Una visita numismática a la Villa Imperial de Potosí

Una visita numismática a la Villa Imperial de Potosí

En la anterior entrada os comenté mi visita a la Casa de la Moneda de Potosí. En esta ocasión os hablaré de la Villa Imperial de Potosí que suda numismática por los cuatro costados, tanto dentro como fuera de la Casa de la Moneda. Por eso es necesario dedicar una entrada más al resto de la visita, dejando un espacio al final para algún que otro apunte numismático relacionado con el resto de Bolivia. Al igual que ocurrió en la anterior entrada, son muchas las fotos que quiero mostraros así que dejo unas cuantas para ilustrar la entrada y el resto las podéis ver pinchando en los enlaces.

Yo diría que Potosí es “la Meca de la numismática” (o el Vaticano, como queráis). En esa ciudad todo tiene que ver con el proceso de creación de las monedas. No en vano, de su famoso Cerro Rico se extrajo la plata que financió la historia universal durante más de tres siglos. Desgraciadamente poca de la riqueza extraída quedó en esta ciudad, que es una auténtica golosina para los amantes de la historia y, por supuesto, de la numismática. Yo diría que la ciudad de Potosí es la única en todo el mundo en la que se puede observar todo el proceso de creación de monedas; desde la extracción de la plata hasta la acuñación del cospel. Es más, a día de hoy se puede ver ese proceso con las diferentes tecnologías que se han utilizado en la Edad Moderna y Contemporánea.

Es muy típico entre quienes van Potosí (ejemplo) visitar el Cerro Rico (al no ser que tengan claustrofobia). Las visitas se centran en la minería y la vida del minero. De hecho, quienes vayan por las mañanas harán turismo en los mismos túneles donde otros están trabajando. Yo preferí ir por la tarde. Y como debemos ser pocos a los que no nos gusta molestar, era el único visitante en toda la mina (al menos cuando fui). El Cerro Rico está lleno de túneles que los explotan las cooperativas que allí trabajan. Algunos de los túneles de época colonial todavía están en uso, pero por desgracia no son de los que se muestran a los turistas (ya digo que no es una visita centrada en la historia). Obviamente, las vetas coloniales ya están totalmente agotadas desde hace mucho tiempo. Ya no queda plata en el Cerro Rico y por eso hoy en día se extraen otros metales, como zinc y plomo. Yo me encontré un poco de arsénico mientras iba andando por los túneles.

El plato fuerte de la visita al Cerro Rico es la visita al “Tío” (nombre que proviene de una adaptación de la palabra “Dios”). Se trata de una de las muchas representaciones de deidades que hay dentro del Cerro Rico y a quien los mineros y turistas proporcionan ofrendas, como hojas de coca, refrescos y “güisqui del minero”. Es un buen ejemplo de la mezcla de culturas que hay en Bolivia y de cómo esta mezcla se refleja en una religión que a veces se vuelve politeísta a pesar de estar bajo un paraguas cristiano. También muestra cómo los mineros, con su duro trabajo y conscientes de que su vida depende de un hilo, aceptan una ética distinta al resto de la sociedad cuando se encuentran en la profundidad de la mina, llegando incluso a dar ofrendas a una especie de demonio. Es curioso cómo en esta y en otras visitas se subrayaba el esclavismo que ocurrió durante la colonia y las penurias que pasaron los mineros y el resto de mano de obra industrial. Yo estoy de acuerdo en hacer consciente al turista sobre este vergonzoso aspecto histórico del que ya nada podemos hacer por arreglar. Pero me resultaría muchísimo más interesante y útil reflexionar sobre las condiciones actuales de los mineros (y de otros trabajadores, pues cuando me salía de las ciudades me encontraba con otra Bolivia). Un ejemplo sintomático lo cuentan casi como si fuese una gracia: el llamado “güisqui del minero” no es más que alcohol etílico mezclado con agua. Debajo de esa punta de iceberg se esconde una realidad social muy dura.

Volviendo a temas más alegres, hay que decir que el Cerro Rico es precioso en cuanto a la estética del mismo (las fotos de la entrada lo reflejan). Yo no me cansaba de mirarlo a través de las bonitas calles de esta ciudad colonial. Me tenía enamorado. Simplemente atraía mi atención allá donde estuviese. Incluso de noche se ilumina la silueta del cerro de manera que se representaba en grande los dos trazos que suponen el símbolo de la ciudad de Potosí.

Entrando en la ciudad a nadie le sorprenderá que Potosí esté lleno de edificios coloniales preciosos, tanto de carácter civil como religioso. Concretamente, el convento de San Francisco me pareció tremendo; al nivel de los más bellos que se puedan ver en Europa (aquí una foto desde su tejado). Respecto a la parte civil, pero no directamente relacionado con la numismática, se puede citar su mercado, el Pabellón de los Oficiales Reales y las bonitas calles llenas de balcones. Se ve que algo quedó de la muchísima plata que por Potosí circulaba.

