Miedo a que aparezcan nuevas monedas

Miedo a que aparezcan nuevas monedas

Quizá la principal diferencia del mercado numismático con respecto a otro tipo de mercados es que en la numismática no se pueden fabricar los elementos que se venden. Los comerciantes para vender se tienen que preocupar en comprar ya que por definición no hay un “productor de monedas históricas”. Por eso se puede decir que la oferta de monedas que hay en el mercado es, en principio, constante. Lo que varía fundamentalmente es la demanda y es la relación entre oferta y demanda la que define el precio de las piezas. Si de una moneda existen 100 ejemplares y la quieren 1.000 coleccionistas valdrá más que otra de la que existan 100 ejemplares pero solo la quieran 50 coleccionistas.

Ahora bien, el hecho de que el número de monedas históricas sea constante en el mundo no significa que el número de monedas históricas sea constante en el mercado. Pueden existir -y de hecho existen- monedas que todavía estén por descubrir y que harán que la oferta de las mismas varíe una vez que sean halladas. A más de uno le tiemblas las piernas solo de pensar que pueda aparecer un tesorillo con 5.000 ejemplares de ese denario rarísimo que a él le ha costado una pasta. Otra variante es que pueden existir más ejemplares de una moneda ultra-rara pero no todos se hayan publicado, habiendo sido los demás vendidos de manera privada y habiendo permanecido en colecciones durante muchos años sin salir a la luz ni en subastas ni en catálogos ni en otro tipo de publicaciones.

La posibilidad o no de que aparezcan nuevas monedas en el mercado es algo que preocupa especialmente a los que se toman las monedas como una inversión pero también a los coleccionistas de a pie, quienes de vez en cuando nos rascamos el bolsillo para adquirir una pieza. A nadie nos haría gracia que el precio de una moneda se derrumbe una vez que nosotros la tengamos. Por eso creo que no está de más reflexionar un poco sobre este asunto y ver qué podemos hacer para cubrirnos las espaladas.

Lo primero sería coleccionar monedas donde este problema no se presenta. Éstas son, de entrada las monedas del siglo XIX y XX. En este caso las monedas que hay son monedas conocidas porque son piezas que nunca han sido enterradas sino que han pasado por las manos de ahorradores y coleccionistas hasta llegar a nuestros días. Bien se podría decir que hay casos en los que alguien hace la gallina entre las pesetas del abuelo y se encuentra una peseta de 1946 (conozco un solo caso, pero haberlo haylo) o cosas semejantes. Son casos raros y solo afectaría al precio de las monedas más caras; y no mucho, como veremos más adelante. Una cuestión importante a este respecto es que este consejo no afecta a las monedas de euro puesto que podrían volverse a fabricar por la ceca original como hizo Finlandia en 2011, sacando a 20 euros 200.000 piezas que en ese momento se pagaban hasta a 200 euros cada una.

Al que le gusten las monedas anteriores al siglo XIX va a tener más complicado hacerse con alguna que no tenga este tipo de problemas, pero puede darse el caso. Hay algunas monedas que se hicieron con ejemplares contados, que siempre han estado guardadas adecuadamente y de las que ningún ejemplar procede de ningún hallazgo. Hablo de pruebas de acuñación, piezas de presentación y semejantes. El que compre un cincuentín puede dormir tranquilo en el aspecto de que si hoy hay diez coleccionistas que poseen un ejemplar como el suyo, dentro de 300 años seguirá habiendo diez coleccionistas con esos ejemplares. Lo mismo puedo decir de quien compre una prueba de presentación real, un redondo o semejante. No son monedas baratas y no son series que estén al alcance de mucha gente, pero si alguien esta dudando entre coleccionar redondos o coleccionar sestercios, aquí tiene un argumento a favor de los redondos.

Para el resto de monedas mucho me temo que siempre se tendrá la posibilidad de que aparezcan nuevos ejemplares en el mercado e incluso potencialmente un número tan alto que acabe por inundarlo. Pero todavía hay dos facetas con las que podemos jugar. Una es minimizar todo lo posible las posibilidades de que aparezcan muchas monedas como las que tenemos y otra es conseguir unas monedas que aunque aparezcan más su precio no se vea reducido significativamente.

