECVRITAS REI PVB Buey estante a la derecha, sobre él dos astros; en exergo CYZICB. Atractiva. MBC+ / EBC-. Est.120.

Fuente

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5 Comentarios

  1. Óscar 2 meses hace

    hola Adolfo;

    Estupenda entrada, como siempre. Una reflexión propia:

    Siempre me ha atraído la moneda romana, pero no sé por qué, «nunca me he decidido a comprarla»… Cierto es, que he conseguido alguna pieza cuya singularidad hace que encaje en mi colección y que sea incluso necesaria para la misma, pero no me ha dado por dedicarme a coleccionar este tipo de monedas como lo hago con los cobres, por ejemplo, del periodo de los Austrias. Es más, a veces hasta me da «miedo» leer alguna entrada tuya en relación a moneda romana;););) porque no quiero que se despierte en mi, la misma pasión que tengo, cuando se trata de otra serie de monedas que yo colecciono.

    Veo que la numismática romana, contempla tantas variantes y modelos… y a su vez, que se puede realizar desde tantos motivos diferentes, que pienso, que restaría mucha dedicación a otro tipo de piezas que encajan en mi forma de coleccionismo… sería abarcar demasiado y no poder centrarme y especializarme en lo que ahora, digamos, intento profundizar.

    Curiosamente, de pequeño yo coleccionaba sellos. Me acuerdo, que ya a la edad de 10 años, iba por la casa de mis vecinos, en el pueblo de los abuelos, preguntado si tenían sobres con sellos que me pudieran dar… recuerdo esos tiempos con una calidez irrecuperable, que sólo podré volver a tener, cuando «aleccione» a mi hija, en el mismo proceder y la vea disfrutar por ello… aunque si antes había 10 cartas por habitante, ahora seguramente no exista ni una, debido a como han cambiado las comunicaciones sociales en el devenir del tiempo… por ese periodo, las únicas monedas que compré con mi propia propina, fueron tres pequeñas piezas romanas en la tienda de mi ciudad… factor, que no se ha vuelto a dar, hasta hace unos años y de manera muy puntual, porque como digo, el grueso de mi colección se basa en moneda de cobre, y más concretamente en circulante de los Austrias.

    Sólo una pregunta; ¿Coleccionas tu moneda romana, Adolfo?

    Y disculpa si me salgo un poco del contenido de la entrada, pero gracias a tu trabajo, podemos luchar también sobre rutinas o momentos tediosos que el coronavirus nos está provocando.

  2. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 2 meses hace

    Hola Óscar.

    Me alegro de que este blog te sirva de refugio ante la locura que estamos viviendo. No eres el primero que me lo comenta. También estoy redoblando esfuerzos para ofrecer más y mejor contenido. Prácticamente tenéis una nueva entrada o un nuevo vídeo cada día (mañana toca novedad en el canal de Youtube). Estoy pensando también en escribir una reflexión de cómo la numismática nos puede ayudar en estos momentos.

    Los temas que me comentas darían cada uno para una entrada en sí misma. Pero te adelanto titulares:

    * Yo no colecciono moneda romana. Tengo algunas en casa que he comprado, pero todas ellas baratas (no he pagado más de 150 euros por ninguna de ellas). De hecho, las monedas que compro son muy dispersas; cada vez más dispersas. La razón proviene de una reflexión que hice hace un par de años sobre el rol que quiero jugar en la numismática. Yo no voy a ser un gran coleccionista ni un erudito en una serie determinada, como es la mayoría. Yo quiero ser (y soy) un divulgador; un periodista especializado en numismática. Yo nunca voy a ser el que más sepa de la ceca de Antioquía en la época tardo-romana, pero sí sabré lo suficiente como para poder escribir un pequeño artículo al respecto o comentar una silicua siria de Valente. De esta forma puedo llegar a un público amplio dentro de la numismática, que es lo que espero de este blog. Por eso tengo que «tocar monedas muy variadas» y enfrentarme a adquirir piezas de distintas épocas para poder comentar mi experiencia. También tengo que motivar a que los verdaderos expertos aporten sus conocimientos aquí.
    En otras palabras: nunca sabré tanto de cobres de los Austrias como tú, pero puedo hablar de más temas y motivarte a que sigas escribiendo aquí y enriquezcas este blog también con tu experiencia.

    * En las últimas entradas estoy hablando bastante de monedas romanas simplemente porque es un mundo muy amplio e interesante y ha aparecido menos en el blog que otro tipo de monedas. No eres el único que las tiene «respeto».
    Yo creo que las monedas del siglo III son estupendas para empezar. Los siglos IV y V también son asequibles para los bolsillos medios, pero son monedas más difíciles de estudiar porque la realidad social, política y económica del Imperio Romano entonces era de un caos total. No son monedas muy falsificadas. Uno puede comprar un follis, un antoniniano, una silicua, una maiorina… sin demasiados problemas. Otra cosa es que el análisis de esta pieza tenga una complejidad enorme para el que se meta en profundidad. No tenéis más que preguntar a un comerciante especializado sobre detalles de las cecas orientales en los siglos IV y V, a ver cuántas preguntas os sabe responder. No les juzguéis: es un tema realmente difícil.

