Las monedas de Sebastián I de Portugal

Las monedas de Sebastián I de Portugal

El 20 de enero de 1554 estaba en Lisboa una madrileña de 19 años de parto. Se trataba de Juana de Austria, hermana de Felipe II, que dio a luz a un tierno infante que pusieron por nombre Sebastián. El padre del niño, Juan Manuel de Portugal, había muerto a los 17 años dos semanas antes por diabates, sin dejar más descendencia. Así que la pobre criatura se convirtió nada más nacer en el heredero del trono que dejaba su abuelo Juan III de Portugal, a quien llamó Dios a Su Divina Presencia cuando Sebastián contaba con tres años. Como el rey apenas se andaba y como su madre había abandonado Portugal al poco de nacer el niño, la regencia cayó en manos de la palentina Catalina de Austria, viuda de Juan III y abuela de Sebastián. Cuando murió la abuela se hizo cargo de la regencia el cardenal Enrique I hasta que el muchacho cumplió los 15 años y consideraron que ya podía llevar el gobierno de Portugal.

Sea como fuere, el caso es que el tal Sebastián ni era demasiado listo ni tuvo buena educación. La consanguinidad en él era enorme, lo que le provocaba ser un niño frágil, y su infancia fue muy atormentada: se crió sin padres, bajo la influencia de los jesuitas, en una corte bicefálica con constantes disputas entre Catalina y Enrique, y en un mundo que se hacía cada vez más complejo con la expansión de Portugal por África, América y Asia. Por si fuera poco, el siglo XVI era el siglo del misticismo y las novelas de caballerías. Se dice que, como nuestro ingenioso hidalgo de la Mancha, Sebastián pasaba leyendo esas novelas caballerescas las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio. De esa forma el muchacho llegó a la conclusión que él era un capitán de Jesús que debería guiar a un ejército cruzado a conquistar África y parar al Imperio Turco. En pleno siglo XVI. ¡Ahí es nada!

Tras una pequeña incursión secreta, Sebastián se fue a pasar la Navidad de 1576 con Felipe II y el duque de Alba para intentar convencerles de que había que lanzar una cruzada contra Fez y así comenzar la conquista de África. Felipe II era mucho más listo y maduro que su sobrino y homólogo portugués -aunque tampoco había que ser muy listo para darse cuenta de que se estaba mascando una tragedia-, así que intentó detener las pretensiones del muchacho. Por un lado, era una locura totalmente inmadura; por otro lado, Felipe II estaba intentando llegar a una tregua con los turcos y no le venía bien semejante idiotez. Pero no pudo pararle. Sebastián armó un ejército de unos 20.000 hombres, entre los que se encontraban buena parte de la nobleza portuguesa, unas tropas enviadas por el Papa y un buen montón de locos de diferentes puntos de Europa que se habían unido a la causa.

A finales de junio de 1578 desembarcó en Ceuta el ejército de Sebastián junto con miles de criados, esclavos y putas (no se sabe si había algún mancebo para Sebastián, pero las mujeres no le debían gustar demasiado). No es buena idea llevar confort en una especidición militar porque eso hace que el destacamento avance más despacio; menos aún lo es si se pretende invadir Marruecos en verano; y menos aún si el ejército enemigo es más del doble que el portugués. Aquello solo podía acabar mal y así fue: el 4 de agosto de 1578 tuvo lugar la batalla de Alcazarquivir (cerca del actual Larache) donde en tan solo seis horas murieron 8.000 cristianos y otros 10.000 fueron hechos prisioneros, entre los que se incluían buena parte de la familia del rey y la nobleza portuguesa. Pagar los rescates llevó a la ruina a Portugal y la falta de descendencia de Sebastián dejó el país con un enorme vacío de poder. Como dicen por Castilla, a río revuelto ganancia de pescadores, y es que ese vacío de poder se resolvió cuando Felipe II de Castilla tomó también el trono de Portugal, dando lugar a la llamada “dinastía filipina“.

Cuando finalizó la masacre no fue posible encontrar el cuerpo de Sebastián (seguro que se puso en primera fila contra la caballería turca, el muy valiente) y se corrió el rumor de que Sebastián seguía vivo. Ese creer popular se mezcló con el misticismo del momento, la literatura y los movimientos políticos convulsos y dio lugar al sebastianismo, que básicamente considera a Sebastián “el Deseado” una especie de mesias que resucitará para poner orden.  La picaresca castellana y la portuguesa dieron buena cuenta del movimiento y apareció más de un impostor diciendo ser el mismísimo Sebastián (ejemplo), acabando todos muertos o en galeras cuando les pillaron. El movimiento romántico rescató el sebastianismo en el siglo XIX y en cierta forma todavía hoy se enlaza con el nacionalismo portugués. Como ejemplo aquí tenéis una composición al respecto de Fernando Pessoa y aquí una composición musical contemporánea.

