Coleccionar cuños de monedas

Coleccionar cuños de monedas

La mayoría de los coleccionistas numismáticos nos centramos en adquirir y estudiar monedas, billetes y medallas. Pero la numismática va más allá, pues abarca todos los objetos que estén relacionados con la producción numismática y el uso de monedas. Así, hay quienes incluyen en su colección ponderales, libros, documentos históricos, dinerales, balanzas… También están los objetos relacionados con la exonumia, como son medallas religiosas, monedas elongadas, botones… y con la exográfica (me acabo de inventar esta palabra, haciendo un paralelismo del inglés exographica), como son cheques, tickets de autobús, lotería, cupones… Son tantos los objetos relacionados que se permite a cualquier coleccionista –e independientemente de su presupuesto– montar su propio museo sobre algún tema concreto.

Unos de los objetos relacionados con las monedas son, obviamente, los cuños o troqueles. Quizá sean los objetos más importantes en el proceso de producción de una moneda (más) pues, en última instancia, son los que sirven para imprimir en el cospel esos diseños que tanto nos gustan. Lo que ocurre es que son objetos muy sensibles sobre los que sus legítimos propietarios siempre han sido muy celosos. La razón es obvia: si un cuño cae en malas manos, ese cuño se podría utilizar por un falsario para acuñar moneda falsa que sea muy difícil de distinguir de la auténtica. Por eso la custodia de los cuños era un asunto crítico para el poder público a lo largo de los siglos (en su tesis doctoral, Roma nos habla de cómo se llevaba a cabo en Castilla durante la baja Edad Media). Los cuños se guardaban con muchísimo celo y se destruían cuando ya no se podían utilizar más. Por eso son muy pocos los que han llegado a nuestro días. La mayoría de los que lo han hecho son de épocas recientes y están en manos públicas.

«Hay que diferenciar entre cuños auténticos, cuños de falsario y cuños falsos»

Todo esto hace que no sea raro encontrarse cuños expuestos en museos numismáticos (un ejemplo, otro y otro), pero es muy raro encontrarlos en colecciones particulares. No porque los coleccionistas no los quieran, sino porque hay poquísimos en manos privadas. Ahora bien, quien incluye en su colección un par de cuños relacionados con la temática de la misma puede estar seguro de darle un toque distintivo que pocos coleccionistas pueden dar. Por eso son tan queridos.

De entrada, hay que diferenciar entre cuños auténticos, cuños de falsario y cuños falsos. Los cuños auténticos son los que en su día se utilizaron para acuñar moneda auténtica. Los cuños de falsario son los que en su día los utilizó un falsario para acuñar moneda falsa.  Finalmente, los cuños falsos son cuños creados en épocas futuras que intentan imitar a los cuños de época.

Los cuños falsos tienen muy poco interés histórico o numismático. Pueden ser cuños que haya utilizado un falsario para hacer falsificaciones modernas y luego los ponga en venta (ejemplo); o pueden ser imitaciones de los cuños que se hagan para estafar a los coleccionistas interesados. En este artículo se hace un análisis metalográfico de 16 cuños supuestamente romanos, llegando a la conclusión de que 15 de ellos son falsos y uno probablemente sea auténtico. No diré más sobre los cuños falsos, pero es obvio que hay que tener muchísimo cuidado a la hora de coleccionarlos.

Cuño de falsario romano

Cuño de falsario 8 escudos

Los cuños de falsario son raros, pero mucho más comunes que los cuños auténticos en moneda anterior al siglo XIX. En su época hubo muchos menos cuños de falsarios que cuños auténticos, pero los falsarios no se preocupaban tanto de su custodia y su posterior destrucción como el poder público. Por eso, a pesar de que eran más raros han llegado más a nuestros días. Aquí os dejo unos cuños del falsario romanos y otros de 8 escudos madrileño de 1819 (subastado por Áureo & Calicó en octubre de 2012).

Los cuños auténticos son rarísimos en cualquier moneda anterior al siglo XIX. La razón ya la dije antes: para evitar que se diese mal uso a los mismos, se cuidaban de destruirlos cuando acababa su vida útil. Si ponemos el ejemplo del Imperio Romano, aquí se hace un recuento y se indica que existen menos de 25 ejemplares en total. La mayoría de ellos provienen de la ceca de Lugdunum (se ve que los protocolos alguna vez se saltaban en esa ceca) y a día de hoy casi todos están en manos públicas. El descubrimiento de un cuño es algo muy inusual pero que ofrece mucha información arqueológica. Aquí tenéis un artículo escrito a raíz de haber encontrado un cuño ateniense en Egipto.  Aquí tenéis imágenes de un cuño de Augusto mientras que abajo ilustro un cuño de un denario de Tiberio:

Cuño de denario de Tiberio

Llegando a la Edad Contemporánea es más fácil (aunque no deja de ser un desafío) encontrar cuños. La mayor parte de ellos están en manos públicas pero también hay algunos en manos privadas. Se les ve de vez en cuando en las subastas. Por poner un ejemplo, aquí os dejo una pareja de cuños de los 50 centavos de Manila de 1880