    * Otro asunto muy interesante es ese «subidón» a la hora de comprar una moneda. A mí me pasa cuando salgo totalmente de mi zona de confort. Vamos, que cuando compro una moneda o un billete que me gusta de una serie que nunca antes he tenido. Lo bueno es que me da ese subidón con las monedas más sencillas que os podáis imaginar. Os dejo dos ejemplos de monedas con las que estaba como un niño con zapatos nuevos:

    https://youtu.be/MYW11atMWQc
    https://youtu.be/v3VQv-p4kT0

    Os puedo asegurar que estoy más contento con esas monedas que con una onza en SC aunque su precio sea 100 veces superior. Y no lo digo por decirlo. He tenido en la mano monedas de 8 escudos que valen 300.000 euros (obviamente no eran mías) y a mí se me iban los ojos en un dinerito románico.

    Una de las cosas más maravillosas de la numismática es justamente la capacidad de hacernos disfrutar como niños durante toda nuestra vida. Esa capacidad es absolutamente independiente de nuestra capacidad económica. Es una maravilla nuestra afición.

    Saludos,
    Adolfo

  3. Óscar 2 meses hace

    Ciertamente te entiendo lo que dices y en parte lo comparto… cuando miramos nuestras monedas, por lo menos en lo caso, uno se sacia rápidamente, como cuando tienes sed y bebés un vaso de agua. Puedes contemplarla unos minutos y estudiarla, pero después de ese ratito, se hace necesario coger otra pieza para observarla… por eso, creo que como dijiste buenamente en una entrada, uno se va diversificando en este mundo y empieza a ver a veces más importante el propio conocimiento que el detentar una serie de piezas… y ésto, claramente está también en relación con el incremento de compra en catálogo y estudios de numismática…
    saludos

  4. oscar 2 meses hace

    Disculpad las faltas de ortografía… lo mandé sin revisar …

  5. Alberto 2 meses hace

    Bueno, yo sí que colecciono moneda romana, y pese a que tengo moneda romana de todas las épocas me he centrado en la época del bajo Imperio por un motivo fundamental: dispongo de «bajo presupuesto» para mi afición…
    Risas aparte, esta es una época fascinante, con una serie de historias que no desmerecen de la serie «Juego de Tronos» y encima a unos precios muy asequibles.
    El problema con los nombres de las distintas monedas nos viene dado por la casi absoluta carencia de fuentes escritas de esa época en concreto que traten el tema. Esto no significa que no se escribiese, pero desde luego en la edad media en un convento sería un tema mucho más popular elaborar una copia de «vida y milagros de Santa Putasia» (os aseguro que esta santa está en el santoral católico) que una copia de «Las acuñaciones monetarias de la casa de nuestro señor, el buen Augusto Constantino y sus herederos»…
    Por otro lado durante el Imperio se perdió la costumbre republicana de poner marcas de valor en todas las monedas (Un punto para la uncia, dos para el sextante, tres para el cuadrante, cuatro para el triente, «S» para el semis, «I» para el As, V para el quinario, X para el denario)…
    Cada autor importante tiene sus propias teorías aunque algunas tienen más verosimilitud que otras.
    Yo creo que tras la debacle del antoniniano, que pasó de tener una buena cantidad de plata a ser casi puro cobre, el sistema de Augusto simplemente estaba muerto. Los primeros emperadores que comenzaron a enfrentarse al problema (Aureliano y Probo) empezaron aumentando el tamaño y la calidad técnica de sus nuevos antoninianos, Aureliano casi seguro que devaluó la enorme cantidad de antoninianos de Galieno, Tétrico y compañía (que eran de un tamaño mucho menor que los radiados que él acuñó) para que pasasen de valer 2 «denarios comunes» a tan sólo uno.
    La «prueba» es que con Aureliano se acuña el último denario (ya en cobre) y este resulta ser de igual tamaño y peso que la enorme cantidad de antoninianos de la última época de Galieno y los emperadores galos; además estos «denarios comunes» de Aureliano se han encontrado en tesorillos junto a masas de estos antoninianos.
    Cuando Diocleciano prosigue con la reforma de la moneda, en su tabla de precios alude en todo momento a los «denarios comunes», aunque no los llega a acuñar (cosa lógica pues se seguían usando como tales los antoninianos de Galieno).
    De hecho hay discrepancias en las valoraciones de las distintas monedas de la tetrarquía, pero cuando ya perdemos la pista por completo es cuando comienzan las distintas guerras de Constantino y sus herederos pues por fuentes escritas sabemos que una determinada moneda había sido alterado su valoración en «denarios comunes» pero ni siquiera está claro a que moneda se refiere…
    En definitiva, los romanos de la época debían tener muy claro que la moneda con el soldado haciéndose un pinchito moruno con un bárbaro a caballo valía «x» denarios comunes, pero después el emperador con un edicto (que se ha perdido) alteraba ese valor…
    Más tarde ordenaba recoger toda esa moneda para extraer la poca plata que llevaba y emitía otra moneda igual pero ya de cobre y más pequeña…
    Unos años más tarde otro emperador volvía a alterar el valor nominal de esas monedas para que circulasen como cambio menudo mientras que sacaba un nuevo tipo que circulaba con otro valor…
    En definitiva un caos absoluto que hoy día simplemente no somos capaces de desentrañar…

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