Tres años y medio de presidio relatados en una moneda

Enrique Gil es un mecenas del Blog Numismático que me ha mandado este estupendo artículo a partir del análisis de una moneda manipulada durante la Segunda Guerra Mundial. Seguro que os recuerdan a los short snorter.

2 gulden y medio muy particulares

La moneda de 2 gulden y medio (florines neerlandeses) de la reina Guillermina de Holanda acuñada en Utrecht entre 1929 y 1940 es una pieza de plata (72% de pureza, combinada con un 28% de cobre) bastante común que puede valer entre 15 y 100 euros, aproximadamente, según su estado de conservación. Antes de esas fechas, solo se habían emitido piezas de la reina con este valor en 1898, con un retrato mucho más juvenil. En 1943 hubo una última emisión de ese valor, pero estas piezas ya se acuñaron en Denver puesto que Holanda estaba ocupada todavía por los nazis. Estas dos últimas piezas son más caras que las anteriores ya que son más raras. 

Sin embargo, entre las primeras hay una moneda que en octubre de 2022 alcanzó los 650 euros en una subasta organizada por la casa goud wissel kantoor, de los Países Bajos, y eso que presentaba un estado de conservación más bien flojo. La razón es que ese ejemplar era, además, un pedazo de historia, pero no de forma figurada como acostumbramos a referirnos. En este caso la historia la llevaba encima, literalmente.

La descripción que hizo en su día la casa de subastas era la siguiente (traducida del neerlandés):

“Una pieza única en la que están grabados todos los campos de prisioneros japoneses (de guerra) donde estuvo encarcelado su propietario. ‘8 de marzo de 1942 Buitenzorg. Soekaboemi. Tjimahi. Batavia. Singapur. Kinsatoh Bangpong. Hindato-Rimtin. Bangán. Pelanckasi. Nongpladuke(n). Nompatón. Bangkok. Ubon – Herinner. Vade. Moeder. Rob – 24 Monograma de V(L) U G 1945’ Símbolos combinados de fe, esperanza y amor. 22,40g.”

Un periplo relatado en una moneda

En la foto se aprecia perfectamente como el infortunado soldado propietario de la moneda borró la acuñación del reverso para poder ir grabando todo ese contenido que reflejase su periplo como prisionero de guerra de los japoneses. Por ello, del peso teórico de 25 gramos, la moneda quedó en tan solo 22,4. Un laborioso trabajo para el que, eso sí, disponía de tiempo, o al menos el que le permitieran sus captores. No sabemos la identidad de su propietario original, pero podemos seguir su trayectoria y su historia entre 1942 y 1945. Lo que sigue es una investigación personal a partir de los datos que aparecen en la moneda.

Su poseedor formaba parte del Ejército Real de las Indias Holandesas, la fuerza de orden de Países Bajos en sus territorios coloniales asiáticos, las denominadas Indias Orientales. Estamos hablando de unas fuerzas armadas destinadas a mantener el orden en las posesiones de ultramar, pero escasamente equipadas para afrontar una guerra. Los holandeses, tras el ataque a Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, confiaban en la colaboración de ingleses y estadounidenses para la defensa, pero ya sabemos cómo fueron las cosas.

Residencia Buitenzorg

El 11 de enero de 1942 los primeros soldados japoneses desembarcaban en territorios de las Indias Orientales, Célebes y Borneo. Les siguieron Ambón, Sumatra, Bali y Timor. El ejército holandés poca oposición pudo ofrecer y, normalmente, se limitó a una política de tierra quemada, inutilizando instalaciones militares, fábricas y refinerías.

Por la fecha inicial de la moneda, nuestro protagonista fue uno de los defensores de la isla de Java, que cayó en manos japonesas el 9 de marzo. Aquel día, el Ejército Real de las Indias Orientales se rindió en Java y más de 42.000 soldados holandeses y otros 25.000 nativos fueron hechos prisioneros. La fecha de la moneda es justo el día anterior a la rendición por lo que muy probablemente el soldado que la grabó fue hecho prisionero días antes (la invasión de Java había empezado la noche del 28 de febrero). Por la primera inscripción geográfica, Buitenzorg, es probable que fuera hecho prisionero en la toma de esa ciudad, que cayó en manos japonesas el 6 de marzo. En los primeros días, los japoneses mantuvieron a sus prisioneros en lugares cercanos a donde se habían rendido, a menudo en instalaciones militares. Al poco, nuestro militar debió ser trasladado a un primer campo de reunión de prisioneros, en Sukabumi (Soekaboemi, en holandés) situado en Java Occidental, que fue evacuado progresivamente a diversos campos más estables como Tjimahi, en mayo y junio de 1942.

