El naufragio de la Flota de 1715

El naufragio de la Flota de 1715

A finales del siglo XVII había dos flotas españolas que cruzaban el Atlántico con cierta regularidad para unir comercialmente la Península Ibérica y el Caribe: la Flota de Tierra Firme, que viajaba a Cartagena; y la Flota de Nueva España, que viajaba a Veracruz. Estas dos flotas muchas veces hacían juntas el trayecto hasta el Caribe, aumentando así la seguridad de un viaje que siempre era complicado. Un viaje que también era crítico para la Corona Española, pues la ingente cantidad de oro, plata y otros tesoros provenientes de América -e incluso de Asia a través del Galeón de Manila- sostenía una grandísima parte de la economía del reino. La pérdida de un barco, y no digamos ya de una flota, suponía una enorme catástrofe para las arcas públicas y para la economía del país.

Los peligros de la travesía eran fundamentalmente dos: el clima, pues un huracán podría hacer que el mar se tragase una flota entera; y el asalto de piratas o de ejércitos extranjeros. Estos asaltos se producían fundamentalmente a manos de los ingleses, otra potencia naval con bases en América que se disputaba con España el control del Atlántico. Ni qué decir tiene que para los ingleses interceptar un navío español tenía doble compensación, pues debilitaban a sus enemigos a la vez que se enriquecían con su mercancía. Tampoco debe sorprender que en los momentos de guerra entre España e Inglaterra los mares fuesen especialmente peligrosos puesto que los ataques enemigos incrementaban significativamente.

8 escudos de Lima, 1708 (fuente)

Tal fue lo que ocurrió durante la Guerra de Sucesión Española. Durante esta contienda los ingleses entendieron el ataque a las flotas que unían América y España como una táctica de guerra. El caso más sonado ocurrió el 23 de octubre de 1702, cuando barcos ingleses y holandeses entraron en la bahía de Vigo para interceptar a la flota procedente de la Habana, a pesar de estar custodiada por 23 barcos franceses. Esto dio lugar a la Batalla de Rande, en la que los atacantes consiguieron infringir un daño enorme a las armadas españolas y francesas, aunque buena parte de la plata que transportaban los galeones pudo ser desembarcada.

Tanto sufrió la flota durante la Guerra de Sucesión que, al finalizar, a España apenas le quedaban barcos en la Armada. Por otro lado, la Hacienda española estaba realmente bajo mínimos en buena parte debido a que durante toda la guerra no se pudo enviar ninguna gran flota con metales preciosos hasta la Península. Esas riquezas procedentes de toda América y de Filipinas se acumulaban en el Caribe esperando el momento propicio para poderla embarcar con destino a Europa. Sin embargo, acabada la Guerra de Sucesión, el momento que Felipe V veía propicio era el ipso facto, pues el tesoro era crítico para salvar a España de la bancarrota. Por eso se ordenó embarcar de las Indias tantos tesoros como fuesen posibles sin tener en cuenta el coste o los peligros que supusieran la travesía.

8 onzas galanas apliadas (fuente)

Para ese transporte se juntó en la Habana una flota compuesta por doce barcos. Cinco de ellos pertenecían a la Flota de Tierra Firme, que comandaba el Capitán de Mar y Guerra Don Antonio de Echevers y Subiza, caballero de la Orden de Calatrava, regidor perpetuo y alcalde provincial de la Santa Hermandad de la ciudad de Panamá. Esta flota había partido de Panamá el 27 de julio de 1713 con un total de 1.890 toneladas de carga. Luego hizo una larga escala en Cartagena, de donde salió en septiembre de 1714 con destino a la Habana.  La nave capitana era la Nuestra Señora del Carmen y San Antonio de Padua, comandada por el propio Echevers. Le acompañaba el Nuestra Señora del Rosario y San Francisco Javier, la fragata Señor San Miguel, la Nuestra Señora del Cármen y el patache Nuestra Señora de la Concepción. Para mostrar la posición económica y social que tenía Echevers, bastará decir que cuatro de los navíos eran de su propiedad, que el Nuestra Señora del Rosario y San Francisco Javier estaba capitaneado por uno de sus hijos y otro era capitán de infantería y gobernador del patache.