En cuanto a los edificios relacionados directamente con la numismática, los más obvios son las casas de moneda. En Potosí hubo dos casas de moneda. La primera de ellas se encuentra en la plaza 10 de noviembre, que es la antigua Plaza de Armas. Desgraciadamente, hoy en día es la Corte Superior de Potosí y no debe quedar nada  y tan solo hay dos linternas (no abiertas para el público general) del edificio mandado construir por Felipe II a propuesta del Virrey Francisco de Toledo. Aquí podéis ver una vista de frente de la primera Casa de la Moneda de Potosí y otra vista desde el campanario de la Catedral (el edificio amarillo que hace esquina). Como curiosidad, me indica Glenn Murray que las antiguas Cajas Reales de esa primera Casa de la Moneda es actualmente el despacho del alcalde en el Ayuntamiento de Potosí. La segunda Casa de la Moneda es del siglo XVIII. Luce una puerta preciosa, tan bonita de día como de noche. En otra entrada os cuento lo que me encontré al atravesar dicha puerta.

 

 

 

El Cerro Rico es precioso en cuanto a la estética del mismo.

La mayoría de los turistas no va mucho más allá de esto que acabo de comentar. Sin embargo, un turista interesado en la numismática se podrá dar cuenta del resto de la infraestructura que esconde la ciudad. Sorprende percatarse que en el centro de lo que hoy es Potosí pasaba un río, donde llegó a construirse 150 ingenios. Dos de estos ingenios todavía se conservan: el Ingenio Dolores (en uso); y el Ingenio de San Marcos, usado hasta 1996 para el procesamiento de estaño y hoy en día un museo. El Ingenio de San Marcos básicamente consiste en una gran rueda que gira al pasar el agua y que mueve un rodillo con el que se elevan unos maderos que golpean el suelo. Este mecanismo bien podría haber sido utilizado para hacer un txalaparta con tracción acuática, pero en vez de eso lo utilizaban para pulverizar la piedra con plata que se extraía del Cerro Rico. Esa piedra, una vez pulverizada se amalgamaba para extraer de ella la plata que contuviera. Por cierto, el mercurio para la amalgama provenía inicialmente de las minas de Almadén, en la provincia española de Ciudad Real, y posteriormente de las Minas de Santa Bárbara, en Huancavelica (Perú).

Lo malo es que el Ingenio de San Marcos, a pesar de ser el único que se puede visitar, tiene una parte trasera llena de basura y en estado de casi abandono. Es una lástima. Y lo es más el acueducto que está en el centro de la ciudad, muy cerca del Arco de Cobija. Ese acueducto se encuentra entre unas casas, sin que nadie le haga caso y sin aparecer en ninguna guía turística o mapa de la ciudad. Mucho me temo que o ponen remedio rápido o pronto nos quedaremos sin él.

No es de extrañar que la explotación de los ingenios y de la Casa de la Moneda hiciera rico a más de uno en Potosí. Por eso hay casas particulares que en su día pertenecieron a personajes relacionados con la numismática. Tal es el caso de la casa de Josefa Lizarazu de Linares, condesa de la Casa Real de la Moneda y antigua propietaria del ingenio San Marcos. Otras casas a mencionar, a pesar de que en ninguna parte las indican como relevantes, son la de Don Antonio López de Quiroga (más sobre él), el mayor productor de plata y uno de los hombres más ricos del mundo a finales del siglo XVII; y la de Francisco Gómez de la Rocha, responsable del famoso escándalo de Potosí. Además, se pueden ver casas de algunos de los héroes nacionales. Por ejemplo, esta es la casa de José Alonso de Ibáñez (un líder “independentista” que promovió una revolución en 1617) y ésta la del mismísimo Bolívar (otra foto).

 

 

 

 

Yo diría que Potosí es “la Meca de la numismática”.

Por lo demás, yo recomendaría a quien visite la ciudad de Potosí que lo haga de manera relajada para que la propia ciudad le sorprenda. Os aseguro que en cualquier momento encontraréis referencias numismáticas insospechadas. Por ejemplo, quien entre en la pizzería “La Vera Pizza” (justo al lado de la Casa de la Moneda) se sorprenderá cuando le ofrezcan una pizza con forma de corazón de Potosí (más sobre las monedas con forma de Corazón). Yo también me sorprendí cuando fui a uno de los bares más conocidos de la ciudad, La Casona, y me encuentro en el menú que el edificio data de 1775 y que fue mandado construir para que viviese Pedro de Tagle, enviado por Carlos III como primer administrador de la Casa de la Moneda. También recomendaría encarecidamente que al pasear por Potosí se leyeran los nombres antiguos de las calles (es explícito en las placas de cada calle). En la zona que está entre los ingenios y la Casa de la Moneda las referencias al proceso de creación de monedas son continuas, pero muchas veces se hace de forma que se indica el papel de actores que no solemos tener en cuenta. Así, existían calles llamadas “Rescate de Metal”, “La Molienda”, “Arrieros”, “Azogueros”… Cuando veo esos nombres no puedo sino dejar volar mi imaginación para intentar visualizar cómo sería Potosí a finales del XVIII.

