La moneda SUD de Morelos: análisis de rareza relativa

En el Blog Numismático hemos tratado las monedas de Morelos en varias ocasiones. Publiqué una nota corta a la que siguió un artículo más extenso y un vídeo. Son monedas muy queridas tanto en México como en España y producto de un evento histórico de suma importancia para los hispanos. Además, son monedas que despiertan muchísimos interrogantes porque apenas hay documentación sobre su producción, su factura es muy rudimentaria y se han falsificado desde el principio (más).

Por todo ello, las monedas de Morelos siempre despertarán el interés del coleccionista y siempre dejarán interrogantes por cerrar. Un estudio profundo de las mismas es interesante a la vez que necesario.

En este caso os reproduzco un trabajo de un lector mexicano del Blog: Arturo Morales Macías.

Arturo se puso en contacto conmigo por el trabajo que había realizado sobre las monedas de Morelos. Quedé tan sorprendido del mismo que pedí a Arturo que me permitiera publicarlo y él gentilmente accedió. Es una excelente recopilación de información y una muy buena síntesis sobre la rareza de los distintos módulos y fechas de las monedas de Morelos. Sin duda que será una información muy útil para todos los coleccionistas que quieran adquirir algún ejemplar y un apoyo extraordinario para quienes quieran aspiren a hacerse con toda la serie.

Aquí os podéis descargar el artículo en pdf.

LA MONEDA SUD DEL GENERAL JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN. UN ANÁLISIS DE RAREZA RELATIVA

A manera de introducción

La moneda del General Insurgente José María Morelos y Pavón se enmarca en el contexto de la Guerra de Independencia de México, y fue acuñada entre los años 1811 y 1814, en diferentes plazas y con diferentes metales, principalmente el cobre, tratándose de una moneda de guerra que buscaba cubrir una necesidad, a saber y de manera primordial, la sequía de circulante que el contexto bélico había generado, además de las necesidades del Ejército Insurgente, siendo estos los salarios de las tropas, sustento y pertrechos de guerra.
La moneda del General Insurgente José María Morelos y Pavón es considerada como la primera verdaderamente Mexicana, así llamada por Franco (1968) en su artículo “La Moneda del General Don José María Morelos y Pavón”; lo anterior reforzado por José Manuel Sobrino (1989), al compararla con otras emisiones insurgentes “En cambio, en la moneda de Morelos, de ideología francamente independiente, se excluye por completo toda alusión al dominio español”; además, es la primera moneda fiduciaria (Sobrino, 1989) puesto que “el valor intrínseco era inferior al legal fijado por el emisor”.
Es así que el día 13 de Julio de 1811, y encontrándose en la recién erigida Provincia de Tecpan, el General José María Morelos y Pavón decreta la acuñación de moneda, (Vazquez C. Daniela).

1811, 13 de julio.

Medidas de Morelos sobre acuñación de moneda nacional

José María Morelos, General para la conquista del Sur, de acuerdo con Sus Señorías, señores del Congreso Nacional Americano, D. Miguel Hidalgo y D. Ignacio Allende, etcétera.

Siendo de mi obligación providenciar para que en cuanto sea posible, nada falte a lo muy preciso para el fomento de nuestras armas; y faltándonos la moneda corriente de plata y oro para el socorro de las tropas, he resuelto, por decreto de este día, que en la ciudad de Nuestra Señora de Guadalupe, de la Provincia de Teipan [sic], se selle moneda de cobre para el uso del comercio, en calidad de libranza, que satisfará nuestra Caja Nacional concluida la conquista, o antes, luego que tenga reales suficientes en plata o en oro, lo que no es difícil, porque los minerales comenzarán ya a trabajarse; y la moneda que hay sellada y por sellar no consentiremos que salga de este reino para otro.

Y para que dicha moneda de cobre tenga el mismo valor que las de plata y oro y las deba pagar nuestra Caja Nacional, deberán tener, la de esta parte del Sur, las condiciones siguientes: su tamaño, poco más que las corrientes de plata del cuño mexicano, con gruesor [sic] correspondiente; el sello, por un lado será una flecha con un letrero al pie que señala el viento donde corresponde, que es del Sur; y por el otro lado tendrá una marca que en una pieza forma M. O. y S., que el abreviado quiere decir Morelos, de esta forma M, y encima de ella el valor de la moneda, si fuere peso, tostón, peseta, real o medio.

Y para que el Erario Nacional no resulte gravado en cantidades que no se han sellado, se llevará un libro peculiar de cuentas individuales de las partidas que se sellaren en las tesorerías que convenga proporcionar; y, a consecuencia, ninguno sin mi permiso o el [del] Congreso Nacional, podrá sellar igual o diferente moneda, so pena del duplo en plata y oro de la cantidad que sellare; y en no teniendo bienes de que pagar la multa, sufrirá una continuada prisión hasta que se recoja la expresada moneda de cobre.

Y por cuanto esta moneda es una libranza segura de letra vista, que ha de pagar nuestra Caja Nacional en el acto que se presente el que la llevare, debe tener, por lo mismo, el propio valor y estimación como si fuera de plata o de oro, y servir para todos los tratos y contratos de compras, ventas, vales y libranzas, cobros y pagos, etcétera, en todo este reino, como ha servido y sirve la del cuño mexicano.
Y para que tenga efecto, se comenzará a sellar dicha moneda en la Tesorería de la expresada Capital, y seguirá en las demás en que hubiere necesidad, de las que se dará aviso al público. Y para que no se equivoque los cuartos o clacos de las tiendas, mando a los dueños de ellas los recojan todos los que fueren de cobre, dando su justo valor en reales de plata a los que los entreguen; y sólo seguirán por ahora en comercio de tiendas los clacos de madera, como ha sido costumbre en muchos lugares de este reino, para la comodidad de los pobres. Y en obvio de que los tenderos que usaren clacos de madera no padezcan fraudes, deberán obtener licencia de esta superioridad para la cantidad de clacos que quisieren sellar, ya que se les concederá a poca costa de una corta contribución que harán para el socorro de las tropas, a proporción de la cantidad que pretendan sellar.

Y para que llegue a noticia de todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando esta providencia en este Cantón y en los demás lugares de la Provincia de Teipan [sic] y siguientes del Sur.
Dado en el Cuartel General de Tixtla, a los 13 días del mes de julio de 1811.

José María Morelos, General del Sud.

Por mandado de S.E. Félix Ortiz, Secretario.
[Rúbricas]

El decreto de moneda de Morelos representa la consolidación de una herencia numismática que se fortalece con la Independencia de México, y que ha quedado para su estudio y análisis. A este respecto el estudio de Franco C. José Luis, publicado en el Boletín 73 de la Sociedad Numismática de México (SONUMEX) “Variaciones del Arco y la Flecha en la Moneda del Gral. Morelos 1811-1814” en el año de 1971, así como el referente a “La Ornamentación en las monedas de 8R del Gral. Morelos” (Franco 1972), junto con el minucioso estudio de Ignacio Contreras Barrios (1993) “Morelos Numismática” representan desde mi punto de vista, el abordaje cuanti-cualitativo más significativo para el estudio Numismático de la Moneda SUD acuñada por el General Insurgente José María Morelos y Pavón. No quiero dejar de señalar la gran cantidad de acervo bibliográfico y estudios numismáticos e históricos que existen al respecto del Generalísimo Morelos y de la moneda SUD, con autores como Lyman Haynes Low y Nicolas León y Alberto Francisco Padreau, entre otros. Baste con aseverar que las señaladas son lecturas obligadas para el estudioso de las piezas en cuestión.

En el estudio de “Variaciones del Arco y la Flecha en la Moneda del Gral. Morelos 1811-1814” (Franco 1971) se analizaron 2943 piezas SUD de diferentes denominaciones, plasmando tales cifras en el cuadro de distribución de dicho estudio, y del cual parte el trabajo de análisis que a continuación les presento.

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En palabras del mismo Franco C. José Luis al referirse a su estudio, y cito “es un buen indicio de las cantidades relativas de acuñación de cada clase, sobre la cual no existe ninguna información documental”. Dicha distribución de las piezas SUD del estudio de Franco, engloba las piezas por elementos comunes, siendo éstos la denominación y la fecha, ocupándose de la Ornamentación en el estudio posterior ya señalado.

Con la finalidad de contribuir al estudio de la moneda SUD Morelos, y con una adaptación de la Escala de Sheldon (Restrepo 2014) para rareza relativa en Numismática, es que presento y pongo a sus órdenes el presente trabajo de análisis numismático para el estudioso o coleccionista de esta importante acuñación de la época de la Guerra de Independencia de México.

En este trabajo se presenta la rareza relativa en tres grupos, a saber: denominación, fecha y denominación-fecha; por tanto, se consideraron los porcentajes en relación al conjunto que se trata, con la clasificación dentro del subconjunto. Es decir, se tiene una referencia general de la rareza de las piezas SUD al considerar la denominación-fecha, ya que considera el total de las piezas de estudio, mientras que se puede hacer una clasificación dentro de los subconjuntos considerando solamente la denominación o la fecha de las piezas, siendo posible considerar la rareza relativa de los ½ reales en su conjunto (de diferente fecha), o por otra parte clasificar las piezas SUD de una misma fecha (de diferente denominación).

Por ejemplo, tenemos que la pieza más rara por denominación sería el 1/2 Real, y la más común la de 8 Reales campo ornamentado; y por fecha, la pieza de 1811 sería la de mayor rareza, y la de 1813 la más común. Cuando combinamos denominación y fecha, tenemos que la pieza de 8 reales de 1811 se clasificaría como única o extremadamente rara; para una pieza 8 Reales 1814 estaría como Muy Escasa.
Al respecto de la Escala de Sheldon, ésta se adaptó al presente análisis para englobar el total de piezas SUD estudiadas, quedando una clasificación de R1 común, y hasta la R8 Único o casi, considerando el número de ejemplares en cada caso.

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Orden de rareza relativa por denominación en monedas SUD

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Según los resultados obtenidos en el estudio de Franco C. José Luis (1971) la denominación más rara resulta ser la denominación de 1/2 Real, y la más común la denominación de 8 Reales emparrado u ornamentado.