Como os podéis imaginar, el bueno de Sebastián I suficiente tenía con sus delirios de grandeza como para preocuparse por la economía y el circulante de su país. En lo que al sistema monetario se refiere su reinado es una continuidad del sistema heredado de su abuelo Juan III. No obstante, durante su reinado se aumentó el numerario, se introdujeron algunos conceptos importantes a la altura de los tiempos y se acuñaron algunas de las monedas más bellas y más míticas de la numismática portuguesa. Ahora haré un repasillo de las monedas de este rey, que bien sirve para entender cómo andaba la cuestión numismática en Portugal a mediados del siglo XVI.

Antes de nada, hay que tener en cuenta que la unidad de cuenta de Portugal desde época de Manuel I era el real. Pero cuidado, el real portugués (al que me referiré a partir de ahora en esta entrada) no tiene nada que ver con el real castellano de esa misma época.

Sebastián siguió acuñando la moneda de cobre que tradicionalmente se venía acuñando en Portugal. Algunas de ellas llevaron su nombre, como estos dos ejemplares, un real y un 5 reales.

real Sebastian I

5 reales Sebastian I

Además de monedas en cobre, en la colonia de Malaca se acuñaban monedas de estaño. Os podéis imaginar que las que han llegado a nuestros días no están precisamente sin circular y tampoco es fácil datarlas. Aquí tenéis un pequeño estudio al respecto. Aquí os dejo un ejemplo de estas monedas de estaño acuñadas en Malacca:

tin coin Malacca

En plata se venían acuñando los tostao, unas monedas que pesaban en torno a los 8,5 gramos y equivalía a 100 reales. Estilísticamente los tostaos de Sebastián I son bastante parecidos. Las diferencias en tipos se deben al reverso: se acuñaron con la Cruz de la Orden de Cristo y con la Cruz de la Orden de Avis (bastante más raros). Os dejo un ejemplar de cada:

tostao

tostao

De igual manera, se acuñaron medios tostaos, con un peso poco superior a los 4 gramos y una equivalencia de 50 reales. El estilo es semejante a sus hermanos mayores si bien en este caso se diferencian además de por las cruces por la forma del escudo. Os dejo tres ejemplos:

medio tostao

medio tostao

medio tostao

Había otras denominaciones menores de plata, los vintem, que equivalían a 20 reales y tenían un peso de en torno a un gramo y medio. El diseño con la S coronada me parece muy bonito. Os dejo uno.

vintem

Tampoco faltaban los medios vintem, que pesan en torno a 0,75 gramos y equivalían a 10 reales. Aquí os dejo otro ejemplo:

medio vintem

Pero las piezas que se llevan la palma son, sin duda ninguna, las monedas de oro. Antes de que naciese Sebastián, Juan III mandó en 1555 que se acuñasen “San Vicentes” (7,6 gramos equivalente a 1000 reales) y “medios San Vicentes” (3,8 gramos, equivalente a 500 reales). Se trataban de nuevas monedas de cuyo diseño se encargaron António y Francisco d’Holanda. Realizaron lo que a mi entender es uno de los mejores diseños renacentistas que han llegado a ser monedas. El nombre de la moneda proviene del martir zaragozano que representa, con sus atributos del barco y la palma. Hay que decir que San Vicente es muy querido en Portugal. De hecho, es el patrón de Lisboa desde época de Alfonso Henriques, quien según la leyenda mandó llevar las reliquias del santo a la capital nada más ser reconquistada, habiendo estado las reliquias escondidas en el Cabo San Vicente. El barco y los cuervos que aparecen en el escudo de Lisboa también son referencias al santo.

Lo malo es que estas monedas solo se acuñaron durante cinco años porque tenían mucho problema con el recorte de oro y se recogieron su enorme mayoría para ser fundidas y reacuñadas. Hoy en día son monedas rarísimas que se pagan muy bien. Lo merecen. Os dejo un ejemplo de cada:

San Vicente de oro

medio San Vicente

Si se recogieron pronto los San Vicentes fue para evitar su recorte. Para 1560 ya había mejores técnicas de acuñación que permitían realizar las monedas más redondas y de esa forma harían más evidente que una moneda estaba cortada, evitando así tener que pesarlas en cada transacción comercial. Para ello encargaron a João Gonçalves el diseño de una nueva moneda y propuso lo que después se llamarían “engenhoso“. Pesaban en torno a 3,8 gramos y equivalían a 500 reales. En algunas de estas monedas aparece la fecha, siendo las primeras monedas acuñadas en Portugal que portan tal dato. Se tratan de monedas rarísimas todas ellas, especialmente las que tienen fecha, pudiéndose contar con los dedos de las manos los ejemplares conocidos de la mayoría de las variantes. Os dejo una con fecha, que fue subastada por Hess Divo y otra sin fecha, que fue subastada por Numisma, al igual que el resto de las monedas de esta entrada:

