El viaje que se pagó Enrique vendiendo rublos

El viaje que se pagó Enrique vendiendo rublos

Enrique era...

Enrique era un pobre becario que hacía una tesis doctoral. Solía entrar en la universidad a eso de las 9:00 para estar sentado frente a la misma pantalla del mismo ordenador durante horas. Más de una vez, salía del edificio cuando cerraban para llegar a casa y seguir trabajando. Todo eso con un sueldo de subsistencia, pues el Estado Español consideraba que 925 euros era todo lo que debían recibir esos que querían aprender a investigar. Para colmo, cuando llegó la bajada del 5% a los funcionarios a Enrique se lo aplicaron con carácter retroactivo, cobrando un mes 450 euros sin previo aviso (imaginad el drama de quien tenía cargas familiares). Luego su sueldo quedó en 856 euros y le quitaron una extra porque sí. El que los presupuestos con los que se pagaban sus sueldos viniesen de la Unión Europea y no del Estado Español no debió importar a nadie. Total, con lo poco que cobraban los becarios era evidente que no tenían dinero para pagar un abogado y montar un contencioso administrativo.

Sea como fuere, resulta que Enrique fue a un curso de verano (que era parte de su formación académica) sobre tecnologías semánticas a la ciudad de Dresde. Una ciudad que, por cierto, tiene un museo numismático muy interesante. Como tomaba el avión desde Berlín lo negoció con su universidad para que le dejase quedarse tres días adicionales en esa ciudad, pagándose él todos los gastos extra, pues eran las únicas vacaciones que se iba a tomar aquel verano.

Os podéis imaginar que el viaje a Berlín fue carente de todo lujo. Enrique se alojó en una habitación compartida de un hostal y comió de supermercado. Su turismo allí tampoco pudo ser más barato: fue andando a todas partes, disfrutando de la estupenda ciudad de Berlín incluyendo los museos por un precio muy asequible (lógicamente no dejó de visitar el Museo Bode, que alberga una de las mejores colecciones numismáticas del mundo). Los tres días de sus vacaciones le costaron menos de 100 euros.

Tremises en el Bode

Un tesoro escondido

El caso es que en una calle adyacente de Alexanderplatz se encontró Enrique un pequeño mercadillo sin interés aparente. De manera casi inconsciente, se le fueron los ojos a unas monedas, estaban a la venta por un chatarrero que vendía cacharros variados de la época soviética. Tenía al lado un pequeño álbum viejo y roído con unas cuantas monedas de 1 y 5 rublos de la URSS, casi todas diferentes. Enrique se fijó en los precios observando que pedía 1 euro por las monedas de 1 rublo y 2 euros por las de 2 rublos. ¡Ese precio era baratísimo! Enrique conocía esas monedas y sabía que en eBay las de 1 rublo se vendían al menos por 2 euros la pieza.

Así pues, inspeccionó el resto de la mesa por si había otros “tesoros” escondidos, pero como no fue el caso decidió simplemente comprar esos rublos. Sin mediar más palabra Enrique preguntó al tendero el valor del conjunto de monedas, a lo cual el tendero que si se llevaba todas se las dejaba a mitad de precio. Enrique se encontraba ante un auténtico chollete, de esos que ocurren cuando se compra moneda mala a precio de derrumbe. Se acordó entonces de las palabras de Pepe Botika: “la mierda es mierda hasta que alguien la quiere”, así que pagó unos 50 euros por todas.

Para cuando Enrique llegó a España (muy contento con su compra, por cierto) ya había fotografiado todas las monedas, pues fue el entretenimiento que tuvo mientras esperaba en el aeropuerto. Al día siguiente puso 30 anuncios en eBay: a 2 euros las monedas de 1 rublo y a 4 euros las de 2 rublos. ¡4 veces más de lo que le habían costado! Pasada una semana hizo las primeras ventas y ofreció más monedas a todos los compradores que tuvo. Dos de ellos estuvieron interesados y, con un pequeño descuento, le dejaron sin rublos al bueno de Enrique. ¡Se ve que las vendía baratas! Es lo mismo, según sus cuentas había pagado los gastos de los tres días que pasó en Berlín y todavía le restaba para las cervezas de ese sábado.

Un rublo, como los que vendió Enrique

¿Regla o excepción?

Enrique también me cuenta que poder hacer esto es más una excepción que una regla. Los mercadillos para turistas (también los que no son para turistas) suelen tener unos precios mucho más altos que los que se ven en los portales de Internet más habituales. Además, hay que tener cuidado con la legislación de muchos países. Por ejemplo, parece ser que en Rusia no es complicado encontrar monedas de 5 kopeks del Imperio Ruso en mala conservación a un precio sensiblemente inferior a lo que se vende en los mercadillos de Europa occidental, sin embargo, también parece que en Rusia es necesario tener un permiso explícito para poderte llevar una moneda del país. Lo normal es que a quien lo intente no le digan nada, pero mejor no arriesgarse.

Y vosotros. ¿También echáis un vistazo a tiendas y mercadillos cuando vais de vacaciones? ¿Aprovecháis para comprar algunas piezas? ¿Conocéis a otros “Enrique” que hayan hecho negocios?

Podéis ver los comentarios en Facebook a partir de esta entrada.

7 Comentarios

  1. Yago Abilleira Crespo 3 meses hace

    Por fin Enrique cuenta lo del viaje a Alemania pagado con moneditas… sin tiempo no era ;-)

    Yo, cuando voy de vacaciones, raro es que me dejen pararme en algún mercadillo. Vamos en grupillo y saben el peligro que tengo en los mercadillos.
    Eso sí, por aportar algo, cuando bajé del tren que va de París a Versalles vi algo en el peldaño del tren, sabía lo que era pero supuse que estaría pegado o así, en plan broma, le di con el pie…¡y se movió! de inmediato me agaché para recoger el dólar de plata de 1921, que aún conservo. Está bien machacado, sólo vale para fundición, pero es una de mis monedas favoritas.

