El primer lote de monedas que compré

El primer lote de monedas que compré

Empezaba el año 2008 y yo ni siquiera llevaba un par de años aficionado a las monedas. Por aquel entonces yo no tenía una colección propia, sino que estaba forjando la colección de mi padre. Una colección muy humilde centrada en El Centenario de la Peseta. El pacto que teníamos era sencillo: mi padre me daba 100 euros todos los meses y yo hacía lo que podía con ese dinero para poder comprar monedas. Tuvieron que pasar varios años para que yo entendiese que si bien mi padre tenía cierto interés en la colección, lo que realmente buscaba era financiar mi aprendizaje.

En cierta ocasión vi un gran lote de monedas españolas del siglo XX, disponible para la venta en eBay. Pedían por él unos 2.500 euros y durante esa semana nadie lo compró. A la semana siguiente se publicó un nuevo anuncio para el mismo lote, pero en este caso por 1 euro de salida. Yo lo hablé con mi padre para buscar financiación y no me costó mucho convencerle para que me permitiese cerrar el trato con el dueño del lote. Se acordó con el dueño del lote que me haría con todas las monedas por 2.000 euros y que en un par de días iría a por ellas al pueblo de Asturias donde vivía.

“…Con estas monedas me inicié en la compra-venta, visité mercadillos, conocí gente y aprendí a tratarla, hice contactos, toqué muchas monedas… y con el dinero que gané financié mis errores futuros, de los que también aprendí.”

Fuimos a Asturias con 2.000 euros y volvimos con el coche cargado de monedas de Juan Carlos. En el lote había un montón de monedas conmemorativas, ecus, algunas colecciones a medio completar de Juan Carlos I, monedas del mundo circuladas, varias bolsas y cartuchos de Juan Carlos… en fin, cualquier cosa menos monedas comerciales. Pero yo volvía a Palencia la mar de contento.

 

 

La emoción de la primera vez, de ese primer lote de monedas es difícil de explicar salvo para quien ha vivido experiencias semejantes.

A la vuelta me quedaba un montón de trabajo por hacer. La tarea de clasificación fue sencilla pero tediosa debido a la gran cantidad de monedas. Luego comenzaba la parte más compleja del asunto: encontrar compradores.

El primero que vino fue un amigo de Valladolid (siempre se habla primero con los amigos), quien me cambió bastantes monedas de Juan Carlos I por algunos duros de plata en bajas calidades que me faltaban en mi colección, así como algunos cobres en mejor estado de conservación que los míos. También me dio algunas ideas de cómo vender las monedas que tenía y los precios aproximados que podría pedir por cada una. ¡Todo un mentor!

Siguiendo sus consejos, puse un montón de lotes en eBay, comenzando por los lotes de peso: las monedas de plata conmemorativas y las bolsas de la FNMT. Algunos se vendieron. Otros no. Otros tuve que ofrecerlos más baratos para que se vendiesen… y así me daba paseos a Correos prácticamente todos los días. Recuerdo que por los portes pagaba 3,5 euros mientras que una carta certificada me costaba 2,56, además del sobre de 5 céntimos. Muchas veces los 89 céntimos de diferencia entre lo que cobraba y lo que costaba el envío me suponían una mayor ganancia de lo que obtenía por la moneda. Os aseguro que si hiciese cuentas del beneficio por hora trabajada me salía a precio de esclavitud.

Sin embargo, yo seguía muy contento.

Después de publicar los lotes en eBay, no tardó mucho en contactarme un madrileño que colecciona variantes. Yo le comenté sobre las bolsas y los cartuchos que tenía y él se interesó por muchos de ellos para hacer la gallina en busca de variantes. Así que, aprovechando la ocasión, un domingo por la mañana cogimos de nuevo el coche rumbo a Madrid para visitar por primera vez el mercadillo de la Plaza Mayor. Además de vender esas bolsas de monedas también vendí una conmemorativa tamaño cincuentín, un lote de monedas del mundo y alguna cosilla más. Aproveché también para comprar tres piezas que por aquél entonces me parecían muy difíciles de encontrar (sobre las variantes de duros: uno y dos): las 5 pesetas de 1882 variante de sobrefecha 1882/1 (18-81); las 5 pesetas de 1882 variante de sobrefecha 1882/1 (18-82/1); y las 5 pesetas de 1881 (18-81). Pagué 150 euros por las tres y en realidad, mucho más de lo que merecían. No obstante, todavía las tengo.

De regreso de Madrid eché cuentas en el coche y dije: “mira papá, contando lo que nos hemos gastado en las monedas, la gasolina y las comisiones de eBay, ya hemos sacado para todos los gastos y además nos hemos hecho con varias monedas para tu colección”. Él se sorprendió de que hubiese recuperado la inversión en tan poco tiempo, pues apenas había pasado un mes desde que fuimos a Asturias. Luego me dijo: “bueno, pues por mi parte ya estoy pagado. Lo que saques a mayores te lo quedas”.