Otros seis navíos pertenecían a la Flota de Nueva España, comandada por Juan Bautista de Ubilla, caballero de la Orden de Santiago.  Esta flota partió de Cádiz en mayo de 1712 después de que Felipe V firmase un contrato con Ubilla y Monsieur Chevalier d’Eon, el jefe de una familia de comerciantes franceses que residía en Cádiz. Estos barcos se dirigieron a América trasportando, entre otras cosas, mercurio. Este líquido metal era apreciadísimo en esa época puesto que era necesario para amalgamar la plata en las minas de América Nueva España ya que todavía no se habían encontrado allí minas de mercurio en dicho continente. Esta flota llegó a Veracruz el 3 de diciembre de 1712, donde tuvo que esperar hasta el 24 de julio de 1715 para poder partir hace la Habana. La nave capitana era el Nuestra Señora de Regla, San Dimas y San Francisco Javier, donde viajaba Ubilla. Le acompañaban el Santo Cristo de San Román, Nuestra Señora del Rosario y San José (la almiranta), el Santa Rita y Ánimas, el Santísima Trinidad y Nuestra Señora de la Concepción; y el Nuestra Señora del Rosario y San Francisco Javier. La capitana y la almiranta llevaban una enorme cantidad de plata amonedada, además de 84.095 pesos escudos en forma de pasta por no haber dado tiempo a amonedarlos. Finalmente se unió a la flota el Griffon, un barco francés cuya misión era transportar 48.801 piezas de reales de a 8 que debía pagar el Duque de Linares, gobernador de Veracruz, a Felipe V.  Como dato curioso (porque, en mi opinión no pasa de ser una curiosidad a pesar de la importancia que se le suele dar) la nave capitana de Ubilla portaba unas lujosas joyas que eran un regalo de Toribio Rodríguez, presidente de la Audiencia de Guadalajara, a Isabel de Farnesio, mujer de Felipe V que acababa de llegar a España.

Lingote de 21,5 onzas de plata (fuente).

No quisiera continuar sin animar a los lectores a que profundicen por su cuenta sobre lo que ocurrió a estas flotas antes de zarpar desde la Habana, pues son un buen ejemplo del ambiente social, la lucha de poderes y la corrupción existente en los puertos coloniales de América a principios del siglo XVIII. En los meses que tuvieron que esperar estas flotas en los distintos puertos caribeños desertó más de la mitad de su tripulación. Acontecieron verdaderas luchas de poder entre Ubilla y los generales locales. Hubo grandes problemas con los comerciantes asentados en América, acostumbrados como estaban a comprar productos más baratos provenientes del contrabando. La llegada del Galeón de Manila a Acapulco, que coincidió con la llegada a Veracruz de la Flota de Nueva España, dificultó mucho a Ubilla la venta de la mercancía que llevaba… Sobre esta flota se ha conservado mucha documentación y hoy en día es de muy fácil acceso, por eso animo a los interesados a que busquen más sobre el tema.

Presionados por las prisas de la Corona, Ubilla dio la orden a la flota para que partiese de la Habana el 24 de julio de 1715. Se trataba de un día tranquilo, aunque todos eran conscientes del riesgo asumido por zarpar al inicio de la temporada de huracanes caribeños. El riesgo se materializó y el desastre se conoce de manera detallada gracias al informe que escribió Don Alonso de Armenta en octubre de 1715.

Según Alonso de Armenta, los primeros días fueron tranquilos, pero el 29 de julio apareció un fuerte oleaje proveniente del sur. En la mañana del 30 de julio la flota se encontraba cerca de Cabo Cañaveral. El viento no paraba de aumentar y los marineros ya tenían por seguro que iban a llegar vientos huracanados. Por eso, Ubilla ordenó a todos los barcos que dispusieran de cara al viento, tratando así de evitar el choque contra el arrecife. Fue inútil. A la noche siguiente un enorme huracán alcanzó a los barcos estrellando siete de ellos contra los arrecifes de Cabo Cañaveral y hundiendo otros dos. Solo el Griffon sobrevivió en el mar junto con uno de los buques de Echevers que el huracán puso milagrosamente en tierra sin que pereciese ningún ocupante.