A modo de anexo, quisiera añadir tres puntos relacionados con la numismática en Bolivia:

  • Es sorprendente que no vi monedas históricas en prácticamente ningún museo. Creo que fuera de Potosí solo vi monedas en el museo de la Basílica de San Francisco de Charcas, en Sucre (un convento muy interesante en una ciudad colonial preciosa). Pero no eran más que un par de vitrinas con monedas sin valor, variadas y mal colocadas.
  • Aunque no oí nada oficial, mi sensación es que hay una falta enorme de numerario en Bolivia. Eran mayoría las tiendas que tenían dificultad en proporcionarme cambio al pagar cualquier cosa, incluso pagando con moneda menuda. Fueron varias las veces que no podían darme cambio de 10 bolivianos (1,20 euros) al pagar algo que costase 3 bolivianos (40 céntimos).
  • Al parecer circula por Bolivia mucho billete falso. Esto hace que los cambistas marquen sus billetes al cambiarlos por dólares, de manera que toman responsabilidad sobre los billetes que entregan a sus clientes. Esta práctica me recuerda a los chinos marcando reales de a 8, lo que redunda en tantos columnarios con resellos chinos. También debe de haber particulares que marcan los billetes que pasan por sus manos porque creen que si ese mismo billete vuelve le traerá suerte. Así pues, raro es el billete que no tiene unas cuantas marcas.

Hay una tradición aymara relacionada con una deidad llamada “Ekeko” que sigue en plena vigencia (ya os comenté que la cuestión religiosa en Bolivia es tremendamente compleja). Fundamentalmente, este dios proporciona abundancia a quienes le realizan ciertas ofrendas, siendo estas ofrendas miniaturas de lo que se quiere obtener. Yo me ilustré sobre el tema en un museo que visité en Sucre. Como no podía ser de otra manera, allí encontré multitud de billetes en miniatura (uno y dos), incluyendo euros. También había ekekos montados sobre pirámides de monedas. El 24 de enero hay una feria en La Paz muy conocida y relacionada con este culto: la Feria de la Alasita. Su importancia es tal que la UNESCO la considera Patrimonio de la Humanidad. Se venden todo tipo de miniaturas y de artilugios para ofrecer abundancia. Aunque yo ya estaba de vuelta en Estonia, mi amiga Mónica se acordó de mí cuando asistió a la feria e hizo la ofrenda que se ve en la última foto: salud con el certificado, dinero con los billetes y monedas para mi colección.

¡¡Gracias Mónica!!

 

3 Comentarios

  1. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 2 semanas hace

    Alvaro Erick Bejarano Zarate ha publicado este comentario en Facebook:

    “Excelente articulo, solamente un detalle, aun se extrae plata del Cerro Rico de Potosi, en cantidades minimas, pero no esta agotada, en prospecciones geologicas se tiene entendido que por debajo del Cerro aun se conserva una gran cantidad de plata, pero por el valor actual de la misma, estabilidad del cerro, proteccion de la ciudad y conservacion de la forma original del cerro no se procede a iniciar trabajos”

  2. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 2 semanas hace

    Glenn Murray indica lo siguiente en Facebook:

    “Excelente artículo. Pero no es cierto que no queda nada de la primera casa de moneda. Lo que pasa es que las 2 antiguas linternas, o chimeneas que aun existen, no se ve desde el nivel de la calle ni desde ningún ángulo. En mi libro sobre la Ceca de Potosí se ve las linternas desde un drone que hemos utilizado para tomar las fotos.
    Incluso, si uno explica que es numismático extranjero con interés en la primera casa de moneda, te dejan entrar a las oficinas de los Juzgados para ver las antiguas linternas desde dentro! El Ayuntamiento de Potosí maneja un documento sobre la expropiación y musealización de ese edificio, pero no sé en que punto de gestión se encuentra.”

    Añadiendo estas dos fotografías: una y dos.

  3. Alvaro 2 semanas hace

    Hola.
    Solo decir que me alegra que te haya encantado la ciudad, para mi tiene un “algo” especial. Sobre lo de las visitas a las minas decir que yo por mi trabajo he visitado varias (aunque no en el cerro) y bueno pagar los 100-200 Bs que vale una visita en el cerro teniendo en cuenta que en cualquier otro lado me sale gratis o casi no me apetece mucho. Lo que tengo entendido es que los guias fantasean un poco bastante. Por ejemplo en el cerro si que queda plata aunque ya escasean los minerales de alta ley. De los paillakus (escombros) hay una empresa,Manquiri que los re-aprovecha y es una de las mayores productoras del país. Se explota sobretodo Zinc, al ser un metal que hasta mediados del siglo XX (como en su día pasó con el estaño) apenas era aprovechado. Lo que te encontraste no es arsénico sino sulfatos fibrosos a veces llamados copajira aunque este es un término más generico que se le da a todas las costras que se generan por las aguas ácidas de mina. Por último mi fuente fiable de minería colonial de cabecera es esta:
    http://www.unesco.org.uy/phi/biblioteca/files/original/370d6afed30afdca14156f9b55e6a15e.pdf

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