El impacto de futuros tesoros en las inversiones numismáticas II

El impacto de futuros tesoros en las inversiones numismáticas II

En un artículo pasado vimos una clasificación de las monedas en relación con el mercado numismático. Comentaba que a los coleccionistas e inversores nos interesa conocer qué monedas están en manos privadas –puesto que son las que forman parte del mercado numismático- y qué monedas existen –puesto que en el futuro podrían formar parte del mercado numismático-. Sin embargo, solo tenemos fuentes sobre las monedas conocidas y las monedas acuñadas. Todo lo que podemos saber sobre el resto de las clasificaciones son estimaciones, lo cual siempre incluye cierto error. En este artículo continuaré con la reflexión al respecto, viendo la implicación que tiene esto para el coleccionista y el inversor numismático. A nadie nos gustaría gastar un dinero significativo en una moneda y que años más tarde aparezca un tesoro que convierta a ese tipo de moneda en mucho más corriente y a nuestra moneda es mucho más barata.

Antes de nada, me vais a permitir una licencia. Ya sabéis que en mis artículos siempre baso mis argumentos en ejemplos concretos que suelo explicar o enlazar. En este artículo no lo voy a hacer para no comprometer a ningún comerciante. Los coleccionistas que lleven años en esto seguro que al leer el artículo se les vienen a la cabeza varios ejemplos de lo que comento; a los que están empezando les pido un poco de fe en mis palabras con la promesa de que seguro que en los próximos años ven ejemplos de esto que cuento.

Vaya por delante que cuando, debido a la aparición de un tesoro, se introduce en el mercado una cantidad significativa de monedas raras de un mismo tipo, pueden ocurrir dos cosas: o bien las monedas se dispersan rápidamente buscando compradores o bien las monedas las acaparan unas manos fuertes que las va sacando muy poco a poco, llegando a tardar décadas en venderlas todas. En el primero de los casos, el impacto del tesoro es grande en el corto plazo: de repente aparecen en subastas ciertas monedas raras con bastante más frecuencia de lo habitual y se ven varias en venta en las convenciones. Se han llegado a dar casos de ver varias monedas rarísimas de un mismo tipo en la misma subasta, lo que considero una falta de profesionalidad por parte de la casa subastadora. Esta situación anómala genera la sensación de que existen muchas monedas de este tipo y comienzan rumores que engrandecen el tamaño del supuesto tesoro. Dependiendo de la demanda que haya para este tipo de piezas el mercado las absorberá más o menos rápido, pero es probable que durante unos años el precio de ciertas monedas se resienta significativamente.

2 euros conmemorativa de las murallas de Ávila, FNMT

En cambio, cuando las monedas son acaparadas por una mano fuerte que las va soltando a cuentagotas se observa que un mismo comerciante vende cada ciertos años monedas de un tipo concreto muy raro, o incluso salidas del mismo cuño. Utilizando bases de datos se puede ver que ciertas casas de subastas son los únicos que han vendido un tipo de moneda en los últimos años; o que han sacado 10 ejemplares o más provenientes de un mismo cuño (sin ser falsificaciones, obviamente). El buen profesional hará las ventas de manera que el precio de las monedas no se resienta, pero seguirá habiendo rumores sobre la magnitud del tesoro. En caso de que un coleccionista esté interesado en esas monedas yo le recomendaría que simplemente hablase con el comerciante en cuestión si tiene confianza con él (y si no la tiene, le recomendaría que la adquiriese).

Dicho esto, veamos qué pasa con el precio de una moneda cuando aparecen más monedas de su mismo tipo. Como siempre, el precio se basa en la relación entre la oferta y la demanda. Cuando se introducen nuevas monedas al mercado (porque se haya encontrado un tesoro o por lo que sea) se incrementa la oferta. Esto producirá un desequilibrio entre el anterior equilibrio de oferta y demanda que se resolverá con una bajada de precio. Esta suposición se basa en la famosa competencia perfecta, que no es algo que yo me crea pero es una teoría sencilla que simplifica mucho la explicación.