Navaja (fuente)

El desastre tuvo consecuencias dramáticas. Más de 1.000 personas de los 2.500 que formaban la tripulación perecieron aquella noche. Además, se perdieron 11 barcos de la flota española y gran parte de la carga. A día de hoy se considera que la flota de 1715 supone el mayor tesoro hundido de todos los tiempos y uno de los episodios más dramáticos de la historia española colonial, tanto por las pérdidas materiales como por las humanas.

La única fortuna en todo este desastre fue que la lancha de la capitana de Echevers pudo llegar de vuelta a la Habana. Al escuchar la noticia, se enviaron rápidamente ocho balandras para recuperar parte de la carga y para dar soporte a los supervivientes, que se encontraban en una tierra hostil expuestos a enfermedades y ataques de indios y piratas.

Algunos de los barcos se encontraban muy cerca de la costa y a muy poca profundidad, por lo que los buceadores pudieron extraer unos cinco de los catorce millones de pesos que transportaba la flota. Esta plata se guardaba en un almacén construido para la ocasión y custodiado por soldados hasta que fuese enviada de vuelta a la Habana. Los españoles temían el ataque de indios, pero lo que recibieron fue la visita del filibustero Jennings junto con 600 hombres y seis barcos. Estos asaltantes no tuvieron mucha dificultad en llevar al gobernador de Jamaica un botín de 350.000 pesos, que era lo que se encontraba en el almacén cuando llegó Jennings.

Monedas encontradas en Florida entre el 30 y el 31 de julio de 2015 (fuente)

El material rescatado se transportó a la Península en la Flota de López Pintado, que llegó a Cádiz en agosto de 1716. Además de llegar un año más tarde, esa flota traía muchísimo menos material del esperado en 1715. Esto supuso un duro palo para la Hacienda española y también la ruina total para comerciantes de Sevilla, Cádiz, Cartagena y Veracruz. Hubo que esperar 250 años para que este hundimiento supusiera una buena noticia para ciertos comerciantes y caza tesoros que se interesaron por los restos de esta famosa flota. Pero eso ya es otra historia.

Las imágenes que ilustran la entrada están sacadas del nuevo grupo de Facebook «Tesoros Bajo el Mar». En este grupo Pedro Joaristi ha compartido estas imágenes de monedas y otros objetos pertenecientes a la Flota de 1715 (uno, dos, tres, cuatro y cinco). Os recomiendo haceros miembros del grupo porque se está compartiendo información muy interesante y Pedro nos está dando una auténtica lección de tesoros submarinos, especialmente de la Flota de 1715.

10 Comentarios

  1. Pedro Joaristi 1 mes hace

    Muchas gracias por tus palabras, solo aclaro que soy un simple recopilador de datos pero que en la página contamos con la participación de verdaderos expertos y autores como Glenn Murray y Jorge Proctor (Jorge de la Guardia).

  2. Manuel Hernández 1 mes hace

    Buena aportación historica haces en esta entrada.
    Había leido algo, pero has levantado mi interés por investigar sobre este tema.
    Gracias y Saludos.

  3. Yago Abilleira Crespo 1 mes hace

    Tengo un peso de dicha flota. Comprado a Sedwick, cómo no, con un precioso certificado de los 60, muy vintage.

    Con Felipe V se hundieron varios barcos de la Carrera de Indias: Una flota en Rande en 1702, otras dos en Florida (1715 y 1733), una flotilla de azogues en 1724 en la Hispanolia y etcétera.

  4. Fernando 1 mes hace

    Genial el artículo. Me parece una fantástico artículo histórico, un gran valor añadido a la información numismática. Me gusta.