enganhoso 1562

enganhoso sin fecha

Tras la tentativa de los engenhosos se comenzaron a acuñar escudos de oro, de nuevo con un peso de en torno a 3,8 gramos y una equivalencia de 500 reales. Estas ya son piezas más corrientes que no son complicadas de ver en subastas o convenciones internacionales. Os dejo finalmente dos ejemplares:

escudo portugués

escudo portugués

12 Comentarios

  1. Juan Antonio 2 años hace

    Magnífica entrada, un relato entretenido para navidades

  2. Juan Antonio 2 años hace

    Y las monedas de oro, una maravilla

  3. lanzarote 2 años hace

    Una de las entradas de tu blog que más me ha gustado!! muy buena. Te sirve, además, como anticipo de la amonedación de los Austrias en Portugal :)

  4. vicente 2 años hace

    Estupenda entrada, ya esta bien de dar la espalda a la raya, nos une mas de lo que nos separa, en Oporto conozco a un buen par de aficionados a moneda medieval castellana que envidia me da su conocimiento tanto de nuestro idioma como de nuestra cultura, simpre me ha dado verguenza nuestro desconocimiento de Portugal. Recordar por ejemplo que en los ceutiles o los Reales Grossos de D. Afonso V de Alfonso V de Portugal figuraban las armas de Castilla y Portugal,Alfonso V, casado con La Beltraneja, no pudo, o no quiso, permanecer al margen del problema sucesorio castellano. Asumiendo las pretensiones de su mujer como propias se autotituló rey de Portugal y Castilla, acuñando para la ocasión una bella moneda de plata en un buen simbolismo de su poder; recordemos que Portugal era una potencia mundial y verdadera dueña de los mares. Felices Fiestas

  5. oscar 2 años hace

    puedes publicar acuñaciones de portugal en sus posesiones ultramarinas. ejm. macao

  6. Joan 2 años hace

    Relato muy interesante y ameno al estilo de Nieves Concostrina.
    Las monedas de oro… buf, unas preciosidades.

    Saludos

  7. isaac 2 años hace

    Siempre es bueno conocer la historia monetaria de otros estados distintos a Castilla. Saludos

  8. Joan 2 años hace

    Seguramente no es el sitio adecuado para comentar esto, pero en el post del inicio de temporada nos decías…

    “Además de todo eso estoy pensando en un pequeño proyecto bastante innovador que espero sacar durante este curso. Si todo va bien tendréis más información antes de Navidades”

    Seguro que estás en ello pero la curiosidad me corroe por dentro. Je, je

    Felices fiestas a todos

  9. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 2 años hace

    Me alegro de que os haya gustado la historia y que coincidamos en nuestro gusto por esos bellezones de oro.

    En cuanto al proyecto que tengo entre manos, ahí sigue estando pero me temo que hasta después de Navidad no voy a poder contaros de qué va. Tampoco es que sea algo que vaya a cambiar el panorama numismático en España, pero espero que sea útil para varios aficionados. Ahora que tendré unos días libres en Navidad espero poder dar un tirón al asunto.

    Ya se sabe que la paciencia es la mejor virtud del coleccionista.

    Saludos,
    Adolfo

  10. frare 2 años hace

    Realmente bellas las monedas portuguesas. También soy de la opinión de que, en lo referente historia medieval, estudiamos muy bien las acuñaciones y lo acontecido con el reino de Castilla, de Navarra o de Granada y dejamos de lado al reino de Portugal, siendo como era uno más es este solar hispánico.
    Os dejo un enlace de una publicación de la casa portuguesa Numisma, con un recorrido histórico con monedas que subastó entre 1989 y 2009.
    http://www.numismaonline.com/pdf/livro_20anos.pdf

    Un saludo.

  11. Pedro I 2 años hace

    Hola a todos: unas monedas preciosas. Y,tan relacionadas con las monedas de los demás reinos hispánicos. Con razón se dice que los portugueses son nuestros hermanos (el origen hispánico romano, sus reyes, sus apellidos, los rasgos físicos, el idioma…son sumamente familiares), vivimos además en la misma casa (la Península ibérica, con los mismos ríos, sistemas montañosos, mares…).

    Respecto a las cruzadas contra los turcos, no extraña que estuvieran en el siglo XVI preocupados con los otomanos. Lepanto es de 1571. Y todavía un siglo después en 1683, los turcos asediaron Viena. La Liga Santa formada por polacos y lituanos, con Sobieski a la cabeza, ayudaron junto con otros reinos cristianos al emperador de Austria. Si no hubieran logrado la victoria, ¿hubiéramos tenido a Mozart, a Beethoven, Brahms…o los táler de la emperatriz María Teresa? ¿O tendríamos unos países similares al nivel de Turquia, Albania, Bosnia o del norte de África en el corazón de Europa?

  12. Pablo 2 años hace

    Gran artículo , cada cual mejor que el anterior. Así da gusto ;)

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