El Naufragio de «El Cazador» y su tesoro

El Naufragio de «El Cazador» y su tesoro

Voy a reproducir un artículo que escribió Yago Abilleira para la revista «Proa a la Mar». Quienes llevéis un tiempo siguiendo el blog seguro que conocéis a Yago. Es un gran aficionado a los pecios y los tesoros submarinos. Ya he publicado varias colaboraciones suyas: las «Marías» y los pesos escudos, la carga del Galeón San José y Reales de a 8 recuperados tras la Batalla de Rande.

Este artículo en particular creo que es muy interesante porque explica un pecio del que todos hemos oído hablar, ya que hay miles de monedas a la venta con procedencia de «El Cazador» (ejemplo). Sin embargo, el pecio en sí es poco conocido por la comunidad de aficionados a la numismática. Espero que esto se resuelva con este artículo.

La historia de este bergantín cayó en el olvido, hasta que un arrastrero estadounidense dio con sus restos. Se procedió entonces al saqueo de dicha embarcación, ante la pasividad del Gobierno Español. Los caza-tesoros lo apodaron como “El naufragio que cambió el mundo”, para tratar de vender más caro lo recuperado. Veremos con detalle su historia.

 

 

El origen de este barco hay que buscarlo en una captura. Seguramente se trate de una presa inglesa hecha en Febrero de 1780 por el corsario español Joseph Ronda en el Mar Caribe. Se llamaría The Hunter, castellanizándose su nombre a El Cazador, pues se consideraba de mal augurio cambiarle el nombre a un barco, pero no el traducirlo. Parece que sería un corsario inglés, o eso se deduce de su denominación, y no debía de ser mal barco, pues acabó siendo adquirido por la Armada Española para operar en aguas caribeñas clasificado como bergantín. Su armamento sería de 8 cañones pedreros, siendo su tripulación de unos 100 hombres.

No tuvo una vida muy destacable, hasta que realizó su último viaje. Zarpó  de Nuevo Orleáns (Luisiana) hacia Veracruz (México), allí carenó y emprendió el regreso en Diciembre de 1783 con un cargamento de unas 450.000 monedas de plata, destinadas a la crítica economía de Luisiana. Un huracán se cruzó en su camino y no se volvió a saber de él, pues ni hubo supervivientes ni vestigios del naufragio. Su comandante era D. Gabriel de Campos, Teniente de Fragata (o de Navío según qué documento se consulte).

Mapa en francés sobrepoiniendo la Luisiana española sobre los actuales EEUU

Bergantín de la época

Fue ésta una tragedia silenciada, pues apenas se encuentran documentos al respecto, aunque la mayoría de los papeles debieran de estar en México. Aún así sabemos que se buscó al bergantín, con la esperanza de que simplemente varasen en una playa y no fueran capaces de volver a poner el buque a flote, o que el huracán les destrozase la arboladura y estuviesen a la deriva. Todo fue en vano. Como colofón, destacar que en 1788 se le concedía una plaza de gracia de cadete “en algún Regimiento Fijo de La Habana al hijo mayor del difunto Antonio Francisco de Amate y Cortés, que fue contador y habilitado de Marina y perdió la vida en servicio ahogándose en el bergantín de guerra El Cazador”. Tristes líneas que nos hablan de la tragedia humana que supuso el hundimiento, pues dicha plaza de gracia no era si no una manera de aliviar la situación de la viuda al quitarle una boca que alimentar y lograr que la familia ingresase algo de dinero.

La cuestión de Luisiana bajo dominio español no suele ser muy conocida. Ese territorio, ya explorado por Hernando de Soto en 1538, fue llamado así en honor a Luis XIV. Los franceses, partiendo desde el actual Canadá, lo fueron colonizando. Se trataba de un enorme territorio que iba desde la frontera canadiense hasta el Golfo de México. A lo inacabable del terreno había que añadir la falta de civilización, infraestructuras y aprovechamiento de los campos o recursos, además, había varias tribus nativas que no siempre eran amistosas. Francia buscó inversión privada para colonizar Luisiana, exagerando las riquezas de la misma, lo que acabó generando una de las primeras “burbujas” bursátiles que terminó como suelen rematar estas cosas, con un montón de gente arruinada. Fue con dichos fondos con los que fundó Nueva Orleáns, que pasó a ser la capital del territorio. En 1763, por el Tratado de Fontainebleau, España recibe Luisiana como compensación por la pérdida de Florida tras la Guerra de los Siete Años, mientras que Gran Bretaña recibirá el resto de Nueva Francia, por el Tratado de París de 1763.

