La afición por la numismática se hereda

La afición por la numismática se hereda

Supongo que a todos los coleccionistas nos ocurra. Decimos a cualquier conocido que nuestra afición es coleccionar monedas y después de la estúpida pregunta de: «¿y cuántas monedas tienes?» viene la de: «¿y de dónde te viene esa afición?«. En muchísimos casos la respuesta a la segunda pregunta hace una alusión a nuestros padres. O a un abuelo, o a un hermano mayor o a un tío… pero generalmente es a nuestros padres. Como es mi caso y el de otros coleccionistas.

El patrón suele ser muy sencillo:

El padre hizo una colección como buenamente pudo unas décadas atrás, de manera solitaria y probablemente con muy poca información puesto que entonces no existían los medios que hay ahora. Iba a comprar monedas o a cambiarlas en los mercadillos dominicales o a las pequeñas numismáticas que había en su ciudad. A tales tareas le acompañaba su hijo desde que apenas se andaba. Para el niño la experiencia era agradable porque, aunque obviamente no entendiese nada de monedas, siempre tenía algún capricho en forma de golosinas, cromos o similar. Quizá incluso el niño tuviera su propia colección de monedas.

Luego llega la adolescencia y la afición por la numismática se abandona. Salvo raras excepciones esto es lo que suele ocurrir y tampoco es que sea malo. La adolescencia es una etapa de auto-descubrimiento en la que todos los esfuerzos de los chavales se centran en encontrarse a sí mismos en este mundo de locos y suficiente tienen con no caer en tentaciones raras como para andarse preocupando de los dirhams de Abderramán III.

Finalmente llega una etapa de redescubrimiento de la numismática, que puede darse o no. Mi experiencia me dice que solo ocurre cuando la experiencia numismática del niño/adolescente es agradable. Por eso es bueno que el tema de las monedas en la niñez sea un juego. También por eso es bueno que si el adolescente pasa de la numismática nadie se la intente meter con calzador. Ya llegará el día que se vuelva a interesar, si es que llega.

En mi caso personal ese redescubrimiento me vino muy pronto, sobre los 20 años, pero es normal que llegue más tarde. Curiosamente en muchos casos se produce al poco tiempo de fallecer el antiguo coleccionista. Ya conozco a unos cuantos a los que les ha ocurrido algo así.

La razón está en que después de fallecer el coleccionista alguien que no es él tiene que hacerse cargo de la colección por primera vez. En muchos casos simplemente la malvenden o siguen las pautas dejadas por el difunto sobre qué hacer con cada una de las piezas. Pero en otros casos uno de los herederos es quien se dedica a clasificar la colección, estudiar el precio de la misma e intentar venderla lo mejor posible. Muchas veces son los niños que acompañaron a su padre al mercadillo quienes hacen esa tarea, despertando en ellos, 40 años más tarde, unos sentimientos de gozo infantil que hace mucho que no tenían. También se dan cuenta de que eso de las monedas es mucho más interesante y complejo de lo que a primera vista parece. Y entonces es cuando se plantean retomar la colección.

Una cuestión crítica en ese momento es las manos en las que caigan, puesto que son coleccionistas que comienzan, que necesitan un asesoramiento pero que ya cuentan con una pequeña colección. Muchos se topan con el típico comprador (sea comerciante profesional o compra-listo aficionado) cuya única propuesta es: «todo eso que te ha dejado tu padre no vale absolutamente nada, yo te lo compro a peso por hacerte un favor», añadiendo miradas de desprecio para asegurarse de que la persona que tiene delante no tenga una grata experiencia al tratar con él.

No nos engañemos. Lo normal es que la colección no valga gran cosa. Los casos que he visto personalmente son de colecciones que varían entre 1.000 y 10.000 euros en total. Cuando la colección tiene un importe mayor lo normal es que el coleccionista haya dado pautas muy claras de qué hacer con ella el día que él no esté. Pero la actitud ratera de intentar comprar todo a peso destrozará la ilusión del nuevo coleccionista y hará que se aborten sus ganas de coleccionar (así que el comerciante que quería comprar la colección perderá un cliente potencial).

En cambio, si el nuevo propietario de la colección cae en buenas manos tendrá un asesoramiento que le permitirá convertir su colección del siglo XX en una colección del siglo XXI. Una vez que el propietario haya estudiado la colección su asesor la analizará y le ayudará a centrarse en una temática o en un tipo de monedas determinadas que sean asumibles por las fuerzas del nuevo coleccionista (teniendo en cuenta el tiempo y el dinero que puede dedicar) a la vez que sea una colección con cierto interés. Dentro de la colección heredada habrá monedas que encajen y otras que no encajen. Las que encajen servirán como semillas que hagan brotar la nueva colección. Las que no encajen serán el abono: pueden ser vendidas o cambiadas por otras monedas que sí encajen en la nueva colección. Permitirán también pagar el asesoramiento sin más que estos cambios/ventas hacerlos con quien ha servido de asesor, pensando que si alguien tiene que ganar un duro justo será que se lo gane él.

