Cuando la mujer de Enrique intentó vender su colección

Enrique llevaba toda la vida coleccionando monedas. Su pasión eran los 8 reales macuquinos, que los había coleccionado desde la juventud. En esta temporada los precios de esos duros han subido tanto que ya no se podía permitir comprar con tanta frecuencia como antes; especialmente ahora que su negocio no le iba tan bien. Llevaba unos años explorando módulos más pequeños y últimamente solo se permitía hacer una compra de Pascuas a Ramos, pero seguía estando muy orgulloso de su colección: una bonita y representativa colección de platas macuquinas que le llevó décadas reunir. 

8 reales macquinas
8 reales macuquinas, imagen representativa

Enrique siempre decía que esa colección la pudo reunir gracias a sus amigos. Se llevaba bien con todos: recorría asociaciones, conocía a coleccionistas, compraba a diversos comerciantes… todos sabían que él buscaba macuquinas y, aunque siempre era cauteloso a la hora de gastar, solían acordarse de él cuando les entraba algún ejemplar. Sin esas ayudas hubiera sido imposible para él adquirir nuevos ejemplares y montar su colección; por eso cuidaba mucho a sus contactos y buscaba llevarse bien con todos. Incluso ahora que no podía dedicar apenas dinero a su colección.

Con quien no pudo llevarse bien fue con su mujer. Las cosas empezaron a empeorar en casa a la vez que en el negocio. Entraron en una espiral de reproches y enfados que no parecía tener final. Su mujer estaba irreconocible, con comportamientos impulsivos que no había visto hasta entonces. Fatal.

Fue en uno de esos arrebatos de cólera cuando su mujer, sin decir nada, agarró la colección de Enrique. Aunque Enrique nunca le hablaba de ella en términos económicos, ella daba por supuesto que valía un dinero considerable. Un dinero que podría venir muy bien a la familia. ¡Si Enrique no quería venderla, sería ella misma quien la vendiese! Y si Enrique se queja, que se queje. Al fin y al cabo, los enfados se sucedían irremediablemente.

La mujer fue a una numismática cercana con la colección. Ella nunca había pisado una tienda de monedas pero esa le sonaba de haberla oído citar a Enrique en varias ocasiones. Al llegar les mostró la colección, les dijo que era suya y que quería venderla. El comerciante en un primer momento se sorprendió de que una mujer desconocida apareciese con una bonita colección de platas macuquinas. Pero no dijo nada y procedió a inspeccionar la colección sin dar pistas sobre qué monedas podrían ser interesantes, no vaya a ser que la colección hubiese sido robada.

El comerciante no tardó mucho en darse cuenta de que la colección era de Enrique porque había varias piezas que se las había vendido él mismo. Pensó que quizá la señora fuese la asistenta en casa de Enrique y le hubiera robado la colección (un robo típico, por desgracia). Siguió con su cara de póquer y, simplemente, dijo a la mujer que esas monedas no tenían valor ya que eran en su mayor parte falsas. Que simplemente las guardase como un recuerdo familiar porque no valían gran cosa.

En cuanto la mujer salió de la tienda el comerciante llamó a Enrique para contarle lo sucedido. Al describirla quedó claro que era su mujer.

 

Enrique fue a casa inmediatamente y allí vio a su señora en el salón, viendo la televisión como si nada hubiera pasado. Entró a su cuarto y se encontró con su colección en su sitio. Abrió los álbumes y vio que no faltaba ninguna pieza. Respiró aliviado.

Su mujer no dijo nada al respecto.

Enrique tampoco. Simplemente decidió pedir el divorcio y dar las gracias de nuevo al comerciante.

22 comentarios en “Cuando la mujer de Enrique intentó vender su colección”

  1. El sufrido Enrique hizo todo muy bien.
    El honesto comerciante de numismática hizo muy bien.
    La mujer de Enrique hizo muy mal. Y yo me alegro que ya sea ex mujer.
    Espero que a Enrique le vaya genial.

  2. Pues salió bien la jugada pero podría haber ocurrido que fuera a vender las piezas después a otro comerciante y las malvendiera, pensando que valían poco.

    Lo mejor es tener la colección bien guardada o tener 2 colecciones: una de cebo para los ladrones y otra -la de verdad- a buen recaudo.

  3. Ufff… Adolfo, eres valiente. Planteas problemáticas que bien pueden pasar a cualquiera, te atreves con la psicología y reacciones de la gente, que a menudo pueden parecer no políticamente correctas. La gente puede confundirse con todo ello, a veces incluso enfadarse, al no darse cuenta que detrás de todo hay un ingeniero, donde solo trata de aplicar la aplastante y pura lógica de todo, incluso donde no hay lógica posible sino emoción.
    Es solo una opinión, totalmente rebatible.
    Un abrazo!

  4. A mí me ha pasado algo similar con mi ex novia, ella tenía un comportamiento bastante tóxico, y algunas veces incluso llegaba a esconder mi colección o alguna de mis monedas, solo para manipularme un rato. O decía que vendería mi colección para comprarse cosas bonitas o que las haría joyas.

