Subasta de Áureo & Calicó, 25 y 26 de abril de 2018

Subasta de Áureo & Calicó, 25 y 26 de abril de 2018

Áureo & Calicó vuelve a la carga organizando otra triple subasta: en sala, por correo el día 25 de abril y la Colección Montoliu, dedicada a monedas y billetes de la Guerra Civil, al día siguiente.

Una cosa que no he comentado hasta ahora sobre las subastas por correo de esta casa es que a partir del pasado enero cambiaron en dos aspectos. El primero es que ya no imprimen el catálogo en papel (lo cual celebro, ¡pobres árboles!). Lo segundo es que permiten las pujas en directo on-line, al igual que otras casas de subastas. En cuanto a la subasta por correo en sí, hay 2000 lotes que repasan la historia de la numismática con bastante gracia. Concretamente, hay muchos lotes del Imperio Romano, de monedas íberas y, como no podría ser de otra manera, de la Monarquía Española.

Beget. 50 céntimos y 1 peseta.

 

La subasta en sala presenta, obviamente, una mejor calidad en las piezas que la subasta por correo y e incluye algunas perlas de muy alto nivel. El clásico repaso a la historia de la numismática comienza con 8 ejemplares griegos y uno cartaginés. Pueden parecer pocos pero son realmente bellos y alguno tan comercial como esta lechuza de Atenea. La moneda bizantina y la íbera tampoco se ven representadas por muchas piezas. De hecho, Bizancio no trae nada particularmente destacable; en cuanto a los íberos, sin haber monedas espectaculares sí que hay algunos cobres bonitos del noreste peninsular, como el as de Cese o el semis de Caio. Mucha mejor representación tiene Roma, contando con 122 piezas de las que 64 son denarios. Estos denarios abarcan cinco siglos de historia. No hay grandes rarezas ni conservaciones espectaculares, pero se mantiene una calidad media bastante alta. Los considero lotes tremendamente comerciales aptos para el coleccionista medio de esta serie. También hay una buena representación de cobres, con sestercios bonitos del primer y segundo siglo de nuestra era. Algunos de ellos son bastante raros, como este sestercio de Agripina, pero en general abundan ejemplares bonitos, como el as de Adriano. Los oros son lo que menos me llaman de esta serie, aunque hay algún áureo curioso.

La Edad Media se repasa de manera más superficial. Se comienza con siete trientes visigodos entre los que se encuentran dos raros trientes de Tulga de la ceca de Córdoba (uno y dos). Tras un repaso muy rápido a la moneda andalusí se llega a los reinos cristianos, con una colección compuesta por 25 piezas de la Corona de Aragón, 17 de Castilla y 7 de Navarra. Hay bastantes ejemplares aptos para el coleccionista medio pero no muchos que destaquen por sí mismos. Por la rareza se puede citar al óbol de Bisbe Teodoric y al curioso real de Pere III acuñado sobre un real de Jaume III. En cuanto a su belleza, yo creo que los dos enriques de la silla sevillanos (uno y dos) merecen ser mencionados. Pero quizá la pieza que mejor combine la rareza y la belleza sea el ducado de Mallorca de Fernando el Católico.

“se mantiene una calidad media bastante alta… se trata de lotes tremendamente comerciales aptos para el coleccionista medio…”

También se puede mencionar el medio florín de Enrique IV (más sobre las acuñaciones de Enrique de Castilla en Cataluña). Es una moneda rarísima de la que Áureo siempre dice que Crusafont indica dos ejemplares conocidos en su libro sobre florines: el del MAN y el de la Vidal Quadras. Yo tengo muchísimo respeto por Crusafont, pero es curioso que ni en el libro “Medieval European Coinage” ni en el catálogo que tengo de él, se cita esa moneda. Tampoco tenía ningún ejemplar en su colección particular ni cita su posible existencia en el artículo que publicó en 1980 sobre el florín de Enrique IV, hasta entonces inédito. Quiero decir con esto que citando a este autor queda muy clara la enorme rareza de esta moneda, pero quizá no sea la mejor fuente para referirse a este medio florín. Más aún cuando, que yo sepa, han pasado 4 ejempares distintos de estas monedas por la casa Áureo & Calicó.