 

 

 

“Él se sorprendió de que hubiese recuperado la inversión en tan poco tiempo…”

Cuando llegué a casa volví a hacer cuentas y vi que habría unos 1.500 euros por vender, sólo había que venderlo todo y eso requería mucho tiempo; pero era tiempo que disfrutaba. Me puse manos a la obra y volví a publicar un montón de anuncios en eBay. Recuerdo que al menos vendí 20 monedas de 500 pesetas de 2001 a 5 euros cada una y decenas de monedas de 10 pesetas de 1994 y 1995 a 3 euros la unidad. También hice lotes variados con 50 o con 100 monedas de Juan Carlos en SC porque era la única manera de quitárselas de encima. Y eso que en aquel entonces las pesetas de Juan Carlos se vendían con mucha más facilidad que ahora; hoy en día esa tarea sería imposible.

No recuerdo exactamente el dinero que saqué, pero estoy seguro de que lo gasté en monedas. Hice cuentas y adquirí unas piezas que nunca pensé que fuese a comprar: 1 peseta de 1956 (19-56) en SC-, 1 peseta de 1953 (19-54) en SC, 25 pesetas de 1957 (58) en SC y 20 pesetas de 1899 (18-99) bonita. Las tres primeras las compré en subasta, siendo a la postre unas compras nefastas. Todavía tengo esas monedas y estaría contento si al día de hoy me pagasen la mitad de lo que yo pagué por ellas hace 10 años. La de 20 pesetas la compré a un comerciante y luego la vendí cuando subió el oro.

Si miramos el proceso desde el punto de vista empresarial, aquello fue un desastre; el “socio capitalista” (es decir, mi padre) arriesgó un capital y se retiró al cabo de un mes, aunque con un jugoso dividendo pues seguramente sacó lo que puso más aproximadamente un 20% a mayores en forma de monedas. El director de la empresa (es decir, yo) no hizo más que el paria: trabajó mucho, ganó poco y encima malgastó las ganancias. Pero teniendo en cuenta el aprendizaje como punto de vista válido, creo que ha sido la segunda mejor inversión numismática que he hecho en mi vida (la primera es este blog). Con estas monedas me inicié en la compra-venta, visité mercadillos, conocí gente y aprendí a tratarla, hice contactos, toqué muchas monedas… y con el dinero que gané financié mis errores futuros, de los que también aprendí.

 

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10 Comentarios

  1. Jorge Mont 9 meses hace

    Genial reflexión, Adolfo.

    A veces, puñetero, no se te puede hacer otra cosa que darte la razón.

  2. Ager 9 meses hace

    Si no me llevé yo una parte de ese lote en forma de colección SC de Juan Carlos creo que no andaría lejos :)

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 9 meses hace

      Han pasado varias colecciones de Juan Carlos por mis manos (y todavía tengo tres que montó mi padre). ¿Fue hace tanto tiempo que nos conocemos? Si fue en 2008 entonces seguro que vino de este lote.

      Pero recuerdo que más que una colección completa lo que había era un montón de monedas sueltas. Recuerdo un montón de monedas de 10 pesetas de 1994-1995, que vendí con mucha paciencia a unos 3 euros la pieza (así se pagaban entonces). Al final saqué una buena propina de esas pesetillas…

  3. Lanzarote 9 meses hace

    Lo que no entiendo de tu proceso de aprendizaje es que hayas pasado de monedas de Juancar y Centenario a la droga dura medieval, sin pasar por la Edad Moderna!!, imperdonable :) :)

    Supongo que ayuda que Palencia tuviera ninguna oportunidad en dicha época.

    Aún así pasó por tu colección algún duro curioso, como el sevillano de Carlos III, con un tono espectacular…

    Sin duda ese lote fue una buena inversión, si él igual no existiría este blog.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 9 meses hace

      Algún duro Borbónico y alguna otra pieza bonita de entre 1750 y 1850 ha pasado por mis manos. Yo no diría que me lo he saltado. A los que no he hecho mucho caso han sido a los Austrias.
      Y sí: no me cabe ninguna duda de que el paisaje de mi infancia, lleno de castillos medievales, iglesias románicas y catedrales góticas, tiene una influencia enorme en mi gusto por lo medieval (que no solo atiende a las monedas).

      Supongo que sin ese lote el blog existiría igualmente, pero de lo que aprendí con ese lote saqué muchas ideas para contar en los albores del blog.

      Saludos,
      Adolfo

  4. Patxi Navarro 9 meses hace

    Adolfo,

    Con diferencia, el mejor artículo que he leído en tu blog. Y eso que hay muchos artículos muy buenos.

    Felicidades y gracias por compartir esa experiencia con tantos que pasarán por aquí a los que les irá de maravilla poder leerla.

  5. jesus sanz 9 meses hace

    Adolfo buen articulo, sin duda para refrexionar, tiene mas facetas que lo que parece y se puede aprender muchísimo de el, a nada que se piense.

  6. Balaguer 9 meses hace

    Me alteran un poco (más bien bastante) las animaciones que asocias a las imágenes. Estoy a favor de las animaciones pero agradecería que fueran más comedidas.

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 9 meses hace

      Muchas gracias por tu opinión, lo tendremos en cuenta.

  7. josera 8 meses hace

    Aún recuerdo mi colección de 50 céntimos de Alfonso XIII que me compraron allá por el 1995… A 1000 pesetas cada una… Mi primer regalo numismático “serio”.

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