    Un día simplemente ya no soporte sus burlas hacia mi afición y simplemente la corte, y ahora mi colección está guardada en un lugar más seguro y sigue creciendo.

    Posdata: está es la primera ves que dejó un comentario en tu blog, jeje.

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      ¡Vaya!

      Ya veo que a Enrique no es al único al que le ha pasado algo así. Pero cuento contigo como comentarista a partir de ahora :-)

      Un abrazo,
      Adolfo

  5. Esta historia sería graciosa sino fuera cierta. No soy abogado pero me pregunto si la mujer, casada legalmente con el coleccionista, tiene derecho a parte de las piezas adquiridas durante el matrimonio (¿Sociedad de gananciales?) Aún así tuviese derecho a la mitad de la colección, esas no son las formas, incluso me parece un delito el tratar de vender esas monedas son informar al propietario, por más que sea la mujer. A ver si algún letrado nos ilumina un poco. Otra cosa, la actitud del comerciante fue de diez, a la altura de las circunstancias, bien por él al avisar al propietario apenas pudo. Para terminar, felizmente Enrique se divorció de esa mujer, cero confianza con quién negocia cosas tuyas a tus espaldas, si fue capaz de eso, de qué no sería capaz? Miedo me da. Saludos

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Según tengo entendido, no se entiende como usurpación el vender cosas que estén en tu casa. Vamos, que si tienes 500 euros en una cartera no puedes denunciar a tu mujer o a tus hijos si los agarran y se los gastan. Pero la verdad es que no sé si ocurriría lo mismo con una colección de monedas.

  6. Bueno soy de los que piensa que a la mujer hay que contarle todo y tener bien descrito pues también puede pasar que mueras de repente y se malvenda una colección por no conocer lo que se tiene

  7. Lo primero, siempre, es no enfadar a tu mujer.

    Un letrado nos dirá mejor, pero supongo que vender una propiedad que no es nuestra es un delito.

    Suponiendo que la colección fuera un bien ganancial le corresponde la mitad (del valor, no del número) a cada uno, o la redención a metálico de una de las partes para quedarse con la totalidad.

    Si ella, desconocedora, la mal vende, creo que el marido le puede reclamar, al menos, la diferencia de precio de su mitad, por la pérdida de oportunidad ya que él habría obtenido un retorno más elevado al saber lo que vendía.

    Además una indemnización por daños morales, si la vende en su totalidad y con ánimo de dañar a Enrique.

    Los cuestiones legales podría ser tema de otra entrada…

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Tampoco sé si tiene sentido en profundizar en los temas legales asociados a esta entrada. Además de aburridos serían poco útiles porque nadie iba a denunciar a su pareja por algo así.

      Simplemente se pierde la confianza y, como consecuencia, se rompe la pareja.

  8. Si esto pasó es un punto final en la relacion.
    Si se va a vender algo es por mutuo acuerdo o dictamen de abogados pero tomar algo sin consultar, algo muy cercano, muy personal de tu (ex) pareja es un no retorno.
    Es como pelearse y que el marido le saque las joyas o ropa de la mujer y vaya a venderlas. De eso no se vuelve.

  9. Yo haría la pregunta de ¿que pasará con las colecciones formadas por muchos años cuando uno muera sin que nadie del entorno les hubiera interesado lo más mínimo a lo largo de la vida?

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Pues que la vendan los herederos. ¿Qué problema hay?

      ¡Es más fácil vender una colección de monedas que un piso o unas tierras en el pueblo!

  10. Estuvo entretenida. Además es una historia más común de lo que creemos y que no sólo ocurre con las monedas sino con todas las cosas de la vida. El dinero es muy goloso y lamentablemente las personas mayormente no se dan cuenta que hay cosas que valen más que él dinero. La confianza, una vieja colección de monedas, el cariño, etc…Te puede ocurrir con tu pareja pero también con tu hermano, tu madre, etc y en estos casos no hay divorcio. 😉

  11. Cuanto hemos cambiado! “Alabado sea el Señor, sea por siempre alabado”.

    No hace todavía 100 años mi abuelo vendió las tierras de mi abuela ( las vendió porque pudo, porque la ley se lo permitía….) su señora esposa, mi abuela que no era precisamente “ un agua mansa” se enteró casi un año después, no quiero imaginarme el disgusto, la desazón, la rabia, y la impotencia.

    La propiedad privada es una buena cosa, hablar, discutir y decidir las cosas con tu pareja es una buena cosa, la libertad es una buena cosa. La igualdad es MS 67.

  12. La buena comunicación siempre es un punto de partida indispensable en las relaciones para evitar malos entendidos. De acuerdo con Luis Felipe, cada persona considera que tiene mayor importancia y hay cosas que valen mucho más que el dinero. 🤔 si Enrique y su mujer no hubieran dejado que las discusiones hubieran llegado hasta allá, seria otra la historia

  13. Confirmado : en este país hay muchísima gente que no tiene ni idea de biología marina, de física cuántica o de Numismática, pero de Derecho… todo el mundo sabe una barbaridad.
    El tema es interesante y más frecuente de lo que parece . Como le han apuntado más arriba, valdría la pena que algún amigo suyo abogado le redactara una entrada para este blog.

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