Noves de Segre. 10, 25, 50 céntimos y 1 peseta.

Nulles. Sindicat Agrícola Popular. 15, 20 y 70 céntimos.

Entrando en la Monarquía Española, se presenta una colección variada con bastantes oros que destacan, si bien muchos de ellos se vieron hace poco en esta misma casa de subastas. De los Reyes Católicos lo más relevante es, sin duda, la ceca de Granada, de la que se muestra un precioso medio excelente secundado por un excelente. En los Austrias no hay ninguna duda de que se lleva la palma la ceca de Mallorca, pues se incluyen cinco rarísimo oros mallorquines procedentes de la Colección Ramón Llull. También cabe destacar las monedas de la Guerra dels Segadors y algunos ejemplares sueltos, como el doble principat de Felipe II o los preciosos 16 maravedís de Felipe IV de la ceca de Valladolid.

Entrando en los Borbones, hay tres ejemplares de oro que brillan con luz propia: los 4 escudos de Cuenca de 1725, una moneda rarísima y casi mítica pero muy difícil de vender porque costará encontrar quien se gaste tanto dinero en una media onza hoy en día; la rarísima onza mexicana de 1760, por la que seguro que los gringos se pegan; y los 320 reales madrileños de 1822, cuyo precio se dispara hasta las nubes cuando tiene una conservación tan bonita como la que ahora se presenta. Por lo demás, se presenta una colección tremendamente comercial que se venderá sin problemas porque los precios de salida ayudan. Hay muchos medios escudos bonitos y onzas relativamente corrientes. Pero lo que más me gusta de este apartado son las platas y la preciosa conservación que tienen. Hay platas de módulo pequeño muy bellas, como el real sevillano de 1721 en metal blanco, el madrileño de 1782 o el sevillano de 1832. A estos se puede añadir el 2 reales limeño al que dediqué una entrada. Pero también hay ejemplares corrientes, pero preciosos, en módulos más grandes. Vayan como ejemplos el columnario mexicano de 1760, los 20 reales de 1810 o los 8 reales mexicanos de 1807. A quien le gusten las monedas bonitas de los Borbones haría bien en echar un vistazo al catálogo.

El Centenario de la Peseta tiene poco que destacar. Se incluyen 45 piezas aptas para que coleccionistas medios incluyan algún ejemplar bonito en su colección. Tampoco hay mucho que decir ni de las tres medallas ni de los siete lotes de billetes que se ofrecen. Dentro de la moneda extranjera sí que destaca el oro medieval francés, pues hay piezas muy bonitas a pesar de no ser raras. Se incluyen también dos monedas rusas muy raras a juzgar por los precios de salida: un ducado de Ana de 1738 y 5 rublos de Isabel de 1755.

 

El día 26 de abril se subasta la Colección Montoliu. Se trata de una colección dedicada a billetes locales de la Guerra Civil (más sobre ellos). La manifestación de gratitud de este coleccionista en el catálogo impreso me hace sospechar que se trata de alguien vivo y que, como tantos otros, entiende la colección como algo muy cercano a la tierra que le vio crecer.

Riba-Roja d'Ebre. Col·lectivitat Lliure de Treballadors del Camp i de l'Industria. C.N.T. 5 y 25 pesetas.

Sobre la colección en sí, la forman 1105 lotes, siendo la mayoría billetes (hay alguna moneda). Esto es un porcentaje más o menos pequeño de lo que supone la totalidad de los billetes de la Guerra Civil, que pasan de 8.000 tipos diferentes. Ahora bien, parecen ser billetes muy escogidos en cuanto a su estado de conservación, pues tienen todos ellos una calidad muy digna para una serie en la que se suelen encontrar ejemplares en muy baja conservación. También se observa que hay una buena representación de billetes valencianos, quizá el coleccionista sea de allí. Con todo, creo que es una colección bonita a la vez que es humana. Una aproximación totalmente gruesa por mi parte es que esta colección puede rondar los 200.000 euros de coste. Yo utilizo unas imágenes para ilustrar la entrada, pero no hago más comentarios sobre la colección porque en esta serie tampoco es que haya billetes que sobresalgan por sí mismo mucho más que el resto. Dejo a los muchos coleccionistas de billetes locales que se estudien la subasta con detalle.