El orden de rareza coincide con la menor denominación, y así en orden ascendente hasta los 8 Reales emparrado u ornamentado clasificado como Común, solo con la salvedad de que a la denominación de 2 Reales le antecede la denominación de 8 Reales Lisos. La denominación de 1 Real se clasificaría como Muy Escaso, los 8 Reales Lisos como Escaso, y los 2 Reales como No tan Común.

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Este orden de rareza, pudo estar ligado a la necesidad de satisfacción primordial del pago de las tropas imperativo por el cual se mandaría acuñar en mayor cantidad la denominación de 8 Reales. Siendo así que se libraría la satisfacción de dicha demanda con un menor número de piezas acuñadas, y salvando la gran dificultad que dicha acuñación representaba.

Habrá que considerar acaso que las piezas de menor denominación, 1/2 y 1 Reales, pudieran haber sido acuñadas en menor cantidad por las razones antes citadas, y teniendo como objetivo más elemental, el de satisfacer las transacciones comerciales más comunes, aunque de menor importancia para el contexto bélico imperante.

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Una de las dificultades principales que enfrentó la moneda SUD fue el rechazo de la población hacia la moneda de cobre. Al respecto se tiene el antecedente que en el año de 1536 la Casa de la Moneda de México acuñó moneda fraccionaria de cobre, denominado vellón, para satisfacer las necesidades de moneda de menor denominación para las transacciones comerciales de las clases trabajadoras, en palabras de Franco (1968) “el comercio tuvo que aceptarla, ya que de otro modo no habían podido operar”. Y Diaz (2010) agrega “Pero los habitantes de la Ciudad de México las arrojaban a la laguna de Texcoco porque consideraban que el cobre era un metal vil y despreciable y no tenía valor”.

Es importante señalar que de no existir la necesidad de satisfacer las transacciones comerciales de los territorios controlados por Morelos, la acuñación de moneda SUD de baja denominación no hubiera sido tan necesaria, ya que la denominación acuñada de 1/2 y 1 Real en cobre, equiparaba su valor en plata, lo que resultaba estar muy por encima de lo requerido para las transacciones comerciales cotidianas.

Dicha equivalencia, además del rechazo velado de la población hacia la nueva moneda de cobre, favorecería la poca demanda de acuñación de estas denominaciones SUD de 1/2 y 1 Real, incluso de 2 Reales. Según Díaz (2010) “las monedas que circulaban en la Nueva España, incluso la de 1/4 de Real (que era la menor denominación de la casa de la moneda) resultaba demasiado valiosa para pagar los sueldos de los trabajadores (especialmente los de los jornaleros que trabajaban en haciendas en el campo) y para cubrir las transacciones cotidianas de las clases trabajadoras”. Habrá que recordar, para la acuñación de moneda de menor denominación, que Morelos mandó retirar de los comercios y tiendas de raya los llamados tlacos, cuartillas y pilones que fueran de cobre, introduciendo la moneda SUD para todas las transacciones comerciales, y buscando con esto, la aceptación del nuevo circulante.

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Al respecto se señala en Olvera (2015) “y para que no se equivoquen con los cuartos o tlacos de las tiendas, mando a los dueños de ellas los recojan todos los que fueran de cobre, dando sus justo valor en reales de plata a los que las entreguen” y en otro bando señala “el comerciante y cualquier otro individuo sea de la clase y condición que fuese, sin excepción alguna, que rehúse admitir la moneda de cobre, será tratado como enemigo de la Patria”.

Al respecto de la ornamentación de la moneda SUD como elemento variable, tenemos que Franco (1971) en “Variaciones del Arco y la Flecha” en las denominaciones de 1/2 Real SUD se documentaron 7 variaciones, y en la denominación de 1 Real SUD se documentó 16 variaciones. En contraste, en la denominación de 2 Reales SUD se documentó en dicho estudio hasta 63 variaciones del arco y la flecha, siendo esta denominación clasificada como “no tan común”. En la denominación de 8 Reales SUD se documentó 15 variaciones.

La gran variabilidad del arco y la flecha en las denominaciones de 2 Reales SUD puede deberse a la diversidad de lugares donde se pudieron acuñar dichas piezas, abriendo la posibilidad de ornamentar el arco y la flecha a voluntad del responsable de la acuñación, dando un “toque” personal a la pieza.

A este respecto, el análisis cualitativo de su ornamentación nos da la posibilidad de subclasificar cada pieza y valorar su rareza relativa dentro del subconjunto considerando además de las denominación-fecha, la ornamentación y el material en que fue acuñado. Este es el caso de monedas SUD que por ser acuñadas en plata y/o poseer ornamentación especial se estiman como únicas o de extrema rareza.

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Aunado a lo anterior habrá que tener en cuenta, como lo señala puntualmente Ignacio Contreras Barrios (1993) “el fenómeno que existe es con respecto al cospel, hasta la fecha no se han encontrado dos monedas con el mismo módulo, o sea con igual peso, espesor y circunferencia”, y agrega además respecto al troquelado “En todo lo referente a cómo fue la fundición o troquelación de este monetario es una hipótesis, porque no se conocen los moldes o cuños que fueron utilizados en la fabricación”, lo que nos puede hacer suponer diversidad de situaciones en el troquelado y con respecto al cospel, generando rotaciones entre anverso y reverso, cospel de diferentes tamaños, grosor y materiales, entre otros, lo que nos llevaría a diversificar y puntualizar cada vez más a detalle si así se desea.

Es conveniente recordar, como lo señala Olvera (2015) que el General Morelos no estableció una casa de moneda propiamente dicha para la acuñación de la moneda SUD, sino que ésta fue de alguna manera itinerante, acorde a los desplazamientos planeados o forzados que el ejército a su mando llevaba a cabo, obedeciendo más a necesidades apremiantes a cubrir, siendo ésta acuñación más del tipo “artesanal”, siendo las plazas donde se acuñó moneda SUD “Tecpan, en la región montañosa de Acapulco (Carabali y Veladero), Tlacotepec, Chilpancingo, Tlatlaya (Estado de México), Cerro de Atijo (Michoacán), Huautla (Morelos), Oaxaca y Tehuacán (Puebla), aunque seguramente hubo otros muchos sitios”. Al respecto, Franco (1968) señala que los ejércitos insurgentes llevaban consigo los materiales necesarios para la acuñación de moneda.

Orden de rareza relativa por fecha en monedas SUD

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Si consideramos la acuñaciones por fecha, y dado que el decreto de acuñación del General Morelos se da el 13 de Julio de 1811, y contando solo con el metal de cobre para tal efecto, y como ya se señaló, siendo la prioridad el pago de las tropas, se entiende que las monedas SUD del año 1811 se clasificaron como extremadamente raras y raras, con diseño de prueba y campos ornamentados.

Los años de 1812 (no tan común) y 1813 (común) fueron acuñadas en un contexto de mayor estabilidad territorial y control militar, por lo que en estas fechas podemos encontrar mayor número de piezas de 8 reales, principalmente del año 1813, y otras denominaciones de 1 y 2 reales del año 1812.

El año de 1813 fue el más prolífico en acuñación de moneda SUD 8 reales, generando incluso moneda de plata, ésta última considerada de extrema rareza. El año de 1814 se caracterizó por un declive en el control territorial y el número de derrotas en lo militar, lo que incidió en la acuñación de moneda SUD, siendo las de esta fecha muy escasa, no conociendo la denominación del año 1815.

Por tanto, los 8 Reales SUD de campos ornamentados tiene su clasificación más rara en el año de 1811, seguido del año 1812 (raro) y 1814 (muy escaso), siendo la pieza de 8 Reales SUD 1813 la más común. La acuñación de piezas de menor denominación, 1/2 y 1 Real, coincide con el control territorial en los años 1812 y 1813, incrementando su relativa presencia en dichos años.

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Orden de rareza relativa, denominación y fecha en monedas SUD

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Es posible suponer que la denominación de 8 Reales de cobre SUD fuera la de mayor aceptación por parte de la población, en gran medida por la promesa implícita del pago de su valor en Reales de Plata al término de la contienda bélica, provocando que fuera “atesorada” y resguardada, favoreciendo el uso de los tlacos y pilones de otros materiales (madera, cuero, hueso, vidrio etc) para las transacciones comerciales cotidianas, incluso en trueque o el intercambio entre particulares.
Es decir, en algún momento el General Morelos y sus colaboradores debieron haber inferido que la mayor rentabilidad en el contexto de Guerra se encontraba en la acuñación de moneda de 8 reales de cobre SUD, y no así en las de 1/2 y 1 Reales, quedando las monedas de 2 Reales SUD en una mediana prioridad. Tal situación pone en perspectiva dos cosas:

  • Primero, que la moneda SUD de 8 Reales tenía un mayor valor extrínseco respaldado por una institución, (la primera moneda fiduciaria), situación que propició la falsificación y el resello de moneda SUD de 8 Reales por todos conocido.
  • Segundo, que las piezas de menor denominación resultan ser las que con mayor frecuencia presentan fecha ilegible o ausente, lo que hace suponer la dificultad de acuñación por el tamaño del cospel, y la poca o relativa importancia respecto a las de mayor denominación, condicionando así su menor acuñación y rareza en función del tiempo.

Es así que la combinación de denominación y fecha nos proporcionan una clasificación general de las piezas de estudio.

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En general, se puede realizar un análisis cuanti-cualitativo de las piezas SUD, como ya se ha citado en el presente trabajo, de tal suerte que el coleccionista o estudioso de éstas piezas pueda dar cuenta de la rareza relativa de una o cada una de sus piezas SUD o del subconjunto dentro de su colección, comparando por denominación, por fecha, o por la combinación de éstas.

A manera de conclusión

La moneda SUD del General Morelos fue acuñada para satisfacer las imperantes necesidades de la contienda militar ejercida en el contexto de la Guerra de Independencia de México, entre los años 1811 y 1814, siendo una acuñación itinerante y con diferentes plazas y maquinarias o herramientas para tal efecto, lo que propició la gran variedad existente en dicha pieza.
Un tema que queda pendiente y que se ha señalado ya en varios trabajos al respecto de la moneda SUD es las cantidades que fueron acuñadas de dicha pieza, ya que no se conoce registro al respecto, lo que nos lleva a suponer o inferir las cantidades respectivas a partir de colecciones o trabajos como los ya señalados y que dieron su base al presente.
Es mi deseo hacer una propuesta al respecto, considerando las cantidades acuñadas de moneda Realista entre los años 1811-1814, lo que después de un breve análisis nos dará una idea aproximada a las cantidades relativas de la moneda SUD acuñada.