Historia de la Navegación, FNMT

Vemos entonces que la introducción de nuevas monedas en el mercado tendrá un impacto en el precio que dependerá de la relación anterior entre oferta y demanda, y de cómo de estable sea esa relación. En términos generales, cuanto más grande sea la oferta y la demanda, mayor será la estabilidad de esa relación. En esos casos el impacto en el precio de las monedas de introducir nuevas será muy pequeño. En cambio, cuando hay muy poca oferta y muy poca demanda, la relación será muy inestable. En esos casos, la introducción de unos pocos ejemplares en el mercado puede tener un impacto fuerte en su precio. Voy a hacer una clasificación gruesa de estas relaciones entre oferta y demanda, semejante a la que hice aquí:

Monedas con alta o altísima oferta y demanda media o baja: en estos casos la oferta existente previamente a la introducción de las nuevas monedas es tal que satisface a todos los coleccionistas que las buscan. Por eso, el precio no se verá afectado para nada por la introducción de nuevas monedas. Tal es el caso de casi cualquier moneda de la segunda mitad del siglo XX. Si alguien se encontrase un arcón con miles de cartuchos de monedas de Franco y de Juan Carlos I, mucho me temo que tal hallazgo no influirá en el precio de mercado de las ya existentes.

Monedas con alta o altísima oferta y demanda alta: son monedas actuales donde hay un banco emisor. Coleccionarlas supone un divertimento pero no una inversión. De hecho, suele haber una entidad emisora que controla la cantidad de monedas que hay en el mercado y en muchos casos hace más si ven que no satisfacen la demanda existente.

Tesoros de los Museos Españoles, Conmemorativas Museo del Prado Oro, FNMT

Monedas con oferta media y demanda alta: en estos casos quizá existan algunos miles de ejemplares en el mercado. Son el tipo de moneda histórica que suelen coleccionar los coleccionistas medios. Ejemplos son El Centenario en alta calidad, onzas bonitas, durillos, denarios curiosos, vellones medievales, duros de los Borbones y de los Austrias, lechuzas de Atenea… De este tipo de monedas hay bastantes y mucha gente las busca, por lo que un hallazgo que añada unas cuantas decenas -o incluso centenares- de ejemplares al mercado no debería ser significativo. Pero es más, en ciertos casos el mercado puede absorber un hallazgo importante sin que el precio de la moneda llegue a derrumbarse. Un buen ejemplo lo tenemos con los 8 escudos de Santiago de 1751: en el año 2001 se rescató un pecio que cargaba unas 50.000 monedas de este tipo, todas ellas prácticamente sin circular. Si bien este hallazgo supuso que el precio descendiese, la demanda de onzas peluconas es tal que a día de hoy siguen costando en torno a 3.500 euros. Vemos que sigue siendo un precio considerable si tenemos en cuenta que aparecen uno o dos ejemplares en cada subasta.

Monedas con oferta media y demanda baja: en este caso se tiene una situación semejante a la anterior, en el sentido de que la cantidad de monedas que hay en el mercado es tal que su precio no se ve significativamente resentido en el largo plazo. Sin embargo, puede haber un “periodo transitorio” en el que haya un exceso de demanda y su precio se resienta durante algunos años. Tal fue el caso de las doblas de la banda. En 2013 más o menos aparecieron muchísimas doblas de la banda en el mercado. No sé de dónde provendrían (aunque hubo rumores al respecto), pero de repente todos los comerciantes tenían varias para ofrecer. Y nadie las quería porque basta que algo esté barato para que no lo quiera nadie. El caso es que esta sobreoferta perduró durante bastante tiempo porque no hay muchos coleccionistas de oro medieval castellano (i.e. la demanda es baja). Yo creo que ya hemos llegado a la normalidad en este aspecto, a pesar de que las doblas de la banda de Sevilla todavía se pagan más baratas que hace ocho o diez años.

 “La introducción de nuevas monedas en el mercado solo afecta al precio de las monedas que son muy raras, especialmente aquéllas cuya demanda es pequeña”

Monedas con oferta baja y demanda alta: estas son las monedas que todo el mundo quiere, como son sestercios raros, onzas raras, decadracmas, cincuentines… su precio es muy alto y volátil porque son piezas muy propensas a piques en subastas. Su rareza hace que la introducción de unos pocos ejemplares en el mercado pueda tener un impacto significativo en el precio de los mismos. Sin embargo, si esa introducción se hace de manera pausada la alta oferta sería capaz de absorber sin problemas esos nuevos ejemplares. Aquí el papel del comerciante se vuelve crucial. Lo ilustraré con un ejemplo inventado:

Imaginémonos que aparecen cinco ejemplares de 8 escudos “cara de rata” de Guatemala. En la actualidad son monedas únicas, por lo que introducir cinco ejemplares a la vez tendría mucho impacto en el precio de los mismos. Sin embargo, la alta demanda de esas monedas garantiza que el mercado pueda absorber las mismas sin problemas. Por eso, hay que venderlas poco a poco, para no dar la sensación de que hay muchas disponibles y no son monedas tan raras. El comerciante serio lo que hará será ir sacándolas al mercado poco a poco, llegando a tardar quince años o más entre una venta y otra. Así conseguirá que el precio no baje. No creáis que todos son así: he visto casas que sacan dos monedas rarísimas iguales en la misma subasta. Obviamente el precio alcanzado no fue demasiado alto.

Tesoros de los Museos Españoles, Conmemorativas Museo del Prado Plata, FNMT

Monedas con oferta baja y demanda baja: estos son los casos más desequilibrados que puede haber. Se tratan de monedas muy raras pero que muy pocos coleccionistas las buscan. Un ejemplo podrían ser los dineros de doña Urraca. Son piezas rarísimas, pero dudo que lleguen a media docena los coleccionistas de vellones del Reino de León dispuestos a gastarse en una pieza el dinero que cuestan. Un hallazgo de los mismos relativamente pequeño hará que el precio de las mismas descienda significativamente. Poco se puede hacer para evitarlo.

Como conclusión, vemos que la introducción de nuevas monedas en el mercado solo afecta al precio de las monedas que son muy raras, especialmente aquéllas cuya demanda es pequeña. Por eso, antes de adquirir una moneda rara yo sugeriría que el coleccionista se pregunte cómo de probable es que aparezcan más ejemplares de la misma, y cuánta gente estaría potencialmente interesada en hacerse con ellos. Queda, además, una manera de protegernos ante eventuales hallazgos: hacerse con monedas de alta calidad. Si ya es muy inusual encontrar monedas que a día de hoy se consideran raras, si además se exige que esas monedas sean de alta calidad, entonces ya es extremadamente improbable que vayan a aparecer esos ejemplares. Además, si la moneda tiene una conservación extraordinaria su demanda internacional será mucho más alta.

Las monedas que ilustran la entrada poco tienen que ver con el texto. Son las últimas novedades de la FNMT. La primera es la moneda de 2 euros conmemorativa de las murallas de Ávila, que también se puede adquirir en carterita. La segunda imagen representa la segunda entrega de las moneda de la Historia de la Navegación. Son unas monedas bonitas en cuproníquel que, seguramente debido a su bajo coste, están teniendo muy buena aceptación. En esta entrega aparecen dos naves de la Armada Española (el buque Patiño y el acorazado Carlos V) junto con dos naves históricas (un trirreme griego y un champatián chino). Las dos últimas imágenes representan las monedas de la VI Serie “Tesoros de los Museos Españoles”. Esta serie se dedica al bicentenario del Museo del Prado (aquí un podcast sobre el tema) y se compone de seis piezas. Tres de las monedas tienen módulo de 2 escudos y comparten un anverso común. En el reverso se muestran tres esculturas: la escultura de Carlos V, la caza de Meleagro y el Grupo de San Ildefonso. Otras tres piezas tienen módulo de 8 reales “tipo clíper” (nótese el chiste, ya que el cospel es cuadrado). También comparten un anverso común, pero en esta vez muestran tres pinturas en sus reversos: la Maja Desnuda, el príncipe Baltasar Carlos a caballo y la Anunciación.

9 Comentarios

  1. Pedro 3 semanas hace

    Muy buena entrada…a lo que añadiré que hay monedas cuya demanda es tal que el precio no baja aun con aumento significativo de la oferta…un ejemplo concreto son las “redondas” o “presentación real” de 8 escudos de Mexico (pecio de 1715) donde hace unos muy pocos años aparecieron unas 10 monedas más en la costa de la Florida.

  2. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

    Gracias Pedro. Me alegro de que te haya gustado la entrada. Viniendo de alguien que sabe tanto de inversiones y de numismática, el halago es todavía mayor.

    No sabía que se habían encontrado 10 onzas galanas de 1702 en Florida. Pero es un ejemplo excelente, por lo extremo que es: esta onza tiene tal demanda internacional que un incremento significativo del número de piezas que hay en el mercado no tiene un impacto en su precio. La razón es que hay una cantidad mucho más grande de coleccionistas muy potentes dispuestos a hacerse con ellos.

