Timados por unos hidalgos

Timados por unos hidalgos

Cuenta que no ha mucho que en la Extremadura profunda vivían unos hidalgos de quincuagésima generación. Heredaron el Ducado de Serena, una estupenda casa bien amueblada, una colección de arte y tres o cuatro mil hectáreas en las que criaban marranos y crecían alcornoques. Eran los típicos que no habían pegado un palo al agua en toda su vida; un matrimonio vacío, rodeado de amistades falsas y con la preocupación existencia de que su única hija se pusiera guapa para ir a sus clases de equitación a encontrar un novio con más títulos nobiliarios que ella. Son los hijos de esa subcultura tardofranquista que tan bien retrató Berlanga y que, cuarenta años después, todavía no se han limpiado la caspa.

El caso es que, como tantos otros, los Duques de Serena se apuntaron a lo que parecía un negocio próspero a principios del siglo XXI: la construcción. Como tantos otros nuevos contructores, montaron una promotora y se endeudaron hasta las cejas para financiar un bloque de apartamentos en el extrarradio de Madrid allá por 2002. Les salió bien esa jugada a pesar de que no sabían lo que es un negocio apalancado ni nunca se había preocupado de la gestión del riesgo. Durante los dos años que duró el negocio ganaron dinero de forma fácil y ya pensaban en dejar de lado el negocio familiar de los cerdos y el corcho. Tanto crecía el negocio que en 2006 eran promotores de una urbanización en Navalafuente (Madrid), otra a mitad de camino entre Fuengirola y Marbella (Málaga) y tres hoteles en Lloret del Mar (Gerona). Como todos os podéis imaginar, el desastre estaba a la vuelta de la esquina. Ya en 2008 sus empresas entraron en concurso de acreedores y para mediados del 2009 se subastaron las fincas del Duque de Serena.

cerdo ibérico

Al igual que pasó a Enrique Romero, la colección de monedas que heredaron fue del poco patrimonio que les quedó a los Duques de Serena tras su “””mala suerte””” con los negocios. Sus abuelos habían comprado a precio de saldo durante muchos años tantas monedas como se encontrasen los jornaleros en el campo y también habían adquirido algunos oros romanos y sestercios importantes a algunos comerciantes. Los duques estaban dispuestos a dilapidar también esa colección para poder salir adelante durante unos años más. Total, la colección como tal no les importaba tanto; lo que más les jodía es que ahora cualquier labrador les tuteaba.

Para vender su colección contactaron con un par de comerciantes manchegos interesados en comprarles las monedas. Uno de ellos era joven e inexperto, mientras que el otro era el típico comerciante de provincias que solo aparentaba saber delante de sus clientes desinformados. Los comerciantes vieron la colección, les pareció muy interesante y estaban deseosos de comprarla entera. No obstante, los propietarios preferían un “sueldo Nescafé”, así que acordaron en hacer una compra mensual de unos 4.000 euros, que es lo que necesitaban los duques “pa ir tirando”.

La primera semana de cada mes los comerciantes iban a ver a los duques y siempre intentaban convencerles de que les vendiesen la colección completa de una sola vez. La razón es que es la única manera de estar seguro de que se harán con la totalidad de la colección, puesto que en estas ventas a plazos los propietarios siempre intentan encontrar a otros comerciantes o coleccionistas que mejoren la oferta. Como es normal también.

paisaje La Serena

De hecho, los Duques de Serena estaban buscando nuevas ofertas para la compra de su colección. Buscando y buscando encontraron una oferta estupendísima: unos falsarios les ofrecieron hacerse con las mejores piezas a cambio de un buen dinero más otras “monedas de reemplazo”. Esos ejemplares de reemplazo eran monedas muy repasadas o piezas directamente falsas. Así tuvieron una situación en la que ambos ganaban: los falsarios consiguieron monedas buenas a un precio muy bueno y los duques sacaron un dinerillo extra a su colección.

Ni qué decir tiene que cuando los comerciantes volvieron a casa de los duques se encontraron con que éstos ahora querían vender la colección entera con la excusa de que iban a comprar un caballo nuevo para su hija (¡mentira! para entonces su hija tenía que ir a correr al parque si quería hacer deporte… y se había liado con el hijo de un obrero, para mayor vergüenza familiar). Los comerciantes, entusiasmados con la idea, volvieron a los tres días y sin apenas revisar lo que se llevaban adquirieron toda la colección. Dicen que la estafa fue de seis cifras. Y a Hacienda tururú, así que los profesionales no pudieron reclamar ni al maestro armeroQue ya se sabe estos hidalgos la pereza que les da pagar al fisco  y lo bien que se les da coleccionar.

EDITO (26/07/2016): para eliminar unas fotos de monedas que presenté como falsas y que, al parecer, algunas no lo son. Reitero mis disculpas a los afectados.

6 Comentarios

  1. PECENo Gravatar 11 meses hace

    Supongo que sólo te falta poner aquello de “los nombres y personajes son inventados, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia” o algo similar.
    Aunque me temo que algún trasfondo de realidad debe tener toda la historia.
    Sólo te falta que la hija de los duques sea un pibón, un romance tórrido, un crimen (el mayordomo seguro) y ya tienes el argumento para una novela.

    Supongo que el subconsciente te ha jugado una mala pasada cuando los sitúas en el siglo XIX por aquello del “siglo pasado”, supongo que querrías decir primeros años del XXI (aunque últimos del pasado siglo hubiera estado más ajustado).

  2. LUTIACEINo Gravatar 11 meses hace

    Adolfo, soy fiel seguidor de tu blog y me encantan tus entradas.
    Desde el cariño creo que esta vez no has acertado. Esta es una historieta llena de topicazos y lugares comunes que creo que aporta a poco a la gran mayoría de los aficionados a la numismática. Y no digo que no pasen estas cosas.
    Un abrazo

  3. AngelNo Gravatar 10 meses hace

    Me ha parecido un relato más que entretenido, que aporte o no no se, a mi me ha distraído.
    Buenas imágenes de esas copias y del árbol fundido.
    Un saludo.

  4. Autor
    Adolfo Ruiz CallejaNo Gravatar 10 meses hace

    @PECE, como siempre los detalles cambian pero la historia es real. En este caso he hecho un poco de parodia pero sí: ocurrió.

    Es siglo XXI, puse mal el “palito”. Gracias por reportar la errata :)

    @Lutiacei, la entrada relata una historia de timadores y timados. Lo que pasa es que en este caso los timados fueron los profesionales. Siento que no te haya gustado la entrada.

    @Angel, me alegro de que a ti te haya entretenido :)

  5. AngelNo Gravatar 10 meses hace

    Hola.
    En cuanto al timo,bueno,según esta historia lostimados fueron los comerciantes,habría que saber realmente sus intenciones.
    En cuanto a otros comentarios,me voy a callar,por que no has tenido mala intención,pero has tocado un tema muy delicado.
    Un saludo.

  6. Juan LuisNo Gravatar 10 meses hace

    ” La Escopeta Nacional ” interesante película.
    Saludos

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