Para reducir las posibilidades de que aparezcan muchas monedas como la que tenemos hay fundamentalmente dos métodos. El primero consiste en entender por qué la moneda que tenemos es escasa o rara. Puede ser por dos motivos: o bien se hicieron pocas monedas de ese tipo o bien se hicieron muchas monedas de ese tipo pero “desaparecieron”. El primer caso está claro: si en su día se hicieron pocas monedas es obvio que a nuestros días han llegado contados ejemplares. El segundo caso es más truculento porque puede ser que muchas de las monedas se hubieran fundido, como en el caso de muchas doblas árabes, o puede ser que muchas de esas monedas se hayan perdido, como por ejemplo si se hunde un galeón cargado de onzas. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que si compramos una moneda rara que en su día fue corriente tenemos muchísimas más posibilidades de que aparezcan más monedas en hallazgos que si es una moneda que siempre fue rara. Un tal Abderramán pudo enterrar su fortuna compuesta por 20 doblas que hoy se consideren raras antes de ir a Navas de Tolosa a morir por Alá. Las épocas de mayor inestabilidad política son proclives a este tipo de enterramientos, como los muchos que hay del siglo III y IV. El galeón Nuestra Señora de la Luz, que llevaba la inmensa mayoría de las onzas de Santiago de 1750 y 1751 fue rescatado no hace mucho y convirtió una onza muy rara en una pieza que se ve en casi todas las subastas rematándose a menos dinero de lo que se pagaba por ella hace 25 años (y gracias a que es una onza española, que si fuese un dinerito medieval no se pagaba por él ni 8 euros).

Ahora viene la gran duda que muchos tendréis: ¿y cómo se sabe hoy en día de qué monedas se hicieron muchas y de cuáles se hicieron pocas? Eso depende bastante de la época. En el caso de las monedas acuñadas en cecas oficiales en la Edad Moderna hay, en muchos casos, registros de las cecas de los que se puede extraer el número de piezas acuñadas. Hay que buscar en bibliografía especializada pero se puede encontrar. Por ejemplo, mi colega Glenn Murray se ha ido al Archivo de Simancas a empollarse toda la documentación de la Ceca de Segovia y ofrecérnosla de manera asequible a los coleccionistas. Ni qué decir tiene que esos textos son absolutamente indispensables para cualquier coleccionista de moneda segoviana. En la moneda medieval o antigua hay quienes han hecho estudios de los cuños para estimar la cantidad de monedas acuñadas. La idea básica es simple: si de una moneda se conocen tres ejemplares y los tres fueron hecho con la misma pareja de cuños se puede entender que se hicieron pocas monedas de ese tipo; sin embargo si dos de ellas comparten cuño de reverso pero no de anverso y otra tiene cuños totalmente diferentes, se entenderá que se hizo un número suficiente de monedas como para llegar a desgastar un cuño de reverso y dos de anverso. Igualmente, si de en hallazgo se encuentran 100 monedas del mismo tipo pero ninguna comparte cuño de anverso ni reverso se consideraría que la producción de monedas de ese tipo tuvo que ser enorme aunque solo se conozcan esos 100 ejemplares. Otras fuentes que nos proporcionan datos sobre lo corrientes que eran unas monedas son los documentos de la época. Se analizan las transacciones patrimoniales de un territorio en una época determinada y se entiende que las monedas corrientes eran aquellas con las que se contabilizaban las transacciones. Antonio Roma en su tesis doctoral se estudió los documentos que referenciaban monedas en la Castilla medieval y los usó para estimar las monedas que circulaban por entonces. Está claro que los morabetinos toledanos de Alfonso VIII eran muy corrientes mientras que los morabetinos anteriores eran piezas rarísimas que la mayoría de la gente pudiente ni siquiera sabían que existían. Como consecuencia, sería posible aunque improbable que alguien encontrase otro morabetino de Fernando II acuñado en León, pero es imposible que alguien encuentre un tesoro con 20 ejemplares. Si leyendo esto alguien considera que tiene muchas cosas mejor que hacer que ponerse a leer sobre estudios de cuños o sobre la plata que salía amonedada de una ceca, debe saber que en mi opinión buena parte de la gracia de coleccionar monedas está justamente en adquirir ese tipo de conocimiento.

El otro método para reducir las posibilidades de que aparezcan monedas como las que vamos a comprar es comprar monedas de alta calidad. Tan sencillo y tan caro como eso. Si adquirimos una pieza antigua de relativa rareza y en alta calidad es fácil dormir tranquilo en este aspecto porque si ya de por sí será raro que aparezcan nuevos ejemplares, será muchísimo más difícil que los que aparezcan tengan una gran calidad. Así que quizá haya más, pero nuestra moneda seguirá siendo de las mejores. De nuevo hace falta dinero para tomar este camino.

