El impacto de futuros tesoros en las inversiones numismáticas I

El impacto de futuros tesoros en las inversiones numismáticas I

Hace tiempo que hablamos de la mala noticia que puede suponer para algunos propietarios la aparición de un tesorillo que introduzca en el mercado monedas que hasta entonces eran muy raras y pasan a no serlo tanto. Ahora quisiera extender un poco esa reflexión en dos entradas: ésta, en la que clasificaré las monedas de acuerdo con su potencial relación con el mercado numismático; y otra segunda entrada en la que reflexionaremos sobre las implicaciones de todo esto para el inversor numismático.

Para evitar confundir a nadie, vaya por delante que en este artículo hablo de “monedas” para referirme a ejemplares concretos y físicos de monedas (e.g. el medio escudo de Madrid de 1751 que tengo ahora en mi mano), mientras que digo “tipo de moneda” cuando me refiero a su clasificación abstracta que engloba a un conjunto de monedas iguales (e.g. “medio escudo de Madrid 1751” como conjunto de todos los medios escudos acuñados en Madrid en esa fecha). Por simplificar la redacción solo hablo de monedas, si bien todo lo dicho puede aplicarse en buena medida a los billetes. No considero en esta clasificación monedas y billetes que estén actualmente en uso.

 

El conjunto de monedas más genérico que podemos considerar es el conjunto de monedas que fueron acuñadas (Monedas acuñadas, en la imagen). Digamos que son las monedas que en algún momento existieron como tal. La inmensa mayoría de las monedas se destruyeron (Monedas que se fundieron), ya sea al retirarlas de la circulación o para extraer su oro o plata siglos más tarde. Las que nunca fueron destruidas son, obviamente, las Monedas que existen.

Véase que hasta aquí la clasificación es puramente ontológica: las monedas que algún día existieron, o bien se fundieron (y, por tanto, dejaron de existir) o siguen existiendo. Ahora bien, el hecho de que una moneda exista no significa que nosotros conozcamos que existe, ni tampoco que sea accesible para nosotros. Quizá haya que descubrir esa moneda ya que en algún momento se perdió y no ha sido todavía recuperada. Esas son las monedas que están actualmente en pecios y tesoros. Son monedas que existen pero a las que no se puede acceder porque no sabemos que existen (en algunos casos sabemos que existen pecios y dónde se encuentran, pero no sabemos qué monedas concretas lo componen). El resto de monedas son Monedas accesibles, bien sea porque han llegado a nuestros días pasando de padres a hijos (Monedas que nunca se perdieron) o porque en algún momento se perdieron y fueron encontradas (Monedas halladas).

Nota: en este artículo hablo de “monedas” para referirme a ejemplares concretos y físicos de monedas mientras que digo “tipo de moneda” cuando me refiero a su clasificación abstracta que engloba a un conjunto de monedas iguales.

Todas estas monedas son piezas que potencialmente podrían formar parte del mercado numismático actual y podrían ser conocidas por todos. Sin embargo, algunas de esas monedas no son conocidas más que por su propietario (y a veces ni eso) y otras no forman parte del mercado numismático por estar en manos públicas. Por eso creo que es razonable hacer dos divisiones de las monedas accesibles. La primera tiene en cuenta su propiedad. Así, hay Monedas en manos públicas y hay Monedas en manos privadas. Las primeras forman parte de las colecciones de museos públicos y, en principio, no entrarán nunca al mercado numismático; si bien hay casos de robos (ya vimos uno enorme en España y otros casos sospechosos) y casos en los que el Estado vende su patrimonio artístico y arqueológico (como los Bolcheviques), estas son situaciones muy excepcionales. También hay Monedas en manos privadas, que son las que verdaderamente forman el mercado numismático. En ambos casos, las monedas pueden haber sido publicadas o no. Así, tenemos Monedas que descansan en una colección y que nunca han sido publicadas, ya que nunca se han vendido en subasta pública y el coleccionista no ha publicado en catálogos las monedas de su propiedad. También tenemos Monedas que descansan en el sótano de algún museo y nunca han visto la luz, por lo que estamos en las mismas: la Administración Pública no hace público lo que tiene en sus colecciones. Esto se puede deber a que no haya presupuestos para una publicación o incluso puede irse más allá y que no haya presupuestos para el estudio de las piezas, lo que suele ocurrir cuando la Administración Pública se hace con tesoros grandes. Ya vimos que la mayoría de las monedas de la Fragata la Mercedes están todavía sin clasificar; lo mismo digo del tesoro de Tomares o del tesoro de Valsadornín (llevo años pendiente de contaros detalles sobre este tesoro). Por supuesto que hay muchas monedas en manos públicas y privadas que han sido publicadas (Monedas conocidas).