La aventura española en Luisiana fue toda una odisea. Pese a que se hicieron notables esfuerzos, la colonización de semejante terreno era realmente complicada. Además, el panorama político fue cambiando y los Estados Unidos querían agradecer la vital ayuda española a su independencia quitándonos Luisiana. Finalmente, se acordó con Napoleón en el Tratado de San Ildefonso de 1800, una especie de intercambio por la Toscana, aduciéndose que el área italiana ya estaba civilizada, generaba recursos inmediatos y no tenía problemas fronterizos. Francia apenas llegó a retomar el control efectivo, pues en 1803 vendió Luisiana a los Estados Unidos por 15 millones de dólares de los de entonces, que fueron cobrados con la colaboración de bancos británicos y holandeses.

Jerry Murphy

Es en la época de la Luisiana española cuando tendrá lugar el naufragio de El Cazador. Pretenden los caza-tesoros, para vender más caras las monedas recuperadas, decir que fue el naufragio que cambió el mundo. Se basan en que si el bergantín hubiese llegado a su destino, España seguiría controlando Luisiana y los Estados Unidos no habrían podido comprársela a Napoleón y así éste no habría podido empezar la guerra por falta de fondos…Personalmente, me parece mucho suponer. Nada hace pensar que, de haber tenido un feliz viaje El Cazador, hubiese cambiado algo la Historia, pues Luisiana era un pozo sin fondo para las arcas públicas.

«Hay que tener cuidado a la hora de valorar el cargamento de barcos hundidos. El cargamento de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes (la del Caso Odyssey) se llegó a valorar en 500 millones de dólares, cuando hoy sabemos que roza los 17 millones de euros.»

El hallazgo del pecio fue de manera fortuita, el 2 de Agosto de 1993. Un barco arrastrero que pescaba gambas, el Mistake (“Error” en inglés), enganchó algo en el fondo que le rompió la red a unos 100 metros de profundidad. Cuando los tripulantes lograron recuperar sus maltrechos aparejos, cayeron sobre la cubierta unas rocas negruzcas, partiéndose y permitiendo ver que en su interior había monedas de plata y que las rocas eran, en realidad, bloques concrecionados de monedas. Su capitán Jerry Murphy, sabía muy bien lo que tenía que hacer en un caso así e inició los trámites ante las autoridades de Estados Unidos, pues el hallazgo estaba unas 50 millas al Sur de Louisiana, consiguiendo los derechos sobre el mismo. Para ello tuvieron que contratar al belga Rober Sténuit, viejo conocido del mundillo, quien se desplazó al Archivo de Indias en Sevilla y consiguió identificar el buque, paso clave para lograr los derechos.

El gobierno español, ni movió un dedo ni se preocupó por el asunto, dejando que los caza-tesoros profanasen a El Cazador y lo vendiesen al mejor postor. Jamás se preocuparon por el asunto. De hecho, el pequeño museo que había sobre él en Estados Unidos cerró y se vendieron varias piezas del barco (no monedas) sin que a nadie le importase. Por ejemplo, en 2013 salieron a subasta algunos cañones pedreros de bronce del naufragio. El que aquí se ilustra se remató en 47.500 dólares USA. Lo que no dice el vendedor es que se trata de un pedrero de a 2 libras del modelo oficial de Marina de mediados del Siglo XVIII. Soy un apasionado de la artillería y no he visto una pieza de dicho modelo en ningún museo. No se hizo nada por impedir la venta o tratar de que llegase algo a España.

El bergantín fue vaciado sin ningún tipo de criterio arqueológico ni científico. La profundidad dificultó un poco las labores, pero no mucho. Como siempre y siempre ocurre en estos casos, los rescatadores informaron de que no hallaron ningún resto humano. Si en un naufragio aparecen restos humanos, eso complica las labores de extracción, ralentizándolas por ley para tratarlos con respeto y depositarlos en un lugar adecuado. Curiosamente, los cazatesoros que trabajan en naufragios españoles e informan a posteriori, nunca encuentran restos humanos, pero sí de animales (cerdos, gallinas, etc.). Casualidad, supongo…

El tesoro de El Cazador no resultó ser El Dorado que mucho creyeron. Para empezar, casi todas las monedas fueron hechas en México en 1783, siendo exactamente iguales. La gran mayoría era pesos, monedas de a 8 reales antecesoras de los duros de plata de nuestros abuelos, aunque el buque también llevaba piezas de a 4, 2 1 y medio real. Numismáticamente hablando, eran monedas corrientes y baratas, además, al restaurarlas tras estar dos siglos bajo el mar, quedan con un moderno brillo que espanta a los coleccionistas, por ello se ofrecieron al público general interesado en la historia. Tuvieron que hacer una gran labor de marketing para ir dando salida al tesoro y, aún hoy quedan muchas monedas por vender. Si alguien quiere alguna, que busque en internet y las encontrará a decenas. Da la sensación de que la venta de semejante cargamento dio más quebraderos de cabeza que beneficios.