La otra técnica consiste en comprar monedas cuyo precio no se vea afectado si aparece un nuevo hallazgo de ellas. De nuevo nos tenemos que referir a la demanda de las piezas puesto que es más que conocido que cuando un bien tiene mucha oferta y mucha demanda su precio permanece más estable con respecto a cambios de esas dos variables. En este sentido yo creo que las monedas de oferta media y demanda alta tienen un precio prácticamente inmune a la aparición de nuevos ejemplares en el mercado. No es que valgan mucho porque haya pocos ejemplares. Hay bastantes pero valen mucho porque todo el mundo los quiere. Pensad en los sestercios de Nerón o las lechuzas de Atenea. ¿Cuántos deberían encontrarse para que se derrumbase su precio? En la práctica es imposible.

Espero que esta entrada os haya abierto más interrogantes de los que os ha cerrado. Si tal es el caso es que lo he hecho bien. Yo os invitaría a reflexionar al respecto sobre vuestra propia colección o sobre las monedas que compréis. Si os veis un poco perdidos creo que éste es el tipo de preguntas que hay que hacer a los comerciantes a quienes compréis. Por un lado, porque os ayudará y estáis en vuestro derecho, que para eso ganan dinero en la venta; por otro lado, porque os permitirá diferenciar qué comerciantes saben de lo que están hablando y qué otros no.

Las imágenes que dan color a la entrada pertenecen a dos de los hallazgos más importantes descubiertos en los últimos años. La primera es del tesoro romano de Frome, compuesto por más de 52.000 monedas, y la segunda del tesoro de Quianwanhu, que creo que es el tesoro más grande jamás descubierto con más de 1,5 toneladas de peso.

20 Comentarios

  1. PECE 5 años hace

    Yo soy uno de esos coleccionistas “niños” a los que les regalaron un montón de monedas sin valor.
    No he seguido la aficción aunque sí el interés por la numismática, y las conservo con cariño. (Nunca entendí del todo eso de conseguir una moneda de gran calidad, para mí el valor siempre lo tuvo la historia que conlleva cada moneda, supongo que nunca padecí la fiebre por la numismática).
    Este artículo me ha resulado muy interesante sobre todo por la cantidad de nuevos conocimientos que aporta.
    Los métodos de indagación para hacer una extimación de las monedas acuñadas me ha sorprendido, una labor casi detectivesca.

  2. Alejandro Lascano 5 años hace

    Amigo Adolfo, yo solo veo ventajas a que se descubran monedas, si son raras mejor que mejor, ganamos los coleccionistas y ganan los investigadores. Un saludo

  3. Juan Luis 5 años hace

    Interesante artículo para la reflexión. En este caso veo clara diferencia entre el inversor, el coleccionista y el investigador sobre esa preocupación de valor. Para el primero es claro que la competencia de nuevas monedas son contrarias a sus intereses sin embargo, para los otros dos es una gran oportunidad de conocer más sobre las monedas que posee y nuevas motivaciones de busqueda. La cuestión es que si se que existen más variantes me motivará a conseguir,buscar etc.
    Saludos

  4. Athalbert 5 años hace

    Alejandro, tienes razón en que ganamos los coleccionistas en general, lo que dice Adolfo es que pierde (y mucho) el coleccionista en particular que pagó carísima una moneda que se suponía única y que de repente ya no lo es.
    En moneda antigua hay muchos casos, pero sin salirnos de la numismática española puedo citar el caso de las “dracmas” de Gades, estas pequeñas monedas de plata eran sumamente escasas y caras, pero de repente áureo subastó una hace ya muchos años…
    Decir que hubo bofetadas para hacerse con esa moneda es quedarse corto (y eso que su estado de conservación no era extraordinario…) su precio de adjudicación fue muy alto.
    La sorpresa vino cuando en la siguiente subasta apareció otra similar, y en la siguiente, y en la siguiente…
    Al final, el mercado se saturó y su precio actual no tiene nada que ver con el de adjudicación de esa primera moneda.
    ¿Te imaginas el cabreo que tendrías si tú hubieses comprado esa moneda y la vieses hoy día a la venta por una fracción de lo que te costó?