Cuño de 50 centavos 1880 Manila

El coleccionismo de cuños tiene una entidad significativa. Prueba de ello es que NGC recientemente ha lanzado un servicio de autenticación, graduación y encapsulamiento de cuños. Esto es un buen síntoma de que hay un mercado al respecto. NGC considera distintos tipos de cuños, atendiendo a cómo estos cuños fueron cancelados por la ceca. Es decir, el tipo de manipulación que se llevó a cabo para evitar que nuevas monedas o medallas pudieran salir de dichos cuños. Os los dejo aquí como ejemplos

Cuño desfigurado

Cuño incendiado

Cuño cancelado X

Cuño cancelado genérico

Cuño sin cancelar

Como dije antes, hacerse con cuños puede ser un excelente complemento a una colección temática. Pero centrar una colección en cuños antiguos es realmente complicado, pues requerirá una paciencia tremenda. De hecho, la única colección que conozco centrada en cuños es la Colección Gasvoda. Esta colección la componían 11 cuños de falsario romanos, el cuño de Tiberio que reproduzco más arriba y un cuño bizantino. 13 ejemplares en total. Con eso nos podemos hacer una idea de la dificultad de la temática.

En cuanto a precios, el precio de un cuño dependerá del interés por la moneda que salió de ese cuño. Por dar algunas referencias en época contemporánea, podemos tomar los 600 euros de remate en 2012 del cuño de falsario que subastó Áureo & Calicó. Otro ejemplo son los 600 euros que se pedían por estos cuños de medalla (lote desierto). En cambio, los cuños de los 50 centavos de peso se remataron en 2.100 euros. Por otro lado, estos cuños chinos se remataron en $4.250, mientras que nadie pagó $400 por este cuño incendiado. La Colección Gasvoda nos puede dar una buena referencia de precios de los cuños en la Edad Antigua. Vemos que los cuños de falsario se remataron entre $2.200 y $6.000. El bizantino se fue a los $9.000 y el cuño de Tiberio subió hasta los $50.000. Es lo que tiene querer adquirir objetos prácticamente únicos y con alta demanda.

12 Comentarios

  1. Óscar 7 meses hace

    Efectivamente, estos cuños lo normal, es que se paguen a buen precio.
    Para mí, digamos, que constituyen el material más cercano al «hacer» del atista grabador (exceptuando los punzones, que son los que dan paso a la creación del cuño).

    El cuño, es anterior a la propia moneda, y por ello, debería tener su cabida, en cualquier colección que se preste importante.
    …me imagino como será ver un cuño de los excelentes de los Reyes Católicos… Contemplar sólo uno de ellos, debe transportarte no solo a otra época, si no a otro tipo de razonamiento, que posiblemente se nos haya pasado desapercibido: ¿Qué monedas habrán salido de este cuño en concreto, que desgaste tiene, por qué no fue destruido…?

    Al igual que los cuños, los rieles son de vital importancia en la numismática (claro, que bastante escasos). Gracias a ellos, podemos saber, por poner un ejemplo, cuántos grabados de moneda existían en un mismo rodillo, si eran iguales o distintos, cómo los numeraban, qué marcas utilizaban para arrastrar la moneda y que no se quedase trabada o resbalase más de la cuenta, dentro de los laminadores…

    Se nos olvida a veces nombrar, a una disciplina paralela a las medallas y monedas, la sigilografía o el estudio de los sellos y sus improntas. Al igual que los cuños, solían o bien guardarse bajo llave, o destruirse, para evitar que los falsarios situasen esas improntas, o sellos de plomo…en documentos que no les correspondían, validándolos de manera fraudulenta.

  2. Lanzarote 7 meses hace

    A mí me gusta mucho ver un rodillo del Real Ingenio con sus distintos grabados, o un cuño de un denario republicano. También son muy interesantes los punzones, como bien comenta Óscar. Hace poco vi en una subasta unos de columnas de reverso de un 8 reales de busto de ceca americana. Aunque prefiero verlos en museos que tenerlos en mi colección.

  3. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 7 meses hace

    Un lector del blog que tiene una colección impresionante de monedas me ha pasado fotos de estos cuños que tiene:

    cuño

    cuño

    cuño

    cuño

    cuño

    cuño

    • Lanzarote 7 meses hace

      waW

    • Victoria 7 meses hace

      Hay que darle las gracias al lector porque emocionan mucho más sus fotos y sus cuños que los de tus fotos…. Por qué será….
      Os diré que el toque de limpiametales me ha dado un regustillo a ama de casa «amantísima»….

  4. Óscar 7 meses hace

    Brutalísimos…

  5. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 7 meses hace

    Me alegro de que os gusten los cuños de este coleccionista.

    Y sí: las fotos caseras tienen su aquél. Esas fotos perfectas y profesionales son mucho mejores técnicamente, pero las fotos caseras dan más sensación de proximidad.