Como coleccionistas e inversores numismáticos, lo que querríamos saber para cada tipo de moneda son, sobre todo, dos datos: qué monedas están en manos privadas y qué monedas existen. El primer dato nos dice cuántas monedas se encuentran ahora en el mercado numismático; el segundo cuántas monedas sería posible introducir en ese mercado en algún momento. El dato de cuántas monedas están en manos privadas –y por tanto, en el mercado numismático- es muy importante, pues a pesar de que ellas no salgan a la venta afectan al mercado. Por ejemplo, una familia puede tener una moneda desde hace 80 años y pueden no tener interés en ponerla a la venta. Sin embargo, el hecho de tener esa moneda hará que no se interesen por la adquisición de una moneda semejante, reduciendo así la potencial demanda y el precio de esa moneda semejante. Por tanto, el hecho de que una moneda se encuentre en manos privadas tendrá efecto en el mercado a pesar de que esa moneda no salga a la venta de décadas.

30 sous Mallorca 1808, cospel octogonal

Nos gustaría conocer esos datos, pero desgraciadamente no los podemos conocer. Solo tenemos fuentes para conocer las Monedas conocidas y las Monedas acuñadas, todo lo demás son estimaciones. Las fuentes para determinar las Monedas conocidas de cada tipo son todas las publicaciones en las que se incluyen ejemplares de monedas: los ejemplares que aparecen en las ventas públicas, los ejemplares que aparecen en catálogos, las publicaciones de museos, los inventarios de distintas colecciones públicas y privadas… esa recopilación supone un estudio bibliográfico importante; muchos autores de catálogos (e.g. Tauler u Olivares) la han realizado con mayor o menor acierto. Por parte de las Monedas acuñadas, en muchos casos hay constancia documental de la cantidad de metal acuñado en las cecas, lo cual permite conocer con bastante precisión el número de piezas batidas. Otra fuente de información para las Monedas acuñadas son documentos de la época. Si los documentos de transacciones comerciales (e.g. compra de inmuebles) citan con frecuencia ese tipo de monedas, entonces significa que son monedas conocidas en su momento, por lo que serían monedas comunes. Si no se citan en casi ninguna parte se puede considerar que no suponían una gran parte del numerario de la época, por lo que ya entonces serían monedas muy raras. Finalmente se tiene el estudio de cuños como otra fuente de información: se analizan los ejemplares existentes, se detecta de cuántos cuños distintos proceden y conociendo aproximadamente cuántas monedas se podía acuñar con cada troquel antes de que éste se desechara en dicha época, entonces se puede aproximar grosso modo cuántas monedas se acuñaron.

Pondré un ejemplo de esto último. Imaginémonos dos tipos de monedas medievales “A” y “B”, de las que se conocen 5 ejemplares de cada uno. Analizando las monedas de tipo “A” vemos que todas ellas salieron del mismo cuño de anverso y reverso. Sin embargo, analizando las monedas de tipo “B” vemos que hay 4 cuños de reverso distinto y 2 de anverso. Sabiendo que de un cuño de anverso de esa época se producían 5.000 ejemplares y de uno de reverso 3.000 (me estoy inventando los datos), se puede estimar que se acuñaron del orden de 15.000 monedas tipo “B”, pero que quizá no llegasen a 3.000 las acuñadas de tipo “A”. Situaciones como ésta son muy típicas en monedas visigodas, por ejemplo, donde muchas veces se encuentran tesorillos con varias monedas provenientes de un mismo cuño, pues fueron escondidas poco después de salir de la ceca.

30 sous Mallorca 1808, cospel redondo

 

Entonces, la pregunta es cómo podemos conocer, o al menos estimar, para cada tipo de moneda las Monedas en manos privadas y las Monedas que existen a partir de los datos conocidos: Monedas acuñadas y Monedas conocidas.

