Coleccionar monedas vs. coleccionar billetes

Coleccionar monedas vs. coleccionar billetes

Entre los coleccionistas de monedas y los coleccionistas de billetes se pueden encontrar muchísimas más semejanzas que diferencias. Bastará con decir que la mayoría de los coleccionistas de billetes también adquieren alguna moneda de vez en cuando y que muchos de los aficionados a las monedas también tienen su modesta colección de billetes. Pero justamente porque las semejanzas se hacen evidentes es por lo que comentaré en esta entrada las diferencias que encuentro entre coleccionar monedas y coleccionar billetes; seguramente vosotros podréis completar la lista.

Las primeras diferencias se deben a que lo que se colecciona es diferente. Las monedas son pequeños pedazos de metal mientras que los billetes son papelotes algo más grandes. Por evidente que sea, esta diferencia tiene muchas implicaciones a la hora de coleccionar estos objetos:

Las monedas son objetos pensados para perdurar, pues están fabricadas en metales estables con el propósito de que el valor se guarde en el muy largo plazo. En cambio los billetes son papeles que se deshacen por menos de nada. Por eso los billetes son mucho más complicados de conservar que las monedas, ya que hay mil peligros que pueden empeorar su conservación e incluso destrozar el ejemplar: incendios, humedad ambiental, inundaciones, ratones, insectos, moho, cualquier mínimo doblez…

A favor de los billetes se puede decir que al ser más grandes y a todo color permiten representaciones de dibujos mucho más complejas. Hay diseños de monedas realmente bonitos, pero en los billetes cabe un diseño más complejo que combine tintas de diferentes colores. Son pequeñas obras de arte en miniatura. A esto se le añade que durante prácticamente todo el siglo XIX se intentaban diseñar los billetes con muchísimo esmero para favorecer su aceptación entre la población.

Por otro lado, las monedas son más sencillas de ser falsificadas porque no incluyen los sistemas de seguridad que incluyen los billetes. Ahora bien, los billetes suelen ser más propensos a ser restaurados que las monedas y esas restauraciones (lavados, reconstrucciones, planchados…) son bastante complicados de detectar.

Otra diferencia clara a la hora de coleccionar es que los billetes tienen una numeración. Esta numeración permite coleccionar números bonitos o bajos y facilita la tarea de seguir los ejemplares que van saliendo al mercado. Es bastante común entre los coleccionistas de billetes raros tener una libreta con la numeración de los billetes que salen a subasta y que a ellos potencialmente les podrían interesar. De esta forma siguen el rastro de los billetes que les interesan. Muchas veces gracias a la numeración son incluso capaces de detectar quién les está intentando colar un billete restaurado como si fuese nuevo.

1 peso Colombia

Los aspectos históricos también marcan una clara diferencia. Mientras que las monedas llevan con nosotros 2600 años, los billetes se produjeron a gran escala desde hace solo 200. Es más, al haberse fabricado monedas a gran escala desde la antigüedad y al ser objetos que perduran, cualquier persona de clase media puede coleccionar monedas desde los griegos hasta la actualidad; sin embargo, quien quiera hacerse con billetes anteriores al siglo XX tendrá que desembolsar cantidades importantes.

Esta carencia histórica se suple en parte gracias a que los billetes muchas veces representan motivos históricos. Dentro de la notafilia española podemos encontrar cuadros de Goya o de Murillo, representaciones de los Reyes Católicos o de Lope de Vega, o incluso puentes románicos. En cambio son rarísimas (pero las hay) las representaciones de motivos pretéritos entre las monedas anteriores al siglo XX.

De aspectos del coleccionismo es más complicado hablar porque hay tantos coleccionistas como maneras de coleccionar. Lo que es bastante evidente es que el mercado notafílico es mucho más reducido que el mercado numismático. En las convenciones españolas no abundan los comerciantes especializados en billetes. Tampoco en las internacionales, si bien los notafílicos tienen sus propias convenciones donde está prohibido vender monedas. El que sea un mercado tan pequeño hace que muchos de los coleccionistas potentes se acaben conociendo y también que sea un mercado mucho más sencillo de manipular que otros mercados más grandes.

Otro tema es que muchos de los coleccionistas de billetes se “internacionalizan” por motivos estéticos, algo que en las monedas se da de manera muy aislada. Conozco coleccionistas españoles de billetes que se centran en las colonias francesas simplemente porque les gusta su estética. En cambio los coleccionistas de monedas se “internacionalizan” por motivos históricos. Lo más normal es que coleccionistas se centren en los países cuya historia les llame más la atención. En muchos casos se trata de la historia de su propio país o de la cultura clásica, pero también nos encontramos con cierta frecuencia a coleccionistas que se adentran en la historia de países vecinos (Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos…).