    • Alejnadro Lascano 5 años hace

      Por su puesto que lo entiendo Athalbert, es de cajón, con eso que explicas solo pierde el 5% de los interesados por las monedas y el 95% salimos ganado. Sin ir más lejos yo tengo un duro potosino con resello F coronado (de los de la estafa de la ceca), que eran rarísmos hasta que descubrieron cierto pecio en las costas de Ecuador a mediados de los 90. Lo dicho, que descubran cientos de pecios como ése y muchos más.
      Saludos

  5. Juan Luis 5 años hace

    ESTABA VIENDO Y SIGO VIENDO SALVADOS…Y…Lo de abajo..musica maestro.
    El Origen de los paraísos fiscales
    No podemos entender la esencia de los paraísos fiscales y el papel que estos
    desempeñan en nuestra situación actual, si no conocemos su origen, por lo que es
    importante realizar un repaso a las circunstancias que han contribuido a lo largo de la
    historia, al asentamiento de los cimientos de los paraísos fiscales.
    El origen de los paraísos fiscales es algo ciertamente oscuro y controvertido.
    Podemos encontrar menciones al siglo XVII como la que hacia el inspector de
    hacienda José María Peláez, en el programa de La Sexta, Salvados Españoles por
    Suiza; ‘‘…el origen, los piratas del siglo XVII… la corona británica hacía la vista
    gorda, porque saqueaban las colonias españolas y los barcos españoles, entonces les
    permitían que el botín de sus fechorías lo depositaran en esos territorios para que lo
    disfrutaran…’’ (2013). Aunque puede parecer poco riguroso se trata de un punto de
    partida, una idea, una forma de actuar que guarda cierta similitud con los paraísos
    fiscales que conocemos actualmente.
    Pero es desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, cuando se
    asientan los pilares, que hacen posible la formación de los paraísos fiscales tal y como hoy lo conocemos……etc
    Es evidente que no hace falta de tesorillos para que salgan todas esas monedas ocultas durante siglos y además imaginar lo de algunas grandes fortunas.
    YO CONFIRMO EL TITULO DE ESTE ARTÍCULO “MIEDO A QUE APAREZCAN NUEVAS MONEDAS” CLARIDAD MERIDIANA.
    Saludos y suerte

  6. Carlos(bcn) 5 años hace

    Adolfo,
    Exáctamente me refieria a esto que comentas en mi lanza a favor del Centenario. Puntualizar sólo que yo no lo definiría como miedo, sino más bien como una variable más a considerar cuando seleccionamos el tipo, el módulo, la ceca o el tema de nuestra colección a la que le otorgamos (o esperamos) una rendibilidad, aunque sea decreciente.

    Sólo un apunte controvertido en tu texto:
    Cuando dices: “Por eso se puede decir que la oferta de monedas que hay en el mercado es, en principio, constante.”, esto no es cierto. De hecho son los propios comerciales de la numismática los que han hecho desaparecer para siempre millones de piezas. Sólo en los últimos años y vinculado a la “fiebre del oro” se han fundido cantidades vergonzosas de alfonsinas y onzas y sus divisores, para venderlas al precio caprichoso del oro (óbviamente aquellas que por su baja conservación no interesaban sacarlas a la venta). Esas piezas desaparecieron para siempre (y con ellas la supuesta sensibilidad histórica de los comerciantes).

    un saludo,

    • Athalbert 5 años hace

      Hombre Carlos, ¿De donde crees que salió el oro de la alianza que llevas? ¿o el de los pendientes que luce tu mujer? ¿o el de ciertos apliques electrónicos?
      El oro desde siempre se ha reaprovechado, tampoco hay que ponerse de integrista numismático.

  7. Pedro I 5 años hace

    Hola a todos: me parece que, salvo casos muy concretos, una pieza rara va a seguir siendo escasa, aunque aparezcan muchos hallazgos. Porque resultaría muy improbable que éstos sean precisamente de monedas raras. Aunque, en todo caso, coincido con el comentario de Alejandro Lascano, no dejaría de ser una buena noticia para la numismática y para prácticamente todos los coleccionistas.

  8. M.A. 5 años hace

    Adolfo, respecto al comienzo del artículo en el que indicas que no existen enterramientos de monedas del siglo XIX o XX, entiendo que lo dices de manera general.

    Sin embargo, y como curiosidad pondré un ejemplo de lo contrario. Se trata del tesorillo de la Plaza Mosén Sorell (Valencia), compuesto por un pequeño conjunto de monedas de cobre-bronce del siglo XIX.

    Un saludo.