Para estimar las monedas en manos privadas lo que se suele hacer es partir “de abajo a arriba”. Es decir, se toman las monedas publicadas y se estima cuántas monedas hay en el mercado. En los casos en los que el tipo de moneda es tan raro que el número de ejemplares se puede contar con los dedos, se suele reportar directamente el número de Monedas conocidas, indicando cuántas están en manos privadas y cuántas en manos públicas. No obstante, salvo que para ese tipo de moneda determinado el número de monedas conocidas sean las mismas que el número de monedas acuñadas (e.g. las 100 pesetas de 1870), el coleccionista siempre debe dejar la puerta abierta a que en el mercado numismático haya algún ejemplar que todavía no se conozca. Por ejemplo, si hacemos un estudio y vemos que del tipo de moneda “C” se conocen 5 ejemplares en manos privadas y 3 en manos públicas, es razonable pensar que pueda haber otro u otros 2 ejemplares en manos privadas que todavía no hayan sido publicados. En otras estimaciones para tipo de monedas raros, pero algo más comunes (pongamos entre 10 y 100 ejemplares conocidos), lo que se hace es analizar la frecuencia con la que aparecen monedas de ese tipo en subastas públicas. Así, se entiende que si de un tipo de moneda suelen aparecen dos ejemplares en subastas al año será un tipo más común que uno que aparezca un ejemplar cada cinco años. ¡Pero cuidado! Deben ser ejemplares distintos, pues muchas veces un mismo ejemplar se subasta varias veces en un periodo corto de tiempo.

No he conocido a nadie que haya hecho una estimación “de arriba abajo” de las monedas conocidas para un tipo determinado. No sé si tal forma de estimación tendría sentido, pero podría hacerse para monedas más comunes. Un conocido mío hizo un pequeño ejercicio con las monedas de medio escudo de la ceca de Madrid, viendo que la aparición de estas monedas en subastas públicas seguía una proporción parecida a las cantidades de medios escudos acuñados, según reportó Glenn Murray. Esto tiene bastante sentido porque es de esperar que unas monedas de la misma época, de la misma ceca y del mismo módulo tengan unas “tasas de supervivencia” semejantes independientemente de si se han acuñado cinco años antes o cinco años después. No conozco a nadie que haya hecho un estudio para estimar esa tasa de supervivencia y luego lo haya aplicado para estimar el conjunto de monedas existente en manos privadas, pero en principio se podría hacer para tipos de monedas que no sean demasiado raros (para los tipos más raros el error estadístico sería enorme).

30 sous Mallorca 1808, cospel redondo

Estimar el número de monedas existentes de un tipo determinado es todavía más difícil, pues resulta imposible saber cuántas monedas están enterradas esperando a ser descubiertas. Es de sentido común que es muy poco probable que existan tesoros enterrados enormes de monedas que a día de hoy son muy raras. Por eso, como regla general tiene sentido considerar que, si a día de hoy no se conocen muchas monedas de un tipo determinado, es muy poco probable que existan muchas monedas de ese tipo que todavía no hayan sido descubiertas. Ahora bien, se han dado casos en los que se ha encontrado un tesoro enterrado con bastantes monedas de un tipo del que hasta ese momento solo se conocían un par de monedas (como los tridracmas de Delfi). Por lo tanto, la pregunta debería pasar a ser ¿qué probabilidad existe de que se encuentren nuevos tesoros que contengan monedas de un tipo determinado?

Para saber si esto es más o menos probable habrá que tener en cuenta cuatro aspectos:

  • Lo raras que sean esas monedas en origen. Esta aproximación “de arriba abajo” es muy evidente: si nuestra estimación es que no se acuñaron muchas monedas de un tipo concreto, entonces será improbable que aparezcan nuevos ejemplares.
  • El uso que se dio a ese tipo de moneda. Puede haber tres tipos de uso: para circular, para acumular riqueza y para ostentar. Las monedas que se usaron para ostentar (e.g. cincuentines) se tenían en las vitrinas y pasaron de padres a hijos como parte del ajuar. No se enterraron ni se perdieron, por lo que resulta imposible que aparezcan nuevos ejemplares accesibles. Las monedas que se usaron para circular (e.g. vellones o platas de módulo pequeño) suelen aparecer como ejemplares sueltos o pequeños grupos, y no en conjuntos grandes de monedas todas iguales. En esos casos es muy improbable que, si se acuñaron pocas monedas de un tipo, vaya a aparecer un conjunto importante de las mismas junto. Las monedas que se usaron para acumular riqueza (generalmente monedas de oro o de plata de módulos grandes) fueron enterradas en conjuntos más o menos grandes y, en muchos casos, de monedas de unos pocos tipos. Por eso hay veces que de tipos de monedas raros en su origen se conocen bastantes ejemplares. Hay que decir que los tesoros terrestres más grandes conocidos (que llegan a pesar toneladas) se dan en épocas en las que las monedas de metales no preciosos se utilizaron para acumular riqueza. Tal fue el caso de los vellones romanos del siglo IV o de los cash chinos.
  • Lo probable que eran los tesoros en una época determinada. Es mucho más probable que aparezcan tesoros enterrados en épocas convulsas que en épocas de paz. La inestabilidad política provoca mayor inseguridad, lo que hace que la gente esconda sus riquezas. Y también hace más probable la muerte de quien escondió la riqueza, dejándola enterrada para la posteridad. Ejemplos de esta época convulsa sería el siglo IV en Europa occidental o la Guerra de la Independencia Española.
  • Que un evento puntual “escondiese” muchas monedas. Los ejemplos más evidentes son los pecios. Si se hundió el barco que transportaba la mayor parte de la producción de monedas de un año determinado, es de esperar que haya decenas de miles de monedas de ese tipo que existen pero que no son accesibles a día de hoy. Cabe la posibilidad que algún día se rescate ese pecio y esas monedas pasen a ser accesibles. Pero cuidado: eso no significa que vayan a caer en manos públicas. Eso dependerá del pecio en cuestión: los países firmantes del acuerdo de la UNESCO sobre Patrimonio Subacuático se comprometieron a no vender la carga de los tesoros submarinos, por lo que, de ser rescatados esos tesoros, acabarían en manos públicas. Otros países no firmantes han vendido parte de la carga de algunos pecios (e.g. Colombia con el San José), o tienen pecios que han sido directamente rescatados por empresas privadas (e.g. Oddyssey). En esos casos sí que puede introducirse un volumen importante de monedas en el mercado.

Creo que todos estos aspectos los deberían tener en cuenta los coleccionistas e inversores numismáticos. Incluso aquellos que no tengan como primer requisito ganar dinero con su colección de monedas: a nadie le haría gracia gastar un dinero importante en una moneda muy rara y que al cabo de unos años aparezca un tesoro que la convierta en una moneda corriente. En otro artículo comentaré cómo la aparición de un tesoro puede afectar al precio de una moneda y qué puede hacer un coleccionista o inversor para minimizar el riesgo de que sus monedas se reduzcan de precio significativamente por la aparición de un tesoro.

Las monedas que ilustran la entrada son tres duros mallorquines de 30 sous de 1808 (cospel octogonal, cospel redondo y otro cospel redondo). Se tratan de monedas obsidionales acuñadas durante la Guerra de la Independencia, en uno de los años más interesantes desde el punto de vista histórico y numismático de la historia de España. Los tres ejemplares salen en la próxima subasta de Martí Hervera y Soler & Llach, el día 26 de febrero.

17 Comentarios

  1. Óscat 3 meses hace

    Excelentísima entrada, Adolfo.

    Con respecto a los museos, estoy convencido, de que seguramente, no sólo exista una gran variedad de monedas raras por “descubrir” dentro de los sótanos… si no, que también, es probable, que estén exhibidas, en el propio circuito, que tiene a bien, ver el público asistente, pasando éstas, desapercibidas, ante los ojos de los que allí se encuentran.

    Ciertamente, este problema de catalogación e incluso conservación, puede deberse, a un problema económico…que no existan muchas subvenciones, o cualquier otro tipo de apoyo de determinados organismos, pero también, creo que dicha “actitud”, puede responder, a la visión más particular del arte y de la historia, de estas instituciones.

    Sería difícil exponer monedas catalogadas en esta serie de museos, ya que, al ser un número elevado, no habría salas necesarias, para cubrir tanta demanda… de hacerse bien, tendría que ser similar, al planteamiento que tienen en la Casa de la Moneda de Madrid…es decir, una expecialicion completa de esta serie de piezas.