    De hecho, si observamos los precios de remate de estas monedas en los últimos años veremos que son claramente ascendentes. Pongo como ejemplo las piezas que ha subastado Áureo & Calicó:

    2009 –> 150.000 euros
    2015 –> 210.000 euros
    2018 –> 210.000 euros
    2019 –> 232.000 euros

    Claro está que son cifras que se nos escapan a la inmensa mayoría. Pero igual que a un coleccionista de arte le gusta saber cómo se valora un cuadro de Dalí, a nosotros nos gusta saber cómo se valoran las onzas galanas.

    Saludos,
    Adolfo

  3. Numismática Llamas 3 semanas hace

    Felicidades Adolfo por esta entrada, muy bien estructurada y con magníficos ejemplos.

    Al final, como todos los mercados, el precio está marcado por la ley de la oferta y la demanda. Como dice Pedro, si la oferta es muy baja o prácticamente nula, que salgan a la luz más ejemplares que se desconocían dudo que afecte a su precio porque va a seguir habiendo muchísima gente interesada. Lo que yo no tengo tan claro es: ¿que pasaría con monedas supuestamente inéditas? No me gustaría verme en una situación que, siguiendo lo que dice Pedro, imaginémonos que sólo tenemos constancia de una onza redonda o galana y que de repente aparezcan 10…que desastre.
    Por el resto, poco más que añadir a lo que ha dicho Adolfo, has sabido relacionar muy bien el mercado numismático con el funcionamiento de la economía de una manera muy sencilla para que sea entendible por cualquier persona.

    Saludos,
    David Llamas.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

      Pues eso mismo es lo que ha ocurrido: una onza galana muy rara… y de repente han aparecido 10. Lo que pasa es que son monedas tan codiciadas internacionalmente que hay muchísimos más de 10 coleccionistas que quisieran tenerlas. Por eso su precio no se ha resentido. Además, aunque hayan aparecido 10 onzas van saliendo poco a poco para evitar derrumbar su precio. Si hubieran salido las 10 en la misma subasta otro gallo hubiera cantado.

      Saludos,
      Adolfo

  4. Óscar 3 semanas hace

    En el caso de ciertas piezas, habría que tener datos más globalizados de las mismas.
    Por poner un ejemplo, sabemos lo raras que son las monedas de cobre de 8 maravedís de Carlos V acuñadas en 1837, sobre cuños de Fernando VII.
    Estas monedas se acuñaron en 10 días, en la Casa de la moneda de Segovia, a punta de pistola. Las fuentes dicen que se hicieron de 8.000 a 10.000 reales en monedas de a 8. Así que hechando cuéntas, si tomamos la cifra de 10.000 reales, nos salen 320.000 maravedís, que en módulos de a 8, serían unas 40.000 monedas de 8 maravedís de Carlos V…muchas más de las que se conocen a día de hoy.

    En la actualidad, una buena moneda de 8 maravedís (“carlista”) con las leyendas claras, puede salir por 2500, 3000 euros…y ese precio, está relacionado por la rareza de estas piezas, por la historia que llevan tras de sí, y por la conservación de las mismas (ya sabemos que los maravedís de Fernando VII, a veces son difíciles de ver bien acuñados…bien por la calidad del cobre o el uso de los cuños…)

    Lógicamente, al haber pocas piezas, hace que el precio de las mismas se dispare…pero ¿Qué probabilidades hay, de que por ejemplo, “encuentren un Tesorillo” o salgan a la luz más monedas…?
    Primeramente, son piezas robadas y usurpadas, de una revuelta minoritaria que no llegó a cuajar… Fue una osadía tal fechoría, y ciertamente, me supongo que cuando los carlistas fueran “aplastados” los que quedaran, tendrían que borrar todo aquello que pudiera declararlos como traidores a la patria y a la corona. Lo más fácil es que las destruyeran, fundiéndolas para no perder el metal. Otros, puede que las escondieran, y ciertamente, si aparecieran ahora, no estarían en flor de cuño (ya que aunque circularon 10 días…más los que estuvieran en los bolsillos de estas gentes, se hicieron sobre cuños utilizados) su estado de conservación sería una incógnita… al ser cobre, y sobre cuños reutilizados… ya yaeríamos como pasarían estas monedas, el devenir de los tiempos…
    Seguramente algún soldado guardase esas monedas como un tesoro, pero serían las que menos y están esperando a que alguien las encuentre en un desván o ve a saber dónde… Pero en una época en la que escaseaban los recursos económicos, lo normal es que el poseedor de estas piezas, les sacará algún provecho… Aunque eso no quita a que pueda haber una remsea por ahí escondida.