Entre septiembre de 1942 y septiembre de 1944 los prisioneros de esa zona fueron transportados en barco, desde el puerto de Batavia, que es la siguiente inscripción en la moneda, a campos de trabajo fuera de Java. Uno de los lugares a donde fueron enviados estaba en Singapur, el siguiente lugar reseñado en nuestra moneda.

La siguiente inscripción, Kinsatogh Bangpong, hace referencia a un campo de prisioneros situado cerca de Bangkok, la capital de Tailandia. Muchos prisioneros de Singapur fueron trasladados allí para construir una línea de ferrocarril que conectara precisamente Bang Pong, en Tailandia, con Thanbyuzayat, en Birmania. Un ferrocarril que debía servir para garantizar una línea de abastecimientos entre esos dos países ocupados sin los peligros de la vía marítima (especialmente los submarinos). A principios de marzo de 1943, un grupo de prisioneros británicos y holandeses fueron enviados a otro campo, Hindato, probablemente como consecuencia del avance de la obra. De hecho, las siguientes anotaciones son diferentes campamentos de prisioneros a lo largo del recorrido de la construcción: Bangan (Banga), Pelanckasi, Nong Pladuk.

En la construcción de ese ferrocarril, murieron unas 94.000 personas, la mayoría asiáticos, el resto, unos 14.000, prisioneros de guerra de las potencias aliadas. De las fuerzas holandesas se calcula que murió el 16% de los trabajadores forzados, unos 2.830. Ahora ya sabéis por qué se le conoce también como el ferrocarril de la muerte.

Cinco prisioneros de guerra trabajan en la construcción de la línea ferroviaria de Birmania. Thailandia, 1942-1945.

Tras finalizar la construcción de ese ferrocarril, la peculiar leyenda de la moneda de nuestro soldado prisionero ya iba por su tercer círculo concéntrico de anotaciones, pero quedaba poco porque la siguiente inscripción ya es Bangkok, a donde debía llegar al finalizar la guerra puesto que Tailandia fue ocupada por los japoneses hasta el día de la rendición incondicional, el 2 de septiembre de 1945. Por eso, yo creo que la inscripción en forma de fecha, en el centro del reverso, empieza a la izquierda con un 2, por el día 2, y continúa con un 9, no un 4 como sugería la transcripción de la casa de subastas. Sería el número correspondiente al mes de septiembre de 1945 que aparece a la derecha.

Respecto al resto de lo que aparece en el reverso de esa moneda, las palabras “Herinner. Vade. Moeder” parecen ser los sustantivos holandeses referidos a Recuerdo, padre y madre, y para interpretar los dibujos del ancla, el corazón y la cruz estoy de acuerdo en la explicación que hacía la casa de subastas, como símbolos de fe, esperanza y amor, y yo añadiría que tienen un marcado matiz religioso (cristiano). V U G podrían ser las iniciales del soldado en cuestión, pero eso es más especulativo. Es posible que con todos estos datos y una buena investigación en los archivos militares neerlandeses se pudiera conocer la identidad del militar que grabó la moneda.

3 comentarios en “Tres años y medio de presidio relatados en una moneda”

    1. Bueno, Josera, de hecho ese puente formaba parte de esta línea de ferrocarril, y en él trabajaron pueblos indígenas, y prisioneros de guerra holandeses y británicos así que, sí, el recuerdo es más que procedente.

  1. La verdad es que el número después del 2 se parece más al 4 de «1945» que al 9 de «1945», pero, aun así, es extraño que no se le haya ocurrido indicar el mes, ya sea con una cifra o con una (o varias) letras. Podría ser agosto, que en holandés es «augustus», si no fuera porque, aunque tenemos una U y una G nos falta la A y nos sobran la V y la L.

    No creo que empezara a anotar los campos en los que estuvo desde el primero. Es difícil pensar que tuviera la previsión de reservar el espacio necesario para todos los lugares donde todavía no sabía que iba a estar. Posiblemente se le ocurrió cuando ya había estado en varios y veía que la cosa podía seguir…

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