  9. Emilio Almeriense 5 años hace

    Yo personalmente no me paro a mirar si de la moneda que compro van a sacar mas luego o menos, no hago mi colección con pensamiento de inversión, mi colección la construyo con pensamiento de historia-rareza-calidad en este orden. El precio si dentro de dos años tal pieza, por que ha habido tal y tales subastas aumenta o disminuye me importa muy poco sinceramente, mi colección no esta ni estará nunca en venta os lo aseguro. Habría que preguntarles a los grandes coleccionistas como Cervera, Sastre, Huntington, si les importaba que sus monedas subieran o bajaran de precio en un futuro. Cuando uno forma o quiere formar una colección seria tiene que olvidarse de si sus monedas van a valer mas o menos por que aparezcan mas ejemplares de tal o tales piezas. A mi esto ni me paro si quiera a pensarlo, en fin … Saludos.

    • jorge 5 años hace

      De acuerdo contigo.Una pequeña reflexión¿Cuanto bajó la onza de 1751 de Santiago tras encontrar el pecio del Río de la Plata?
      Este foro cada día es mejor y me siento muy orgulloso s participar en él.
      Saludos a los ilustres miembros.Se aprende mucho

      • Ignacio 5 años hace

        Me contaron que cuando presentaron esas piezas en una convencion, pasaron unos sres comprando ‘discretamente’ todas las que pudieron…

        • jorge 5 años hace

          osease que no influyó para que su precio bajara

          • Ignacio 5 años hace

            supongo que las ansias se relajarian y su precio tambien, pero no excesivamente…

  10. pietro 5 años hace

    Hola a todos. Os recuerdo la convención de Barcelona del viernes 14. Info en http://convencionbarcelona.wordpress.com

  11. Andres 5 años hace

    Creo que hay 3 tipos de piezas que podrian verse mayormente afectadas,segun mi opinion aunque no se en que medida, pues tambien hay que tener en cuenta que la demanda tambien aumenta al aparecer piezas que antes eran inaccesibles a muchos bolsillos.

    1- las piezas de oro de los pecios (Siempre presentes e inalterables a la corrosion con el paso de los años por lo que aqui no valdria tener estados altos)
    2-las monedas antiguas Romanas y medievales (por los permanentes hallazgos y la aparicion de detectores de metales aunque raro que aparezcan grados altos
    3- (las monedas de 8 reales de plata en estados mas bajos ya que el agua salada las corroe)

    En mi pais (Argentina) bajaron mucho las monedas de 1 argentino de oro de fines del siglo 18 por la desicion de Rusia de vender una gran cantidad que tenia en su poder por un pago que efectuo argentina en su epoca y muchos se agarraron la cabeza

    yo como coleccionista y como muchos de los que escriben aqui no me fijo en estos aspectos al hacerme de alguna pieza. Bienvenidos los hallazgos!

    Saludos

  12. Autor
    Adolfo 5 años hace

    Gracias por mantener vivo el debate aunque yo no ande por aquí.

    Veo que, de nuevo, sale a relucir el punto de vista de los coleccionistas y no el de los inversores. Como se ha dicho, éste es un claro ejemplo donde son intereses contrapuestos. Yo no tengo grandes monedas por lo que no me importa que aparezcan muchas, de hecho lo vería como una estupenda noticia. Pero también hay que entender que si alguien se gasta en una moneda su sueldo de un año, no le hará ninguna gracia que su precio se quede en la mitad.

    Por lo de si los grandes coleccionistas pensaron en el valor futuro de sus piezas, se lo pregunté a Caballero y la respuesta es que sí tenían en consideración la potencial revalorización futura, aunque no fuese su principal motivación. Echa un vistazo a la entrevista.

    Saludos,
    Adolfo

    • Ignacio 5 años hace

      “Por lo de si los grandes coleccionistas pensaron en el valor futuro de sus piezas, se lo pregunté a Caballero y la respuesta es que sí tenían en consideración la potencial revalorización futura, aunque no fuese su principal motivación. ”

      Y cualquier otra respuesta no es válida si te estas dejando miles y miles de euros.
      Quizas nosotros nos dejamos cienes y cienes de euros… ya da para pensar que tu moneda no quieres que la regalen en la tapa del yogur.
      Coleccionar en SC es insano -para el bolsillo- y sobretodo para mirar revalorizaciones futuras. No es mi caso.

  13. javier 5 años hace

    muy buen tema muy interesante .un saludo

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