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5 Comentarios

  1. Yago Abilleira Crespo 6 meses hace

    Curioso. en la subasta por correo hay como 40 monedas de 1801-1803 procedentes de naufragios. Lo raro es que las hay de Nueva Guatemala y Méjico. Interesante.

  2. Britannia 6 meses hace

    Alguien tiene alguna idea del pecio del que pueden provenir?

  3. j. mir 6 meses hace

    Me ha costado seguir el argumento del medio florín de Enrique IV de Castilla, a ver si lo he entendido bien.

    En Catalogo Crusafont de 1982 no aparece citado el medio florín, pero si su duplo de estas mismas características que es asignado a Alfonso el Magnánim, num. 382, y con interrogante duda si hay que atribuirlo a Enrique IV de Castilla; en el Crusafont de Vico Segarra (1992) aparece con el núm. 787 atribuido a Alfonso y sin referencias a Enrique (creo que a causa del carácter de catálogo comercial sencillo en el que se omiten disquisiciones varias); en el catalogo especializado en florines de Crusafont con Comas (1996) se le cita inequívocamente como de Enrique IV de Castilla con dos ejemplares conocidos (hay que tener en cuenta que este catalogo hizo un encomiable vaciado de florines de museos y colecciones particulares), a partir de esta fecha su atribución a Enrique ya no es puesta en duda; en el Cru.C.G. (1999) lleva el núm. 3038 con rareza RRR; con los mismos datos aparece en su última obra general de 2015, núm. 763. No dispongo de la European Coinage, así que desconozco si allí no aparece, aunque si es así solo puede ser por error (¿quizás en Alfonso, por lo mismo que en el Cru.V.S. de evitar complejidades?). Por otra parte Aureo ha subastado, contando este, tres ejemplares distintos (no 4 o 5, como pareces indicar si contamos este o no como ejemplar distinto). No me consta su subasta de ejemplares nuevos por parte de otras casas.

    Por tanto, desde el año 96 en que se conocían dos ejemplares hasta ahora, su nómina ha subido a un total de cinco. Los que seguimos los florines sabemos que la referencia a los ejemplares conocidos en el Crusafont/Comas se remite a 1996 y desde entonces su número puede haber variado (en la mayoría de casos es así), pero sigue siendo el mejor indicador absoluto para apreciar la rareza de un florín, hasta que una nueva publicación lo corrija, probablemente del mismo Crusafont. Hay que tener en cuenta que antes de 1982 la asignación de los florines era caótica, Crusafont lo intenta en ese año con errores varios hasta que concluye su labor (si es que algo así se puede decir) en 1996, en que ajusta de manera más o menos definitiva su propuesta de catalogación que nadie solvente ha discutido (yo creo que quedan uno o dos flecos, pero eso no es discutirle).

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 6 meses hace

      Es evidente que de florines controlas mucho más que yo. Lo que quería decir es que el comentario de que Crusafont indica dos ejemplares conocidos quizá no sea el mejor porque a muchos coleccionistas les puede hacer pensar que solo se conocen dos ejemplares (hay que entender que Crusafont es el autor de referencia en numismática catalana). Sería mejor decir algo como “solo 4 ejemplares conocidos”.

      • j. mir 6 meses hace

        Pues yo sigo pensando que es una buena referencia y uno de los pocos casos en que la rareza se indica en numeros absolutos y no con unas siglas que no sabemos muy bien como se han obtenido. Si que se podria mejorar la precisión del dato indicando que se trata de una referencia de 1996.

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