Los galanos de México, Lima y Potosí y su coleccionismo

Los galanos de México, Lima y Potosí y su coleccionismo

Es bien sabido que durante siglos las cecas americanas bajo dominio español fabricaron monedas a martillo. Se trata de una tecnología muy manual y primitiva, pero que en un principio tenía como resultado unas monedas con una calidad más que aceptable. Un ejemplo son los 4 reales de Juana y Carlos acuñados en México que se muestran en la Figura 1. Cualquiera puede apreciar que ese ejemplar tiene una calidad muy notable a pesar de ser una moneda cuya finalidad no era más que aumentar el circulante. Pero pronto se descubrió Cerro Rico y otros yacimientos mineros que supusieron la inundación de las cecas – tanto americanas como peninsulares – con una cantidad de oro y, sobre todo, plata nunca vista hasta la fecha. Como consecuencia la calidad de las monedas acuñadas descendió. Un ejemplo son los 8 reales mexicanos de Felipe III que se muestra en la Figura 2. En este ejemplar ni siquiera se acuñó la fecha. Casos como éste eran bastante normales.

En este periodo de acuñación a martillo en grandes cantidades aparecen también unas monedas especialmente redondas y con una acuñación muy cuidada. Son ejemplares que se distinguen rapidísimamente del resto por la redondez del cospel y la calidad de su acuñación. La belleza de estas monedas hace que atraigan la atención de los coleccionistas, y la pregunta de por qué se acuñaron atrae la atención de los estudiosos.

Estas acuñaciones especiales se produjeron en las tres cecas indianas principales durante un periodo muy prolongado: en México de 1607 a 1730; en Lima de 1684 a 1748; y en Potosí de 1626 a 1754. En las tres cecas se conocen ejemplares de todas las denominaciones de plata (8 reales, 4 reales, 2 reales, 1 real y ½ real), si bien los 8 reales son los más comunes dentro de su rareza. Además, en México se hicieron rarísimos ejemplares en oro (8 escudos, 4 escudos, 2 escudos y 1 escudo). Se tiene, por lo tanto, que se acuñaron una amplia variedad de monedas especiales en cuanto a tipo, fechas, cecas, ensayadores y reyes.

Pero la documentación al respecto de estas monedas es sorprendentemente escasa. Esta escasez de documentación, el poco estudio de la misma y la amplia imaginación de los comerciantes que buscan cualquier excusa para vender más caro su género, han hecho que en los países anglosajones se les haya denominado “Royals”, indicando que fueron monedas acuñadas para ser presentadas como muestra a la Corona. Algunos comerciantes españoles también han seguido este juego y las han denominado “de presentación real”. Esta hipótesis algunos la han dado por buena a pesar de que no tiene ningún tipo de soporte documental, pues en ninguna parte se ha encontrado un documento que indique que estas monedas se utilizasen para presentárselas a la Corona Española.

FIGURA 1: México. 4 reales. Juana y Carlos

Figura 2: México. 8 reales. Felipe III

Figura3: 1709. Potosí. Y. 8 reales

Recientemente Glenn Murray ha estado estudiando lo referente a estas acuñaciones especiales en Archivo de la Ceca de Potosí y ha ampliado los estudios realizados por Carlos Lazo García. La cuestión que parece más clara es que en la contabilidad de la ceca se les denominaba “galanos”, término que utilizaré a partir de ahora para referirme a ellos (otros comerciantes y coleccionistas los denominan simplemente “redondos” o “acuñaciones especiales”). La hipótesis de Murray es que estos galanos se acuñaban para satisfacer la demanda de los comerciantes de plata, quienes después los venderían a clientes o personas pudientes. Eso mismo ocurría en la ceca de Segovia con la acuñación de los famosos cincuentines (monedas de ostentación de 50 reales) y centenes (100 reales).

También es muy llamativo que no hay ninguna legislación asociada a la acuñación de galanos, como sí que la hubo para los cincuentines y centenes. E incluso en muchos casos no hay una contabilidad muy rigurosa para estas monedas. Esto apoya la teoría de que no había un control estatal sobre los galanos, sino que los propios operarios de la ceca se esmerarían en la realización de unos cospeles (una tarea que no era para nada trivial en la época) para estas acuñaciones. En este punto hay una clara diferencia con respecto a las acuñaciones especiales de la ceca de Segovia. La diferencia radica en que los cincuentines y centenes tenían un valor diferente a las monedas de uso corriente mientras que los galanos no eran más que monedas normales con una acuñación mucho más cuidada. Claro está que mientras se respetase el peso y el fino de las monedas se respetaría la ley.

Figura 4: 1711. Lima. M. 2 reales.

Figura 5: 1695. México. L. 8 escudos.