    Por otro lado, no siendo esta forma de proceder, la más indicada, para teatros no expecializados síque es cierto, que podría mejorar su modus operandus. Estaría bien, destinar alguna sala de ciertos museos, a exponer Itinerantemente, aquellas monedas, que poco a poco, se fueran catalogando… Sustituyéndose unas por otras, para completar poco a poco la visión de toda una colección…de aquellas monedas que albergara los muros de esas instituciones.

    Otra cuestión, se debe, según mi opinión, al valor que se le da al objeto en estos museos, por encima, del propio valor numismático. Un valor, que suele radicar, en una globalización de las piezas, fruto del descubrimiento de las mismas. Importa más, enseñar el tesoro entero, que, desentrañar cada moneda y dar una explicación más individualizada de las mismas.

    ¿Cuántas veces hemos ido al arqueológico de Madrid, y hemos visto Tesorillos, en los que no sólo no están catalogadas las piezas, ni expuestas de una manera más detallada (“numismáticamente” hablando) si no, que a su vez, se nos presentan llenas de oxidaciones o barnices que no les corresponde, por primar el concepto de “mostrar el tesoro, tal y como se encontró”…?

    Entiendo esa visión global que realizan en tales museos, pero al desatender el estudio sistemático de todas esas monedas, de una manera pramente individualizada (aunque luego guarden relación unas con las otras) se está perdiendo la posibilidad de encontrar piezas de verdadera rareza histórica, se está mermando valor a las mismas y al propio museo.

  2. Jorge L. Crespo Armaiz, PhD 3 meses hace

    Saludos. Lo felicito por su excelente ensayo. Respetuosamente solicito su autorización para reproducirlo en nuestra Revisra anual NUMIEXPO, de la Sociedad Numismatica de Puerto Rico. Por supuesto con todos los créditos correspondientes.

    Jorge Crespo
    Secretario SNPR

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      Hola.

      Me alegro mucho de que te guste esta entrada. Puedes reproducirla en vuestra revista, os lo agradezco de verdad.

      El contenido de este blog tiene licencia CC 3.0. Es decir, se puede reproducir donde queráis siempre y cuando se respete la integridad del texto, se cite al autor (Adolfo Ruiz Calleja, en este caso) y se indique la URL de la publicación original.

      Ten en cuenta que voy a publicar una segunda parte de este artículo. Seguramente lo haga el mes que viene. Si quieres publicar ambos juntos, como un solo artículo más largo, entonces escríbeme un correo y lo hablamos: ruizcalleja@gmail.com

      Un saludo,
      Adolfo

  3. Sergio MR. 3 meses hace

    Otra gran entrada, enhorabuena.
    En tu entrada hablas de monedas que son consideradas con cierta rareza hasta que aparecen nuevas piezas y por lo tanto esa rareza ya no lo es tanto, bien. Pero sabes si se ha dado el caso contrario? Quiero decir, monedas(o billetes) que en un momento dado se conociesen, por ejemplo, 15 ejemplares y por una desgracia, por ejemplo un incendio, se destruyesen varias de esas piezas. Evidentemente las piezas restantes subirán en rareza y por consiguiente en valor
    Saludos.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      Obviamente se han destruido muchas piezas. Han llegado a nuestros días monedas únicas que en su día se acuñaron cientos o miles de ejemplares. Pero monedas que fuesen raras en nuestros días y que una parte considerable de ellas se hayan destruido, no tengo constancia. Al menos no en cuestión de mercado.

      Un ejemplo puede ser el expolio que se hizo en el MAN durante la Guerra Civil: http://blognumismatico.com/2012/04/03/el-expolio-del-museo-arqueologico-nacional/
      Ahí se destruyeron muchas piezas muy raras que estaban en manos públicas. Pero el impacto que pudo tener en el mercado numismático no es conocido.

      Sea como fuere, lo normal es que en una catástrofe de este estilo (un incendio, el expolio de un museo etc.) se destruya una pieza de cada tipo o algo así. Quiero decir, que si de un tipo de moneda hay 15 ejemplares y hay una catástrofe, pues quizá se destruya uno y queden 14. El aumento de precio no será muy alto.