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González (SD) en su trabajo “Creación de la primera casa de moneda en la Nueva España: producto acuñado” presenta la relación de las cantidades que de cada metal, oro, plata y cobre se acuñó de manera anual con la Ceca de México entre los años 1690 a 1821, correspondiendo a los años 1811 a 1814 en moneda de plata las siguientes cantidades:
Habrá que señalar al respecto de dichas cantidades, que sufrieron una disminución significativa respecto a años anteriores debido al contexto de Guerra y a la descentralización de la acuñación en 1810 con la apertura de las casas de moneda foráneas.
En los cuatro años señalados (1811-1814) de acuñación Realista solo de moneda de plata, sumó una cantidad de 26.020.516 pesos en plata, lo que significa 6.505.129 promedio por año.
Diaz (2010) refiere que una de las casas provisionales de moneda más productiva fue la de Zacatecas, que durante su funcionamiento (1810-1821) acuñó 17 millones de pesos de plata en piezas de 8, 2 y ½ real.
Es importante señalar que dichas cantidades no eran exclusivas para el circulante en la Nueva España, sino que aproximadamente el 80% de las monedas acuñadas (Olvera, 2015) eran destinadas a Europa, permaneciendo solo el 20% en el territorio virreinal.
Lo anterior, si consideramos los 6.505.129 promedio por año acuñadas en plata, tendríamos que solo 1.301.025 pesos en plata permanecerían para satisfacer la necesidad de circulante, es decir, solo una quinta parte de los producido con Ceca de México. Hasta aquí tenemos que en proporción, una quinta parte de lo producido de manera anual era destinado al circulante virreinal.

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Si retomamos lo que producía anualmente la casa de moneda de Zacatecas, (la más productiva, recordemos) tendríamos que una quinta parte anual serían 309.090 pesos en plata al año, 25.757 pesos en plata al mes y 858 pesos en plata al día.
El dato anterior es importante ya que nos dan idea de dos cosas:

  1. Que una casa de moneda por año, para satisfacer la necesidad de una quinta parte necesaria para el circulante que a ésta le correspondía aportar, requería producir 858 pesos en plata por día, teniendo en cuenta la capacidad instalada de la misma.
  2. Y que 858 pesos en plata por día sería un límite alto para cualquier casa de moneda que existiera en funcionamiento y que deseara cubrir la cuota mínima requerida (una quinta parte) para el circulante virreinal.

González nos señala que en los años 1542 y 1814 se acuñó moneda de cobre. En la segunda acuñación, se realizó “exclusivamente y de forma irregular a lo largo de 1814, 1815 y 1816” teniendo una manufactura por año de 103.555 en 1814, 101.356 en 1815 y 125.281 en 1816 en piezas de cobre de dos cuartos, un cuarto y medio cuarto. Esta acuñación irregular de piezas de cobre en un lapso de tres años (1095 días) representa una cantidad de 330.192 piezas acuñadas en tres años, 110.064 anuales, 9.172 mensuales y 305 piezas acuñadas por día.
Esta cantidad de 305 piezas de cobre acuñadas por día, nos da una idea más cercana a lo requerido para el circulante virreinal, ya que las piezas de plata no eran “prácticas” para satisfacer las transacciones comerciales cotidianas.

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Es así que marcamos un tope alto en 858 piezas acuñadas por día y un tope bajo de 305 piezas acuñadas por día (con tiempos irregulares en su acuñación). Si consideramos entonces que el General Morelos inició la acuñación de moneda el 13 de julio de 1811 (mitad de ese año), y que el año de 1814 se caracterizó por un declive en el control militar, podríamos contemplar los 1095 días (3 años) como días efectivos de acuñación de moneda SUD para el Ejército Insurgente.
Si consideramos la acuñación “itinerante” del General Morelos, y la escasa o “rudimentaria” herramienta de acuñación disponible para la moneda SUD, es posible considerar el límite bajo de acuñación por día que hemos establecido para la moneda SUD, siendo así que aproximadamente tendríamos una cantidad total de moneda de 333.975 piezas SUD acuñadas entre las denominaciones de ½, 1, 2 y 8 reales en cobre principalmente, entre los años 1811 a 1814 en las diferentes plazas ya señaladas donde se acuñó moneda SUD.
Una vez que tenemos el aproximado de acuñación total de moneda SUD, y los porcentajes relativos por denominación, podemos inferir que cantidades se acuñarían en total por denominación, por año, y por denominación-año.
Estimación de cantidades acuñadas por denominación y fecha de las monedas SUD del General José María Morelos y Pavón de 1811 a 1814.

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No me resta más que agradecer a quien haya llegado hasta el final de la lectura de este breve trabajo de análisis. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo, y les sea de utilidad. Espero también que la moneda SUD del General Insurgente José María Morelos y Pavón siga vigente en la vida numismática de nuestro país, y en la de cada uno de nosotros, recordándonos los valores y principios con los que vivió, luchó y murió este gran héroe de nuestra Patria.

Referencias bibliográficas

Contreras Barrios, Ignacio. (1993) Morelos Numismática. S.E. México.

Díaz Negrete, Juan Cristóbal. (2010). De plata y papel. El dinero de insurgentes y revolucionarios. México: Banco de México.

Franco C. José Luis. (1968). La Moneda del General Don José María Morelos y Pavón. Artes de México: La Moneda Mexicana, Número 103, Año XV, 109.

Franco C. José Luis, (1971). “Variaciones del Arco y la Flecha en la Moneda del Gral. Morelos 1811-1814. Boletín No. 73 de la Sociedad Numismática de México. Pág. 150-161.

Franco C. José Luis, (1972). “La Ornamentación en las monedas de 8R del Gral. Morelos”. Boletín No.76 de la Sociedad Numismática de México. Pág. 282-294.

González Gutiérrez Pilar. Creación de la primera casa de moneda en la Nueva España: producto acuñado. Enlace.

Olvera García Jorge & García Castro Rene & García Peña Ana Lidia. (2015). El Caudillo del Sur: forjador de la Nación Mexicana. México: Universidad Autónoma del Estado de México.

Restrepo, Jorge Emilio. (2014) “Notas Numismáticas”, Tomo VI No. 12

Sobrino, José Manuel, (1989) La moneda Mexicana, su historia. México: Banco de México.

Vázquez Corral Daniela. Guerra Poder y Autonomía. La Creación de la Provincia de Tecpan. (1810-1814). Casa de la Moneda de México. Enlace.

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19 comentarios en “La moneda SUD de Morelos: análisis de rareza relativa”

  1. Domitilo Tristán Jover

    Cuando tenga tiempo me leeré el artículo que me parece bastante interesante. Más que nada estoy interesado en lo que dirá sobre las falsificaciones que existen en abundancia. Ocurre lo mismo con los ‘bonk de cobre’ con monograma del VOC de las Indias Holandesas. Siendo piezas rudimentarias son fácil de reproducir. La cuestión es como distinguir esas falsificaciones.

    https://es.qaz.wiki/wiki/Netherlands_Indies_gulden
    A partir de 1796, la casa de la moneda de Batavia comenzó a producir monedas pesadas de ‘bonk de cobre’ (bonk en holandés para ‘pieza grande’) formada a partir de barras de cobre largas importadas de Japón, estampadas con la denominación y la fecha en que se produjeron.

    Un saludo,
    Tristán

  2. Excelente trabajo, de los que me gustan así que lo voy a comentar aunque vaya con retraso.

    Creo que hay una magnifica recopilación de datos y aportaciones de fuentes que lo hacen una referencia para quien quiera interesarse por esas monedas de necesidad que sirvieron para intentar financiar los costes de la primera insurgencia de la independencia de México y que probablemente fue necesaria para que unos pocos años después fuese una realidad.

    Me ha parecido que la principal aportación, en términos de novedad, ha sido intentar establecer un volumen de tirada de las piezas emitidas por Morelos.

    El procedimiento elegido ha sido establecer comparaciones y analogías con emisiones coetáneas en ese mismo entorno geográfico y a partir de ellas hacer asignaciones de tirada por valor y año. A falta de datos documentales propios de la emisión es un ensayo que me parece interesante, pero creo que no es robusto y las cifras totales obtenidas me parecen bajas, voy a plantear mis objeciones.

    1.- Lo que había visto hasta ahora en las estimaciones estadísticas de emisión se había basado en análisis de cuños, atribuir una capacidad de producción media a cada cuño distinto y establecer una resultante estadística. Para ello, claro, hay que descartar las piezas de cuños falsos, cosa harto difícil en una emisión tan artesana y completamente fiduciaria, sin talla ni ley a la que acudir.

    2.- La metodología elegida podría intentar establecer correlatos sobre la pieza conservada, por ejemplo número de piezas vendidas en subasta de cada clase de las cecas comparadas de las que, conociendo las cifras, se pudiese establecer equivalencias que refuercen las cifras obtenidas. Dicho lo anterior, comparar datos de conservación con emisiones imperiales extractivas también me plantea dudas de pertinencia, fundamentalmente porque el efecto destructivo posterior no puede ser el mismo para un metal noble que con toda probabilidad será reciclado en gran parte, incluso para nueva moneda, con un material que no seguirá el mismo itinerario y que además es mas vulnerable a la oxidación destructiva.

    3.- Una guerra es muy cara, de hecho Morelos usa el viejo procedimiento de abaratar costes emitiendo una moneda de valor despreciable a la que atribuye “por decreto” un alto valor de cambió y manda a calendas grecas su conversión en moneda de valor intrínseco (objetivamente, emite vales) y aun así seguro que esa moneda no le debía servir para adquirir bienes fuera de su área de control, armas y municiones fundamentalmente. Quizás los costes salariales de la tropa también sería un valor para contrastar si los datos propuestos resultan congruentes. Algo así como, cuanta tropa había que pagar, cuáles eran los salarios, y para cuantos pagos daba la emisión propuesta, naturalmente habría una tasa de retorno al sistema, pero en este punto es donde tengo la impresión que las cifras propuestas son bajas.

