Doblas de la banda

Doblas de la banda

Este texto, de mi autoría, fue publicado originalmente en la revista Detección & Monedas.

En 1332 Alfonso XI de Castilla creó una de las primeras órdenes caballerescas en Europa, llamada la Orden de la Banda. El Rey ordenó a los caballeros pertenecientes a la Orden a llevar como estandarte un paño blanco con una banda roja, además de seguir unos comportamientos éticos ejemplares, que incluían unas reglas cortesanas, participar en justas, ser solidarios y la lealtad al rey. No se sabe mucho de la Orden de la Banda porque apenas hay documentos fiables en los que los historiadores puedan basarse pero permaneció activa Castilla por más de cién años, entrando en decadencia en el siglo XV y desapareciendo en la segunda mitad de dicho siglo. La simbología de la banda, que probablemente fuese anterior a la orden de caballería, se mezcló con la heráldica castellana y pasó a ser el guión y símbolo de los reyes de Castilla. Su representación más común fue una banda dorada con dragantes (la representación heráldica de dragones, serpientes o leones, que generalmente connota poder y mando) a los lados en color dorado sobre fondo de gules, si bien hay diferentes versiones de la banda anteriores al siglo XV.

El caso es que esta banda aparece en las famosas doblas de la Banda, que son con diferencia las emisiones áureas más abundantes e icónicas de la numismática castellana. Pero antes de hablar de las monedas propiamente dichas y de su coleccionismo, veamos brevemente el contexto histórico y numismático en el que se emitieron.

Juan II fue rey de Castilla cuando solo tenía dos años tras la muerte de su padre Enrique III el día de Navidad de 1406. Se trató de un reinado que se prolongó durante 48 años y que estuvo lleno de turbulencias. Los tiempos no acompañaban a la prosperidad y el carácter del rey tampoco. Tanto durante la época de regencia como en la época en la que Juan II ejerció como rey (a partir de 1419), Castilla era una continua lucha de poderes en la que el Juan II era incapaz de jugar un papel principal. De hecho, hubo momentos en los que el Condestable Álvaro de Luna ejerció más poder que el propio rey.

No se tiene constancia de que durante los primeros años del reinado de Juan II hubiera emisiones de monedas. De hecho, hasta 1429 no hay constancia de que se hiciera ningún tipo de emisión. Estas primeras emisiones del reinado, que fueron fundamentalmente vellón, se hicieron a semejanza de las de Enrique III con la finalidad de suplir la escasez de moneda en el reino y de recaudar fondos para financiar la guerra con la Corona de Aragón (1429-1430). Fueron monedas envueltas en una enorme polémica puesto que, aunque el vellón emitido por Juan II tuviera el mismo valor que el de su padre, en realidad se había mermado en secreto el peso y la pureza de las monedas. Esto fue algo que primeramente negó el rey, pero finalmente admitió la estafa creando un enorme y costoso problema: había que fundir y reacuñar buena parte del circulante a la vez que la moneda castellana quedaba desacreditada.

En cuanto a las monedas en oro, Castilla llevaba muchos años sin acuñar doblas. De hecho, desde Alfonso X solo Pedro I había acuñado oro en cantidades importantes. ¡Y esas emisiones se hicieron 60 años antes de las que nos atañen! En Castilla lo que circulaba era oro extranjero. Fundamentalmente oro islámico y florines de la Corona de Aragón, que eran la “divisa internacional“ en el Mediterráneo de la época; también se podía encontrar moneda áurea inglesa o francesa. En esta situación, la idea de Juan II era emitir oro en grandes cantidades para satisfacer la demanda interna. El problema radicaba en que las anteriores emisiones de doblas castellanas seguían la metrología almohade: un peso de 4,60 gramos y una pureza de 23 ¾ quilates. Dichas monedas eran más pesadas y de mayor pureza que las monedas de oro emitidas por otros reinos cristianos. Sin ir más lejos, el florín pesaba como mucho 3,50 gramos y tenía una pureza de 18 quilates. Esto había provocado que el oro castellano se fundiese masivamente en el extranjero y mucho se temía Castilla que una nueva emisión con la pureza tradicional hubiera tenido la misma consecuencia. Así pues, se emitieron doblas pero con una pureza de 19 quilates, bastante menor que las doblas acuñadas en Castilla en los siglos anteriores. Incluso los reyes de Granada contemporáneos a Juan II habían rebajado a 18 quilates la pureza de sus monedas, supongo que motivados por las mismas causas.

Figura 1

Figura 2

Figura 3

Figura 4

Figura 5

Figura 6

Figura 7

Figura 8

Figura 9

Figura 10

Todas las imágenes pertenecen a Áureo & Calicó, excepto la primera (es mía), la 8 (es de Cayón) y la 10 (es de Martí Hervera).

Esta disminución de la pureza de las monedas trajo consigo ciertos problemas en las primeras emisiones: las monedas se partían con facilidad. Como consecuencia se decretó en 1442 que las doblas de la Banda se deberían acuñar con un tamaño menor. Por eso han llegado a nuestros días doblas con distintos diámetros, que los coleccionistas suelen llaman “flan grande“ y “flan pequeño“. Otra consecuencia es que el color de las doblas de la Banda es más anaranjado que el de otras emisiones de oro castellano. En la figura 1 se ve una dobla de la Banda sevillana junto con un morabetino de Alfonso VIII. La diferencia de color es evidente y no se debe a otra cosa que a la distinta pureza del oro.

La tipología de las nuevas doblas también trajo sorpresa. En el reverso aparece el cuartelado de Castilla, con dos castillos y dos leones, al igual que en las doblas de Pedro I. En cambio el anverso era totalmente novedoso: se mostraba el escudo de la Banda, del que ya hemos hablado antes. Las leyendas circulares varían pero todas ellas vienen a nombrar a Juan II como rey de Castilla y de León, tanto en el anverso como en el reverso (en algunos casos no hay mención a León).