      Saludos,
      Adolfo

  4. Yago Abilleira Crespo 3 meses hace

    Creo que si apareciesen monedas raras en un pecio u otro yacimiento arqueológico, el valor de las que hay en manos privadas sí que bajaría. No es lo mismo “sólo hay 3” a “sólo hay 3 en manos privadas y mil y pico en tal museo”. La gente paga por la exclusividad, no por algo que cualquier escolar puede ver en la típica excursión al museo.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      Como dice Mir más abajo, es realmente extraño que ocurriese esa situación: “hay 3 en manos privadas y mil y pico en tal museo”. Generalmente si se encuentran mil y pico monedas para meterlas en un museo es porque ese tipo de moneda no era raro antes de tal hallazgo.

      Por poner dos ejemplos:

      * Todas las monedas de 8 reales que aparecieron en el famoso pecio de la fragata Mercedes no han tenido la más mínima repercusión en el precio de mercado de los duros de Carlos IV. Se llega al punto que la inmensa mayoría de las monedas están todavía por catalogar. Y de las que están catalogadas, la mayoría están en cajas cerradas para que se conserven adecuadamente. Mucho me temo que esas monedas no verán la luz en décadas.
      http://blognumismatico.com/2018/10/30/la-restauracion-conservacion-las-monedas-la-fragata-mercedes/

      * Hay un caso famoso que son las 100 pesetas de 1870. Es una de las monedas más caras de la historia numismática española. Los ejemplares en SC bien pueden costar 250.000-300.000 euros. Hay 6 ejemplares en manos privadas y otros 6 expuestos en una vitrina del Museo de la FNMT. Cualquiera puede ver no uno, sino seis ejemplares de esa moneda en una excursión gratuita al museo. Sin embargo hay quienes aflojan el dinero necesario para comprarse un piso en Madrid, con tal de poseer un ejemplar que guardarán en su caja fuerte y al que tardarán años en volver a ver.

      Saludos,
      Adolfo

  5. Joan 3 meses hace

    Hola. Interesante.
    Me he acordado, al leer tu entrada, de un un hilo abierto en Imperio Numismático en relación al seguimiento de un tipo de moneda concreto. Y me he acordado, podría decir, a dos bandas. Primero porque trata precisamente de intentar conocer el numero de ejemplares de ese tipo de moneda (un estudio podríamos decir de los que calificas “de abajo a arriba”). Y segundo, porque precisamente el estudio hace referencia a una variante de la moneda octogonal que ilustra tu entrada.
    El hilo es el siguiente http://www.imperio-numismatico.com/t96983-sobre-la-variante-30-sous-octogonal-sin-la-leyenda-fer-vii.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      Muy bueno ese hilo. No lo conocía. Y menuda casualidad que justamente hablen de los 30 sous octogonales.

      ¡¡Muchas gracias!!

  6. J. Mir 3 meses hace

    Muy interesante para variar.

    Matizaria que la destrucción de piezas se deba solo a su fundición, el deterioro hasta hacerlas irreconocibles seria otro tipo de destrucción, tanto por causas naturales (la reacción quimíca de un determinado suelo con el metal, por ejemplo) o artificiales (desgaste por rozamiento o el niño estrenando el precioso martillo que le ha regalado su abuelo, esto último duele casi tanto como lo de la tapa del piano). Seguramente no es muy importante en lo que se refiere a piezas romanentes, entre otras cosas porque uno de los motivos para fundir es que se hubieran vuelto irreconocibles, pero por completar.

    La única publicación que conozco que cite los ejemplares conocidos de manera sistemática és “El florí d’or català…• de Crusafont y de Comas, sus fuentes fueron tanto colecciones privadas como museos. Esta obra a veces ha sido criticada porque los datos se han quedado obsoletos en lo que se refiere al número piezas conocidas. Yo no sigo todos los florines, sin embargo en los que lo hago existe una correspondencia entre la abundancia y la rareza del libro con la abundancia o rareza de lo que sale al mercado actualmente. Quiero decir que si el libro especifica 3 ejemplares conocidos lo mas normal es que hayan salido 6 a la venta en los últimos 10 años (no siempre, ni mucho menos), por lo tanto, aceptando que de los tres citados en la obra alguno estaba en un museo, el numero de piezas en mercado ha subido una barbaridad. Sí, pero no hay que olvidar que de las que se reportaban 20 ejemplares conocidos en ese mismo periodo han salido a la venta 40 o 50, es decir que las proporciones se mantienen aproximadamente y si se sabe leer entre lineas conserva todo su valor orientativo.