Figura 6: México. J. 4 escudos

Como dije antes, los galanos son monedas muy queridas por los coleccionistas. Gustan en todo el mundo: se podrían vender igual en Estados Unidos que en Alemania o Singapur. Esta alta demanda se junta con la alta rareza de los galanos y hace que su precio no pueda ser barato. Como una estimación muy gruesa se puede decir que un 8 reales galano bonito, pero no de los más raros, puede rondar los 4.000 o 5.000 euros. Como ejemplo, en la Figura 3 se muestra un precioso ejemplar de Potosí que fue rematado en 3.600 euros en 2011 por Áureo & Calicó (de esta empresa son todas las imágenes de la entrada y los precios de remate que cito). Atendiendo a la rareza de estas monedas no es que sea un precio excesivamente alto pero es mucho más de lo que la mayoría de los coleccionistas podemos asumir. Quien se embarque en el coleccionismo de galanos podrá encontrar con relativa facilidad varios ejemplares de 8 reales al año, pues aparecen con cierta frecuencia en las subastas internacionales de más prestigio. Pero sería una tarea titánica, cercana a lo imposible, intentar completar la colección de todas las fechas y cecas de los mismos.

Mucho más complicados son los divisores del duro, aunque como no son tan llamativas como los 8 reales tienen menos demanda y su precio es algo más moderado. Por ejemplo, el precioso y rarísimo ejemplar de 2 reales de la Figura 4 se remató en 2.200 euros en 2008. En cuanto a las acuñaciones en oro, son todos ejemplares rarísimos que representan la cumbre de la numismática colonial. Su demanda es altísima y su precio se dispara. Los 8 escudos galanos se llegan a vender por encima de los 300.000 euros. El ejemplar de la Figura 5 se remató en 2009 por 380.000 euros. Los divisores de las onzas galanas son también muy raros y apreciados. Por ejemplo, la media onza de la Figura 6 se remató en 2012 por 54.000 euros.

Además de estas acuñaciones redondas hay otros galanos con forma del Sagrado Corazón de Jesús y otros con formas zoomorfas. Un ejemplo se muestra en la Figura 7. Estos galanos de forma extraña son mucho más raros todavía que los redondos y solo se acuñaron en la ceca Potosí. Aparecen en subastas muy de tarde en tarde y tienen también una alta demanda (el ejemplar de la Figura 7 se remató en 2014 en 19.000 euros).

Todos los galanos se usaban con frecuencia como piezas de ostentación. Esto hace que muchísimos ejemplares estén perforados. Estos agujeros, tanto si están reparados como si no, tienen un impacto negativo en el precio de la moneda pero no tanto como en el caso de ejemplares normales de estas mismas cecas, en cuyo caso perderían prácticamente todo su valor al estar taladrados. Igualmente es muy común que los galanos hayan sido limpiados, al igual que ocurre con los cincuentines.

El coleccionista también debe estar atento de las falsificaciones. Soy consciente de algunas monedas falsas muy bien hechas que engañarían a muchos. Por eso es muy importante comprar este tipo de monedas a comerciantes muy especializados y con un buen prestigio internacional. También hay que tener en cuenta que algunas monedas salieron bastante redondas y atractivas, pero eso no significa que sean galanas. Un ejemplo se muestra en la Figura 8. No se trata de una acuñación galana aunque es un precioso ejemplar de un duro de Potosí, y por tanto los coleccionistas lo apreciarán más que si su acuñación hubiera sido más defectuosa.

Figura 7: 1729. Potosí. M. 8 reales.

Figura 8: 1659. Potosí. E. 8 reales.

Para finalizar quisiera recomendar la escasa bibliografía especializada que hay al respecto. Ya hemos citado los trabajos de Carlos Lazo García y Glenn Murray. Además se tiene el catálogo especializado de José Luis Lázaro “Los Redondos de Lima, Méjico y Potosí y otras Acuñaciones Especiales”, editado en Madrid en 1996 pero que actualmente todavía se encuentra con facilidad. Por último, el comerciante Daniel Frank Sedwick ha publicado varios artículos en su página web sobre estas acuñaciones y sobre otras monedas coloniales.

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4 Comentarios

  1. Lanzarote 7 meses hace

    Supongo que la emisión de moneda proof de las casas de monedas actuales para obtener financiación extra ya se había inventado siglos antes. A mí este tipo de emisiones se me asemeja más a la acuñación de medallas que a la de monedas, por el fin de estos objetos. Eso no significa que no me gusten. Bueno, las que tienen formas de corazón y animalicos me parecen una aberración.

    En mi colección no entrarían por dos motivos, 1 sólo colecciono monedas, y estas son medallas disfrazadas de monedas, 2 no tendría dinero para comprarlas :P

  2. Yago Abilleira Crespo 7 meses hace

    Sublime Adolfo, sublime.
    Una duda, que seguro que tuviste alguno en tus manos. ¿Su grosor es homogéneo?. Supongo que al acuñarse a martillo no será perfecto como las de volante, pero no sé si hay mucha diferencia.

    Lanzarote, me recuerdas al cuento de la zorra y las uvas, “total, están verdes” ;-)

  3. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 7 meses hace

    Pues a mí sí que me gustan. Estéticamente me llaman mucho más la atención los redondos que las macuquinas “normales”.

    En lo que al grosor se refiere, nunca me he fijado como tal, pero en los ejemplares que he tenido en la mano creo que el grosor era razonablemente uniforme.

    • Yago Abilleira Crespo 7 meses hace

      Gracias. Era por curiosidad.
      Pues mira, ya hay otra forma de diferenciar los galanos de los pseuodogalanos: El grosor uniforme.

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