    4.- Sugeriría un “grupo de control” no tan cercano, de hecho he visto comparar emisiones con distancias culturales, geográficas y temporales mucho mayores que las propuestas en este trabajo (griegas con galas, clásicas con medievales…) porque hay una base tecnológica similar que permite establecer comparaciones (claro que, como dije al principio, sobre la base de cuños conservados). No sé si es posible encontrar algún paralelo de una emisión con un cono monetario completamente fiduciario, del que se conozca la tirada y del cual haya estudios de conservación de piezas hasta la actualidad o del que se puedan obtener datos de venta durante un periodo de tiempo comparable con las ventas por ese mismo procedimiento de las piezas del General Morelos, hoy con internet eso no es demasiado complicado.

    Quiero felicitar a Arturo Morales por su trabajo, y que vea en mis observaciones una aportación para que avance en un trabajo que ya es de mucha calidad y muy ambicioso hacia su objetivo final; el cual me ha parecido que es, establecer datos robustos sobre una emisión de la que hay un gran vacío documental y sobre la que la fuente es la propia moneda conservada como elemento, y documento, de análisis.

    1. Adolfo Ruiz Calleja

      Extraordinario comentario, Mir.

      Sinceramente, yo no sabría cómo resolver este aspecto metodológico. Es cierto que el estudio de cuños suele ser más fiable que la búsqueda de ejemplares. Pero hay dos problemas grandes a la hora de estimar los ejemplares a través de los cuños (en este caso):

      * Al ser acuñaciones provisionales en un entorno de guerra, supongo que muchos de los cuños “se usarían de más” y otros muchos “se usarían de menos”. No había un taller que siguiese unos principios claros de cuándo desechar un cuño.
      * Había muchísimas emisiones de falsarios y en la actualidad es imposible determinar qué moneda provino de un taller de Morelos y qué otra provino de falsarios.

      A ver si Arturo puede pasarse por aquí y explicar los motivos por los que seleccionó esta metodología.

      En cualquier caso, lo mejor sería estimar la producción de monedas utilizando distintos medios y así triangular los datos obtenidos para ver si coinciden.

      Saludos,
      Adolfo

    2. ARTURO MORALES MACIAS

      Agradezco sus comentarios J. Mir, es para mí muy satisfactorio que mi trabajo despierte interés y suscite pautas para ahondar en el tema de la acuñación del General Morelos.
      Al respecto del trabajo presentado y específicamente del apartado de conclusiones, donde propongo una cantidad aproximada de acuñación de moneda SUD le comento lo siguiente:
      La cantidad de 2943 piezas SUD estudiadas por Franco, del cual parte el análisis de rareza relativa fue concentrada por dicho autor, quien al respecto señala “…empecé una revisión de piezas , tanto en colecciones particulares, como el lotes de comerciantes. (El material ilustrado en publicaciones es muy escaso)”. De lo anterior se desprende mi argumento que efectivamente en mi experiencia, la moneda SUD no deja de ser propiamente escasa en general, y la estimación de Franco un buen indicio de las cantidades relativas acuñadas.
      En este sentido, y atendiendo a mi propuesta de estimación de cantidades acuñadas de 333,975 piezas, la muestra de Franco representaria apenas el .88% del total acuñado. Es decir, ni el 1% del total, y reunidas con la dificultad que el mismo autor señala. Sabemos que en la actualidad y gracias a las redes sociales esto es más sencillo, sin embargo, me atrevo a decir que no dista mucho de lo encontrado por Franco.
      Respecto a los cuños, efectivamente como lo señala Adolfo, Morelos nunca estableció una casa de moneda propiamente dicha, más bien se tiene el dato de talleres itinerantes, establecidos en los territorios controlados por los Insurgentes, con la implementación de herramientas rudimentarias y con el proceso de acuñación “de cero” si se puede llamar así, puesto que supondriamos un mayor desgaste de las herramientas y mayor dificultad y tiempo en la elaboración del cospel primordialmente de cobre. Aunado a lo anterior tenemos que la moneda de Morelos sería la primera fiduciaria y que iría en contra de la acuñación realista; por lo que se compara con la acuñación de cobre realista de los años 1814 a 1816 para el cálculo de las cantidades acuñadas por día, quedando en un promedio de 305 piezas promedio por día efectivo de acuñación. Y respecto al número de días efectivos de acuñación, se consideraron 3 años, es decir, 1095 días efectivos, restando solo 1 año, es decir, 365 días que por factores diversos no fuera posible acuñar en las diferentes plazas, equiparando éstas con la casa de moneda realista más productiva.
      Recordemos también que el General Morelos validó para las transacciones comerciales cotidianas, el uso de tlacos o fichas por así llamarlas, en beneficio de los pobres, ya que la denominación aun de ½ real resultaba alta para la cotidianeidad y los precios que se manejaban. El trueque fue tolerado aun por la autoridad realista, disminuyendo con esto la necesidad de acuñación de moneda de baja denominación.
      Es importante señalar que la moneda de Morelos no fue la única que circuló en los territorios controlados por los insurgentes, también estaba la moneda emitida por Lopez Rayón. Al respecto se tiene el dato que en la primera mitad de 1812 en el centro minero de Sultepec (Olvera,2015) se confiscó por la autoridad realista la cantidad de 2647 piezas de plata de la Suprema Junta (emisor insurgente) de todas las denominaciones, encontrándose tal cantidad en manos de solo 54 personas, siendo el 86.7% de la denominación de 8 reales.
      Cabe señalar que la moneda emitida por Lopez Rayon dió inicio el 11 de agosto de 1811, y que en los territorios donde se acuñó gozaban de mejores condiciones que los territorios de Morelos, en cuanto a metales para acuñación y a personal capacitado para tal efecto. También estaba autorizada la circulación de moneda menuda realista de plata, y moneda de 8 reales realista resellada por la insurgencia, que era tolerada y coexistia en los territorios controlados por los insurgentes.
      Es interesante señalar que en cuanto a la cantidad de efectivos bajo el mando de Morelos tenemos rápidamente tres datos que nos dan una idea. Para finales de 1810, apenas contaba con 294 de a pie, y 50 a caballo. Aproximadamente en abril de 1811, sus efectivos ascenderían a 2000. Después de octubre de 1812 se tiene el dato que salió de Tehuacan con casi 10000 hombres a su mando. La insurgencia ofrecía 1 peso a quien se uniera con armas y caballo, y 4 reales a los de a pie. La cantidad de hombres resulta variable y lo ofrecido como pago ambiguo, ya que lo que sabemos es que las principales motivaciones de los hombres que se unian a las filas de Morelos respondia más a la situación de precariedad y pobreza, así como a lo atractivo de los saqueos y el deseo de tomar la justicia en sus manos.
      Ciertamente hay mucho que decir de tan importante acuñación, espero que mi trabajo dé continuidad a lo aportado por otros autores, y motive la investigación al respecto de la moneda SUD del General José María Morelos y Pavón.
      No es mi intención debatir lo postulado, más bien pretendo esclarecer en qué se basó mi razonamiento y a partir de ello, arrojar mayor comprensión de lo que se presenta en mi trabajo.
      Agradezco nuevamente sus palabras y quedo a sus ordenes.

  3. Por supuesto Arturo que no disponemos de respuestas precisas, le planteo un debate abierto porque es una metodología novedosa que me parece muy interesante ensayar.

    Pero le digo una cosa, cuando ha dicho que manejaba un ejército de 10.000 hombres que cobraban entre 4 y 8 reales, he pensado, hay que multiplicar por 10 la propuesta.

    Después he echado cuentas más pausadamente, que voy a resumir.

    Reduciendo los valores a reales simples, usted propone que Morelos batió 1.915.443 reales simples distribuidos en sus distintos módulos.
    Pero entre tropa a pie y a caballo, en un solo movimiento condujo 10.000 hombres, suponiendo que entre ambos tipos se llevaban 6 reales de media y que tuviera que abonar ese salario durante un año, me salen casi 22 millones de reales, solo en un año.

    Hay una regla también, que ahora no recuerdo donde leí, de que existe una tasa de eliminación, o de reposición según se mire, del circulante situado en un 10% anual, circulante insisto, pero además el de Morelos debió de sufrir alguna forma de persecución realista una vez fue derrotado. Así que unas monedas que pasaron esas vicisitudes y con más de 200 años a sus espaldas, me parce un milagro que se pueda haber conservado el 1%, yo dividiría por 10, análogamente.

    Quedo también a la espera de sus comentarios y de que contraste los datos, que soy de letras.