    Saludos,
    Adolfo

  6. David 7 meses hace

    Artículos cómo este me hacen ver, tal y cómo apunta Adolfo, que la numismática va mucho más allá de las monedas. Supongo que es algo habitual pensar sólo en monedas cuándo se es un novicio, como es mi caso. Para mí, las palabras cuños, punzones, rodillos, ensayadores… todavía me son un poco difusas, pero bueno, poco a poco.
    A mi me gustaría que los pocos cuños auténticos que debe haber estuvieran en museos, así todos tendríamos la oportunidad de verlos en persona, cosa que debe impresionar (me imagino yo, porqué no he visto ninguno). Y además está el añadido de que si estos caen en malas manos, muchas monedas falsas se podrían llegar a colar en el mercado. Porqué, aunque no he hecho un estudio, estoy seguro de que hay muchísima más gente coleccionista principiante o inexperta, que expertos a quienes no le colarían una moneda falsa.
    En fin, cómo siempre, felicitar a Adolfo por su gran trabajo

  7. Juan Bautista Bajo Miguélez 7 meses hace

    Magnífico estudio que comparto en su totalidad. Solo un comentario, que pienso no te extrañará, a tus palabras: «Los cuños se guardaban con muchísimo celo y se destruían cuando ya no se podían utilizar más. Por eso son muy pocos los que han llegado a nuestro días. La mayoría de los que lo han hecho son de épocas recientes y están en manos públicas»….Si moneda solo acuñan los estados y, por ley, solo los estados y las cecas autorizadas pueden elaborar cuños….y esos cuños se destruían cuando ya no se podían utilizar más, CÓMO ES QUE HAY CUÑOS EN MANOS PRIVADAS… Por supuesto, los CUÑOS AUTÉNTICOS siempre serán cuños auténticos estén en instituciones públicas o en manos privadas…lo mismo que las monedas acuñadas con cuños auténticos siempre son monedas auténticas.
    Un abrazo, Adolfo
    Juan Bautista Bajo Miguélez

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 7 meses hace

      En términos generales estoy de acuerdo contigo, pero no en todos los casos. Me explico:

      «Si moneda solo acuñan los estados y, por ley, solo los estados y las cecas autorizadas pueden elaborar cuños…»

      Bueno, hay casos (e.g. ciudades sitiadas, periodos convulsos etc.) donde se acuñaron monedas de necesidad sin que hubiese una autoridad competente que legislase esas acuñaciones.

      «y esos cuños se destruían cuando ya no se podían utilizar más, CÓMO ES QUE HAY CUÑOS EN MANOS PRIVADAS…»

      Justamente por eso son tan raros: poquísimos cuños han sobrevivido.

      «lo mismo que las monedas acuñadas con cuños auténticos siempre son monedas auténticas»

      De nuevo no siempre: si yo ahora me compro una pareja de cuños del siglo XIX, los meto en una prensa y empiezo a acuñar cóspeles, esos cóspeles acuñados no serán monedas auténticas.

      Celebro mucho que te haya gustado la entrada.

      Saludos,
      Adolfo

  8. J. Mir 7 meses hace

    Aunque es algo casi milagroso, los cuños conservados también permiten conocer la existencia de monedas de las que no nos han llegado ejemplares y sin embargo se han conservado los troqueles, siempre con la posibilidad de que no llegaran a usarse nunca, claro.
    Un buen ejemplo de ello es el trabajo de Jaume Boada sobre la colección de cuños mallorquines que fueron llevados a Madrid después de desmantelar la ceca insular en el siglo XVIII. Por ellos se puede saber que debió existir la onza y la media onza mallorquina de Felipe V posterior a la Guerra de Sucesión (o sea, con busto), o el dobler de Luís I (ahora ya se conocen ejemplares monetarios de esta última).

    Boada, Jaume. Els Encunys mallorquins del Museo de la Casa de la Moneda, Acta Numismàtica 40, 2010, pp. 165-193.

    Otro interés de lo cuños, cuando se puede acreditar su ejecución oficial como en el caso citado, es la comparativa con los falsos y por tanto afinar la autenticidad de las piezas resultantes de uno u otro.

    Por otro lado no estoy de acuerdo con Juan Bautista, una moneda realizada con cuños auténticos no es necesariamente auténtica, un ejemplo extremo: una moneda de cobre realizada con los cuños de un duro de plata nunca va a ser auténtica y nadie lo va a dudar, pero tampoco será autentica una moneda realizada fuera de su entorno regulatorio (en mi garaje por ejemplo), aunque pueda ser difícil de demostrar si cumple con los parámetros metalográficos (si fundo plata en mala conservación del mismo tipo del duro que voy a batir en mi garaje).

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 7 meses hace

      Muy de acuerdo en casi todo.

      La única cuestión es que, en ciertos casos, sí sería posible distinguir una acuñación posterior aunque se haya hecho con cuños originales. Hay que afinar mucho, también es verdad. La plata y el oro decanta hacia el centro de la moneda, por lo que al hacer un análisis metalográfico aparece menos proporción de estos metales en la superficie de la moneda al cabo de siglos de haber sido acuñada.

      Saludos,
      Adolfo

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