    En mi opinión, este hecho da a entender que ese trabajo se hizo bién, en cambio el grado de rareza de las monedas en los catálogos al uso no siempre es fiable, a veces por arriba y a veces por abajo, pero hay muchos errores en ellos cosa que me tomo como test de fiabilidad de la obra.

    En fin, que todavia no he visto ningun caso en que monedas consideradas únicas pasen a ser abundantes, aunque ya no lo sean porque ha aparecido uno o dos ejemplares más, que es lo más que he podido observar, a ver que depara el futuro.

  7. Gerardo 3 meses hace

    Excelente artículo y mejor aún la tentativa de clasificación.
    Creo que más impacto en el precio que tiene el descubrimiento de un pecio o tesoro, lo tiene la puesta en el mercado de una colección excepcional, como puede ser el ejemplo de la Caballero de las Indias.
    Normalmente un pecio suele introducir un número enorme de “moneda normal” y que no se ha conservado en buenas condiciones. En cambio una colección como la “caballero” supone que inmediatamente se ponen en el mercado un sin numero de rarezas y en una conservación excelente.
    Monedas como puedan ser las 100 ptas. de Amadeo o de la 1ª República, conocidas, y en el mercado, puede haber 3 o 4. Que de repente aparezca 1 más en el mercado supone aumentar la oferta en, nada menos, que un 25 o un 30%, con el impacto que tiene.
    Saludos.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      El impacto que tiene una colección como la Caballero en los precios es muy interesante. Por un lado, hay precios que suben mucho debido al efecto llamada. Por otro lado, hay precios que no suben porque los grandes pujadores se están fijando en otras monedas o porque, simplemente, no tienen dinero para invertir en todo lo que quieran. Por eso hay que saber interpretar la subasta, algo que en muchos casos no es sencillo. Podríamos dedicar una entrada a este tema para hablar de ello con más calma.

      Por parte de que aparezcan varias monedas muy raras de manera seguida en subastas públicas, eso da la alarma a los coleccionistas porque da a entender que esa moneda no es tan rara. Pero el impacto del precio no es lo mismo en unas monedas y en otras. Como siempre, dependerá de la demanda de las mismas. No es lo mismo que salgan tres onzas redondas de México en dos años a que salgan tres dineritos medievales iguales pero tremendamente raros en esos mismos dos años.

      Saludos,
      Adolfo

      • Gerardo 3 meses hace

        Es correcto lo que dices. El hecho de que aparezcan más monedas (más oferta) en monedas demandas (hay mucha demanda) hace que, automáticamente, el ajuste demanda-oferta se produzca vía precios. En cambio, un aumento de la oferta en algo en lo que hay poca demanda, muy pocos se lo pueden permitir, hace que dicho ajuste no sea tan automático. Es lo que en teoría económica se llamaría un bien “Veblen”. Su demanda aumenta si aumenta su precio.

  8. jesus sanz 3 meses hace

    Extraordinario articulo, eso de que una moneda sea rara y con un descubrimiento deje de serlo siempre ha pasado, me viene a la memoria por ejemplo la moneda india tipo baybal, era una pieza muy rara en 1992 se descubrió un tesoro con miles de ellas, dejo de ser rara, toda inversión tiene un riesgo.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

      Interesante aporte, Jesús.

      ¿Tienes alguna referencia o más información de ese tesoro? Nunca había oído hablar de él.

      Gracias,
      Adolfo

  9. jesus sanz 3 meses hace

    Es un tipo de monedas de tipo karshapana, en su anverso aparece un simbolo “parecido” al triskel de Sicilia y su reverso es liso, se acuñaron sobre mediados del siglo V A.C en alguna zona de Gandhara, eran muy escasas hasta que en la aldea de Baybal apareció el tesoro y las hizo unas piezas mas comunes sin llegar ni mucho menos a las karshapanas punzonadas, es todo lo que se , que no es mucho, pero sirve como ejemplo de como un tipo de moneda rara puede perder ese status como consecuencia de un hallazgo.

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