Las piezas mejor conservadas fueron encapsuladas por la prestigiosa casa NGC y vendidas a alto precio. Las piezas más estropeadas se vendieron a intermediarios, quienes a su vez las encapsularon e hicieron certificados de origen más o menos bonitos, aunque lo certificado fuese un trozo de plata que vagamente recordaba a una moneda. También se llegaron a vender lotes de monedas concrecionadas, sin restaurar ni nada. Por último, fundieron la plata de aquellas piezas que no había por donde cogerlas por el deterioro sufrido, y la usaron para chapar unas medallas conmemorativas. Por el medio, por supuesto, hubo alguna picaresca de quien tenía una moneda de antes y la trataba de hacer pasar como del naufragio para subir su valor.

Hay que tener cuidado a la hora de valorar el cargamento de barcos hundidos. El cargamento de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes (la del Caso Odyssey) se llegó a valorar en 500 millones de dólares, cuando hoy sabemos que roza los 17 millones de euros. Lo mismo con el galeón San José de Colombia, que se ha llegado a valorar en 17.000 millones de dólares y yo, personalmente, lo taso en 138 millones de euros. Queda claro que los naufragios no son cajas fuertes y que no nos van a sacar de la crisis. Son cápsulas del tiempo que deben de estudiarse científicamente y respetando a los que ahí murieron.

Billete de 3 dólares con el reverso de tres monedas españolas.

Por último añadir que este tipo de monedas de Carlos III, que fue el usado por Caros IV y Fernando VII, sería el origen del símbolo del dólar. Las dos columnas de Hércules del escudo de España, junto a la S de Spain, acabarían dando lugar al conocido símbolo.

 

DOCUMENTACIÓN:

-Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, legajo 2609. Disponible en pares.mcu.es

-Archivo General de Simancas, Secretaría del Estado y del Despacho de Guerra, legajo 6841, 153 (folios 646-650). Resumen disponible en pares.mcu.es

-Biblioteca Virtual de Defensa, documento con referencia BMDB20150099105

-“Mercurio Histórico y Político”, Mayo 1780

 

BIBLIOGRAFÍA:

-“Naufragios de la Armada Española”. Cesáreo Fernández Duro. Reedición de 2009 de la Editorial Renacimiento.

www.elcazador.com

www.todoababor.es

Wikipedia

4 Comentarios

  1. Yago Abilleira Crespo 6 meses hace

    Gracias por publicarlo Adolfo. En el borrador no parecía tan largo…espero que guste.

  2. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 6 meses hace

    Muchas gracias a ti, Yago.

    Esta entrada está gustando mucho en Facebook (se ha compartido 12 veces y la he publicado hace menos de 2 horas). También os recomiendo echar un vistazo a otra entrada en la que hablamos de El Cazador: https://blognumismatico.com/2018/05/27/8-reales-de-el-cazador/

    Saludos,
    Adolfo

  3. Victoria 6 meses hace

    Yago!! Qué bonita entrada,muy ágil de lectura y muy entretenida. Hilas muy bien la trama.
    No indicas en cuánto tasarías El Cazador, no?
    Lo de los restos humanos….vete tú a saber cómo son los cerdos….
    Personalmente lo considero un entierro en alta mar, no me preocupa realmente que los restos continúen bajo el agua. También es posible que los marineros salten….
    Efectivamente la pena es no poder estudiar si se partió, si fue un huracán…si había cartas de navegación…bueno,esto último estará vendido.
    Cambio de aires lectores para esta cuarentena

    • Yago Abilleira Crespo 6 meses hace

      Muchas Gracias Victoria, pensé que me quedara un texto muy largo y que no gustaría.
      Es complicado tasar «El Cazador», ten en cuenta que los americanos lo ven como algo «propio» y eso hace que suban los precios.
      Y yo creo que la auténtica pena es que a nadie le importó llevarse por delante esa tumba del mar. Ni a nuestro gobierno ni al americano.
      Saludetes y ánimo con la cuarentena.

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