    Mi santa mujer, años ha, se fueron de viaje de fin de curso a Túnez. Allí, en un mercadillo, se acordó de su buen novio y le cogió una moneda antigua: 10 céntimos de Alfonso XII. No es que sea una pieza SC, pero en mi álbum está, indicando su origen. La historia de esa moneda tiene que ser la caña.
    Por cierto, en dicho mercadillo tunecino también vendían buenas monedas romanas de cobre, grandes, bonitas, con algo de tierra … y con un reborde a lo largo del canto…

  2. MARCOS MARTINEZ SANTOS 3 meses hace

    Este año me fui un fin de semana a Gijón, ciudad más grande que la mía, pasé por un mercadillo y había dos puestos con monedas, en uno vi 1 peseta de 1947 SC ó EBC+ entre un montón de monedas de escaso valor, no veía el año, pregunté el precio y despues de 5 segundos de espera me dijo 2 euros, me la llevé y más contento me puse cuando vi despues que era del *51, y que su precio no baja de los 200 euros. El chollo del año.

  3. Leandro 3 meses hace

    Qué vida la del becario, y encima queriendo coleccionar! Linda entrada, de mí parte siempre digo “qué buen negocio” pero no termino vendiendo nada ja.

    A propósito, me salto un trabajo tuyo en el google scholar, admirable como administras el tiempo! Qué bueno ver la numismática como una faceta de un tipo que uno podría ver normalmente en una conferencia

  4. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 3 meses hace

    @Yago, muestras muy bien cómo monedas de escaso valor económico pueden ser piezas únicas para quien las colecciona con un enorme valor sentimental por la procedencia de las mismas.
    Por parte de las monedas falsas en Túnez, se debe tener mucho cuidado en ese tipo de países. Hay mucho incauto que se cree que en esos países encuentran monedas y las venden a los turistas por 50 veces menos de lo que cuestan. No es el caso. Conocí a un soldado español que compró en Afganistán unos supuestos dracmas de Batriana totalmente falsos. Eso sí, él ya estaba casi seguro de su falsedad cuando me los enseñó.

    @Marcos, un negocio estupendo si la moneda está realmente en EBC+.

    @Leandro, la verdad es que no pongo mucha atención a Google Scholar. Pero trabajo a tiempo completo en la universidad y, obviamente, tengo publicaciones y voy a conferencias. Sin ir más lejos, el jueves pasado presenté en la conferencia más importante de tecnología educativa de cuantas se organizan en Europa. Pero vamos, sin más… nada especial. Simplemente es mi trabajo.

    Lo que sí es cierto es que entre el blog, la universidad y los viajes ando siempre muy liado. Creo que mi ritmo de vida es incompatible con una familia y supongo que antes o después tenga que cambiar de estilo de vida. Pero por ahora lo sigo disfrutando.

    Saludos,
    Adolfo

  5. Toni marcos 3 meses hace

    En mercadillos no me ha pasado mucho porque donde me muevo no hay mucho, alguna vez comprar un par de plata a precio de moneda del montón… Pero por el gran rastro que es internet sí que me ha salido alguna cosa buena, el mejor: compré un lote de kgs de pesetas (por el valor de las cambiables) y unas 100 monedas extranjeras, las típicas de sobras de viajes sin valor, pero entre ellas un soberano de la reina Victoria, sorpresón total :-)

  6. jesus 3 meses hace

    Saludos a todos, yo siempre que puedo compro piezas, pero mi experiencia es que donde hay turismo no hay chollos, en Asia en sitios muy recónditos, si he encontrado piezas muy interesantes y muy buen precio, cuando puedo compro para mi y para revender , pero son piezas muy especiales para un tipo de gente que le gusten, reales de a ocho en plan chollo ,no he visto, pero y si los veo desconfio mucho, pero si puedes traer alguna pieza yueh-chi, placas lashmi ( de Sri Lanka) y cosas asi , que vendes a muy buen precio, tienes que currártelo , viajar , (no hacer turismo)y dedicarle tiempo, tes y conversación , eso si las anécdotas muchas veces son mejor que las monedas, sin duda, no puedo resistirme a contar una, estaba yo negociando unas piezas ( en una ciudad india) y el dependiente me dice que si colecciono piezas de oro, le comento que se me salen de presupuesto y le dice que si quiero ver la colección de su tio, asombrado le digo que no tengo ningún inconveniente, el vendedor hace una llamada y a al poco rato aparece un hombre mayor con un album que contenia casi 400 monedones de oro, yo alucinaba, y ! el tio tan traquilo que vino por la calle!, yo alucinaba. en fin una anécdota.

  7. dosmundos 3 meses hace

    En un viaje a México en un puestito de esos mercadillos que allá llaman tianguis, encontré tres medallas de plata del tamaño de una onza de los años 1950 que tenían un tren por un lado. Las tres ya bastante oxidadas y con algunas pequeñas rayas, pero sin defectos mayores (a veces esas medallas modernas se encuentran con manchas de un liquido que usan para ver si el objeto tiene plata). Compré los tres, en total a un precio acerca de su valor de plata.

    En Alemania las subí a EBay, y como esperaba hubo mucho interés, ya que hay gente que colecciona medallas y monedas con trenes, y medallas así no se conocen y menos se ven por ese lado del océano. Se vendieron en hasta el triple de lo que pagué!

    Claro que eso no cubrió mi viaje a México, pero se sentía muy bien encontrarme, por una vez en mi vida de coleccionista apasionado, el lado de él a quien le pagan, y no de él que tiene que pagar ;-)

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*