    1. Buena tarde J. Mir, nuevamente agradezco sus comentarios y le comento lo siguiente al respecto de su apreciación. El ejercito de Morelos, tenemos datos que se conformó primordialmente de población indígena, con poca instrucción en armas y con las motivaciones antes citadas. Por citar un ejemplo, en el articulo “Bases sociales de la insurgencia en las regiones mineras y azucareras del sur de la capital novohispana (1810–1812)” donde se recopila un interesante relato de personas que sirvieron al bando insurgente, y que siendo reos realistas se tomó nota de ello, se puede vislumbrar que en un contexto de guerra, había efectivamente personas que por convicción se sumaban a la causa, pero también existían personas que eran obligadas a participar de ella, llegando a extremos de amenazas y de sembrar “terror”. Un ejemplo lo cito del trabajo que le señalo:
      “Un tratante de Metepec, español de 31 años, relata los vericuetos por los que pasó al viajar por tierra caliente de la comarca de Sultepec, donde se le acabó el “principal” (su dinero), por lo que se metió “de esquelero” en el pueblo de San Juan Tetitla. De ahí los insurgentes lo mandaron llevar al pueblo de Amatepec, donde tenían su cuartel y donde estuvo dos días, y le daban 2 reales diarios. Al tercer día huyó, pero lo mandaron seguir y aunque trató de llegar a su tierra (Metepec), un capitán con 10 hombres lo aprendió en el camino, antes de llegar a Zacualpan, el domingo 3 de marzo, y lo llevaron al campamento cerca de Taxco; allí le dieron una lanza y lo pusieron de centinela. Advierte el declarante que “lejos de tener un real de ellos, antes salió perdiendo una mula ensillada y enfrenada que traía y se la cogieron”.
      Le cito este testimonio ya que permite reforzar la consideración que hago de la participación forzada, y me da pauta a suponer que los militantes insurgentes posiblemente no recibieran su pago a cabalidad, y que la presunta oferta de un salario quedara en eso, en oferta o promesa. Aunque sí cabe suponer el pago parcial en algún momento y por algún medio, aunque honestamente dudo que se diera un pago de manera puntual y a cabalidad.
      Es así que llego a los números que efectivamente tendríamos que hacer respecto al dato de 10000 hombres, que al multiplicar por día la cantidad citada nos eleva la cifra de manera importante, lo que refuerza aún más mi teoría que a las tropas, en la mayoría de los casos, se les hizo una promesa de pago, permitiendoles tal vez, paliar ésta con lo obtenido en los saqueos o prestamos “voluntarios” obtenidos en campaña. Al respecto, y en contraste al bando realista cito del mismo documento “El capitán realista también tomó Iguala y permitió una hora de saqueo”. Recordemos que la población indígena se sumó a ambos bandos, tal vez por convicción, tal vez como ya dije por temor.
      Recurro a citar el miedo y la amenaza, como así también la convicción de unirse a la causa insurgente como factor promordial para la permanencia en las filas, aun ante la falta de pago, ya que un insurrecto me imagino quedaba “fichado” y le seria muy difícil abandonar las filas insurgentes, so pena de castigo ya siendo desertor, ahora por ambos bandos en disputa.
      Los insurgentes también recurrieron a la promesa de tierras y agua como incentivo para la participación de la población en sus filas. Así mismo tenemos datos que refieren que el metal también era utilizado para la elaboración de cañones y lanzas, factor primordial para el objetivo militar, compitiendo si así se quiere, con el metal destinado para acuñar moneda de cobre.
      Dicho lo anterior, me reitero a sus ordenes y agradezco sus atinados comentarios y aseveraciones.

  4. Hola de nuevo. Como decía Adolfo en su comentario, a falta de datos documentados precisos, hay que cruzar distintos datos para avanzar en una propuesta de volumen de emisión.

    Los que ofrece ahora también son interesantes, en tanto abundan en los usos sociales de la moneda, algunos de manera explícita y otros implícita.
    Aun así pienso que son interpretables de varias maneras usando el mismo texto, el español que declara ¿estaba siendo sincero? O ¿lo era completamente o solo parcialmente? ¿Obtenía beneficios si mentía? (me parece a mí que ganaba o libraba de ser colgado según lo que dijese). No hablo de prescindir del testimonio, solo de la necesidad de cruzarlo también.

    ¿Por qué no iban a cobrar los soldados su salario si no cobraban más que un vale de curso obligatorio de escaso valor intrínseco pero funcional? Históricamente uno de los más graves problemas de los ejércitos asalariados ha sido no cobrar o retrasar los pagos y, al contrario, uno de los mejores medios de disciplinarlos era pagar puntualmente, también hacerlo cuando la cosa se ponía fea, si lo que se pagaba valía y costaba poco, ¿por qué no hacerlo?.

    La competencia de materias primas con la producción de armas por parte del mismo ejercito, si es un elemento que puede alterar las prioridades, aunque también seria interpretable como un argumento de destrucción del buena parte del caudal acuñado anteriormente.

    Un cordial saludo.

    1. Buena tarde J. Mir, concuerdo con Usted y Adolfo en el sentido de los cruces e interpretaciones que se pueden hacer, y es por eso mismo que llegue a la conclusión de una amonedación SUD relativamente baja, me explico.
      Se sabe que en la época prehispanica en México, se trabajó el cobre, y más aún, se aleó ya desde entonces con metales nobles y otros, para obtener su beneficio en ornamentos o utensilios. Como se sabe eso? Efectivamente se recurrió a cruzar información, y no necesariamente del mismo tipo, en este caso, fueron tasadas las fechas de cerámicas encontradas en conjunto con los ornamentos o utensilios de cobre.
      Es así que los cruces que se hacen en el trabajo de análisis son primero con una acuñación realista del mismo metal, cobre, en una tirada baja y casi única.
      Se cruza también con la producción de una de las casas de moneda provisional y se establecen tiradas altas y bajas promedio, equiparando a los talleres itinerantes de Morelos con una casa de moneda propiamente dicha. Se cruza también con los usos sociales, donde la moneda en sí misma no era tan indispensable para las transacciones comerciales cotidianas, y el calificativo de moneda “burguesa” que aunque no lo menciono en el trabajo como tal, se sabe que las piezas de alta denominación (8 reales), estaba destinada en el circulante virreinal, a ciertas clases sociales eminentemente altas. Los aspectos socio económicos son entonces considerados también, puesto que las clases sociales más desprotegidas se motivarían, como ya lo señalé en otro comentario, no solo por el atractivo de un salario, sino más bien la búsqueda de un bien mayor, común y superior: tierra y libertad.
      Se consideraron también, respecto a los metales, la carencia de éstos, considerando, como sabemos, que las minas estaban controladas por el ejercito realista, tan era así, que la implementación de casas de moneda provisionales fueron establecidas cerca o en las principales zonas mineras. Aquellas que no se pudieron controlar, antes de ser abandonadas fueron destruidas o bloqueadas, lo que impidió a los insurgentes hacerse de minerales nobles o cobre.
      En este sentido, considero que la cantidad de cobre obtenido para la amonedación de Morelos se obtendría de lo que hubiera ya disponible en los territorios que iban siendo controlados por la insurgencia, e incluso, pudieran haberse obtenido de artefactos que se tuvieran a mano, como cazos en haciendas azucareras u otros.
      Como bien lo señala, y refuerza mi hipótesis de baja amonedación, los insurgentes tendrían no en pocas ocasiones, verse forzados a abandonar una plaza que ya se tuviera controlada, y en éste abandono, dejarían tras sí cantidades importantes de moneda de cobre ya acuñada, ante la imposibilidad de trasladarla y considerando el peso especifico de las piezas y el material en si mismo, con la subsecuente destrucción de las mismas por el ejercito realista. Lo que incidiría en una amonedación ya de por si escasa y la decisión sobre la pertinencia de una amonedación abundante en un contexto incierto. Es posible considerar el nivel de frustración para la campaña insurgente, el ver días de esfuerzo invertido en una acuñación, y tener que abandonarla y saberla destruida “in situ”. Para darnos una idea de lo que pesaría un saquito de moneda, simplemente promediemos el peso de una moneda SUD en 20 gramos, lo que en 50 piezas ya representa un kilo. Es justo pensar ahora en el insurgente de a pie, que tendría que trasladar su ganancia de un lugar a otro, o cuidarla de los propios y extraños. Pero en general, retomo los factores sociales que explican esta parte de las motivaciones para formar parte de las filas insurgentes, y que ya he señalado. Solo agregaré que en el fervor de la lucha, la sangre derramada en pro de un ideal, y la común-unión de los insurrectos, el liderazgo de Morelos es algo que aunque no lo he señalado, es ampliamente conocido, además de ser sacerdote, y el uso de los símbolos alrededor de éste tema.
      Respecto a los presos de guerra y al comentario anterior, por supuesto que toda persona al ver en peligro su vida, tendrá que argumentar lo que le sea más favorable, el mismo Morelos en sus últimos días de presidio se vería obligado a claudicar en favor de que le fueran otorgados los sacramentos, antes de ser fusilado.
      Cierro este comentario agradeciéndole la oportunidad de explicarme más a detalle sobre lo planteado en mi trabajo, ya que considero ha sido enriquecedor para mi, como para quien tenga la amabilidad de darse el tiempo y leer lo que aquí se expone.
      Reciba un cordial saludo.

    2. Para mí también ha sido enriquecedor, muchas gracias.

      He cometido la osadía de hablar de algo que desconozco, más allá de haber visto estas monedas en diversas ocasiones y que sin duda me han llamado la atención como creo que debe llamársela a cualquier aficionado a la numismática por lo que dicen y sugieren, y ahora con la lectura de su trabajo mucho más.

      Lo único que quiero añadir es que cuando fallan los datos internos, en este caso el volumen amonedado, conviene acudir a comparativas de otros casos similares producidos en lugares distintos que tengan la incógnita despejada.

      En este caso, usted cuenta con un dato valiosísimo, un gran número de ejemplares conocidos, estudiados y recogidos con una sistemática lo más completa posible, entonces, ¿es posible encontrar un estudio similar, de una antigüedad parecida, pero con un volumen amonedado conocido? ¿Qué % de esas piezas ha llegado a nuestros días?

      Sin duda un solo trabajo daría un resultado especulativo, pero supongamos, que no lo sé, que existen siete estudios equiparables a lo anteriormente indicado entre América y Europa, en los que se puede consignar que se han conservado (o conseguido estudiar) entre el 0,05 y el 0,2 % de la tirada conocida ¿continuaría pensando que en el caso de las de Morelos la conservación ha alcanzado el 1%? Y si fuese así ¿por qué razón?

      En sentido contrario si esos estudios resolviesen que han conseguido estudiar entre el 0,5 y el 1,2 % de la producción conocida, su estudio habría conseguido un gran aval porque su estimación es congruente con los estudios que han dispuesto del dato exacto que a usted le falta.

      De nuevo, un cordial saludo.