No se sabe con precisión la fecha en la que las doblas de la Banda comenzaron a ser emitidas, pero hay constancia documental de que en 1434 estaban en circulación y existían falsificaciones de ellas. También sabemos que hubo distintas emisiones, tanto por los documentos de la época como por las diferencias entre las doblas que nos han llegado a nuestros días. Ya hemos comentado la diferencia del tamaño del flan y la aparición de variantes en las leyendas. También existen diferencias estilísticas, propias de cualquier emisión amplia y prolongada en el tiempo, e incluso diferencias en la pureza del metal que hoy en día se detecta gracias a los análisis metalográficos.

En cuanto a las cecas, la mayoría de las doblas de la Banda se emitieron en Sevilla, como no podría ser de otra manera (un ejemplo en la figura 2). En Sevilla la marca de ceca aparece en el reverso entre los dos cuarteles superiores. Si bien hay muchas variantes de cuño con diferentes leyendas, esas variantes no las suelen tener en cuenta los coleccionistas. Hay dos variantes interesantes: un único ejemplar en el que la banda cruza de derecha a izquierda, en vez de izquierda a derecha que es lo normal; y una rara variante en la que la marca de ceca se encuentra en la parte inferior del anverso. Las doblas de la Banda sevillanas son piezas muy corrientes que hoy en día se encuentran con enorme facilidad en cualquier convención o subasta numismática.

La siguiente ceca en cuanto a acuñación de doblas de la Banda es Burgos (un ejemplo en la figura 3). En este caso la marca de la ceca aparece en el anverso sobre el escudo. De nuevo aparecen bastantes variantes de cuño que hacen que las monedas se diferencien en sus leyendas y en su estilo artístico. Los coleccionistas suelen diferenciar entre dos variantes: la banda con dragantes (figura 3) y la banda sin dragantes (figura 4), siendo sensiblemente más rara ésta última. Como curiosidad, las doblas con y sin dragantes deben corresponder a emisiones diferentes pues ya era conocido en la época que había una diferencia de composición entre las doblas que tenían dragantes (se cambiaban a 360 maravedís por dobla) y las que no lo tenían (se cambiaban a 370 maravedís por dobla).Otra variantes que aprecian algunos coleccionistas el que los leones estén coronados o no lo estén. En la figura 3 los leones presentan corona mientras que en la figura 5 no la presentan. En esas mismas imágenes se puede ver una clarísima diferencia estilística entre los castillos de estas dos monedas. Por último, hay quienes distinguen la variante de la banda estrecha, donde la banda entre los dragantes es más estrecha de lo normal (figura 6).

Otra ceca relativamente común, aunque sensiblemente más rara, para las doblas de la Banda es la de Toledo. Al igual que en Burgos la marca de ceca aparece sobre el escudo del anverso. En el caso de Toledo las emisiones fueron mucho menores que en Sevilla o Burgos lo que hace que a nuestros días no hayan llegado variantes significativas para esta ceca. Es curioso que muchas de las doblas de la Banda de Toledo han sido acuñadas utilizando doblas hispanoárabes como cóspeles. Es algo que también se hizo en otras cecas pero en Toledo era una práctica mucho más común a juzgar por los ejemplares que han llegado a nuestros días.

Como siempre ocurre en la numismática medieval, además de las emisiones normales existen otras emisiones muy pequeñas de las que a nuestros días han llegado contados ejemplares. En el caso de las doblas de la Banda hay constancia de unos rarísimos ejemplares de Coruña, que tienen una venera en el reverso como marca de ceca. También se conocen dos ejemplares acuñados en Ávila (figura 8), con una A en el reverso como marca de ceca y que tienen la curiosa característica de que la banda cruza de derecha a izquierda. Finalmente, existe un ejemplar sin marca de ceca que se considera único. También se conocen dos ejemplares de media dobla de la Banda con la ceca de Burgos, no habiendo otras piezas con este módulo en ninguna otra ceca.

El diseño de la Banda también dejó una pequeña, pero importante, huella en las emisiones de vellón de Juan II. La emisión de “blancas de la Banda“ de Juan II fue muy corta y solo aconteció en la ceca de Sevilla, habiendo llegado hasta nuestros días muy pocos ejemplares (figura 9). Posteriormente hubo emisiones de blancas de la Banda más amplias por parte de Enrique IV (hijo de Juan II) en la ceca de Toledo. Enrique IV también acuñó unas pocas doblas de la Banda en la ceca de Segovia, si bien yo no conozco más de dos ejemplares. Uno de ellos se muestra en la figura 10.

4 Comentarios

  1. jorgeNo Gravatar 2 meses hace

    Chapeau amigo por el artículo. Te animo hacer lo mismo con la dobla de 35 maravedis

  2. IgnacioNo Gravatar 2 meses hace

    Adolfo,
    Buena explicación! Ya echaba en falta una entrada así
    Saludos

  3. Blas MaloNo Gravatar 2 meses hace

    Magnífico artículo. Me ha encantado.
    Como curiosidad, el rey Pedro I de Castilla, durante su enfrentamiento con su hermanastro Enrique de Trastamara, otorgó la orden de la banda a su aliado Muhammad V de Granada, y por esa razón el motivo de la banda aparece en las representaciones del escudo nazarí en la Alhambra. Por ejempo, en los zócalos alicatados de la sala del mexuar.

    Un saludo:
    Blas Malo
    http://www.blasmalopoyatos.com

  4. MiguelNo Gravatar 2 meses hace

    Enhorabuena x el articulo. Genial!

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