  5. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 1 mes hace

    Me alegro de que os haya gustado el artículo y, sobre todo, que os haya despertado la curiosidad de saber más y aprender por vuestra cuenta. Hay mucho publicado en inglés, pero no tanto en castellano. Es un tema muy amplio y muy interesante. Da para varios libros y esto no es más que una introducción que pretende contextualizar la situación.

    Yago es otro de los que participa activamente en el grupo de Facebook «Tesoros Bajo el Mar», como no podía ser de otra manera.

    Saludos,
    Adolfo

  6. Daniel Rey 1 mes hace

    Una mínima observación a lo expuesto en sexto párrafo, donde se menciona que no se habían encontrado minas de mercurio en el continente americano, hay que decir que en el virreinato de Perú se encontraba la mina de mercurio o azogue de Santa Bárbara, cercana a la localidad de Huancavelica. En el año 1571 el virrey Francisco Álvarez de Toledo fundó la Villa Rica de Oropesa, de donde se extraía el azogue para la amalgama con la plata del Cerro Rico de Potosí. En 1573 el mismo virrey fundó la Casa de Moneda de Potosí, en la actual Bolivia, donde se empleaba el mercurio de Santa Bárbara y que en alguna oportunidad llegó a proveer a la Casa de Moneda de México, que generalmente recibía el azogue desde España.

  7. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 1 mes hace

    Daniel, tienes razón. No sabía que ya en el siglo XVI se había encontrado mercurio en el actual Perú. En cualquier caso, la producción de mercurio en el Virreinato de Perú debió ser muy pequeña. Durante todo el siglo XVII se importaba mercurio desde Europa hasta América. No tendría sentido llevar este preciadísimo metal hasta el Alto Perú si allí mismo se pudiera obtener.

    Por cierto, no he leído mucho sobre el comercio del azogue en la América colonial, pero lo poco que he ojeado me ha resultado interesantísimo. Habrá que profundizar un poquillo más al respecto.

    Saludos,
    Adolfo

  8. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 1 mes hace

    Por cierto, Glenn Murray me ha tirado de las orejas en Facebook por utilizar la palabra «onza» para denominar a los «doblones de 8 escudos». Mi respuesta ha sido la siguiente:

    «sería un buen tema ese del origen de algunos términos, y desde luego debo informar a los lectores de que la palabra «onza» para denominar a los 8 escudos no es históricamente correcto. Pero en el Blog no voy a renunciar a su uso.
    Hay que tener en cuenta que es un blog para coleccionistas, no para historiadores. Los coleccionistas, como comunidad, han desarrollado su propia jerga que generalmente tiene una base histórica pero a veces no es el caso: «dinero de seis líneas», «redondo», «onza»… Bien está ser consciente de su origen e informar del mismo, pero no creo que deba dejarse de usar en este contexto (muy diferente sería si, por ejemplo, lo metiese en un artículo histórico).»

    https://www.facebook.com/aruizcalleja/posts/3432671116784931

  9. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 1 mes hace

    Por último, Fernando Prieto tiene mejor memoria que yo y me ha recordado que el año pasado mostré un real de a 8 de la Flota de 1715 cuando estuve en la convención de la ANE. Fue Rafael Montilla quien lo tenía en su mesa: https://youtu.be/CBOSEEgJJoA?t=403

  10. David Fernando 1 mes hace

    Huancavelica en Peru era un importante centro de extracción de azogue o mercurio como se mencionó anteriormente en otro comentario sus cantidades eran altas y se mejoró su organización en el siglo XVIII con los Borbones, abasteciendo a los centros de Potosí y Porco para la amalgama, probablemente el mercurio de esa flota era enviado para México. Por eso, esta ciudad Huancavélica formaba parte del camino real y era un centro comercial de cierta importancia a la vez que tenía comunicación fluida, dentro de lo que permitía lo escarpado de su topografía, con las grandes ciudades de la zona, Cuzco, Potosí, La Paz y hasta Lima. Según una versión que escuché, esas minas, al igual que las minas de azogue de la península pertenecía al mismo grupo familiar y financiero.

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