  5. Buenas noches J. Mir, espero que quien este leyendo esto lo encuentre tan interesante que vuelva una y otra vez sobre la misma entrada con la finalidad de revisar el desenlace (o simplemente active las notificaciones). Siempre he pensado, que no son las respuestas lo que importa, sino las preguntas adecuadas y correctamente planteadas lo que nos lleva a la generación de conocimiento. Es así que me he sorprendido con cada comentario y cuestionamiento suyo, lo que me ha llevado a rememorar las preguntas que me plantee durante la elaboración de mi trabajo, y búsqueda de información, así como a nuevos planteamientos, como es el caso de su último comentario, que encuentro por demás interesante.
    Al respecto le comento lo siguiente.
    El trabajo de análisis que amablemente publicó Adolfo en su blog, representa para mi un ensayo numismático encaminado a satisfacer una inquietud personal como coleccionista y aficionado a la numismática, pero me he sorprendido atrapado por un tema tan interesante que ya no creo poderlo dejar de lado. Le comento esto porque lo que Usted me plantea representa salirme del contexto histórico y numismático que en este momento considero dominar y me siento cómodo, para incursionar en el estudio, aunque con fines de comprobación de mi hipótesis de trabajo, de emisiones monetarias y acuñaciones coetáneas aunque en culturas o países diferentes. Lo que ciertamente y a todas luces es correcto, y representaría una forma de comprobar o desechar mi hipótesis, o mejor dicho, supuestos de trabajo, dado el carácter mayormente cualitativo que le he dado.
    Mi trabajo y los supuestos que en él manejo, considero que sientan una base para trabajos posteriores, sean éstos ensayos, revisiones bibliográficas y contrastación de fuentes de información como la que Usted me propone, lo haga yo o quien guste incursionar en el estudio de esta importante acuñación.
    En este momento me encuentro disfrutando si me permiten expresarlo así, de lo que he podido plantear respecto a la moneda SUD, y espero plasmar en un corto plazo, otros planteamientos respecto a la misma, que con gusto les compartiré. Estoy abierto a sugerencia como Usted lo ha podido comprobar, pero mi opinión no se modifica sino a base de evidencia. Por lo que de encontrar información suficiente, no tengo inconveniente es replantearme las cantidades propuestas.
    Cierro mi comentario con un dato que acabo revisar, gracias a su atinado planteamiento, y solo con ese me quedaré de momento: Pedro Damián Cano Borrego, en su articulo LA CIRCULACIÓN MONETARIA EN LA CAPITANÍA GENERAL DE CUBA DURANTE EL SIGLO XVIII, narra entre otros datos importantes para la vida de la isla y el virreinato de la Nueva España ante la amenaza Británica en el contexto de la llamada Guerra del Asiento en defensa de las llamadas Grandes Antillas, sobre la acuñación de moneda de necesidad a la que tuvo que recurrir la isla de Cuba para paliar la sequia de circulante por el retraso de las remesas enviadas desde la Nueva España, y debido al sitio que la armada enemiga mantenía. Dichas remesas se distribuían como sigue “700 000 se remitían a La Habana para la subsistencia de la armada de Barlovento, junto con 150 000 pesos para gastos de fortificaciones y 435 978 pesos para la paga del ejército en Cuba” de manera anual.
    Después de varias solicitudes por parte del gobernador para que se le permitiera acuñar monead de cobre, finalmente se tiene el dato que “El 8 de septiembre fue autorizada su circulación por el gobernador de la isla mediante Bando, lo que fue puesto en conocimiento de las autoridades metropolitanas por carta del mismo de fecha 6 de octubre de 1741”. Como toda moneda provisional tuvo vicisitudes, lo que quiero rescatar aquí son dos citas importantes:
    “El contador general de las islas de Barlovento, Manuel Manzano, remitió una carta al rey el 19 de julio de 1757, informando que había encontrado en las cajas de Santiago de Cuba 22 337 pesos y dos reales en moneda de cobre y un cajón con cuatro arrobas de la misma moneda sin sellar, y solicitaba que esta moneda se pusiese en circulación para remediar los problemas del comercio interior de la isla, rebajando su importe del situado destinado a Santiago”. (Una arroba, 11 kilos aproximadamente, y suponiendo el mismo promedio de peso a 20 gramos por pieza, serian 2200 piezas por sellar).
    Y esta otra cita recogida del mismo trabajo como nota marginal 20 “BELTRÁN, “Notas sobre la circulación monetaria y las piezas de necesidad en Cuba”, p. 286. Recogía que el 15 de septiembre de 1766 el capitán general Antonio María de Bucarely, informaba de la llegada a Veracruz del nuevo virrey, el Marqués de Croix, y de su promesa de envío de 400 000 pesos para pagos generales en la Habana y los específicos de la escuadra y 600 000 más enviados desde Veracruz, un envío que se redujo dos meses más tarde a 9 000 pesos. La penuria monetaria hizo que el 22 de junio de 1767, el gobernador de Santiago pusiese en circulación nuevamente la moneda de cobre, culpando de ello a las autoridades que no cumplían las disposiciones reales, y poco después se informaba de la existencia de 150 000 de moneda cortada en circulación”. Esto vale suponer que en un año.
    Sin otro particular de momento, reciba un cordial saludo.

  6. Ciertamente no pretendía embarcarle en investigaciones distintas a las que afronta con esta pasión tan evidente.

    Se trata de explorar si existe bibliografía al respecto, a que conclusiones han llegado y como se ajustan o no con sus hipótesis. Desgraciadamente no puedo serle de ayuda porque no he leído a fondo al respecto. Si que se que en Estados Unidos son muy habituales los estudios de cuños, Adolfo suele hacer referencia a ellos, y a identificar los ejemplares supervivientes, además de disponer de gran parte de los datos de emisión.

    En Europa es más raro, salvo para el periodo de la antigüedad clásica, que no creo que pudieran serle de gran utilidad salvo por algún apartado metodológico, en cualquier caso, estos afrontan la misma dificultad, no existen datos de volumen de emisión y han desarrollado sistemas de cálculo a partir de la moneda remanente. Leandre Villaronga ha sido un gran estudioso de estos cálculos además del análisis metrológico para las emisiones de Hispània, anterior al Imperio Romano.

    En cualquier caso estoy encantado de este debate con usted porque creo que esto es lo que verdaderamente sublima el coleccionismo numismático, tal y como yo lo entiendo, avanzar en el conocimiento del momento histórico al que nos remiten las monedas.

    Reciba un cordial saludo a dos charcos de distancia.

    1. Buena tarde J. Mir, respecto a los cuños, hasta donde sé, ni hay uno conocido en moneda SUD, ni expuesto ni a la venta, que sería genial que existiera. Sin embargo, hasta donde sé, y salvo alguien que tenga conocimiento de lo contrario, no existe. Y el motivo es sencillo, de 1811 a 1814 que se acuñó moneda SUD, como ya señalamos, estás acuñaciones fueron itinerantes, lo que obligó en cierto momento a abandonar las herramientas, antes que las armas; también supongo que se desgastan más fácilmente por ser hierro crudo, y tal vez en un momento dado, serían estos cuños convertidos en balas de cañón, un fin superior al de la moneda.
      Recordemos que en 1814 la contienda bélica ya no favoreció a Morelos, y en 1815 con su muerte, dió paso a un cambio en la forma en que los insurgentes enfrentaron la Guerra, adaptando las estrategias a una reducción significativa de sus filas. A saber, se implementaron las guerrillas.
      Se sabe que el 1815 ya no hubo amonedacion SUD, por lo que supongo que los años que continuaron a la muerte de Morelos y hasta el triunfo de la insurgencia a manos de Vicente Guerrero, todo el que tuviera unas moneda SUD sería tratado como franco enemigo del gobierno.
      Por lo anterior, es comprensible entender que tanto moneda como cuños pudieron haberse sido destruidos o abandonados.
      Sin embargo, no he encontrado información al respecto, lo que comento es mera suposición.
      Ojalá este singular debate digital despierte el interés es el estudio de la moneda SUD de Morelos, o al menos aboné a despertarlo como pieza de colección.
      Un cordial saludo desde este lado del charco.

  7. Seguro que más de uno se habrá interesado.

    Apenas existen cuños antiguos, así que el estudio de cuños se realiza con su resultante, es decir con la moneda, a partir de cierta antigüedad no existen dos cuños iguales a simple vista, por lo tanto estudiando las monedas, se pueden conocer los cuños usados. Villaronga, refiriéndose a la antigüedad, afirmaba que teniendo un mínimo de cuatro monedas hechas con los mismos cuños de cada una de las variantes, se obtendría el total de cuños usados en una emisión, o casi (existen formulas matemáticas más exactas y complejas que a un pobre estudiante de griego le caen de un quinto piso). Después habría que asignar una capacidad de producción media a cada cuño, no hay unanimidad, pero por ahí he leído estimaciones de entre 5.000 y 20.000 ejemplares por cuño, también de la edad antigua.

    En su trabajo, aporta datos sobre los cuños, -A este respecto el estudio de Franco C. José Luis, publicado en el Boletín 73 de la Sociedad Numismática de México (SONUMEX) «Variaciones del Arco y la Flecha en la Moneda del Gral. Morelos 1811-1814» en el año de 1971, así como el referente a “La Ornamentación en las monedas de 8R del Gral. Morelos” (Franco 1972)- a mi parecer estos títulos hablan de pequeñas variaciones que son un claro acercamiento a las variantes de cuño. El problema que veo en el caso de las emisiones de Morelos es que no se han distinguido autenticas de falsas, algo imprescindible para trabajar sobre seguro.

    Pero un conjunto de sus datos permite hacer una prueba de contraste, solo voy a coger el más voluminoso de ellos, “en la denominación de 2 Reales SUD se documentó en dicho estudio hasta 63 variaciones del arco y la flecha” probablemente esta cifra es inferior al número de cuños (variaciones muy pequeñas pudieron ser consideradas parte de una misma variación), pero puede ser útil, vamos a suponer que hay 63 cuños, 63 x 5000 = 315000 y 63 x 20.000 = 1.260.000 si supiéramos que todos esos cuños son auténticos, esos deberían ser sus rangos de producción, en su caso, propone 90.444, para ese valor, es decir, 1.436 monedas por cuño que es un valor muy inferior al mínimo que se propone para el periodo republicano de Roma.

    El resto de afirmaciones que comenta, sobre una potencial represión a sus poseedores, algo muy sensato, abundaría en la idea de que nos han llegado un número significativamente bajo de su producción, aunque también es verdad que, una vez obtenida la independencia, se conservarían más por su carácter emblemático.

    Como cada vez, un cordial saludo.