Finalmente, queda claro que ningún billete “sale de la tierra”. Por eso los coleccionistas de billetes no se tienen que preocupar de potenciales problemas, ni de expolio, ni de piteros, ni de quienes les llamen hipócritas, ni de nada así.

En cuanto al tema de la inversión. Ya me gustaría a mí saber si las monedas o los billetes van a subir de precio. ¡Si lo supiera sería millonario!

10 pesos Colombia

Las imágenes que ilustran la entrada representan un taco de billetes de 1 peso y otro de 10 pesos del Banco de Oriente de Colombia que sacó a subasta Auctions Gärtner.

4 Comentarios

  1. Urogallus 2 años hace

    Buen artículo Adolfo; soy coleccionista de billetes desde hace muchos años y (no sé si para bien o para mal) me he dado cuenta hace relativamente unas semanas que, un billete te puede hipnotizar con sus colores y, al menos para mi, con su textura, pero que hay que tratarlos con mucha delicadeza.
    Voy con un ejemplo que le ocurrió a un familiar: compró un 500 pesetas de Zuloaga por 60 euros, un ejemplar fantástico. Al llegar a casa, como iba cargado con más cosas, dejó el sobre con el billete enfundado encima de su cama y, desgraciadamente, se le cayó uno de los bultos encima, arrugandole el billete. Resumiendo: un SC valorado en 60 euros en cuestión de unos segundos se convirtió en un MBC+ valorado en 20-30 euros.
    Y ahora os planteo una pregunta: si se os cae una caja de zapatillas, por ejemplo, encima de una moneda de 8 reales de Carlos IV encapsulada ¿sufriria algún daño, y por tanto, perdería valor igual que el billete?.
    Yo, desde mi punto de vista, creo que no, porque ni siquiera partiría la cápsula.
    Desgraciadamente estoy en una tesitura un tanto extraña: soy un apasionado de los billetes, pero me he dado cuenta que pueden llegar a ser muy frágiles (diréis que menuda tontería comparar papel con metal, pero cuando es tu pasión no hay miramientos), y ahora tengo miedo por dicha fragilidad, y veo que esa pasión se está diluyendo (en detrimento de las monedas, pasión que ha empezado hace relativamente poco tiempo).

    Saludos y espero no haber sido muy coñazo

    • Autor
      Adolfo Ruiz Calleja 2 años hace

      Efectivamente, cualquier cosa arruga un papel, mientras que las moonedas están pensadas para perdurar. Una moneda encapsulada no perderá valor porque se le caiga una caja de zapatos encima. Y sin cápsula posiblemente tampoco al no ser que se haga un boyo.

      Saludos desde Esfahan,
      Adolfo

  2. Óscar 2 años hace

    Saludos.

    Muy buena entrafa Adolfo.

    Evidentemente, una de las diferencias más notorias entre estos dos “competidores”, se centra en el material del que están hechos.
    El billete, nunca podrá superar el valor intrínseco de la moneda y ésto juega un papel esencial a favor del coleccionismo del segundo, ya que gran parte de la historia numismática de la moneda, se basa en las relaciones que se establecen entre el valor que marca el propio metal y el que acuerda en sus respectivas cédulas los reinados de turno.
    Mientras que la falsificación de la moneda a lo largo de la historia, se ha centrado mayoritariamemte en su relación con el tipo de metal acuñado, exceptuando la alteración por primera vez, extrínseca, o nominal que se da a partir de Felipe III en 1603 con la respectiva cédula que imponía la reducción de la moneda a la mitad de su tamaño y al doble de su valor, el billete solo ha tenido que luchar por el establecimiento de un material que sea más difícil de clonar, ayudado de las nuevas tecnologías. Un material en este caso, que si bien es cierto ha logrado conseguir aspectos claramente identificativos de alto grado de seguridad, tampoco ha conseguido un alto grado de valor en su composición química, comparado al que poseen sin duda los distintos metales que detenta la moneda.
    Precisamente esa tradición y esa alteración de la moneda a lo largo del tiempo, se ha convertido por esencia propia, en un aspecto claramente coleccionable por sí mismo, en muchos numismáticos de monedas, proceso que es imposible de ver en el coleccionismo de billetes.
    Se consigue así, un tipo de coleccionismo poseedor de muchas facetas, casi siempre aportando el atractivo histórico que estas modificaciones garantizan al coleccionista.

  3. william 1 año hace

    en una catastrofe nuclear, de la cual estamos lo mismo de cerca que un atentado , o para robarse el show, :un entrometido meteorito, yo creo que mis monedas de plata, me sacarian de apuro, no soy pesimista, y ojala nunca suceda…

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*