Las monedas que ilustran la entrada son dos cuadrantes de la República Romana. El primero muestra dos granos de cebada en el anverso y una mano en el reverso. El segundo representa un perro y una rueda.

7 Comentarios

  1. Pedro I 4 años hace

    Hola a todos: en mi caso, heredé unas monedas de mi padre (que no era coleccionista pero tenía algunas); recordaba la ilusión que me hacía cuando me las enseñaba de pequeño. También me gustaba mucho encontrar monedas en los cajones del trastero y en otros lugares parecidos y destartalados…se las enseñaba muy contento a mis padres o a mis abuelos y la mayoría de las veces me las regalaban; se trataba de «descubrimientos singulares» para mí: la mayoría eran céntimos de Alfonso XIII muy gastados. Pero las fechas me parecían lejanísimas en el tiempo.
    Algunos sábados mi padre me daba monedas extranjeras sin ningún valor, que aún conservo, y ahora regalo a mis hijos. Sabía que no eran buenas pero creía que cuando fuera mayor (lo cual sucedería dentro muchísimos años) lo mismo se revalorizarían enormemente. Aparte de éstas monedas, me hizo gran sensación una moneda romana de cobre que me regaló mi padre de Constantino; me parecía increíble que después de tantos años, hubiera llegado a mis manos. Y, en otro lugar más seguro, guardaba unas pocas monedas de plata (ésas sí me había advertido mi padre que no las fuera a perder). Tengo que reconocer que mi sentimiento no era de coleccionista, si no del que acumulaba un pequeño tesoro.

  2. Athalbert 4 años hace

    El «Síndrome del Tío Gilito» creo que TODOS los coleccionistas lo hemos pasado en algún momento…

  3. lanzarote 4 años hace

    No es mi caso, ningún familiar, amigo ni conocido coleccionaba monedas. Aunque sí espero que, el caso descrito por Adolfo, encaje con las coleccionistas en potencia que son mis hijas :)

    Pedro I, yo también acumulé monedas circulantes extranjeras y españolas, pensando que en un futuro lejano se revalorizarían mucho….

    A pesar de no tener familiares coleccionistas, sí heredé de mayor monedas y billetes, escondidos por ancestros míos a causa de la guerra en la casa del pueblo. Pero nada que ver con las herencias de dos amigos que tenemos en el foro y facebook, que heredaron dos colecciones hechas con buen gusto.

  4. Juan Carlos 4 años hace

    Conozco muchas personas que le encantan la numismática y es por pura vocación,como es mi caso.También es simétrico con las personas ligadas al arte,historia,arqueología,todas estas facetas tienen patrones similares y no es otra cosa,que el conocimiento de la antiguedad en
    todos sus conceptos.En mi familia creen que todos estas aficiones son inútiles y pérdidas de tiempo.Yo en cambio,necesitaría más horas diarias para empaparme de datos.La pena es que no sé donde acabará mi hobby preferido.Gracias por sacar este tema.

  5. vicente 4 años hace

    ¿Alguien se acuerda de aquellas reproduciones de monedas romanas que regalaban las cintas adhesivas TESA ? pues ellas fueron la causa de que dejara apartada la aficción a la filateria, con la que empecé por un album heredado de un cura amigo de mis padres con sellos de ALfonso XII y de Cuba, a mi me parecían antiquisimos pero al descubrir que las monedas podian ser aun más me pico el bicho de las monedas. Un saludo.

  6. Autor
    Adolfo Ruiz Calleja 4 años hace

    Hola.

    En este punto las experiencias de cada coleccionista varían. Solo quisiera subrayar que lo más importante de la entrada es el último párrafo: digamos que cuando un coleccionista hereda una colección y se pone «en serio» con ella, no deja de ser un novato aunque ya tenga una colección montada. Por eso creo que es especialmente importante el asesoramiento que reciba en ese momento porque ése asesoramiento será el que le permita construir una nueva colección sobre los cimientos de la anterior.

    Saludos,
    Adolfo

  7. Jaume 4 años hace

    Por supuesto! Otra cosa es el tipo de moneda que coneccionaba tu familiar, en mi caso mi abuelo tenía monedas de plata que atesoraba, no tanto por su valor numismático sinó por el de la plata. Aunque muchas hoy en día no valen nada, siempre se pueden usar como arras en alguna boda.

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