    1. Hola de nuevo J. Mir, con el gusto de dar continuidad a este singular debate, le comento lo siguiente:

      Respecto a la estimación de volumen monetario del General Morelos, mi propuesta es en concreto, que se trata de una acuñación relativamente baja, por los aspectos que ya hemos compartido. Sin embargo, le seré honesto, no había considerado el tomar las diferentes variaciones que José Luis Franco plasma en los estudios citados, como evidencia de cuños, lo cual me propone y estoy totalmente de acuerdo en considerar.

      Es así que me di a la tarea de investigar un poco al respecto, y el primer articulo que me encontré se llama “Estimación del número de cuños originales y volumen monetario de la ceca de Ilici” (M.M. Llorens). Efectivamente, como ya me lo anticipaba Usted, las formulas son complejas, sin embargo la discusión que el articulo resalta es la asignación de una cantidad fija a la productividad por cuño, y más bien optan por asignar un valor porcentual relativo por emisión, considerando como factores que determinan la vida útil del cuño, (estimado entre 1.4 días promedio para anverso y 2.21 días para reverso) en una jornada de 12 horas, siendo éstos:
      -variabilidad en la posición y la inclinación de los cuños
      -composición metalografica
      -la fuerza y la superficie necesarias para acuñar
      -temperatura de los flanes
      señalando las anteriores como las causas más importantes.

      Aquí hago un breve comentario respecto a la acuñación de Morelos, la cual, como ya dijimos, era en talleres itinerantes, lo cual hace suponer que no se contaba con las mejores superficies para apoyar los cuños y herramientas, así como la calidad de los flanes (cobre) que muchas o en la mayoría de los casos presentan un grueso irregular, y por supuesto la temperatura, lo que condicionó, en un momento determinado, la vida útil de los cuños.

      Sin embargo y pese a lo que ya conocemos, tomaré la cifra promedio que este articulo asigna como media de producción por cuño, dejándola en 15,000 piezas, con lo cual espero este de acuerdo, dado que me marcó entre 5000 y 20000 según lo que ha revisado.

      De acuerdo con ésta cantidad de productividad media por cuño, y dadas las cantidades de variaciones (pares de cuños) estudiadas por Franco, me di a la tarea de esquematizar tales cantidades comparándolas con mi propuesta de acuñación; cabe señalar que sumé las cantidades de 8 reales liso y emparrado dado que ambos se consideraron en las variaciones como una sola denominación, quedando 1/ 2 real con 7 cuños, 1 real con 16 cuños, 2 reales con 63 cuños y 8 reales con 15 cuños.

      Mi Propuesta
      1/2 real : 7,944
      1 real: 22,015
      2 reales : 90,444
      8 reales : 213,571
      Total acuñado: 333,974

      Estimación con una productividad de 15000 piezas por cuño.
      1/2 real: 105,000
      1 real : 240,000
      2 reales: 945,000
      8 reales: 225,000
      Total acuñado: 1´515,000

      Diferencia:
      1/2 real: -97,056 (92.43%)
      1 real: -217,985 (90.82%)
      2 reales : -854,556 (90.42%)
      8 reales: -11,429 (5.07%)

      Quiero llamar su atención en los siguientes datos, ya que tenemos enormes diferencias entre lo que estimo y lo que resulta con la productividad media por cuño, siendo ésta diferencia en las denominaciones de ½, 1 y 2 reales mayor a 90%; en contraste, la diferencia entre mi estimación y la estimación por productividad media por cuño para la denominación de 8 Reales es de solo el 5.07%. Supondríamos entonces que, sin ser rigoristas, la estimación de la denominación de 8 reales estaría dentro de lo esperado, y lo que habría que revisar es lo de las denominaciones medias y bajas, teniendo ya a favor los factores contextuales de la acuñación y los cuños para la de 8 reales.

      Al respecto de las denominaciones medias y bajas le comento lo siguiente: Tenemos el dato de que la acuñación virreinal en la Nueva España tendía a favorecer la denominación de 8 reales, denominación más alta acuñada, en una proporción del 90%, dejando el 10% restante entre las acuñaciones de media y baja denominación, (Olvera 2015) y cito: “La denominación de la mayoría de las monedas que circulaban en la Nueva España, un noventa por ciento, eran de alto valor (8 reales), seguidas de las de valor mediano (2 y 4 reales) y las de baja denominación (1 real, ½ real y ¼ de real)”. Esta era la forma o estilo en que se manejaba el virreinato de la Nueva España en cuanto a denominaciones.

      Aunado a lo anterior, y dado el dato que ya señalé con anterioridad, pero que retomo para dar mayor fuerza a éste, es el de las monedas confiscadas en Sultepec por los Realistas, moneda de plata de diferente denominación, del cuño de la Suprema Junta (emisor insurgente), siendo éstas 2647 piezas, y cito “Y de ésta cantidad de piezas , llama la atención que 86.7% de las mismas hayan tenido un valor nominal bastante alto, 8 reales, mientras que el resto, 13.3% correspondían a denominaciones medias y bajas”. Concluyendo en lo siguiente, y cito “las proporciones eran similares a los flujos monetarios realistas……el comportamiento del comercio y la economía monetaria novo hispana a principios del siglo XIX eran similares o funcionaban de la misma manera bajo el gobierno real o insurgente. Se trataba entonces no solo de un asunto coyuntural, sino estructural”.

      A lo anterior habrá que recordar que Morelos aprobó el uso de tlacos y pilones para satisfacer el comercio, como ya se citó en otro comentario, e incluso se toleraba la moneda realista de plata de baja denominación y la de 8 reales con resello insurgente. Aunado a lo anterior, y respecto a las medias y bajas denominaciones, diré que el truque estaba permitido para la población, lo que con lo antes expuesto, resultaría fuera de contexto el proponer una acuñación monetaria de baja y media denominación por parte de Morelos, en un porcentaje mayor a las emisiones de 8 reales, sumando solo entre ellas, con base a la cantidad de producción estimada por cuño de 15,000 piezas, 1´290,000 piezas, invirtiendo el porcentaje y quedando el dato como sigue, al compararlo con los tres datos ya señalados:

      -Tendencia de acuñación Realista: 90% Alta denominación, y 10% media y baja denominación.
      -Tendencia de acuñación Suprema Junta (según datos de cantidad confiscada, insurgente): 86.7% Alta denominación y 13.3% denominaciones medias y bajas.
      -Tendencia de acuñación SUD Morelos según muestra de Franco en “Variaciones del Arco y la Flecha…”: 63.93% Alta denominación, y 35.95% en denominaciones medias y bajas.
      -Tendencia de acuñación según la cantidad de producción estimada por cuño de 15,000 piezas: 14.85% Alta denominación, y 85.14% en media y baja denominación.

      Lo anterior, desde mi punto de vista, y respecto al último dato, supondría quitar el contexto que tanto he señalado en mi trabajo y comentarios, y atender solo a una estimación de cantidades de piezas atribuidas por productividad de cuños, con lo cual, y no esta de mas decirlo, no estaré de acuerdo.

      Pero no voy a dejar el cabo suelto, es decir, la pregunta que surge es, a que obedece la variedad de cuños o de ornamentos en las denominaciones medias y bajas?. Para la cual, solo tengo la siguiente respuesta, con base en el estudio de Franco:

      La denominación baja y media, es decir, la de ½, 1 y 2 reales de moneda SUD, la podemos encontrar, en el caso del medio real, solo en los años 1812 y 1813, mientras que la de 1 real, tenemos rarisimos ejemplares de 1811 (que yo supondría que son falsos) y más comúnmente en 1812 y 1813, y la denominación de 2 reales, con igual tendencia en 1812 y 1813, con rarisimos ejemplares en 1811 y 1814. Mientras que la denominación de 8 Reales es consistente a los largo del tiempo, es decir, conocemos piezas desde 1811 y hasta 1814 (con sus asegunes de rareza claro).

      Lo anterior para afirmar que, según mi supuesto, la acuñación de 8 Reales estuvo casi de manera única y exclusiva bajo las ordenes de Morelos y su contingente, lo que supondría un promedio de 5 cuños por año (en 3 años), lo que resulta consistente una vez que revisamos la Ornamentación de la moneda SUD en el trabajo de Franco (1972), tendiendo ésta hacia un “prototipo” en palabras del mismo autor, lo que refuerza mi supuesto de una continuidad en el diseño y en su acuñación.

      No sucede ésto con las denominaciones de ½, 1 y 2 reales, con mayores variaciones éstas últimas, lo cual se explica, como ya lo señalé, por su mayor presencia (o única) en los años 1812 y 1813, de mayor estabilidad territorial y control militar para el ejercito insurgente al mando de Morelos. Es decir, supongo que Morelos permitió la acuñación de moneda de baja y media denominación en los territorios controlados (claro esta, sin su supervisión), no así la de 8 reales como ya dijimos. Éste permiso, generaría la apertura de hasta 63 cuños con notorias diferencias en la denominación de 2 reales, lo que es consistente con el dato que para la segunda campaña de Morelos, a finales de 1812, aproximadamente 50 poblados estaban bajo su control. Es así que cada población podría haber requerido en menor o mayor medida, y según la lejanía con otras, abrir un número de cuños de moneda menuda según su necesidad y la vida promedio de un cuño (que como ya dije tendría que ser mínima, y la necesidad de abrir cuño nuevo innecesaria), no acuñando más que lo necesario, más si generando en un corto tiempo, multitud de variaciones en el arco y la flecha en una baja emisión, y cito mi trabajo cuando digo “La gran variabilidad del arco y la flecha en las denominaciones de 2 reales SUD puede deberse a la diversidad de lugares donde se pudieron acuñar dichas piezas, abriendo la posibilidad de ornamentar el arco y la flecha a voluntad del responsable de la acuñación, dando un ´toque´personal a la pieza”.

      Es así que el factor contextual impera en la presente amonedación, quedándome entonces con mi propuesta de una acuñación relativamente baja, de 333, 974 piezas SUD acuñadas bajo el mando del General Morelos entre los años 1811 y 1814, en las denominaciones de ½, 1, 2 y 8 Reales.

      Nuevamente un cordial saludo.

  8. Me alegro que haya introducido en su análisis factores de productividad, aunque desde luego, que hay factores de necesidad, o de contexto, que pueden alterarla. Aun así, no creo que se pueda abordar un estudio de volumen de emisión consistente sin hacer referencia a ella.