    Conclusión, es también importante tener todos los datos posibles que engloben las características de una pieza, para poder hipotetizar mejor, si es más o menos factible que aparezcan “hermanas” de éstas…aunque siempre será una hipótesis.

    No es lo mismo oro, que cobre, que plata…que según qué pragmáticas… o qué necesidades económicas se tenga por estar en guerra…etc.

    Maravillosa entrada Adolfo.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

      Veo que tienes estudiadas esas monedas, Óscar. Creo que el ejemplo es bueno porque da para varias cosas:

      * Primero, no sé hasta qué punto son fiables los datos de 8.000-10.000 reales acuñados. A priori me parecen muchos para ser acuñados en 10 días en una ciudad tras una ocupación y preparándose la columna carlista para largarse de Segovia. ¿No será que los carlistas dijeron eso para engrandecer su victoria sobre Segovia?

      * Segundo, son monedas que apenas circularon. Me imagino que se prohibiese su circulación o que quien las tuviera no quisiera hacerlas circular por si acaso le tachaban de carlista. De hecho, la mayoría de las que han llegado a nuestros días han llegado en muy buen estado de conservación (en comparación con un cobre de Fernando VII “medio” de la misma época). Supongo que la inmensa mayoría de esas monedas acabasen fundidas.

      * Tercero, son monedas con una alta demanda. Salvo alguna rareza rarísima prácticamente única, son las únicas piezas de Carlos V pretendiente. Esto hace que haya más interés por ellas que por otro cobre de la misma rareza de Fernando VII o de Isabel II.

      * Cuarto, en los últimos años han salido unas pocas al mercado y casi todas han salido en la misma casa de subastas. Si yo quisiera saber más de estas monedas empezaría por hacerme amigo de esa empresa.

      Saludos,
      Adolfo

  5. LUTIACEI 3 semanas hace

    Gracias Adolfo por la entrada.
    Al final mi punto de vista es que los coleccionistas estamos un pelín obsesionados con la “oferta” (¿cuántas monedas hay como la mía?). Y pesa mucho más la demanda (¿cuántos coleccionistas desean esa pieza, o la desean en esa calidad?). Sé que estoy simplificando, pero siempre he pensado que la evolución del valor de una colección o una pieza es más un tema de demanda. Influye mucho más en la evolución del valor de una pieza que crezca el número de coleccionistas, que la pieza sea de una serie, época o temática que se ponga más de moda, que crezca el interés por el contexto histórico, que el ambiente económico sea bueno… vamos que sea una pieza “comercial”. Todo esto pesa más que que aparezcan x piezas más. Si hay demanda se absorbe fácilmente el puntual exceso de oferta. Incluso en piezas raras de baja demanda… qué más da si aparecen n más si la pieza se pone más de moda… para mí el impacto de que aparezcan más tesoros es marginal frente a acertar lo que gustará y será demandado.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 semanas hace

      Plenamente de acuerdo contigo.

      La demanda es la que dicta el precio porque las monedas históricas “son las que son y no se pueden hacer más”. Digamos que la industria no puede responder a un aumento de la demanda aumentando a la vez la oferta (como sí ocurre con otros bienes que se pueden producir). En el caso de las monedas, un aumento de la demanda supondrá obligatoriamente un aumento del precio de dichas monedas. Profundizaré en esta idea en otro artículo que todavía está por escribir.

      Otro apunte es que la demanda de las monedas generalmente no va por épocas o periodos históricos, salvo en series muy poco demandadas que pueden fluctuar mucho por la entrada de unos pocos coleccionistas potentes (como ocurre ahora con el medieval castellano). La demanda suele variar por la capacidad económica de los países que coleccionan ciertas series (véase el auge y caída de la moneda rusa, el auge del oro chino del siglo XX, la caída de El Centenario de la Peseta…). La demanda también varía por ciertas modas en la forma de coleccionar. Hace 30 años se valoraban mucho las rarezas y las variantes, hoy en día nos fijamos mucho más en la calidad.

      Saludos,
      Adolfo

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