    Solo un matiz, en todo caso hay que distinguir la acuñación itinerante, unificada, de la acuñación desconcentrada, en varios centros emisores, o incluso la combinación de ambas que entiendo que es su posición. En mi opinión, por defecto, hay que considerar una acuñación itinerante pero unificada (la ceca “ambulante” de Catalunya o el establecimiento de la Ceca de Sevilla en Cádiz durante las guerras napoleónicas o la itineráncia de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de la II República Española durante la Guerra Civil española).

    Ahora bien, es cierto que en situaciones de conflicto, se pueden multiplicar las emisiones locales, véase por ejemplo el caso catalán de la Guerra Civil española (1936-1939) en que el Gobierno de la Generalitat autoriza a los municipios a emitir moneda de bajo valor, cosa que, a su amparo, llevó a cientos de ellos a emitir vales/monedas, generalmente, en papel. Por el contrario, en otros territorios (Euzkadi, Menorca, Asturias y Leon…) las autoridades republicanas supramunicipales asumieron esa función acuñando centralizadamente moneda territorial (en ese contexto bélico se dieron otras peculiaridades, también). Lo importante es que sea cual sea el caso, se identifica el poder emisor de manera diferenciada y clara.

    Leyendo el bando de 13 de Julio de 1811 del General Morelos, que tenia nociones de política monetaria, no tengo ninguna duda de que su intención era mantener un estricto control de la producción, para asegurar su trasformación futura en moneda de oro y plata, aunque literalmente no se puedan descartar centros de producción simultáneos, yo diría que en ningún caso serian muchos, para que el control fuese posible:

    “Y para que el Erario Nacional no resulte gravado en cantidades que no se han sellado, se llevará UN LIBRO PECULIAR DE CUENTAS individuales de las partidas que se sellaren en LAS TESORERIAS QUE CONVENGA PROPORCIONAR; y, a consecuencia, ninguno sin mi permiso o el [del] Congreso Nacional, podrá sellar igual o diferente moneda, so pena del duplo en plata y oro de la cantidad que sellare; y en no teniendo bienes de que pagar la multa, sufrirá una continuada prisión hasta que se recoja la expresada moneda de cobre.”

    En último extremo, la mejor manera de controlar una emisión desconcentrada, si no se diferencia el poder emisor, es centralizar la producción de cuños, es decir, al menos que se bata con cuños salidos de un entorno controlado situado cerca del poder, certificando así la producción legítima con elementos de estilo o grafismo; en el mismo sentido, habría que presuponer que esos cuños harían alguna marca, que podría ser secreta, indicando la “tesorería” productora, si ese hubiera sido el caso. En realidad la unificación de de cuños, o punzones, me parece que es condición “sine qua non” para una sola autoridad emisora, obviamente también para la modalidad centralizada y más en un territorio relativamente pequeño y continuo como el que llegó a ocupar el General.

    De nuevo un saludo cordial.

    1. Buen día J. Mir.
      Efectivamente el contexto y la situación de necesidad llevaría a un descontrol de la emisión de Morelos, y tenemos evidencia de ello cuando él mismo ordena el resello de moneda falsa a través del bando emitida el 30 de septiembre de 1813, permítame un breve apunte al respecto, ya que resulta muy extenso el tema:
      “Penetrado de las representaciones que me han hecho diferentes pueblos,
      sobre los perjuicios que se les ha ocasionado a muchos infelices
      que se hallan pereciendo con sus familias, por no admitírseles, como
      es justo y está prevenido, la moneda de cobre falsa fabricada por los
      malvados, y la que se ha acuñado en diferentes partes sin la licencia
      correspondiente de esta Superioridad, y que los pueblos la recibieron
      con sinceridad y buena fe, así por su personal trabajo, como todos
      los demás ramos de su industria, para el socorro y subsistencia de sus
      mujeres e hijos. Y deseando yo proporcionar todos los medios posibles
      para evitar estos males o a lo menos modificarlos, a fin de que no se
      hagan tan sensibles a los pobres, he deliberado conceder, como por
      el presente concedo, el preciso y perentorio término de tres meses,
      para que cualquiera que tenga de este género de moneda, y que no
      sea de los cuños de Tlalchapa, Chilpancingo y Oaxaca, que son las
      autorizadas con arreglo al bando de la materia, ocurran a la Tesorería
      de esta Nueva Ciudad [Chilpancingo], donde se resellará con la letra
      de las de este cuño y dos estrellitas, con cuyas circunstancias serán
      recibidas en todas partes; en la inteligencia de que pasado este término
      perderá la citada moneda el que la tenga y se reagravarán las penas
      a los monederos falsos (Lemoide, 1965: 382)”.

      Aquí refuerzo lo que Usted me refiere respecto a las nociones que Morelos tenia sobre política monetaria, y efectivamente, al haber tenido a su cargo la administración de la Hacienda de su tío Felipe Morelos en Tahuejo, y haberse dedicado a la arriería, además de la administración de una parroquia, es valido suponer que la tenia, por lo que la intención o voluntad de llevar las cosas en el “deber ser” serian plasmadas en sus cartas y decretos al respecto de los dineros.

      Al respecto de éste ultimo bando que señalo, nos ubicamos temporalmente en septiembre de 1813, y recordemos que ya se habían sumado nuevos cuños a la moneda de Morelos, aunque no ordenados por él, (y que no fueron consideradas para mi trabajo en el estimado de acuñación) a saber la de América Morelos 1812, la SUD TC acuñada solo en el año 1813; a éstas se les uniría la SUD OXA en 1814, además de las emisiones de plata del mismo Morelos 1812-1813. Lo anterior en contraste con el pretendido control que deseaba tener Morelos de la emisión monetaria; él mismo en una misiva a sus iguales comenta haber encontrado (ciertamente para su sorpresa ya que él no había ordenado dicha acuñación) con la moneda America Morelos a su llegada a la ciudad de Oaxaca en 1812.

      Lo anterior supongo despertó en Morelos su intención de acuñar su propia moneda en plata, tema de otro ensayo, por supuesto. Valga decir, para no extenderme en esto, que hay mucho por estimar y discutir al respecto de las emisiones insurgentes en general, pese a que el tema ha sido ampliamente estudiado.

      Respecto al tema de las emisiones reselladas, las que conocemos son de 8 reales, alta denominación, y no así las de media y baja denominación.

      Es así que cabria suponer otra posibilidad (supuesto) al respecto de los 63 cuños en las monedas de 2 reales (en contraste con la ya planteada de emisiones desconcentradas), y ésta seria que los falsificadores no encontraran “beneficio” en la denominación de 8 reales, al ser la ornamentación muy compleja de replicar (la mayoría de falsas de época serian de campos lisos, por tanto muy fácil de distinguir a la vista), y las medidas de control más estrechas, además de no encontrar muchos receptores por su alta denominación, y que por tanto buscaran replicar la de mediana denominación, a saber, la de 2 reales, abriendo un número indiscriminado de cuños. Sin embargo, tendrían el mismo efecto temporal, en una economía que no gustaba de la moneda de cobre, y que privilegiaba el uso de los tlacos y pilones, así como el truque para las transacciones cotidianas, además de la limitante de metal para tal efecto.

      Nuevamente supondría que éstas falsificaciones en 2 reales (además de los cuños autorizados), fueran utilizados solo de manera temporal y dando como resultado un incremento en dicha emisión, sin superar por esto la acuñación de 8 reales. Retomo para tal efecto mi propuesta:
      1/2 real : 7,944 (2.37%)
      1 real: 22,015 (6.59%)
      2 reales : 90,444 (27.08%)
      8 reales : 213,571 (63.94%)
      Total acuñado: 333,974 (100%)
      Atendiendo a éstos supuestos, tenemos que las denominaciones bajas de 1/2 y 1 real se presentarían en un porcentaje relativamente bajo, y la denominación de 2 reales en una proporción en función de éstas hasta 7 veces mayor (suponiendo que la emisión normada fuera de solo el 10%, lo que seria congruente con la tendencia virreinal como ya vimos, tendríamos un 17.08% de sobre acuñación). Sin embargo, a este planteamiento yo objetaría la diversidad de cuños, ya que un falsificador buscaría per se, imitar lo más posible a la moneda origen emitida por la autoridad insurgente, para tener un mayor éxito en la aceptación y a la vez poder “infiltrar” dicha falsificación en el circulante original, lo que evidentemente no sucede con las 63 variedades del arco y la flecha, que en lo personal me parece una suerte de folklor territorial e identitario, lo que me lleva a sostenerme en la propuesta de acuñaciones desconcentradas.
      Y retomo un pequeño apartado de mi trabajo y cito: “….en algún momento el General Morelos y sus colaboradores debieron haber inferido que la mayor rentabilidad en el contexto de Guerra se encontraba en la acuñación de moneda de 8 reales de cobre SUD, y no así en las de 1/2 y 1 Reales, quedando las monedas de 2 Reales SUD en una mediana prioridad. Tal situación pone en perspectiva dos cosas:
      Primero, que la moneda SUD de 8 Reales tenía un mayor valor extrínseco respaldado por una institución, (la primera moneda fiduciaria), situación que propició la falsificación y el resello de moneda SUD de 8 Reales por todos conocido.
      Segundo, que las piezas de menor denominación resultan ser las que con mayor frecuencia presentan fecha ilegible o ausente, lo que hace suponer la dificultad de acuñación por el tamaño del cospel, y la poca o relativa importancia respecto a las de mayor denominación, condicionando así su menor acuñación y rareza en función del tiempo.

      De nueva cuenta un cordial saludo, con charco de por medio.

  9. Bueno creo que es el momento de dejar de abusar de este espacio y de Adolfo. Felicidades por su trabajo y que su periplo para el mejor conocimiento de la moneda del General Morelos, y de cualquier otra que se proponga, sea largo y fructífero.

    Este dialogo numismático ha sido un verdadero placer.

    Reciba un fuerte abrazo

    1. Muchas gracias por sus palabras J. Mir, en verdad ha sido muy enriquecedor el compartir con Usted puntos de vista en el tema de la moneda SUD de Morelos, le deseo también éxito en sus proyectos, y le envío un cordial saludo y un abrazo.

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